lunes, 23 de septiembre de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XXII

Rhonda vino a mi habitación horas después.
- Mira lo que nos hicieron - murmure.
- Domina - respondió Rhonda - los encontraré.
- Claro que los encontrarás - sonreí - mañana en la noche, la luna estará completa en el cielo y estarás en tu forma más fuerte.
- ¿Esta usted segura?
- Rhonda, desde que me divorcie de Horacio, decidí que nadie podrá hacerme daño y vivir sin recibir su merecido.
- Pero esta noche... La luna...
- Lo sé - sonreí - salimos al atardecer.
***
Fui a la celda de Beltrán, el estaba caminando inquieto en círculos, mire a Llengardaix y le indique que abra la puerta, el me miro nervioso explicando que las noches de luna llena no deben dejar salir a Beltrán, me enoje, le refute que si quería el se encierre dentro de la celda y que Beltrán quede fuera pero que le abriría esa puerta o lo mandaría a azotar, Llengardaix abrió la celda y gruñendo dijo que se escondera donde Beltrán no lo encuentre, salí con Beltrán y Rhonda a la calle de la ciudad, mire a Beltrán.
- ¿En que momento te transformas?
- Cuando la luna brille más - respondió.
Desate el nudo que sujetaba a Beltrán.
- Te necesito óptimo - dije - quiero que busques a Horacio.
- ¿Al dominus?
- Ya no es tu dominus - respondió Rhonda - el hizo daño a nuestra Domina.
- El es un ciudadano romano.
- En cuanto la noche caiga la ciudad quedará desolada y podras buscarlo.
Nos quedamos en el mercado de la ciudad hasta que oscureció por completo.
Ronda cayó al piso retorciendo se de dolor, mire a Beltrán quien se sujetaba el estómago.
- ¿Está empezando ya? - dije asustada.
- Sii - respondió Beltrán.
Se arrodillo y el cambio empezó, la boca se le agrando, los pelos le crecieron las orejas se alargaron hacia arriba las manos y pies se convertían en patas...
Retrocedi un par de pasos asustada.
Cuando terminaron de transformarse se quedaron inmóviles gimiendo de forma lastimera.
- Beltrán - murmure - ¿me reconoces?
Beltrán dejó de gemir, volteo hacia mi parado en cuatro y empezó a gruñir.
Me quedé inmóvil esperando a ver si reaccionaba o me reconocía, pero empezo a ladrar mirandome, se acerco a mi lentamente y Rhonda empezó a aullar, Beltrán se volteo y respondió al aullido de Rhonda.
Los dos empezaron a ladrar y a aullar ignorando mi presencia, di un paso más atrás y resbalé, caí encima de desperdicios de pescado y renegué asqueando la situación, Beltrán salto encima de mi y abrió la quijada, me cubrí la cara con los brazos y el emboco mis brazos con su gran hocico para morder, pero algo lo detuvo, en vez de ello me lamio y empezó a gemir de nuevo.
- Beltrán - dije nuevamente - ¿sabes quien soy?
Beltrán empezó a gruñir nuevamente pero no a mi, sino a alguien que estaba detrás de mi, el avanzó hacía quien nos observaba y corrió ladrando y gruñendo, el tipo corrió de él y trepó una de las paredes hasta el techo, era Claudio.
Lo mire sorprendida, el salto hasta donde yo estaba, me levanto en sus brazos y empezó a correr llevándome al tejado de una casa.
- ¡Sueltame! - grité.
Claudio me puso en el suelo y esquivo mi mirada.
- ¿Qué crees que estas haciendo Celeste?
- Eso no es de tu incumbencia - respondí enojada - estoy manchada con sangre de pescado - dije limpiandome.
- ¿Por qué liberaste a esos licantropos? ¿Acaso no sabes que pueden matarte?
- Claudio, tu me mataste el día que me abandonaste - dije mirándolo a la cara mientras el esquivaba mis ojos - mírame Claudio - dije - anoche me violaron dos sujetos en este mismo mercado.
Escuché a un hombre reír a lo lejos, era el sujeto de la noche anterior.
- Es él - dije mirando a las calles, estaban a la vuelta de donde se encontraban Beltrán y Rhonda, estaba caminando solo, riendo, cantando y silbando.
Cuando llegó a la esquina vio a Beltrán primero y se quedó callado, retrocedió despacio tratando de no llamar su atención pero Rhonda lo vio.
- Bajame - ordené.
- Hay dos hombres lobo ahí - respondió Claudio.
- No me harán daño, ese sujeto es uno de los que me violo anoche, bajame o me tiro del tejado.
Claudio me sujeto de la cintura y me atrajo hacia si, baje la cabeza y el con una mano levantó mi rostro.
- Nunca he dejado de amarte - diciendo esto me beso.
Sus labios eran fríos, su piel era dura, y olía a sangre, lo ajele de mi.
- Eres un ser de la noche - dije - te alimentas de la sangre de los humanos, puedo oler la sangre que te bebiste.
- Yo no escucho tu corazón latir - respondió el - es como si estuvieras muerta pero no eres como yo.
- No se de que me hablas.
- Eres inmortal como yo, pero no como yo...
- Callate - dije agitandome - llévame abajo.
El sujeto estaba corriendo y gritando por ayuda, Rhonda lo persiguió, Beltrán me miraba esperándome, Claudio volvió a levantarme y de un salto llegamos a la calle del mercado.
Me acerque a Beltrán.
- Ten cuidado - dijo Claudio.
- No te vayas, ven conmigo - respondi.
Acaricie la cabeza de Beltrán y el se agacho, me subí a su lomo, o abrace del cuello y el empezó a correr por donde se fue Rhonda.
Cuando la alcanzamos ella estaba mordiendo una de las piernas de aquel hombre, me baje de Beltrán, me acerque a él quien se estaba arrastrando tratando de alejarse del lugar, gritando por la pierna que le habían arrancado.
Me acerque a él y me pare delante de él.
- Hola - sonreí - vas a morir.
El me miro asustado y en ese momento Beltrán se abalanzó sobre el mordiendolo y arrancando parte de su carne y su cuerpo, se comieron incluso sus viceras y lo dejaron descuartizado en la calle.
Empecé a sentir un calor dentro de mi mientras observaba como Rhonda y Beltrán devoraban a aquel sujeto hasta dejarlo en los huesos, el sufrió mucho, y me gustó verlo sufrir.
Claudio estaba a mi lado y me tomó la mano.
- Cuanto daño te hicieron, mira en lo que te haz convertido, acabas de matar a un hombre.
- Yo no mate a nadie - respondí - mis lobos se están alimentando.
- ¿Estas escuchando lo que dices? - respondió, me sujeto la cabeza y fijo mi rostro hacia el cuerpo desmembrado de aquel sujeto - ¿cómo llamas esto?
En ese momento Rhonda le empezó a gruñir a Claudio y a ladrar.
- Alimento a mis sirvientes - murmure.
- ¿Qué pasó aquí?
La voz era de una mujer, me miro asustada y empezó a correr alejándose de nosotros.
- ¡Rhonda que no escape! - grite.
Rhonda soltó la carne que tenía en su hocico y se abalanzó sobre la muchacha, la tumbo al piso y puso su cuerpo encima de ella, Claudio me abrazo, yo me colgué de su cuello y me llevó hasta donde estaban.
- No la conozco - dije mirandola - sueltala Rhonda - dije nuevamente.
Estire la mano y ella la sujeto, era una muchacha de unos trece años.
- No puedo dejar que te vayas después de lo que viste - dije torciendo la boca.
- ¡Yo no diré nada! - dijo llorando - ¡por favor! ¡Quiero vivir!
- Cuanto lo siento - murmure.
- Celeste - dijo Claudio - yo lo arreglo.
Claudio estiró el brazo, ella lo agarro y Rhonda se aparto, vino hacia mi y se frotó en mi cuerpo.
- No llores pequeña.
- Tu tampoco eres humano - dijo con la voz ahogada.
- Mírame a los ojos - dijo Claudio.
Ella lo miro, se quedaron inmóviles por varios minutos.
- No vas a recordar nunca lo que haz visto esta noche, no te paso nada extraño, llegaste sana y salva a tu destino sin ningún percance en el camino...
- Tiene la ropa sucia - interrumpí.
- Te resbalaste en el mercado y te ensuciaste, pero es todo lo que te pasó.
- Esta bien.
La joven camino con el rostro tieso mirando a la nada, paso delante de mi sin inmutarse de mi presencia, doblo la esquina, camine para observarla y siguió caminando lentamente por las calles, estaba tranquila.
- ¿Que hiciste? - mire a Claudio intrigada.
- El control mental es una de mis habilidades - respondió.
- Perdimos mucho tiempo, Rhonda - sonreí - ¡busca!
Rhonda empezó a correr alejandose de nosotros, mire a Claudio sonriendo quien me observaba horrorizado.

Dama Oscura

lunes, 16 de septiembre de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XXI

La noche estaba iluminada por la luna creciente, mire a Rhonda que nos acompañaba un poco distanciada de nosotras, temía que aunque no esté la luna completa ella cambiara, caminábamos por las oscuras calles de la ciudad camino a la fiesta, Dolores iba contándome lo divertidas que eran, me puse una peluca de pelo negro que tenía una hermosa trenza que cubría la cicatriz en mi cabeza, Dolores había maquillado mi rostro de tal manera que disminuía los desperfectos en el.
Rhonda iba atrás de nosotras y yo volteaba de rato en rato para asegurarme que nos seguía, que aún estaba ahí pues sus pasos eran imperceptibles desde aquella vez...
- Te va a encantar la mascarada - dijo Dolores mientras caminábamos - Diana es una de las mejores anfitrionas de la ciudad.
- Si - dije volteando a mirar a Rhonda - me lo imagino.
- Querida - dijo Dolores bajando el tono de voz - ¿Te sientes bien?
- ¿A que viene esta pregunta? - dije sonriendo.
- Te noto distraída y me preocupas.
- Estoy bien, tranquila.
Volví a darme la vuelta par mirar a Rhonda y ella no estaba.
- Dolores - murmuré - corre.
Dolores me miro confundida, no entendió a que me refería.
- ¡Corre! - grite - ¡Trae ayuda! - la empujé.
Ella empezó a caminar rápido, en eso dos hombres aparecieron detrás de mi, Dolores grito del susto y emprendió a la carrera gritando, pidiendo ayuda, me di la vuelta y los mire.
- No tengo dinero - dije alejándome un poco de ellos.
Traian capuchas, pero los escuchaba murmurar, se reían maliciosamente.
- ¡Rhonda! - grite.
Me agarraron de los brazos y empezaron a quitarme la ropa jalando con fuerza hasta romperla, me sacaron la peluca de la cabeza y la máscara, se rieron.
- ¡Déjenme! - dije forcejeando con ellos - ¡Rhonda! - volví a gritar.
Me arrastraron hacia un callejón, vi a Rhonda tirada en un rincón, le habían golpeado la cabeza para dejarla inconsciente, uno de los sujetos me aprisiono los brazos sujetando desde mi espalda, levantándome y empecé a patear al otro, me habían desnudado totalmente.
- Es una joven romana - ese acento, eran extranjeros.
Había escuchado que una caravana de comerciantes árabes habían llegado a la ciudad, por eso Dolores había insistido en ir al mercado, ella quería encontrar lo mejor para comprarlo primero, quizá lo había hecho.
El sujeto me había sujetado las piernas en su cintura.
- No demores - dijo el otro - yo también quiero.
El que estaba delante de mi se rio mientras buscaba entre mis piernas y entró en ellas.
Grité, llamaba a Rhonda quien no reaccionaba, miraba al cielo esperando que alguien me ayude, pero nadie llegó, cuando el sujeto terminó el otro también me violo, en realidad yo ya estaba acostumbrada, cortesía de Horacio, pero no así, no en el miardal de la ciudad, en un callejón oscuro entre el estiércol...
Cuando terminaron orinaron sobre mi mientras reían.
Uno se acerco a mirarme de cerca y pude notar sus ojos verdes.
- Horacio te manda saludos - dijo, volvió a sonreír, su aliento apestaba más que el excremento de la ciudad, se fueron.
Me dolía el cuerpo como en mucho tiempo no me había dolido, las piernas no me respondían, así que me arrastre sobre mi pecho jalándome sobre mi, hasta que la alcance, ella estaba tirada boca abajo, jale su cuerpo poniéndola boca arriba y le limpie la cara embarrada.
- Rhonda - murmuré - despierta - empecé a jadear, me puse sobre ella y la abrace, puse mi oreja en su pecho, su corazón aún latía, solo estaba inconsciente - Rhonda por favor despierta - dije una vez más justo antes de perder el conocimiento.
Desperté en mi cama, Griselda estaba limpiando mi cara.
- Que bueno que despiertas - dijo sonriendo.
- ¿Que pasó? - murmure tocándome la cabeza.
- Te violaron.
- Eso ya lo se - dije renegando - me refiero a Rhonda.
- Ella sufrió un golpe en la cabeza pero gracias a que no es del todo humana, se recuperó pronto esta mucho mejor ahora.
- ¿Estuve muchos días dormida?
- A penas unas horas, pero estarás bien mi niña, tranquila.
Dolores entro a la habitación.
- ¡Amiga! - dijo con un tono de angustiada - lo lamento tanto, cuando llegamos con los soldados solo te encontramos tirada abrazando a Rhonda, estabas totalmente desnuda y solo te trajimos.
- Fue Horacio - murmuré - el los mando a hacerme esto.
- Entonces mi esposo se hará cargo.
- No - dije - no le digas nada a mi hermano - sentandome en la cama - lo que estos sujetos me hicieron no es nada comparado con lo que me hacia Horacio cada día mientras vivíamos juntos.
- Pero esto no se puede quedar así, el tiene prohibido acercarse a ti.
- El no se acerco a mi - sonreí - quiero ver a Rhonda.
- Esta limpiando la casa.
- Rhonda no es sirvienta de limpieza - dije.
- Tranquila, solo es una esclava - dijo afinando aún más la voz.
- Dolores - dije - no quiero que le des órdenes a mis esclavas - dije.
- No es para tanto.
- Dejame sola.
Me volví a acostar.

