lunes, 8 de julio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XI

Al despertar a la mañana siguiente, me sentía extrañamente contenta, por primera vez en casi un año de casada Horacio había tenido un gesto hacia mí.
- Domina - la voz de Clotilde terminó por despertarme - su desayuno.
- No pedí desayuno - dije sin abrir los ojos.
- El Dominus la hizo preparar para usted.
- ¿Mi esposo? - dije sentandome de golpe. Vi a Clotilde parada al costado de mi cama, con una fuente con frutas leche y pan - a ver, pasame eso.
Me puse a comer, Clotilde salió de mi habitación, comí tranquila distrutando lo que mi marido había enviado, cuando termine, me levante de la cama, me bañe y busque el frasco que me dio Griselda, me puse un poco y lo guarde.
Salí de la habitación, fui a habitación de Rhonda, quien ya tenía mejor animo.
- Te veo mucho mejor - sonreí.
- Me siento mucho mejor Domina, gracias a sus cuidados, Imara me dijo que usted me cuido mientras yo estaba convaleciente.
- Eso ya quedó en el pasado, lo que importa ahora es que te levantes de esa cama, mi marido podría empezar a reclamarme nuevamente por tenerte aquí.
- Si Domina, hoy mismo le pediré a Imara que me ayude a llegar a la habitación.
- Pero ya estas mejor, yo te veo mejor.
- Es que, me he sentido con calentura, mi cuerpo se siente pesado, es extraño señora.
- No te entiendo - dije acercandome a ella y tocándole la frente - estas hirviendo - dije sacudiendo la mano - Esto no es normal, pero ¡Imara! - grite - ¡Imara! - volví a gritar, Crispina vino corriendo.
- Señora, