Amaneció otra vez, me gustaría tanto que los días pasen más rápido en este momento, Rhonda estaba parada a mi lado, me ayudo a vestirme, la casa se sentía tan vacía sin Horacio.
- Debe ir al senado, señora, debe ir a declarar.
- Deseo verme el rostro - murmure.
Rhonda acerco un espejo de mano y me vi la cara. Mi ojo izquierdo se veía más caído y podía ver la cicatriz en mi cabeza que iba por atrás de mi oreja, mi garganta también tenia señal de haber sido cortada.
- ¿Que me paso? - dije empezando a llorar.
- El dominus estalló en celos aquel día y no contento con golpearla hasta dejarla inconsciente, tomo una taza y la rompió en su cabeza, la golpeó varias veces, cuando vio la sangre se asusto, empezó a llorar pues usted no reaccionaba y llamaron a Griselda, el estaba arrepentido, Griselda le corto el pelo y le cosio la cabeza, le hizo beber una de sus pociones que ella llamó "La súplica a los dioses" y solo esperamos a que su corazón volviera a latir, esperamos por un día entero a que usted reviva.
- Estuve muerta un día entero - dije asustada.
- Así es, pero al día siguiente usted respiraba nuevamente y Griselda me explico que esa poción detenía tu alma en la puerta del más allá, no te permitía pasar y si un dios te veía podrías conversar con él y tener una nueva oportunidad de vivir.
- Así que eso fue.
- Estuve conversando con Beltrán - dijo - más allá de los mares, existe un país, un reino nuevo al cual los inmortales llamamos El reino de la noche.
- Si usted ahora es inmortal, Beltrán puede ir con nosotros.
- ¿Y que hay allá?
- Libertad - respondió, y se quedó callada.
- Ya soy libre.
- Cuando las décadas pasen y los humanos vean que usted no envejece, no será tan libre, mirese, usted se está recuperando rápidamente al paso que un mortal no puede, ya se que Beltrán le otorgó su voluntad, estas cosas los humanos no pueden hacerlas por si mismas, debemos aceptar que no somos más humanos.
- Pero yo no soy una bestia.
- No se que sea usted, Señora, pero si algo se, es que no morirá pronto.
- Conversaremos de esto en otro momento Rhonda.
- Por mi esta bien.
- Debo salir.
Salí de mi casa, acompañada de Imara, me dirigí a la Curia, me habia tapado la cabeza con una manta, para que las personas que habitaban la ciudad no vean mi deformidad.
Cuando llegue a mi destino, el guardia ni se inmutó, entre y fui a la sala de reunión, al menos unos 200 ancianos ahí reunidos, mis padre hablo primero, sobre cómo me encontró inconsciente en la cama con el rostro destrozado y a la curandera cuidando de mi, habló también de como encontró a Horacio estaba implorando perdón, que creyó que perdería a su única hija, luego habló mi madre, ella mencionó que desde pequeña me encomendó al cuidado de Griselda, que ella vio todos mis malestares, luego hablo Griselda, que. Hola dijo que me encontró en un estado crítico y a Horacio con la ropa ensangrentada y ella hizo todo lo posible por mantenerme con vida, mire a mi alrededor, en una esquina había un tipo con un traje largo que le tapaba totalmente el rostro, por un momento tuve la impresión de que era Claudio quien me observaba.
De pronto escuche mi nombre entre los ancianos. Me levante.
- Sáquese ese trapo de la cabeza - dijo uno de los ancianos.
Mire a todos a mi alrededor avergonzada, mire a mi padre quien asintió con la cabeza, me quite el pañuelo y las expresiones de horror se dejaron escuchar. Un anciano se acerco a mí y me miro de cerca.
- Tu marido de golpeó muy duro esta vez - dijo - podría decir que vives de milagro.
- Fue la gracia de los dioses - murmure.
- ¿Te golpea siempre?
- No - dije.
- ¿Te sustenta económicamente?
- Si, me da más dinero del que puedo gastar.
- ¿Te ha tratado como esclava?
- No, eso creo.
- Entonces por única vez el ha sido cruel contigo, dime jovencita, ¿que hiciste para que tu marido te golpee hasta casi matarte?
- No entiendo la pregunta.
- ¿Que le hiciste a tu marido? - insistió - ¿le gritaste?
- No.
- ¿Le atendiste en tu deber de esposa?
- El podía tenerme siempre que quisiera aún en contra de mi voluntad.
- En contra de tu voluntad, las mujeres siempre dicen no estar listas para el acto, uno siempre debe ser un poco rudo pero al final si quieren.
- El me tomó una y otra vez a la fuerza, desde el día que nos casamos, incluso cuando yo sangraba, incluso cuando estaba enferma, cada noche el me tomaba sin falta hasta que un hijo suyo quedó impregnado en mi vientre, cuando nuestro hijo nació muerto, el me tomó desde esa misma noche aún con el vientre débil y aún con la sangre manchando mis piernas el me utilizo incluso de formas en las que no podríamos tener hijos, el nunca me dio un beso, nunca tuvo un gesto de cariño hacia mi, nunca me dio signo de tener algún sentimiento hacia mi que no sea desprecio...