Dama Oscura

lunes, 9 de septiembre de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XX

- Al igual que a ti - empezó Griselda - Yo atendí a tu madre desde que ella era niña, y a su madre desde que era niña.
- Espera - dije confundida - ¿Me estas diciendo que cuando mi abuela que ya falleció fue atendida por ti desde niña?
- Si.
- Pero - pensativa - no pareces tan vieja.
- Las hijas de Freya, tenemos una poción especial que nos hace rejuvenecer entre quince y veinte años.
Me quedé en silencio escuchándola por un momento y luego reaccione.
- Esto no es real - murmure.
- Cuando te tomas la poción tu cuerpo también cambia, pero tus recuerdos no, quedan, en lo personal yo espero a tener apariencia de una mujer de cincuenta años y me tomó la poción.
- ¿Te das cuenta de lo que me dices? - dije incrédula - haz superado los límites de la inmortalidad, ¡puedes vivir eternamente!
- Tienes que escucharme - dijo.
- Es que no lo entiendo, ¿cómo es que vives así?
- Por favor, baja la voz.
- Podrías tenerlo todo si vendes esta poción.
- Eso es imposible - dijo ella.
- ¿Por qué?
- La poción sólo puede ser tomada por una hija de Freya y se hace de su misma sangre.
- ¿Mi sangre?
- Es un secreto.
- ¿Tengo que sacarme sangre para hacer esto?
- La sangre que cada una de nosotras posee esta llena de poder, si sabes utilizarla bien podrás lograr cosas increíbles.
- Explicame lo de mi abuela - dije interrumpiendo.
- Tu abuela no podía tener hijos, recurrió a mi para obtener ayuda y quedo preñada, nació tu madre y fue la única hija que tuvo, tu abuelo empezó a tener hijos de otras mujeres y los adoptaba, todos eran hombres pero solo con su esposa tuvo una mujer y esa niña, tu madre, fue consagrada a Freya.
- Mi madre es... Como... - apuntandola.
- No claro que no - respondió - ella fue rechazada por la diosa madre, pero tu - acariciando me el pelo - tienes un destino increíble.
- Me estas asustando Griselda.
- ¿Que es lo que quieres más en esta vida?
- ¿Lo que yo quiero? - me puse a pensar en su pregunta, esperando encontrar la respuesta en mi cabeza.
En ese momento, me di cuenta que mi vida era vacía, que mi mera existencia en este mundo era tan pequeña e insignificante que quizá mi muerte será igual de miserable, insignificante, imperceptible.
En ese momento me pensé que mis deseos de niña era tan superficiales, cuando me comprometieron a los 11 años con Claudio, tenía tantos deseos de que sea mi esposo, entonces el me dijo que iría a la batalla y que sería de las más complicadas contra los Hunos y yo temerosa de que no vuelva me entregue a él... No volví a verlo hasta que fue demasiado tarde... Pero, ¿Que aspiraciones tenía yo al lado de Claudio? ¿Era esto la vida y ya? ¿Es esto lo único que le correspondía a las mujeres? Obtener un marido tener hijos y esperar que tu marido no te trate como una esclava...
- Mi niña - la voz de Griselda interrumpió mis pensamientos - Celeste.
- Si, dime, Griselda.
- ¿Te perdiste en tus pensamientos?
- Yo... Pero... Nada - concluí.
- Una persona sin aspiraciones en esta vida, es una persona irrelevante que no importa, debes saber lo que quieres obtener, e ir a por ello.
- Esta bien - sonreí - ahora, Griselda, necesito que me expliques algo.
- ¿Cual es tu duda?
- Me vi con Claudio - suspire - el estaba igual como cuando se fue, en estos años no cambió nada, lo invite a pasar a mi casa y Rhonda lo atacó y el intento matarla.
- Claudio el que fue tu prometido.
- Si, el mismo, el tenía la piel fría, lo invite a pasar pero me enoje con él porque lo vi extraño, me dio una explicación absurda, aunque con todo lo que me esta pasando últimamente, no resulta tan absurdo, le dije que se fuera de mi casa y salió volando golpeando contá el muro del frente como si una fuerza sobrehumana lo hubiera empujado.
- ¿El sol estaba en el cielo?
- Fue después de la sentencia de Horacio, ya estaban las estrellas en el cielo.
- Es un ser de la noche entonces.
- ¿Es una bestia?
- No, no es como Rhonda o Beltrán.
- ¿Entonces como es el?
- El es parte de otros seres que permanecen congelados en el tiempo, nunca envejecen y tampoco se alimentan.
- Y... ¿De qué viven?
- De tu último aliento de vida.
- No te entiendo.
- El necesita beber la sangre caliente de otros seres vivos hasta arrancarle a el último aliento de vida. ¿Que quería?
- No me lo dijo.
- Tienes mucho tiempo para averiguarlo, tranquila, los inmortales como Rhonda y Claudio, nunca olvidan pese a los años.
- Le diré que venga mañana en la mañana.
- No vendrá, es un ser de la noche así que debes buscarlo cuando la luna ilumine el cielo.
- Domina - dijo Imara entrando a la habitación - la señora Dolores requiere verla.
Me despedí de Griselda pidiéndole que vuelva a visitarme la próxima semana.
Salí de mi habitación y me fui a la de Dolores.
- ¿Me buscabas?
Dolores se probaba un vestido nuevo, y me señaló su cama.
- No quisiste ir al mercado así que fui por las dos, ponte eso, iremos a una fiesta.
- Hermana - suspire - mira esta enorme cicatriz que tengo en la cabeza, no quiero ser vista así.
- Nadie te verá - sonriendo.
Dolores dio dos palmadas y trajeron unos antifaces.
- Ni siquiera sabrán que fuimos.
- Está bien - sonreí - le diré a mi hermano que iremos.
- ¡No! - dijo asustada - hermana mía, solo tu y yo - sonrió para luego guiñar un ojo.
- ¿Mi hermano te dio permiso para esto?
- Tu hermano y yo estamos bien - dijo agarrandome de los brazos - somos muy felices juntos - dijo haciendo no con la cabeza - el y yo nos comprendemos totalmente - me dio un beso en la mejilla - alistate porque debemos ir a esa fiesta, y el camino estará lleno de gente si no nos apuramos.
- Esta bien - dije tomando el antifaz.
Me fui a mi habitación, Imara ya había preparado mi baño.
- Yo lo pedí eso - dije mirando extrañada.
- La señora Dolores lo pidió para usted.
Voltee los ojos cuando Imara la menciono, se acerco a mí para ayudarme con la ropa.
- Imara - murmure - por favor observa a Dolores.
- ¿Observarla?
- Si - dije - tu mira que hace, como se comporta, como trata a mi hermano, observala.
- ¿Y que haré luego?
- Tu sabrás que hacer - dije - yo terminaré con esto, dile a Rhonda que se bañe para que me acompañe.
- Si domina.
- Imara - levante la voz - ¿como se llama la sirvienta de Dolores?
- Es Carolina, una mujer romana que sus padres fallecieron.
- Puedes irte - finalice.
Termine de bañarme y me vestí, me vi al espejo, la fina tela encajaba perfectamente en mi cuerpo, me puse un collar y pendientes que hicieran juego.
En ese momento me di cuenta que mientras había vivido con Horacio, el nunca me había llevado a ninguna reunión, ni fiesta social, empecé a llorar por la amargura que sentía hasta que Dolores entró a mi habitación.
- Pero - renegando - no, por favor ¿por que lloras?
La voz dulce y aguda de Dolores era a veces estresante.
- Por nada - dije - una idiotez.
- Una idiotez - apretó los labios - ¿Un idiota tal vez?
La mire y me limpie los ojos.
- Vamos a esa mascarada - sonreí.

Dama Oscura

lunes, 2 de septiembre de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XIX

Al tocar la piel de Claudio, me di cuenta que estaba congelandose, pero no hacía tanto frío en la ciudad como para que el tenga esa temperatura.
- Vamos a mi casa - dije sonriendo, sujete su mano y el camino a mi lado.
Imara camino detrás de nosotros atenta, sin apartarse demasiado, camine con Claudio por toda la ciudad, hasta que llegamos a mi casa, entre y el se quedo en el portón. 
- ¿Quieres una bebida? - dije sonriendo.
Me di la vuelta y vi que no había entrado. 
- ¿Te ocurre algo? - dije.
- ¿Puedo pasar? - dijo el en voz baja.
- Claro que si, puedes pasar - sonreí.
Claudio camino entrando a la casa, sonrió, Imara había desaparecido de repente, Rhonda apareció, con su daga. 
- Apartese de mi señora - gruño amenazando a Claudio. 
- Rhonda - sonreí - no trates así a mi invitado. 
- No es un humano - respondió rápidamente sin darme tiempo de decir nada más se abalanzó sobre Claudio, haciéndole una herida en el rostro. 
Claudio sujeto a Rhonda y le mostró los dientes, estos eran largos y afilados, grité. 
- ¡Detente! - dije - no lastimes a mi esclava. 
Claudio me miro, entre cerro los ojos, la soltó. 
- Rhonda, lo que me pase ahora, será únicamente mi responsabilidad. 
- No la dejaré sola aunque me castigue por ello. 
- Entonces no intervengas a menos que mi vida corra peligro. 
- Lo siento mucho - dijo Claudio - intente volver, intente decírtelo, pero no podía acercarme a ti porque nunca salias de casa y yo no podía entrar. 
- ¿Que te pasó? - dije secando mis lágrimas qué empezaban a salir sin que pueda controlarlo. 
- No se explicarlo bien, fue una mujer, era hermosa, tenía la voz dulce y aguda, me hipnotizó, me dijo que la tome como su mujer y cuando me di cuenta me había mordido por todos lados, estaba muriendo y ella de pronto me dio su sangre, no pude volver a mirar el sol desde entonces. 
- Eres una bestia, entonces - murmuré.
- Te he buscado todo este tiempo - dijo estirando su brazo hasta casi tocar - pero temo lastimarte - se dio la vuelta.
- Vete - dije.
- ¿Que dices?
- Que te vayas - dije levantando la voz.
- Pero Celeste yo...
- Tu no eres más un humano - respire - ¡Fuera de mi casa!
En ese momento Claudio salió de mi casa como si una fuerza invisible lo hubiera golpeado hasta golpear la pared del otro lado de la calle.
- ¡Celeste! - grito Claudio - por favor, dejame explicarte.
- Rhonda - dije - mañana a primera hora ve a buscar a Griselda.
- Si, señora.
- Cierra la puerta - dije suspirando - Que Clotilde me prepare el baño.
- Señora, la niña Clotilde...
- ¿Y como se encuentra Crispina? - dije interrumpiendola - quiero verla y a Tania también, debe ser una bebe hermosa.
- Señora Clotilde se fue de la casa.
- ¿Se fue? 
- Se fue con Horacio.
- Está bien - dije - hablaré con mi padre respecto a ella, ¿hay alguna otra cosa que deba yo saber?
- El doctore, Beltrán, como el señor Horacio no está, pues pregunta quien se hará cargo del ludus.
- Mi padre seguramente, aunque mi hermano Diego quería ser lanista - pensativa - que venga Cristina y la bebe, quiero conocerla, mandalas a mi habitación.
- Si señora - dijo Rhonda agachando la cabeza.
- Y ya que Clotilde no esta - agregue - preparame un baño.
- Si señora - dijo y se fue.
Camine por mi casa, me di cuenta que era muy grande y estaba yo sola, con una gran cantidad de esclavos, por un momento me sentí triste, entre a mi habitación, y encontré a Crispina ahí la bebe estaba en una cesta envuelta en mantas.
Levante a la niña con cuidado, estaba caliente, la observe por un rato, respire sobre ella.
- Es hija de Nathan - dijo Crispina con nervios - yo no sabía de quien era hasta que nació - continuó - y resultó que la niña es de Nathan por las fechas.
- Tranquila - dije - los dioses lo quisieron así.
Deje a la niña en la cesta y mire a Crispina.
- Debes trabajar aunque sea con la niña cerca, te dedicarás a hacer la limpieza de la casa, así no estarás cerca del fuego.
- Si domina.
- Ya puedes irte.
Rhonda había terminado de alistar mi baño, fui y cuando termine me metí en la cama. Esta noche no tendría a Horacio sobre mi, esta noche dormiría tranquila.
Cuando amaneció, fui al comedor hacia mucho que no comía ahí, desayune sola, la casa se veía tan callada.
- Dile a Llengardaix que traiga a Beltrán - dije interrumpiendo el silencio.
Imara asintió con la cabeza y se fue, me quedé sola en el comedor, Crispina entró.
- Su padre Domina - dijo.
En ese momento mi padre entró al comedor, acompañado de mi hermano Diego.
- Hija mía - dijo - no puedo permitir que vivas sola en esta casa.
- Padre - dije levantándome - que bueno que haya sido venido.
Me acerque a mi padre lo abrace y lo bese en ambas mejillas, me acerque a mi hermano y sonreí, el me abrazo aparentando los labios, triste.
- Vine a acompañarte - dijo Diego - viviré contigo y con mi esposa.
- ¿Aquí en mi casa? 
- Es lo mejor - dijo mi padre - estas divorciada y debes tener compañía.
- ¿Con quien te casaste? - pregunte intrigada.
- Con Dolores.
- ¡Dolores! - sonreí de alegría - pero ¿como? ¿Cuando fue?
- Estabas inconsciente y no sabíamos si despertarías así que nos casamos, Dplores pidió a la Diosa Venus que te ayude.
- Ya veo - dije cambiando la expresión poniendome seria - ¿Cuando vienen a vivir conmigo?
- Hoy mismo - dijo una voz dulce y aguda desde la puerta.
El delgado cuerpo de Dolores, con su pelo rojo se dejaba ver.
- ¡Amiga! - grité corriendo.
- Nos mudamos hoy mismo, tenía tantas ganas de verte - dijo Dolores abrazandome - tenemos que darle sabor a tu vida, no te aburriras conmigo.
- Yo se que no.
Rhonda entro con Beltrán, la mire y abrí moví los ojos mirando hacia una puerta que daba a otro ambiente, ella lo llevó allá.
- ¿Cuantos esclavos tienes? - dije.
- Todavía no tenemos esclavos - dijo Diego - pero tu vecina tiene un esclavo que es excelente haciendo pan y pensé en comprarlo.
- No tienen esclavos.
- Tenemos mi dote - sonrió Dolores - Diego administrará y tus bienes, viviremos muy bien.
- Bueno yo - mirándolos extrañada.
- Tranquila, hermana, papá te buscará otro esposo y cuando te cases de nuevo me mudare con mi esposa.
- No - dije enojada - yo no voy a casarme de nuevo.
Me aleje de ellos.
- Calmate hija, no será ahora ni el próximo año, te vas a recuperar de todo... Esto - dijo mirándome de arriba abajo - luego Dolores te presentará a sus amigos solteros y tendrás oportunidad de escoger, a un hombre con una gran fortuna, con tu dote multiplicada por los bienes que te dejo tu e, que esposo, serás la más requerida.
- Yo no quiero casarme con alguien que no me ama.
- Eso no volverá a pasar - dijo mi hermano - yo me asegurare de que nuestro padre no vuelva a forzarte a hacer algo que no quieres.
- Bueno, yo... Tengo algo que hacer. ¡Imara! - grité, ella entro a la habitación con paso veloz - encarga he ayuden a mi hermano y su esposa en una habitación, que venga Llengsrdaix y Nathan a mover las cosas, padre - dije - mi esclava Clotilde se fue con Horacio, escapando se de la casa.
- Yo me encargaré de eso hija - respondió.
Salí del comedor y me dirigí a donde estaban Rhonda y Beltrán, cerré la habitación.
- Eres una bestia - dije intranquila.
- Un licántropo - Respondió Beltrán - un hombre lobo.
- Hace unos días dijiste que harías todo lo que quisiera, que estas a mis servicios eternamente.
- Lo hice.
- Ya eres mi esclavo, tienes que hacer lo que yo te diga.
- Si eres mortal - dijo - eventualmente morirás y yo seré vendido a otro lanista, quizá junte suficiente dinero y compre mi libertad y me vaya, pero si usted es inmortal... No tiene nada que ver con la esclavitud.
- ¿Entonces con que?
- Quiero cuidar de usted.
- ¿Por que?
- Porque es mi deber hacerlo.
- ¿Por qué?
- Porque usted es bruja - interrumpió Rhonda.
La mire enojada, volví a mirar a Beltrán.
- Las brujas tienen un don que llaman dominio de bestias.
- Te escucho - dije.
- Cualquier ser sobrenatural sentirá el deseo desesperado e innato de querer cuidar y proteger de ti.
- No veo ese deseo desesperado en Rhonda - interrumpí.
- Es por la diosa que yace en usted.
- La diosa Venus - dije.
- La diosa doncella - respondió Beltrán - esa diosa solo puede cautivar bestias que son varones, las mujeres no tienen ese sentimiento.
Mire a Rhonda.
- Pero yo igual la cuidare con mi vida, señora, porque es usted mi domina.
- Ve por Griselda - dije - quiero verla - mire a Beltrán - ¿Me cuidaras entonces?
- Aun a costo de mi vida.
- Ya hablaremos otro día - dije - vuelve al ludus.
Beltrán se fue, Rhonda salió de la casa, fui a la habitación que quedó asignada para mi hermano y su esposa.
- Espero que les agrade mi casa.
- ¡Es un lugar hermoso! - dijo Dolores sonriendo.
- Yo se que si.
- Iré al ludus - dijo Diego.
Dolores me sonrió con picardia.
- Vamos al mercado - dijo.
- Estoy esperando visitas - dije - será mañana.
- ¡Oh! - dijo entristecida - bueno, por mi esta bien.
- Disculpame, desde lo que me paso no salgo de esta casa.
- No puedes estar encerrada por siempre.
- Si puedo - respondi.
- Comprare al esclavo de tu vecina - dijo.
- Puedes hacerlo - respondi - pero necesitas sirvientas.
- ¿Cuantas tienes tu?
- Tengo cuatro, una escapó, pero son cuatro. Imara, Rhonda, Crispina y Clotilde la que escapó.
- ¿Que castigo le darás?
- Ninguno, es una niña.
- Tienes que darle un castigo ejemplar, para que no vuelva a escapar.
La mire en silencio, impresionada por sus palabras.
- Mi esclava, no será tocada por el látigo, porque es mi sirvienta personal, no quiero que vuelvas a opinar sobre el trato que le doy a mis sirvientas, esta es mi casa.
Dolores apretó los labios mientas me escuchaba.
- Lo lamento tanto, no pensé que te sentirías ofendida por lo que te dije, es que yo pensé que...
- No pienses mejor - interrumpí.
- Lo lamento.
Rhonda entro a la habitación y me miro en silencio.
- Debo atender a una visita, luego regreso para conversar.
- Iré a mirar a los gladiadores entrenar - dijo Dolores.
- Si te veré allá luego.
Salí de la habitación y me fui a la mía, estada Griselda esperándome ahi.
- ¿En que me convertí?
- En un ser de luz.
- Un ser - suspirando - Griselda no te entiendo.
- Nesecito que se siente mi niña, esta historia es larga de contar.
Nos sentamos en mi cama, Griselda empezó a contarme una historia que empezó mucho antes de que yo naciera.

Dama Oscura 

lunes, 26 de agosto de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XVIII

Amaneció otra vez, me gustaría tanto que los días pasen más rápido en este momento, Rhonda estaba parada a mi lado, me ayudo a vestirme, la casa se sentía tan vacía sin Horacio.
- Debe ir al senado, señora, debe ir a declarar.
- Deseo verme el rostro - murmure.
Rhonda acerco un espejo de mano y me vi la cara. Mi ojo izquierdo se veía más caído y podía ver la cicatriz en mi cabeza que iba por atrás de mi oreja, mi garganta también tenia señal de haber sido cortada.
- ¿Que me paso? - dije empezando a llorar.
- El dominus estalló en celos aquel día y no contento con golpearla hasta dejarla inconsciente, tomo una taza y la rompió en su cabeza, la golpeó varias veces, cuando vio la sangre se asusto, empezó a llorar pues usted no reaccionaba y llamaron a Griselda, el estaba arrepentido, Griselda le corto el pelo y le cosio la cabeza, le hizo beber una de sus pociones que ella llamó "La súplica a los dioses" y solo esperamos a que su corazón volviera a latir, esperamos por un día entero a que usted reviva.
- Estuve muerta un día entero - dije asustada.
- Así es, pero al día siguiente usted respiraba nuevamente y Griselda me explico que esa poción detenía tu alma en la puerta del más allá, no te permitía pasar y si un dios te veía podrías conversar con él y tener una nueva oportunidad de vivir.
- Así que eso fue.
- Estuve conversando con Beltrán - dijo - más allá de los mares, existe un país, un reino nuevo al cual los inmortales llamamos El reino de la noche.
- Si usted ahora es inmortal, Beltrán puede ir con nosotros.
- ¿Y que hay allá?
- Libertad - respondió, y se quedó callada.
- Ya soy libre.
- Cuando las décadas pasen y los humanos vean que usted no envejece, no será tan libre, mirese, usted se está recuperando rápidamente al paso que un mortal no puede, ya se que Beltrán le otorgó su voluntad, estas cosas los humanos no pueden hacerlas por si mismas, debemos aceptar que no somos más humanos.
- Pero yo no soy una bestia.
- No se que sea usted, Señora, pero si algo se, es que no morirá pronto.
- Conversaremos de esto en otro momento Rhonda.
- Por mi esta bien.
- Debo salir.
Salí de mi casa, acompañada de Imara, me dirigí a la Curia, me habia tapado la cabeza con una manta, para que las personas que habitaban la ciudad no vean mi deformidad.
Cuando llegue a mi destino, el guardia ni se inmutó, entre y fui a la sala de reunión, al menos unos 200 ancianos ahí reunidos, mis padre hablo primero, sobre cómo me encontró inconsciente en la cama con el rostro destrozado y a la curandera cuidando de mi, habló también de como encontró a Horacio estaba implorando perdón, que creyó que perdería a su única hija, luego habló mi madre, ella mencionó que desde pequeña me encomendó al cuidado de Griselda, que ella vio todos mis malestares, luego hablo Griselda, que. Hola dijo que me encontró en un estado crítico y a Horacio con la ropa ensangrentada y ella hizo todo lo posible por mantenerme con vida, mire a mi alrededor, en una esquina había un tipo con un traje largo que le tapaba totalmente el rostro, por un momento tuve la impresión de que era Claudio quien me observaba.
De pronto escuche mi nombre entre los ancianos. Me levante.
- Sáquese ese trapo de la cabeza - dijo uno de los ancianos.
Mire a todos a mi alrededor avergonzada, mire a mi padre quien asintió con la cabeza, me quite el pañuelo y las expresiones de horror se dejaron escuchar. Un anciano se acerco a mí y me miro de cerca.
- Tu marido de golpeó muy duro esta vez - dijo - podría decir que vives de milagro.
- Fue la gracia de los dioses - murmure.
- ¿Te golpea siempre?
- No - dije.
- ¿Te sustenta económicamente?
- Si, me da más dinero del que puedo gastar.
- ¿Te ha tratado como esclava?
- No, eso creo.
- Entonces por única vez el ha sido cruel contigo, dime jovencita, ¿que hiciste para que tu marido te golpee hasta casi matarte?
- No entiendo la pregunta.
- ¿Que le hiciste a tu marido? - insistió - ¿le gritaste?
- No.
- ¿Le atendiste en tu deber de esposa?
- El podía tenerme siempre que quisiera aún en contra de mi voluntad.
- En contra de tu voluntad, las mujeres siempre dicen no estar listas para el acto, uno siempre debe ser un poco rudo pero al final si quieren.
- El me tomó una y otra vez a la fuerza, desde el día que nos casamos, incluso cuando yo sangraba, incluso cuando estaba enferma, cada noche el me tomaba sin falta hasta que un hijo suyo quedó impregnado en mi vientre, cuando nuestro hijo nació muerto, el me tomó desde esa misma noche aún con el vientre débil y aún con la sangre manchando mis piernas el me utilizo incluso de formas en las que no podríamos tener hijos, el nunca me dio un beso, nunca tuvo un gesto de cariño hacia mi, nunca me dio signo de tener algún sentimiento hacia mi que no sea desprecio...
- Las mujeres siempre esperando cursilerias románticas, estas cosas no son importantes, no tengo más preguntas por ahora.
Mi padre se acerco a mi.
- ¿Donde estabas cuando sucedió la agresión?
- En mi habitación, con mis esclavas.
- ¿Que hacías en ese momento?
- No lo recuerdo exactamente. Creo que ne vestía y se me informo que tenía visita de un hombre.
- ¿Quien?
- Mi anterior prometido, Claudio.
- ¿Y tenías intención de verlo?
- No lo he visto desde que se fue a la batalla contra los Hunos, luego desapareció sin dejar rastro alguno, la verdad es que no sabría decir si quería verlo o no.
- Ya veo, que paso luego.
- Entró mi esposo furioso, me insulto y empezo a golpearme con ambas manos, me ahorcó y perdí el conocimiento.
- Como verán - dijo mi padre - esta mujer, en el momento de la agresión, aún no había siquiera decidido hacer algo, aún ahora, no sabe lo que pudo haber hecho en ese momento, porque no tenía intención alguna de faltar a la casa de su esposo.
- Pero ese hombre ¿qué intención tenía al buscar a una mujer casada? - dijo uno de los ancianos.
- No podemos juzgar a una persona por los actos de los demás - respondió mi padre - y es eso exactamente lo que su esposo hizo, la juzgo mucho antes que ella hiciera algo, quizá no haría nada y sólo mandaba a que lo echen, pero su marido tomó la decisión, la juzgo y la castigo, pudo haberla matado sin que ella hiciese nada para merecerlo y en este momento no estaríamos hablando de una agresión física sino de un asesinato.
Mi padre miro a los ancianos orgulloso de lo que estaba diciendo.
- Por estas cosas, solicito se dicte la pena maxima para el esposo de mi hija, Horacio y sea ejecutado y ella no pierda los bienes que posee sino que ella contraiga matrimonio con otro hombre que la quiera bien y su fortuna quede para sus hijos.
- ¡No! - grite - papá - tapandome la boca - Horacio es mi esposo - dije - si, tiene mal carácter y ha abusado de mi de formas que no puedo repetir, pero es el esposo que escogiste para mi y yo no quiero ser viuda, mírame, padre, tengo el rostro desfigurado, no se si vuelva a ser como antes, yo no quiero ir por la calle y ser apuntada como la mujer que pidió la horca para su marido, ¿quien querría casarse con una mujer así? Yo no quiero que mi esposo muera, solo quiero el divorcio.
El silencio se hizo en la sala, hasta que mi padre se acerco a mí.
- ¿Que estas diciendo? Si se divorcian los bienes serán divididos, en cambio si el muere todo quedará para ti.
- No me importa el mugroso dinero - respondí - solo quiero que no pueda lastimarme más.
- ¿Esta segura de lo que estas pidiendo? - dijo uno de los ancianos.
- Si, estoy segura - respondí - solo quiero que mis esclavas Rhonda e Imara permanezcan conmigo ya que ellas no me fueron otorgadas por mi esposo sino que fueron un regalo de mi padre y de mi suegro.
Los ancianos se pusieron a conversar entre ellos murmurando, por largos minutos, se miraban los unos a los otros asintiendo con la cabeza y uno de ellos habló.
- Debido a que consideramos que la unión ya no tiene propósito, se le concede el divorcio, a demás, la casa donde vivian, los esclavos y toda posesión que se haya adquirido durante el matrimonio quedan a disposición de la señora Celeste, su padre será quien maneje las finanzas para que no se pierdan los bienes, a demás, su esposo, Horacio, tiene prohibido acercarse a la señora Celeste por ningún motivo, de ser así, será ejecutado y tendrá que alcanzar a su ahora ex esposa una cantidad de dinero mensualmente para que ella siga manteniendo la vida que tuvo durante el matrimonio hasta que ella se case nuevamente con otro hombre, todo esto como compensación por el daño que se le ha causado.
Mire a Horacio, quien se tocaba el cuello, se salvo de la muerte por poco, mi padre me abrazó, felicitandome, me tape la cabeza con mi pañuelo y salí de la sala rápidamente con mi esclava.
El sol se estaba ocultando y las primeras estrellas se dejaban ver. Un hombre me alcanzó entre la multitud, su mano fría me toco, me di vuelta, Imara se puso entre el y yo.
- No se acerque a mi señora - dijo Imara asustada - señora, corra lo más rápido que pueda.
- Imara, no necesito correr - dije.
Aquel hombre era el mismo que había visto horas antes con un traje largo que le tapaba el rostro, era Claudio.
- Lamento haber llegado tan tarde - dijo - pude haberte evitado todo este sufrimiento.
- Lo único que importa - dije abalanzandome sobre él - es que estas aquí ahora.