- Las mujeres siempre esperando cursilerias románticas, estas cosas no son importantes, no tengo más preguntas por ahora.
Mi padre se acerco a mi.
- ¿Donde estabas cuando sucedió la agresión?
- En mi habitación, con mis esclavas.
- ¿Que hacías en ese momento?
- No lo recuerdo exactamente. Creo que ne vestía y se me informo que tenía visita de un hombre.
- ¿Quien?
- Mi anterior prometido, Claudio.
- ¿Y tenías intención de verlo?
- No lo he visto desde que se fue a la batalla contra los Hunos, luego desapareció sin dejar rastro alguno, la verdad es que no sabría decir si quería verlo o no.
- Ya veo, que paso luego.
- Entró mi esposo furioso, me insulto y empezo a golpearme con ambas manos, me ahorcó y perdí el conocimiento.
- Como verán - dijo mi padre - esta mujer, en el momento de la agresión, aún no había siquiera decidido hacer algo, aún ahora, no sabe lo que pudo haber hecho en ese momento, porque no tenía intención alguna de faltar a la casa de su esposo.
- Pero ese hombre ¿qué intención tenía al buscar a una mujer casada? - dijo uno de los ancianos.
- No podemos juzgar a una persona por los actos de los demás - respondió mi padre - y es eso exactamente lo que su esposo hizo, la juzgo mucho antes que ella hiciera algo, quizá no haría nada y sólo mandaba a que lo echen, pero su marido tomó la decisión, la juzgo y la castigo, pudo haberla matado sin que ella hiciese nada para merecerlo y en este momento no estaríamos hablando de una agresión física sino de un asesinato.
Mi padre miro a los ancianos orgulloso de lo que estaba diciendo.
- Por estas cosas, solicito se dicte la pena maxima para el esposo de mi hija, Horacio y sea ejecutado y ella no pierda los bienes que posee sino que ella contraiga matrimonio con otro hombre que la quiera bien y su fortuna quede para sus hijos.
- ¡No! - grite - papá - tapandome la boca - Horacio es mi esposo - dije - si, tiene mal carácter y ha abusado de mi de formas que no puedo repetir, pero es el esposo que escogiste para mi y yo no quiero ser viuda, mírame, padre, tengo el rostro desfigurado, no se si vuelva a ser como antes, yo no quiero ir por la calle y ser apuntada como la mujer que pidió la horca para su marido, ¿quien querría casarse con una mujer así? Yo no quiero que mi esposo muera, solo quiero el divorcio.
El silencio se hizo en la sala, hasta que mi padre se acerco a mí.
- ¿Que estas diciendo? Si se divorcian los bienes serán divididos, en cambio si el muere todo quedará para ti.
- No me importa el mugroso dinero - respondí - solo quiero que no pueda lastimarme más.
- ¿Esta segura de lo que estas pidiendo? - dijo uno de los ancianos.
- Si, estoy segura - respondí - solo quiero que mis esclavas Rhonda e Imara permanezcan conmigo ya que ellas no me fueron otorgadas por mi esposo sino que fueron un regalo de mi padre y de mi suegro.
Los ancianos se pusieron a conversar entre ellos murmurando, por largos minutos, se miraban los unos a los otros asintiendo con la cabeza y uno de ellos habló.
- Debido a que consideramos que la unión ya no tiene propósito, se le concede el divorcio, a demás, la casa donde vivian, los esclavos y toda posesión que se haya adquirido durante el matrimonio quedan a disposición de la señora Celeste, su padre será quien maneje las finanzas para que no se pierdan los bienes, a demás, su esposo, Horacio, tiene prohibido acercarse a la señora Celeste por ningún motivo, de ser así, será ejecutado y tendrá que alcanzar a su ahora ex esposa una cantidad de dinero mensualmente para que ella siga manteniendo la vida que tuvo durante el matrimonio hasta que ella se case nuevamente con otro hombre, todo esto como compensación por el daño que se le ha causado.
Mire a Horacio, quien se tocaba el cuello, se salvo de la muerte por poco, mi padre me abrazó, felicitandome, me tape la cabeza con mi pañuelo y salí de la sala rápidamente con mi esclava.
El sol se estaba ocultando y las primeras estrellas se dejaban ver. Un hombre me alcanzó entre la multitud, su mano fría me toco, me di vuelta, Imara se puso entre el y yo.
- No se acerque a mi señora - dijo Imara asustada - señora, corra lo más rápido que pueda.
- Imara, no necesito correr - dije.
Aquel hombre era el mismo que había visto horas antes con un traje largo que le tapaba el rostro, era Claudio.
- Lamento haber llegado tan tarde - dijo - pude haberte evitado todo este sufrimiento.
- Lo único que importa - dije abalanzandome sobre él - es que estas aquí ahora.
Dama Oscura
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