Dama Oscura

lunes, 19 de agosto de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XVII

El dolor en mi cabeza de hizo intenso, una punzada aguda como si un bicho me clavara su aguijón, me lleve la mano a la cabeza entonces note que algo estaba mal, no tenía pelo.
Toque toda mi cabeza con ambas manos y no había rastro de mi hermoso pelo rojizo, grité, o al menos lo intenté, la voz no salía de mi garganta, me toque el cuerpo, estaba mucho más delgada de lo que recordaba, intente levantarme de la cama y caí al piso, tumbando una banca que estaba a mi lado.
En ese momento ingreso Griselda.
- Ya despertaste - dijo sin inmutarse de que estuviera en el suelo, me miro y sonrió - ¡Imara! - dijo levantando la voz - no te imaginas todo lo que tuve que hacer para mantenerte con vida - sonrió - eres mi máxima creación.
La mire horrorizada, empecé a tocarme todo el cuerpo, Imara ingreso a la habitación, Ronda la acompañaba y me levantaron de nuevo a la cama. Me toque la cabeza.
- Lo siento mi niña - dijo Griselda - no podíamos moverte de la cama y mantener tu pelo atraería piojos, preferí quitarte el pelo de la cabeza para que sea más fácil limpiarte.
Me toque la garganta y el cuerpo.
- Estuviste dormida por un mes querida - continuó - me traslade a tu casa a pedido de tu madre para poder cuidar de ti todo el día, tuve que hacer una operación de emergencia ya que tu marido casi te mata a golpes, no puedes hablar porque te tuve que extirpar las amígdalas, pero en un par de semanas quedaras como nueva, un poco más ronca pero podrás hablar, solo podíamos darte agua con miel y con eso te mantuvimos viva.
Empecé a llorar.
- No, no, por favor mi niña, esta es tu nueva oportunidad de vida, pero tengo que preguntarte, ¿que hay del otro lado?
La mire incrédula.
- ¿Hay algo en particular? ¿Hay alguien esperándonos? - asentí con la cabeza - ¿es un dios o una diosa? - volví a mover la cabeza afirmativamente - y ¿que te dijo? - me encogí de hombros, me volví a echar - bueno, si no quieres contarme ahora, será en otro momento - sonrió - estuviste muerta por quince minutos - continuó - tu padre se entero y armo un alboroto en el senado, capturaron a tu marido y lo van a enjuiciar por intento de asesinato, quizá sea sentenciado a muerte.
Me senté de golpe, moviendo la cabeza haciendo no.
- Tranquila, tu heredarás todo, nada se te va a pasar quitar después de su muerte - volví a mover la cabeza diciendo no - el esta encarcelado, ahora que despertaste, esperarán a escuchar tu versión de los hechos y luego lo van a sentenciar.
Mire a todos lados preocupada, empecé a llorar.
-Pero no tienes porque sentirte así mi niña, el no puede hacerte más daño.
Levante los brazos volteando los ojos.
Me recosté en la cama, mirando hacia un costado.
- Mira - dijo Griselda - te prepare el almuerzo, es un delicioso puré de... En realidad no quieres saber, pero te recuperaras más rápido si te lo comes todo, vamos, a comer.
Griselda acerco el tazón a mi boca y probé lo que me daba, era un insipido medio agrio, saque la lengua al probar.
- Tienes que comerlo todo de lo contrario no vas a recuperar fuerzas - dijo.
Estuve comiendo los purés amargos de Griselda por casi dos semanas antes de poder articular palabra alguna, lo primero que hice fue preguntar por Crispina, por el bebé de Crispina.
- Se llama Tania - dijo Imara - es una niña preciosa, no es hija del Dominus, ¿recuerdas a Nathan? Pues resulta que Crispina y el tenían un amorío y ella tuvo un hijo suyo, no lo supo hasta que el niño nació.
Me sonreí.
- Yo también me alegre cuando lo supe - continuó Imara - quien lo diría de nuestra Crispina, bueno, a mi no me sorprende, pero siempre creí que le daría un hijo a Dominus.
- Y Horacio.
- El Dominus está bien - continuó - Clotilde le lleva comida todos los días, dos veces al día, le lleva ropa limpia, no se ha descuidado de él, señora, ¿Usted va a declarar en su contra?
- En Roma las mujeres no valemos tanto para que nuestra opinión cuente.
- La esposa del nuevo rey es una mujer muy inteligente, dicen que los reyes son Etruscos, han hecho que las mujeres romanas tengan los mismos derechos que los hombres, han escrito nuevas leyes para mantener el orden, ahora las mujeres romanas no pueden ser maltratadas por su marido, cuando se enteraron de su caso, ya que su padre armo un alboroto en el senado, se tomaron el asunto muy en serio, la reina ha exigido que se haga conforme a las leyes, sólo tiene usted que declarar y decir lo que yo ya explique, que su esposo vino y la agredió estando usted convaleciente hasta que perdió la conciencia.
- No - murmuré.
- No creo que haya salvación para el - dijo Imara - se hizo una investigación y se sabe que usted perdió un hijo del Dominus, que el le fue infiel con cuanta mujer pudo y que la violo cuando usted estaba indispuesta para poder tener un hijo suyo, todo esto se entero su padre y exige un severo castigo.
- Quiero levantarme de aquí - dije, me pase la mano por la cabeza, el pelo me estaba creciendo nuevamente - quiero verme la cara - dije.
- Señora - dijo Imara alejándose de mi, asustada - no es el momento adecuado para que usted se vea, yo... Usted... - nerviosa.
- Estoy así de fea - sonreí tristemente.
- Oh, no, para nada, señora, Griselda le hizo una reconstrucción en el rostro impecable, pero me temo que usted no se va a reconocer.
La noche se dejaba ver con la luna redonda y grande en el cielo. Baje a las celdas y vi a Rhonda pasar por aquella metamorfosis que la convertía en esa bestia enorme que no le permitía reconocer a sus conocidos.
Abrí la celda y entre, ella me gruño, pero no se acerco a mi. Estire el brazo y ella camino hacia mi lentamente, sujete su cabeza y la coloque encima de mi hombro, abrazandola, me quede así por toda la noche hasta que amaneció.
Rhonda yacía en mis brazos desnuda, abrazada a mi, nos habíamos quedado dormidas en aquella celda donde la encerrabamos cada vez que ella estaba indispuesta.
- Domina - murmuró Rhonda asustada al verme a su lado - pude haberla lastimado.
- Claro que no - dije, tranquilizandola - definitivamente no.
Salimos de la celda, Beltrán estaba en otra celda más allá, lo mire fijamente sin expresar ninguna emoción, Rhonda desfiló desnuda hasta su habitación y se vistió, yo me quedé frente a la celda de Beltrán, mirándolo sin decir nada.
- Se lo que es usted - dijo finalmente rompiendo el silencio.
- ¿Y que soy? - murmure.
- La eternidad le resultará aburrida eventualmente - continuó sin responder mi pregunta - cuando se de cuenta se pondrá en situaciones para lograr la muerte pero la muerte le evadira.
- ¿Y que harás?
- No se porque hago esto, usted no me agradaba antes pero tengo un impulso dentro de mi qué me obliga.
Lo mire fijamente sin decir nada, Beltrán se arrodillo ante mi.
- Le otorgó mi vida, mi fuerza y mi voluntad, todo lo que usted desee de mi y este en mi poder hacerlo lo obtendrá.
- Lo permito - respondí.
Beltrán se levantó y me miro horrorizado.
- ¿Que pasa? - dije sin comprender bien lo que había ocurrido.
- Siento un inmenso poder dentro de usted, un poder que no puede controlar usted sola, busque ayuda.
- Lo haré - dije - ¿Sabes quien puede ayudarme?
- Si usted obtuvo la voluntad de un dios, debe pedir ayuda a alguien que haya obtenido la voluntad de un dios.
- ¿Conoces a alguien así?
- Griselda - respondió torciendo la boca.
- Ella tuvo un amorío con su dios.
- Los dioses tienen nombres diferentes en cada cultura, pero siguen siendo los mismos dioses, si, ella es igual que tu, puede dominar a las bestias, me es imposible desobedecer su voluntad, al igual que contigo, ella te podrá ayudar.
Me quede en silencio observando a Beltrán, en ese momento Llengardaix apareció sonriente y abrió la celda de Beltrán.
- ¡Buenos días! Doctore - dijo en forma burlesca - ¿Como amaneció?
Beltrán salió sin decir palabra alguna, se paro delante de mi, se inclino y se fue.
Subí, encontré a Griselda en mi habitación.
- Parece que mi niña esta descubriendo sus nuevas habilidades.
- ¿Que me está pasando? - dije.
- Tranquila, te acostumbraras, ¿viste a un hombre o a una mujer?
- Era mujer - dije - te refieres a...
- Si niña, me refiero a cuando estabas muerta.
- Una mujer, una diosa.
- ¿Te dijo que diosa era?
- Era la diosa Venus, la diosa del amor y la fertilidad.
- En mi cultura se llama Freya - respondió instantáneamente.
- ¿Estas segura que se trata de la misma diosa?
- Los dioses son los mismos en todo el mundo, solo cambian de nombre, porque es el nombre que le dimos los humanos, la mujer a la que viste era una mujer joven y pelirroja.
- Si, ella es Venus.
- Mira - dijo sacando un dibujo donde se veía a una mujer joven, pelirroja, desnuda.
- Ella es Venus - dije.
- Ella es Freya - respondió Griselda - los dioses y las diosas, como ya te dije, son los mismos en todo el mundo, solo cambian de nombre porque es el nombre que les dan en cada país. Freya es la diosa de la fertilidad.
- Me estás confundiendo.
- Bueno, no intento que te confundas, dime, ¿te dio un don?
- Si, me pidió algo y me dio algo a cambio.
- No preguntaré que pediste, eso debe ser únicamente tu secreto.
En ese momento entró mi madre a mi habitación, me miro y corrió a abrazarme.
- Hija mía, estaba tan preocupada por ti.
- Estoy bien, mamá.
- Tienes que saber que el senado espera por ti para que declares y se decida el destino de Horacio, no temas decir la verdad, aunque el muera todos sus bienes te serán otorgados y podrás mantenerlos si te casas con otro varón romano al cabo de un año.
- No quiero casarme con otro hombre - dije.
- Ya pensaremos en eso, la reina está muy interesada en tu caso y ordenó que se de una solución, en cuanto te sientas en la capacidad de ir a declarar, iremos y esto finalizará.
- Mamá - dije - no se si quiero ir a declarar.
- Pero que dices hija, tu padre exigió justicia porque pudiste morir en manos de Horacio, las leyes están cambiando y están mejorando, no desaproveches esta oportunidad.
Mire a mi madre en silencio mientras hablaba, en Roma las mujeres no validamos casi nada, podíamos ser golpeadas, azotadas, matadas, vendidas por nuestro esposo y nadie se inmutaba, fueron los nuevos reyes quienes impulsaron los derechos de las mujeres, la reina sobre todo, la reina que tenía la voluntad de su marido en sus manos y que este no tomaba una decisión sin primero consultarle a ella su opinión.
- Está bien mamá, iré al juicio.

Dama Oscura

lunes, 12 de agosto de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPITULO XVI

- ¡Sueltame! - grité - ¡Horacio!
- Eres mi mujer - dijo mientras forcejeabamos.
- Todavía sigo sangrando - dije empujando, tratando de zafarme de él.
Horacio se ponía cada día más brusco conmigo, no había dejado de sangrar desde que perdí a nuestro bebé, el me hizo suya cada día a la fuerza, a la mala, desde entonces.
- ¡Horacio! - gemí sintiendo que entra en mi, seca, sangrante, bruscamente - ¡No! - empecé a llorar.
Cuando deje de forcejear con el, dejó de presionarme, estábamos en el piso, se había puesto sobre mi para dominarme con su cuerpo.
Lo abracé.
Mientras el se movía lentamente encima de mi, presionando con fuerza mis piernas, procure no dificultar más el momento, esperaba que termine rápido para que me suelte.
- ¿Te gusta?
No respondí, las lágrimas habían llenado mis ojos y mi nariz estaba totalmente constipada.
- Dime que te gusta tenerme dentro de ti - exigió.
- Me lastimas - murmuré.
Horacio continuó con lo suyo, me rompió la ropa para poder tener mi cuerpo desnudo, empezó a pasar su lengua por mi cuerpo.
- No me he bañado en dos días - dije mirando hacia la pared - antes no me tocabas si no estaba muy aseada.
- No importa - dijo - ahora no importa si estas sucia, cada día ardo en deseos de tenerte.
Me miro, me sujeto la cara y me beso, sentí su lengua hasta mi garganta, me dio ganas de vomitar, en ese momento terminó.
- No vamos a tener otro hijo si no dejas que me recupere.
- Crispina tendrá mi hijo pronto - respondió rápidamente - lo vamos a tomar y registraremos como nuestro, por eso no la dejas salir de la casa, verdad.
- Horacio, ella es una mujer romana, un hijo con ella es igual que un hijo conmigo.
- Ella es una ramera - gruñó - su hijo bastado tendrá derecho de ir al ejército, mi hijo contigo, el que tendremos en cuanto dejes de sangrar, ira a la universidad.
Horacio se levantó, me levanto en sus brazos y me llevó al baño, me hizo sentar en la tina.
- Le diré a Imara que venga a limpiarte - murmuró y se fue.
Me acomode en la tina, Imara entró después de varios minutos.
- Domina - murmuró.
- No me digas domina.
- Lo siento, señora, lo que pasa es que llego una visita para usted.
- ¿Es mi madre?
- Es un hombre, señora.
- Mi padre o quizá alguno de sus hijos.
Imara, después de ayudarme con el baño me ayudó a vestir y me acomodo en la cama.
En ese momento entró Horacio a la habitación.
- ¡Eres una mujerzuela! - grito golpeandome.
Grite tratando de defenderme, el me dió al menos veinte bofetadas con ambas manos, se había puesto encima de mi utilizando su peso para inmovilizar me mientras me agredia.
Cuando se cansó de golpearme respiro, Imara gritó.
- Dominus, la ha matado - llorando - mire como la ha dejado.
- Se merece eso y más - murmuró, me jalo de los pelos y hablo a mi oído - Si Claudio vuelve a venir por acá, me encargaré de que no pueda amarte - me soltó.
Pero yo ya no escuchaba, estaba perdida en mis pensamientos, el dolor se había convertido en lágrimas, las lágrimas en deseo de escapar y mi deseo en realidad.
Todo a mi alrededor estaba oscuro, la voz de Imara desesperada llamando a Rhonda y Clotilde para que la ayuden.
- Iré a llamar a la señora Griselda - dijo Clotilde mientras su voz se perdía a lo lejos.
***
Voces en la oscuridad, están hablando de mi, alguien está llorando, esta desconsolada esa mujer, creo que es mi madre, se lamenta como estoy, me agarra la mano, las voces se alejan...
***
- Miren a esa pequeña mortal, niña, hola, holaaaa, es una dulce y tierna mortal...
Mire a mi alrededor, la oscuridad me rodeaba, pero había un rayo de luz iluminando mi cuerpo desnudo, no podía observar más allá en la oscuridad, mire alrededor mio buscando aquella voz...
- ¿Quien esta ahí? - dije dudando que alguien responda.
- Estoy aquí - dijo riendo - mírame, pequeña mortal - mire por todos lados, la voz se escuchaba lejos y cerca a la vez, como un eco - mira bien, con atención - dijo nuevamente - presta más atención - siguió diciendo - mira atentamente - continuó...
Me puse a mirar por todos lados, buscando, mire arriba, abajo, a ambos lados, atrás, entonces me quede mirando fijamente al frente, con atención, inmóvil.
- ¿Me ves? - dijo de nuevo.
Entrecerre los ojos tratando de ver en la oscuridad, en ese momento se materializó el delgado cuerpo de una mujer, de pelo rojo, ojos miel y piel blanca muy pálida.
- ¡Bu! - grito poniendo sus manos abiertas al lado de su cara - ja, ja, ja, ji, ji, je, ju, ja...
Empezó a retorcer de risa en el piso.
- ¿Quién eres tú? - pregunté.
- ¿Quién eres tú? - respondió ella devolviendo la pregunta - ¡ihh! - dijo abriendo los ojos - ¡Que hermoso pelo fuego! - dijo emocionada, continuó riendo.
- Debo estar soñando - murmure.
- Debes estar soñando - dijo riendo nuevamente.
- Estoy confundida - dije ignorando lo que decía.
- ¡Está confundida! - dijo con euforia.
- Horacio me golpeó - dije tocando mi cara.
- ¿Quien es Horacio? - dijo intrigada.
En ese momento me di cuenta que ella levitaba frente a mi, estaba como en un gran almohadón de plumas, se movía suavemente.
- Es... Estas - dije tartamudeando - estas - la impresión no me dejaba terminar lo que quería decir.
- ¿Estoy? ¡Si! ¡Aquí estoy!
- ¡Estas volando! - grité.
- ¿Volando? - miró a su alrededor - No estoy volando.
Pase mi mano por debajo de ella y toque el piso, mientras la miraba fijamente.
- ¡No puede ser! - dijo asustada - ¡Estoy volando! - en ese momento empezó a reír nuevamente.
Me quedé observándola en silencio.
- ¿Estas triste? - inquirió dejando de reír.
- Que hermosa eres - murmure, estire el brazo para tocarla y ella se alejo.
- Los mortales no deben tocar a los dioses - dijo ella.
- Eres una diosa - sonreí - ¡lo sabia!
- Vine a ayudarte - sonrió.
- ¿A mi?
- ¡Claro que si! - respondió - mira alrededor tuyo.
- ¿Quién eres?
- Como todos los dioses tengo muchos nombres, pero en tu cultura me conocen como la diosa de la fertilidad y la belleza.
En ese momento me arrodille ante ella mirando al piso.
- Su divinidad, no soy digna de estar ante su presencia.
- Tranquila, de todas maneras estas muriendo, en un par de horas más, no servirá de nada.
- ¿Me moriré?
- Eso dependerá de ti.
Me quede en silencio mirándola, era realmente hermosa, era como una jovencita a punto de convertirse en mujer, en pleno desarrollo.
- ¿Y que deseas de mi?
- Deseo tus lunas, cada noche de esta vida durante los próximos años hasta el día de tu muerte.
- Entonces, ¿no sabré lo que sucede conmigo durante las noches?
- Si lo sabrás, tu conciencia será pero seré yo quien hable y se mueva en vez de ti.
- ¿Y que recibiré a cambio?
- Lo que desees y este en mis poderes otorgar.
- Deseo, que cada hombre y cada mujer en esta tierra al verme quede enamorado de mi al punto de dar su vida por mi.
- ¿Estas segura de que deseas eso?
- Estoy segura.
- Pequeña mortal - sonrió - no pidas todo lo que deseas, te lo pueden conceder.
Ella desapareció despues de decir estas palabras, su voz se escucho como un sonido sordo en la oscuridad, la luz que estaba sobre mi fue desapareciendo y quede en la oscuridad completa.

Dama Oscura







lunes, 5 de agosto de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XV

- No lo escucho - murmuré - mamá - desvariando - no esta llorando...
Cuando desperté, Griselda estaba cuidando de mi.
- ¿Como te sientes? mi niña - dijo con voz triste, con una leve sonrisa.
- Mi bebe - murmure agitada.
- Lamentablemente, el niño nació muerto - dijo sin mirarme y apretando mi mano.
Empecé a llorar, lloré desconsolada hasta ahogarme con mis lágrimas.
- ¿Era un varón?
- Eso no tiene importancia mi niña, debes descansar para recuperarte...
- Era un niño, blanco, regordete, pelo ensortijado, ojos claros, muy parecido a su padre - dijo mi madre quien estaba sentada cerca de la puerta de mi habitación.
Continué llorando, lamentando mi infortunio.
- No lo entiendo - dije entre lágrimas - todas cuidaron de mi - me limpie la cara con un pañuelo - estuve en cama todo el tiempo y cuide mi alimentación - mis lágrimas salían aun más rápido y no podía detenerlas.
- Los dioses saben porque suceden las cosas mi niña.
- No le mientas - grito mi madre - el niño se ahogó en su vientre ya que ella se cayó, el embarazo dio fin antes de fecha, faltaba un mes, todo esto es culpa de su marido, si el no fuera, ¡tan imprudente!
- Su marido, el que ustedes escogieron para ella - agregó Griselda.
Mi madre se acercó a mi.
- Tranquila, te vas a recuperar de esto y podrás tener otro hijo para Horacio.
- Otro hijo, mamá - dije enojada - ¿otro hijo dices?
- Y en cuanto menos lo imagines, todo esto quedará en el pasado, solo un mal recuerdo.
- ¿Es eso lo único que importa? ¿Que le de un varón a Horacio? ¿Y yo? Pude haber muerto, sabes.
- No seas tan dramática, Celeste, todas las mujeres pasamos por esto.
En ese momento entró Crispina, trayendo mi comida.
- Crispina - murmuré - déjame verte.
Crispina levantó la cabeza y me miro avergonzada, su enorme barriga no le permitia esconder lo evidente.
- ¿Cuántos meses?
- Seis meses, domina.
- Seis meses - sonreí.
- Y una semana.
- ¿Es de él?
- Si, domina.
Me eche en la cama y sonreí.
- No trabajarás más, hasta que ese niño vea la luz - murmuré - quiero que descanses y te cuides, alimentate bien, y quiero que estés tranquila, dedicate a tener un buen embarazo - me toque la cabeza y sonreí - Clotilde te ayudará estos meses y tienes prohibido salir de la casa.
- Yo estoy bien domina, es mi cuarto hijo, yo se como se hace.
- Tu cuarto hijo - me quede pensativa - vete - ordene.
Crispina salió de la habitación y me quedé con Griselda y mi madre, estaban en silencio.
- Ustedes dos - sonreí - no le dirán a nadie que perdí a mi hijo.
- ¿Que tienes en la cabeza? Muchacha - dijo Griselda sorprendida.
- Tengo una esclava romana, que curiosamente esta embarazada de mi marido, le daré buen uso.
- ¿Te haz vuelto loca?
- Si mamá - dije moviendo la cabeza - me volví loca - sonriendo - me volví loca el día que decidiste qué coser mi vientre era lo mejor para conseguir un buen marido, y me volví aun más loca cuando me obligaste a casar con un hombre que no conocía y que definitivamente no me ama.
- ¿Quien dice que no te amo? - Horacio estaba parado en la puerta de mi habitación.
- No es lo que tu piensas Horacio - dijo mi madre asustada.
- ¿Que cosa no es lo que pienso? Yo se tanto como ustedes que Celeste no era doncella cuando se casó conmigo.
- ¿Lo sabías?
- Claro que lo sabía, no soy estúpido.
- Necesito hablar a solas con mi esposa - dije.
- No Celeste, no es el momento.
- Es mi casa y las quiero fuera a las dos - gruñí.
Mi madre y Griselda salieron de la habitación, Griselda agarro a mi madre y la jalo afuera mientras ella se resistía, pero finalmente se fueron. Mercedes lloraba.
- ¿Por qué te casaste conmigo?
- ¿Nunca te dije como encontré a Clotilde?
- ¿Que tiene que ver Clotilde en todo esto?
- Tiene mucho que ver - refutó instantáneamente - Clotilde es de una tribu barbara, igual que Griselda, la legión de Claudio atacó su tribu y mataron a todos los hombres y ancianos, todas la mujeres y los niños fueron capturados como prisioneros, mi legión estaba repasando los cuerpos cuando la encontré, habían volado a su madre tantas veces que casi no se movía y ella estaba oculta en una trampilla bajo tierra, estaba muy temerosa, acurrucada entre unos trapos sucios, era a penas un niña, cuando llegue escuche su lastimero llanto, cuando descubrí la trampilla y la saqué los hombres quisieron tomarla para si mismos y me opuse a ellos, en eso llegó Claudio, sin saber por que discutía con aquellos hombres me ayudo a enfrentarlos y quede mal herido. Claudio me ayudo. Entonces me llevo al campamento de mi padre quien decreto que yo era inútil para la guerra y en agradecimiento a tu prometido le ofreció lo que el quisiera y el pidió ser ascendido, con su ascenso fue enviado a otras batallas mucho más lejanas y mi padre me acompaño de vuelta a nuestra casa, cuando me recupere volvimos a reunirnos con Claudio quien hablo muy bien de su prometida, con quien se casaría pronto, entre tragos y tragos mi padre convenció a Claudio que para asegurar que no te casarás con otro hombre debía tomarte por mujer, el fue y lo hizo, tiempo después fue enviado a otra batalla y cuando la ganaron se le dio a escoger entre conquistar nuevos territorios o jubilarse y el decidió que dos batallas más le darían suficiente fortuna para darte una buena vida, entonces fue enviado a nuevas batallas, para entonces mi padre había averiguado quien era la rica heredera prometida de Claudio y decidió que tu dote estaría mejor conmigo que con un simple soldado. Me extorsiono primero, luego me soborno para casarme contigo así el podría adquirir más poder ante el senado y el Cesar.
- Esto es enfermo.
- No es enfermo querida, es la búsqueda del poder lo que nos mueve.
Se acerco a mi y me quito la fuente de comida.
- Tu hijo murió - dijo sonriendo.
Se acerco a mi y empezó a romper mi ropa.
- Horacio, noo - chille - ¿Qué haces?
Sin escuchar, me tomo de la cintura y entro en mi, con fuerza.
- ¡Horacio! - grite - ¡Me lastimas!
- ¡Callate! - dijo poniendo su mano en mi cuello empezando a ahorcarme moviéndose con más fuerza.
- Hora - dije casi sin aliento.
En ese momento el se movió más rápido hasta terminar dentro de mi. Me soltó, empecé a llorar, cuando me soltó me caí de la cama, las piernas me temblaban y no podía moverme por el dolor. Horacio se limpio la sangre.
- Más te vale que te recuperes pronto porque pondré otro hijo dentro de ti.
- Horacio - dije entre lágrimas.
- Mira a tu alrededor mujer - gruño - tienes más dinero del que puedes gastar, por lo menos demuestra que sirves para algo y dame un hijo.
- Horacio - continué llorando.
- Y que este vez sea un niño vivo - se fue.
Me quede sin levantarme, en el piso, al lado de mi cama, llena de sangre, no se cuantos minutos pasaron antes de que Imara entre a mi habitación.
- ¡Domina! - gritó asustada - ¿Que le paso?
- Ayúdame, por favor - dije entre sollozos.
Imara se acerco a mi y puso mi brazo sobre sus hombros, me llevó al cuarto del baño.
- Tranquila Domina, yo la cuido.
Imara me ayudo a limpiarme de la sangre, luego me vistió y cambió las sábanas de mi cama y me ayudó a echarme nuevamente.
- Descanse, domina.
- Esto es un infierno - murmuré.
- No domina, el infierno es mucho peor, yo lo conozco en persona.
- No me digas domina - gruñí - odio mi vida.
- Usted tiene la posibilidad de cambiar su destino, domina.
Mire a Imara, en ese momento había recordado las palabras de Griselda aquella vez que me dijo que mi destino sería lo que yo quisiera que sea, puede ser que haya estado olvidando algo sin darme cuenta y la posibilidad de mejorar las cosas estaba al alcance de mis manos pero no lo he visto hasta ahora... Hasta ahora.

Dama Oscura















lunes, 29 de julio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XIV

Para: Mercilia Celeste Caius Octavius

Amada mía,

Se que mi ausencia en todo este tiempo te habrá resultado angustiante, no tengo excusas que darte, pues yo mismo tenia miedo de lo que una vida como esposos conlleva, pero lo pensé mucho y me decidí, cumpliré mi deber como tu prometido y en cuanto llegue nos casaremos. Lamento haberte fallado y no regresar inmediatamente después de la batalla victoriosa contra los Hunos, me reivindicare el resto de mi vida, te llenare de tanto amor que olvidaras este periodo seguramente amargo que te hice pasar.

Esperame,

Sixtus Claudio Filius Aurelius

Después de leer el mensaje mire a mi madre quien se encontraba sentada en mi cama mirándome fijamente en silencio, mientras las lágrimas recorrían mi rostro.
- ¿Cuando recibiste esta carta?
- Hace tres días.
- Está carta se escribió antes de mi matrimonio con Horacio.
- Trata de estar tranquila hija.
- Estoy tranquila - murmure.
- Tu padre encontrará una solución a todo esto.
- ¿Lo sabe?
- El recibió la misiva primero y la leyó, no quería que te enteres, pero lo convencí.
- Quiero estar sola.
Diciendo esto me di vuelta, dando la espalda a mi madre, conteniendo mis ganas de llorar.
- Señora Celeste - Imara me hablaba suavemente.
- Estoy durmiendo - dije sin abrir los ojos.
- Su madre viene a verla todos los días y usted se niega a recibirla.
- No opines sobre lo que no sabes, Imara.
- Yo no veo a mi madre desde que me capturaron, ni siquiera se si sigue con vida.
Abrí los ojos y la mire.
- Señora, sus ojos están hinchados, ha llorado nuevamente.
- Quiero sentarme - estirando el brazo.
Imara se acerco a mi y me ayudo acomodandome en la cama.
- Su barriga le causa muchos problemas, señora - dijo sonriendo - no es muy grande, he visto barrigas más grandes.
- ¿Que crees que sea?
- Ruego a los dioses que sea un varón.
- Si es varón, Horacio no volverá a dormir en esta cama.
- ¿Usted desea que sea mujer?
- Si es mujer, Horacio volverá a abusar de mi cada noche hasta que pueda darle un varón.
Mi madre entró a la habitación.
- Dime que tienes buenas noticias.
- Tu hijo o hija esta próximo a nacer, debes dejar de pensar en él.
- No puedo mamá - murmure - lo amo con toda mi vida.
- Llevas el hijo de otro dentro de ti.
- Un hombre que no me ama y se revuelca con mi esclava desde que supo de mi embarazo, no ha vuelto a mi habitación desde entonces.
- Te han crecido los pechos - observó.
- Mi corazón anhela tanto estar en los brazos de Claudio, se que el aceptará mi situación, en cuanto me divorcie de Horacio podremos casarnos.
- Tu padre no lo permitirá.
- ¿Por qué no habría de permitirlo?
- Tu padre apoyo a tu suegro en su elección al senado, ahora tu padre ganó mucha influencia gracias al acuerdo que tiene con tu suegro y si te divorcias ese acuerdo se verá afectado.
- ¿Es que acaso es todo lo que cuenta para el? ¿Soy una moneda de cambio para que el escale? ¿Mi felicidad no le importa?
- Debes resignarte, hija mía, tu única salida es la viudez.
- La viudez, madre te das cuenta de lo que me dices.
- Si hija.
- Horacio tiene casi mi edad, un poco más, los hombres viven más que las mujeres, yo misma puedo morir en cuanto esté bebé mire la luz.
Mi madre me miro entristecido, me acerco a mi acomodando mi cabeza en su pierna y pasando sus dedos en mi cabeza a través de mi pelo canto aquella canción que me reconfortaba cuando niña estaba triste.
Horacio entró a la habitación y se quedó observando la escena en silencio, hasta que aclarando su garganta se paro delante de nosotras.
- ¿Como se encuentra mi hijo? ¿Ya quiere ver el mundo?
Lo mire enojada, mientras el cínicamente sonreía, se acerco a mi para poner su mano encima de mi barriga.
- No me toques - gruñi - vete - ordené.
- ¿Que te pasa? - dijo sonriendo nerviosamente.
Me sente en la cama.
- ¿Que me pasa? - empecé a hiperventilar - osas preguntar ¿que me pasa? - sujetando una almohada y lanzándola a su cara - ¡todo este tiempo no me haz visitado! - grite! - ¡me humillas con mi propia sirvienta! - las plumas de la almohada se habían dispersado por el aire - Crispina nunca viene aquí Clotilde a penas si entra, ¡no puedo soportar esto mas! - agitada me levante de la cama - ¡eres tan desvergonzado que me preguntas que me pasa! ¡CÍNICO! - grité, avance hacia el dos pasos, los pies los tenía hinchados, se me torció el tobillo y caí para un costado gritando de dolor.
- ¡Hija! - dijo mi madre asustada - levantala Horacio - empecé a quejarme del dolor mientras Horacio me levantaba en sus brazos y me colocaba nuevamente sobre la cama.
- ¡Imara! - grito mi madre, la esclava entró casi inmediatamente a la habitación - ¡Ve por Griselda ahora mismo! - Imara entendió la situación casi instantáneamente y salió corriendo.
- Mi bebe - murmure sujetando mi enorme barriga.
- Tranquila hija ya viene la ayuda - dijo mi madre.
Horacio se quedo inmóvil al costado de la cama con la ropa manchada con mi sangre, lo mire y me asusté, fue en ese preciso momento en el que sentí una punzada fuerte, una opresión en mi barriga, y grite, la vida se me escapaba entre las piernas, el cuerpo agotaba sus fuerzas.
- Tranquila hija mía - dijo mi madre - ¡Clotilde! - grito - ¡Rhonda! - dijo nuevamente - ¡Crispina!
Las sirvientas ingresaron a la habitación y viendo el espectral ambiente se pusieron manos a trabajar, habían para entonces traído una tina redonda donde yo podría tener a mi bebé, la pusieron a un costado de la habitación, la llenaron de agua y mientras mi madre rompía mi ropa que se había manchado con la sangre negruzca que salía de entre mis piernas, un olor fétido empezó a contaminar la habitación, abrieron la ventana y la puerta de par en par, una vez totalmente desnuda, Rhonda me levanto en sus brazos y me acomodo en la tina, para ese momento mi madre ya había expulsado a Horacio de la habitación, Crispina estaba extrañamente más gorda de lo habitual y junto a Clotilde me sujetaba cada una, una mano.
Me decían tratando de calmarme que no puje, que debíamos esperar a Griselda, los dolores, las punzadas eran cada vez más fuertes y más seguidas...
- Ya no aguanto - dije.
Sentada en la tina sentí como toda yo me abrirá totalmente para dejar salir aquel pequeño cuerpo que habitaba dentro de mi, mi madre se había puesto delante de mi para recibirlo dándome indicaciones a cada segundo de que hacer, cuando sentí que me rompía por dentro traté de respirar dejando de hacer fuerza, Crispina me presiono la barriga hacia abajo y el cuerpo que estaba a medio camino salió totalmente. Ellas se miraron y me miraron sonrientes.
Me desmaye.

Dama Oscura

lunes, 22 de julio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XIII

- Dominaaaa - grito en la oscuridad - ayudemeeee - volví a escuchar su grito.
- No - dije - Griselda - volví a decir - detenla, haga algo - dije nuevamente - Griselda usted puede ayudarla - empecé a llorar.
Un aullido se dejó escuchar en la oscuridad y un viento gélido recorrió mi cuerpo, un perro mucho más grande de lo normal corría hacia mi, le faltaba pelo y sus patas traseras eran más largas, no era un pello completo, era mucho más grande que un perro, su aullido sonaba cono un gemido lastimero de alguien que pedía ayuda, no, no era un perro cualquiera, era Rhonda, aquel ser en el que se había convertido estaba ya demasiado cerca de mi, saltó hacia mi abriendo el hocido en dimensiones desproporcionadas para devorarme.
- Nooo - grité, estaba en mi cama, Imara se había dormido a mi izquierda sentada cuidandome y mi madre estaba observando desde la puerta.
- Vine porque tu marido me dijo que estabas enferma - dijo - estuviste con calentura por tres días, el médico dijo no comprender lo que tienes pero afirmó que no era nada grave y Griselda.
- ¿¡Griselda!? - mirando a mi alrededor.
- No está aquí - djjo - ella dijo que solo tu voluntad haría que te levantes de nuevo de esa cama.
- Rhonda - dije - debo verla - me quite las sábanas y todo a mi alrededor se puso negro, la luz de mis ojos se apagaban y mi cuerpo se ponía cada vez más pesado cayendo nuevamente al vacío y oscuridad.
- ¿Esta bien?
- Vive todavía, como ha vivido estos últimos días, su voluntad es fuerte.
- Está perdiendo mucho peso, ¿esta enferma acaso? Dígame la verdad, me moriré de la angustia.
- Mi niña, mi hermosa niña Mercedes, yo atendí a tu abuela cuando nació tu madre y también te recibí a ti en mis manos cuando diste tu primer respiro en este mundo, yo te cuide durante tu embarazo en esta niña y te ayude a cuidar los hijos de tu esposo, aunque no pudiste darle más hijos y el trajo uno tras otro un varón de otra mujer, los crías te como tuyos, yo seque tus lágrimas cuando más sufridas y te console como si fueras mi hija, yo cuidare de esta niña como si fuera hija mía porque así como te amo, a ella también la amo.
- Griselda, ella es mi única hija, he perdido mis embarazos como una niña pierde las muñecas, ella es mi única hija, la única que vivió, no puedo verla morir tan joven, pues yo moriría con ella.
- Ya termine, no es nada grave - dijo Griselda sonriendo forzosamente.
- ¿Que tiene? ¿Por qué se desmayo así?
- Solo esta esperando un bebé.
- ¿Como es eso posible? Griselda ¡se suponía que esto no pasaría de nuevo!
- Yo no puedo explicar que paso - respondio - la costura ha sido perfecta.
- ¿Que haremos ahora?
- Hay riesgo de pérdida, solo debemos esperar.
- ¿lo dices así tan tranquila?
- Calmate, por favor Mercedes, su esposo puede escucharnos.
- ¿Crees que me importa su esposo? Acepte este matrimonio porque quería que mi hija heredé su fortuna, no que le de hijos.
- Lo vamos a solucionar.
- Su marido ya debió haber muerto, te pague mucho dinero para que te encargues de eso.
- Aún no es el momento. Date cuenta que mientras no tengan hijos su posición como heredera de su marido puede ser reclamada en cualquier momento por su suegro.
- Entonces, dices que lo mejor es que tenga a este bebé.
- Solo si es varón, entonces heredará.
- El emperador debería permitir que las mujeres también heredemos fortuna, no somos inútiles.
- Haz lo posible para que ese niño salga vivo del vientre de mi hija y si es varón, sella su vientre.
- Esta bien señora.
- Y esta vez haz bien la costura.
- Si mi niña, ahora debes calmarte porque esto no debe escucharlo nadie más.
- Si hicieras bien tu trabajo, no tendríamos este problema.
- Este secreto, debe quedar en el olvido, esta niña es víctima de la ambición de tu marido y tu eres su cómplice, pero haz de saber que un día los dioses te van a castigar por tu delito.
Se quedaron a mi lado conversando sobre otros asuntos que ya no escuché, en mis delirios solo podía recordar a Rhonda y todo lo que estaba sufriendo por mi imprudencia.
Abrí los ojos, Rhonda se encontraba a mi lado, sonriente.
- Rhonda - murmure, volví a cerrar los ojos.
Días después me sentía mucho mejor, Rhonda se había vuelto asidua participe del entrenamiento con los gladiadores, Beltrán se hizo como un padre para ella. Le enseñaba cosas sobre la vida y ella escuchaba atentamente emocionada.
- Pasas mucho tiempo con Beltrán - murmure un día conversando con ella.
- Me enseña muchas cosas, en especial de mi nueva situación, es muy comprensivo conmigo.
- No descuides tus obligaciones en la casa - dije - quiero salir y no estas para acompañarme.
- La señora Mercedes aconsejo que se mueva lo menos posible, ya que lleva un bebé en el vientre qué parece quiere salir antes de tiempo.
- El bebé, es en lo único que mi marido piensa en estos días, se puso a ganar dinero para tenerlo todo listo para el bebé, esta buscando una nodriza y no se cuantas cosas más.
- Es su primer hijo - dijo Rhonda sonriendo.
- Si es mujer estará muy decepcionado - torcí la boca.
- Seguramente la amara de todas maneras.
Escuchamos risas afuera de la habitación.
- Es ella otra vez - dije apretando los puños.
- Crispina ha entretenido bien al Dominus, lo mantiene contento.
- Se acuesta con el.
- Es mejor ella que alguna de la calle, ¿No lo cree?
- No se si pueda soportarlo por más tiempo.
Imara ingreso a la habitación con el almuerzo.
- No quiero - dije echándome en la cama de costado.
- No es para usted - sonrió - es para el bebé.
Me senté en la cama y me puse a comer en silencio, las lágrimas empezaron a derramar de la frustración que sentía.
- Imara - dije - quiero ver a Griselda.
- Vendrá a verla en dos semanas señora.
- Que venga mañana - murmure.
Imara y Rhonda se miraron en silencio, complices, me ocultaban algo.
Al día siguiente Griselda vino a verme y entre lágrimas le dije que no soportaba saber que Horacio y Crispina tenían sus quereres, ella me consoló, me dijo que no podía llorar así porque le hacía daño al bebé y que lo mejor es que me mantenga calmada para evitar cualquier riesgo de pérdida, me dijo que no podía darme nada ahora por mi estado pero que en cuanto tenga al bebé en brazos podrá hacer algo por mi, eso no me consoló para nada, me pase las siguientes semanas llorando, escuchando a Horacio reír al lado de Crispina, ella nunca venía a verme, las visitas de Clotilde a su vez era mucho más distanciadas y breves, me miraba con tristeza y celos y se mantenía lejos de mi, evitaba tocarme a como de lugar.
Horacio me traía obsequios que compraba en la ciudad, tela fina para vestidos, joyas, maquillaje, perfumes, me hablaba emocionado de que el primer varón de la familia este en camino, una vez le pregunté su acaso visualizo la posibilidad de que sea mujer y no varón y enojado respondió "Entonces será una virgen vestal" y se fue enojado.
Los días en cama eran muy largos y mi cuerpo lentamente se iba ensanchando, me veía a mi misma tan gorda que me sentía avergonzada, mi barriga era totalmente redonda y aún así me decían que crecería más. Cuando estaba sola me frota a la barriga y soñaba con mi bebe en brazos cantando y contando historias, por un breve momento era feiiz.

Dama Oscura

lunes, 15 de julio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XII

La noche se hacía notar lentamente, el sereno ya empezaba a dar señales de presencia, la luna empezó a subir por el cielo iluminando con su luz plateada a todos los habitantes del imperio, el ladrido de los perros, a lo lejos se escuchaba, desesperados, sospechando lo que se asomaba en las sombras.
- Estoy nerviosa - dije dando mientras intuitivamente caminaba dando círculos, mirando todo a mi alrededor encontrando todos los métodos de salida.
- Solo un poco - respondió Griselda - no quiero que te asustes mi niña. 
La luna ya se veía a lo alto del cielo, el firmamento despejado permitía que nos de su beso tenebroso, los perros que momentos antes había escuchado ladrar desenfrenada ente se habían callado como sospechando que su enemigo era mucho más poderoso y no tenían modo de vencer. 
Rhonda dormía plácidamente en la tarima donde la habíamos colocado, la brillante luz de luna ingreso a la celda dándole un dulce beso de bienvenida, ella abrió los ojos, pero no era más Rhonda, no era aquella niña que yo había conocido aquella mañana que se presentó a mi, erguida, guerrera, orgullosa, aquella joven que llevaba en alto el nombre de su clan ya no existía más en aquel delgado cuerpo sino que estaba con la mirada vacía y el alma perdida. 
- Mira, mi niña - dijo Griselda - entérate de la verdad de este mundo, de los seres que gobiernan nuestras pesadillas, los dominantes de la Noche. 
- Señora Griselda - murmure. 
- Esto era lo que no podía decirte con palabras hermosa niña, pero a partir de hoy tu comprensión sobre los seres existentes será más amplia y estarás más dispuesta a creer en lo increíble. 
Ante mis ojos, Rhonda empezó a gritar de dolor, su gritos de muchacha adolorida empezaron a hacerse roncos, me llamaba por mi nombre, Ama Celeste, Domina, Señora... Su voz empezó a perderse en la plateada luz de la noche, su cuerpo empezó a oscurecer, sus ojos a enrojecer, su boca se expandió y los dientes le crecieron, le crecieron pelos marrones por todo el cuerpo, la ropa que antes traía se hizo trizas, las piernas se le alargaron y los pies le cambiaron, lo que antes eran su hermosa boca era ahora un hocico, las orejas le subieron y una cola le creció en el trasero, quien minutos antes era mi guarda espaldas, la joven Rhonda, de una raza guerrera, era ahora un enorme animal peludo, parecido a un perro pero más grande, no no era un perro era más un lobo, camino en la celda dando vueltas, gimiendo, pero no gimiendo como una mujer, sino como lo hace un perro lastimero...
Lentamente caminé hacia la celda de Beltrán, aquella celda que momentos antes estaba cerrada por fuera y pude verlo, el estaba en la misma situación que Rhonda, no era más aquel gran hombre que había visto minutos antes sino que era otro ser animalezco, parado en dos patas, caminaba dando vueltas en su celda, gruñendo...
Llengardaix vino trayendo dos trozos de carne de cerdo, uno lo aventó dentro de la celda de Beltrán, quien casi instantáneamente se lanzó sobre el y empezó a devorar la carne cruda, Llengardaix me miro y sonrió, con ese rostro de joven estúpido que solo el sabe tener, de la impresión.me tape la boca con las manos, Llengardaix se fue hasta la celda de Rhonda y le aventó el otro pedazo de carne dentro de la celda, ella empezó a ladrar, a gruñir y a gritar para terminar aullando... Beltrán dejo de comer y respondió el aullido, Rhonda le respondió a Beltrán y así estuvieron en un vaivén de aullidos por largo rato... Me desmayé.
***
Las voces que escuchaba cerca de mi era conocidas, un hombre y una mujer, era Griselda que conversaba con un hombre, creo que Llengardaix, nos estábamos moviendo, el esclavo me estaba llevando en sus brazos hasta mi recamara mientras conversaban, de que conversaban, era de Rhonda, el le reclamaba que haya permitido que yo me entere del mayor secreto guardado por el Dominus, ella le decía que no había otra forma de solucionar el asunto, solo permitiendo que yo me entere... Escuche la voz de Horacio quien nervioso me llamaba, le grito a Griselda insultandola, ella le dijo que ya vi la verdadera forma de Beltrán y que ahora gracias a su imprudencia Rhonda, mi esclava también tenía a partir de esa noche esa forma secreta... Ya no había forma de borrar de mi memoria lo que mis ojos habían visto.
***
- Rhonda - murmuré - Rhonda cuidado - dije agitada...
Mis sueños, se estaban volviendo pesadillas...
- Señora Celeste - escuche la voz de Imara - es solo un sueño...
- ¡Noo! - grite sentandome de golpe en la cama - dame agua - dije.
- ¿Como te sientes? - dijo Griselda desde un rincón de mi habitación.
- Señora - dije tomando el agua que Imara me trajo - Rhonda... Ella es... No puede ser...
- Calmate - dijo.
En ese momento un aullido se escucho en la noche.
- ¡No puede ser! - dije empezando a llorar - yo la vi, ella es esa...
- En cuanto amanezca estará bien, mi niña.
- Pero ella... ¿Que era? Parecía un perro, no, era su cuerpo desnudo lleno de pelos... Y su mano... Y su cara - cada vez más asustada - por todos los dioses, ¿que le paso?
- Debes mantener la calma mi niña, no puedo explicarte las cosas si permaneces así...
- Pero... Ella... ¿Se pondrá bien? ¿Sanará?
- No está enferma señora - dijo Griselda.
- Tu - dije a Imara - no estas asustada - enojada - ¡Tu lo sabias!
- Señora yo - dijo Imara - sabia lo del esclavo Beltrán, pero su esposo me dijo que no le diga nada...
- ¿Mi esposo? Horacio, ¿El lo sabía?
- El compró a Beltrán sabiendo lo que era - dijo Griselda - tiene la idea de que muerda a los mejores peleadores para que sean más fuertes y ganar dinero en las peleas.
- Beltrán lo sabia... - murmure - como fue capaz de ocultarme eso...
- No es lo único que le oculta - dijo Griselda riendo.
- Esto no me gusta... Pero, que era eso...
- ¿Estas más tranquila ya? - la voz de Horacio irrumpió en el cuarto.
- Tu... ¿Como pudiste ocultarme esto?
- Así que viste a Beltrán...
- Esto es todo tu culpa - gruñi - tu compraste a ese... Esa cosa...
- Licantropo - dijo Horacio - te dije que no quiero que esta mujer - apuntando a Griselda - no vuelva a esta casa.
- Rhonda esta infectada por culpa de tu... Licentopo... Licrentopo...
- Licantropo - me corrigió Horacio - no es una palabra difícil.
- ¡Tu cosa esa infecto a Rhonda! - grite - ¡ese Licantropo que compraste la infectó! - tratando de calmarme - todo esto es tu culpa, tu quisiste lastimarme haciendo que tus hombres ataquen a mi esclava, si tu no hubieras... Ella...
- Verte llorar no me da placer Celeste.
- No quiero verte - llorando - vete de aquí.
- Me voy, no porque me expulses sino porque debo ocuparme de mis asuntos - mirando a Griselda - y tu - apuntandola - que caso tiene - dijo enojado y salió.
- Los Licantropos son hijos de la luna, la maldición qué ellos cargan se muestra durante la noche de luna llena, los primeros cien años los cambios no se pueden controlar, y el portador pierde la conciencia humana, pero si el portador es fuerte puede cambiarse a voluntad y mantener la conciencia - empezó Griselda - esta maldición los vuelve inmortales permanecen jóvenes y fuertes.
- No puedo creer lo que me dices... Mi pobre Rhonda...
- No es nada grave - dijo Griselda...
- Ella ahora está maldita...
- Cien años en un inmortal pasan rápidos...
- Pero para mi, significará toda mi vida...
- Entonces tendrás una esclava fuerte que te cuidara incondicionalmente hasta tu muerte.
- ¿Que dices? - dije horrorizada.
- A menos claro que desees ayudarme y si mis experimentos funcionan, no morirás - sonriendo.
- Morir...
- Serás inmortal como ella...
- Yo no quiero ser esa... Cosa...
- Descanse señora Celeste - murmuró Griselda - duérmase porque mañana será un largo día.
- ¿Ella estará bien?
- Solo debes e cerrarla cada noche de luna llena, todos los demás días del mes, será como cualquier otra persona, más fuerte, claro esta, y sana...
- Cien años - dije echandome nuevamente - Rhonda es inmortal...
Cerré mis ojos y me dormí, asustada, tuve pesadillas esa noche y pesadillas tendría por muchas noches más...

Dama Oscura 

lunes, 8 de julio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XI

Al despertar a la mañana siguiente, me sentía extrañamente contenta, por primera vez en casi un año de casada Horacio había tenido un gesto hacia mí.
- Domina - la voz de Clotilde terminó por despertarme - su desayuno.
- No pedí desayuno - dije sin abrir los ojos.
- El Dominus la hizo preparar para usted.
- ¿Mi esposo? - dije sentandome de golpe. Vi a Clotilde parada al costado de mi cama, con una fuente con frutas leche y pan - a ver, pasame eso.
Me puse a comer, Clotilde salió de mi habitación, comí tranquila distrutando lo que mi marido había enviado, cuando termine, me levante de la cama, me bañe y busque el frasco que me dio Griselda, me puse un poco y lo guarde.
Salí de la habitación, fui a habitación de Rhonda, quien ya tenía mejor animo.
- Te veo mucho mejor - sonreí.
- Me siento mucho mejor Domina, gracias a sus cuidados, Imara me dijo que usted me cuido mientras yo estaba convaleciente.
- Eso ya quedó en el pasado, lo que importa ahora es que te levantes de esa cama, mi marido podría empezar a reclamarme nuevamente por tenerte aquí.
- Si Domina, hoy mismo le pediré a Imara que me ayude a llegar a la habitación.
- Pero ya estas mejor, yo te veo mejor.
- Es que, me he sentido con calentura, mi cuerpo se siente pesado, es extraño señora.
- No te entiendo - dije acercandome a ella y tocándole la frente - estas hirviendo - dije sacudiendo la mano - Esto no es normal, pero ¡Imara! - grite - ¡Imara! - volví a gritar, Crispina vino corriendo.
- Señora, Imara salió al mercado.
- Al mercado... ¿Y por que no fuiste tu?
- Es que... Yo, bueno...
- Ay, ya, ya, ya se que andas enamorando con el cocinero de la vecina, necesito que vayas y traigas a Griselda.
- A esa bruja, señora.
- Callate - gruñi - ¿Dónde está mi marido?
- El Dominus salió con el señor Antonio desde temprano, dice que lo mando llamar, probablemente no vuelva hasta la cena.
- No quiero que Horacio se entere de lo que ocurre en esta casa durante su ausencia, ve por Griselda, vuelve rápido.
- Si Domina.
Crispina salió de la habitación.
- Tranquila, Griselda vendrá y solucionará... Lo que sea que tengas - torcí la boca, mire a mi alrededor - ¿Y Clotilde?
- Por aquí no viene- dijo Rhonda.
- Yo no lo entiendo, esa muchacha...
Salí de la habitación, camine hasta la cocina y ahí estaba ella, en un rincón, llorando.
- Clotilde - murmure - ¿Que tienes?
- Domina - dijo sollozando - me estoy muriendo - me abrazo, tenía sangre en las manos.
- Por todos los dioses, Clotilde, ¿Que tienes? ¿Estas herida?
La aleje de mi, entonces pude notar que tenía la ropa manchada con la sangre.
- ¿Te hiciste alguna herida?
- No lo se, Domina, cuando llegue a la cocina empecé a limpiar las verduras, luego vino Crispina y se asusto, me dijo que tengo sangre, entonces usted empezó a gritar...
- Entonces no te lastimaste - dije sonriendo aliviada, moviendo la cabeza en forma negativa.
- ¿De qué se ríe, Domina?
- Es que no creí que fueras tan ingenua, ¿nadie te habló de la sangre?
- No, Domina, no la entiendo.
- Vamos a mi habitación - dije abrazandola.
- ¿No me moriré?
- Claro que no - dije - esto es totalmente normal en toda hembra - caminamos hacia mi habitación - llega una edad en que la niña está lista para convertirse en mujer y cada mes, esa señal se hará presente hasta que su marido siembre su semilla en ella.
- Entonces... ¿Ya soy mujer?
- Claro que si, en todo el sentido de la palabra.
- Entonces ya puedo tener un marido.
- Oh, no, claro que todavía no.
- ¿Por qué no?
- Debo escoger un buen marido para ti, aunque seas mi esclava no puedo permitir que estés con cualquier sinvergüenza, definitivamente.
- ¿Puede ser un gladiador? Hay uno que me gusta.
- Un gladiador... - pensando - Para eso tengo que conversar con Horacio, pero tendrá que ser un campeón.
- Por todos los dioses, Dominus - dijo asustada.
- Si, ¿que pasa con el?
- Es que... Yo... Yo - mordiendo se los labios - bueno...
- ¿Ocurre algo con Horacio?
- Fue hace mucho, Domina.
- Antes de que usted se casara con el señor Horacio.
Me quedé mirándola en silencio.
- Yo era una niña Domina.
- Te comprendo, calmate.
- Por favor no le diga al Dominus UE ya estoy lista.
- Por mi no lo sabrá.
Le quite la ropa a Clotilde, pues ya habíamos llegado al cuarto de baño colindante a mi habitación, la metí a la tina.
- A partir de ahora deberás lavarte cada ciertas horas del dia para evitar el olor - ayude a bañarla.
- Domina, nunca se ha visto que la ama sirva a la esclava.
- Calla niña tonta - dije sonriendo - mira, yo utilizo un poco de algodón, solo por un momento, le preguntaras a Imara que usa para evitar mancharse y lo usaras también.
- Gracias, Domina.
- Nada de gracias, dime, como se llama ese gladiador que te gusta, ¿Es un campeón?
- Pues no, es bastante joven, a penas esta en entrenamiento, el doctore es muy rudo con el durante los entrenamientos y a veces Crispina y yo vamos a curar a los que quedan heridos.
- Entonces ya conversaron.
- Pues cuando voy a verlo esta demasiado herido para poder hablar, pero me ha sonreído.
- Ya veo.
- Una vez - dijo sonriendo - ¿Cree usted que el se enamore de mi?
- Todo es posible, ¿Como se llama ese gladiador tuyo?
- Nathan, es moreno y muy alto, casi dos metros, es muy guapo.
- Me alegra que estés tan contenta - dije terminando de ajustar su ropa - ya estas lista - dije parandome detrás de ella frente a un espejo.
- Pero Domina, este es un vestido muy elegante, es suyo.
- Ya no me alcanza, a demás tu ropa estaba toda manchada de sangre, bueno, recoge tu ropa y llevalo a la basura.
- Pero, Domina, solo tengo dos vestidos.
- Tu ropa esta muy vieja, no puedo permitir esto, Imara y Rhonda tienen ropa, son más altas que tu, seguramente pueden darte algunas.
- Es que usted les compra a ellas, pero a Crispina y a mi, no.
- Lo lamento mucho - dije torciendo la boca - es mi responsabilidad que ustedes vistan bien y las he descuidado, no te preocupes, en cuanto dejes de sangrar iremos al mercado a comprar tela, sabes coser, verdad.
- Si Domina.
- Pues te harás la ropa, compraremos tela de tela, harás dos vestidos para cada una.
- Pero eso es demasiado.
- No te ocuparas en otra cosa más que en coser, bueno ya ve.
Clotilde salió de la habitación con su ropa, entonces recordé que deje a Rhonda con fiebre. Salí y me dirigí a la habitación donde la deje y me encontré a Griselda que ya la atendía.
- Señora Griselda, que gusto saber que viene lo más rápido posible.
- Siempre es un honor visitar su casa, mi niña.
- ¿Como la encuentra?
- Está completamente sana.
- Pero señora, la he tocado y estaba hirviendo.
- Es porque Beltrán, la infectó con la maldición.
- ¿La infectó? No me asuste señora Griselda, ¿Que es lo que tiene Rhonda?
- No puedo explicarselo con palabras, pero debemos trasladarla.
- ¿A dónde?
- Hay celdas en el ludus del Dominus.
- Pues si, la escuela aún no tiene muchos gladiadores, hay muchas celdas vacías.
- Debemos llevarla a una de esas celdas y cerrar bien.
- No la entiendo, señora Griselda.
- Lo entenderás, esta noche te lo explicaré.
- Me está asustando.
- Debemos apresurarnos.
- Señora Griselda, mi esposo llegará.
- Que se entretenga con Crispina, de algo debe servirte tenerla de esclava.
Salimos de la habitación, ayudando a Rhonda a caminar, en la entrada a las celdas encontramos a Llengardaix quien cantaba una canción de su tierra con una voz dulce, al mirar a Rhonda se asustó, abrió la puerta rápido y nos dirigió a una celda.
Se quedó mirandonos de lejos, acomodamos a Rhonda en la estera de la celda, Griselda me agarro del brazo y me sacó de la celda, los gladiadores nos miraban desde sus celdas abiertas, la de Beltrán estaba cerrada desde afuera.

Dama Oscura

lunes, 1 de julio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO X

Imara se fue con los dulces que me dio Griselda, le indique que debía darles con alguna excusa a Crispina y a Clotilde, me quedé al lado de Rhonda con el frasco, abrí el envase y lo olí, no tenía ningún olor, el líquido era flemoso, "entre las piernas" murmure, sonreí pensando en mi relación con Horacio, quizá mejoraría. Meti un dedo dentro del envase y me frote delante de las orejas. Guardé el envase en mi ropa. Horacio entró a la habitación.
- Supe que Griselda estuvo aquí - dijo enojado.
- Lo estuvo - murmure.
- Sabes, esa mujer es bruja.
- Curandera - sonreí - le salvo la vida a Rhonda.
- ¿Vivirá?
- Si, vivirá.
- No quiero que esa bruja entre en esta casa nuevamente, entendiste.
Me levante y me pare delante de él.
- Lo entiendo - dije apretando los puños - esposo mio.
Me di la vuelta y el me sujeto del brazo.
- Me lastimas - dije.
- Mírame, Celeste.
Me di la vuelta y lo mire, desafiante, sin hacer un gesto en el rostro, como una piedra. Horacio suspiró, bajo la mirada, mira a la ventana y me vio.
- Tu actitud, me causa intriga.
- Intriga - hice una mueca con la boca, baje la cabeza - eres muy alto - dije - inclinate esposo mío.
Horacio encorvo la espalda y su rostro quedó delante del mío, con una media sonrisa, puse mi mano en su rostro, me acerque a él, baje la mirada.
- Me habría gustado que me ames - dije, hice qué me suelte y me di la vuelta.
- ¿Te ocurre algo? - dijo el frunciendo las cejas.
- Me ocurre, que mi marido, no solo no me ama, sino que también ahora me golpea.
Horacio se dio vuelta y se fue.
Me quedé al lado de Rhonda, acaricie su cabello, me resultaba increíble ver su cuerpo antes lleno de puñaladas y cortes ahora tan limpio, curado, estaba pálida, su cuerpo... Será que había perdido tanta sangre que se le veía tan blanca, casi podia confundirla con un ángel.
Dos semanas pasaron, Rhonda recupero su color, a veces abría los ojos y sonreía para volver a dormir, estaba rosada nuevamente, yo mojaba sus labios con leche de cabra y ella suavemente tragaba y se recuperó, me dormía a su lado de la fatiga, Horacio me gritaba y yo lo ignoraba pero no me golpeó más en esos días... Su voz era solo un gruñido afuera de la habitación, Imara me traía lo que le pedía presurosa, Clotilde y Crispina a penas pasaban por la habitación unos minutos al día y se ocupaban de la casa.
- Imara - dije una mañana - la espera se hace larga, empiezo a desesperar.
- Creo que despertara pronto y se levantará de la cama - dijo Imara - ya lo verá, Domina.
- No me digas Domina, ya te lo dije.
- Lo siento mucho señora, lo olvido.
- No lo olvides - sonreí.
- Domina...
El murmullo de su voz era un zumbido en la habitación.
- Rhonda - dije emocionada - ¿Cómo estas?
- Mareada - dijo tratando de sentarse en la cama.
- Te ayudo - reaccioné - Imara - dije y entre las dos la ayudamos a sentarse - no comiste nada sólido en estas dos semanas - apreté los labios - creí que no despertarías.
- ¿Pasó tanto tiempo?
- Pues, estabas muy mal - dijo Imara.
- Tengo hambre - dijo Rhonda frotando se la cabeza - me siento un poco mareada.
- Imara, encarga a Clotilde que traiga algo liviano para Rhonda.
- Si señora.
Imara salió de la habitación y en un momento se escucho a Crispina y Clotilde venir a la habitación con algarabía después de recibir la noticia que Rhonda despertó, trajeron huevos cocinados, uvas y leche de cabra.
Me aparte para que le ayuden a comer mientras conversaban con ella, las dos se enamoraron, Crispina esta enamorada de un esclavo que a veces hace de mensajero se llama Aldo, también es  cocinero, le trae sus nuevos platillos cuando tiene oportunidad y Clotilde esta enamorada de Llengardaix, aquel muchacho delgaducho e irritante que había conocido días antes, le contaban lo feliz que estaban y Rhonda terminó de comer.
Las dos se fueron y Rhonda sonreía nuevamente.
- Duerme - sonreí - cuando puedas levantarte y volver a tu habitación lo haces, Imara te acompañará a partir de ahora.
- Pero señora, ¿Quién la ayudará?
- Crispina y Clotilde han estado muy desocupadas hasta tuvieron tiempo de enamorarse, no reniego que tengan derecho de hacerlo, pero debo volver a dormir con mi esposo, ya pasaron varios días desde nuestra última noche juntos.
Salí de la habitación más tranquila, me fui a mi habitación y mientras me quitaba la ropa recordé el frasco que me dio Griselda, lo saqué y lo abrí de nuevo, lo olí.
- Esta noche - sonreí.
Me fui a mi habitación y escondí el frasco en mis cosas personales.
Busque a Clotilde y a Crispina y las encontré en la cocina comiendo un queso que les había mandado el amigo de Crispina.
- Necesito darme un baño - dije, ellas me miraron asustadas y no reaccionaron - ¿Que esperan? - levante la voz - ¡muevanse!
- Si domina - dijeron en unísono.
- En estas épocas las esclavas están más irreverentes - resongue.
Me fui a mi habitación y Clotilde me esperaba.
- Desata mis cintas - dije dándome la vuelta.
- Sabe domina, después que usted se encerró a cuidar Rhonda, Imara nos trajo unos dulces, dijo que el cocinero de la señora Antonella lo mandó para Crispina, estaban deliciosos, los comimos juntos, Imara no quiso, el joven se llama Aldo, días después Crispina se lo encontró en la calle y conversaron un rato, entonces el le trajo un queso de cabra, delicioso.
- ¿Y el joven sabe del pasado de Crispina?
- No, domina.
- Y... ¿Que crees?
- Creo que el joven esta muy enamorado de ella y ella de él.
- ¿Cocina bien?
- Cocina mejor que yo, y eso que yo aprendí muy bien de la señora que cocinaba en casa de sus suegros.
- ¿Que deseas Clotilde?
- Pues había pensado que quizá podría comprar al esclavo Aldo, para que cocine, sabe hacer dulces y en una fiesta en la casa vendrían bien.
- Lo pensaré.
- ¿En serio, Domina? - dijo alegre.
- No te prometo nada, pero lo pensare, la próxima vez que envíe algo me traes para probarlo.
- Lo haré con gusto, señora.
Para este momento ya estaba completamente desnuda y Crispina ya había llenado la tina con agua caliente, intercambiaron miradas secretas, las ignoré.
Cuando termine, salí y me sequé. Clotilde me ayudó a vestir para esa noche, me cubrí con las sábanas de la cama y les dije que salgan indicándole que cuando Horacio llegue le digan que lo espero.
Salieron, me baje de la cama, saque el frasco y me puse un poco, al contacto se puso caliente y lentamente se acoplaron a mi piel borrando todo rastro.
Me subí a la cama nuevamente y me dormí casi instantáneamente.
Un movimiento en mi cama me despertó, abrí los ojos, Horacio estaba encima de mí, había levantado mi traje.
- No - gemí - Horacio espera, no estoy lista.
- Quedate quieta - dijo sujetándose de mí - llevamos días sin hacerlo y voy a reventar - lo metió con fuerza.
Su cuerpo empezó a moverse, uno, dos, tres... Se quedó inmóvil, me miro sorprendido.
- Horacio - me quejé - me lastimas.
Sujeto mi cuello con una mano apretando.
- ¡Que haces! - me asusté.
Me soltó miro mi rostro de arriba abajo, levanto la cabeza, suspirando, lo sacó, había terminado, nunca había terminado tan rápido, me quedé inmóvil, contuve la respiración, se echo encima de mi con su enorme peso aplastandome, acomodo su cabeza en mi pecho, su sudoroso cuerpo mojaba el mío, acaricie su cabeza, la mano me temblaba, Horacio levantó la cara, me besó...

Dama Oscura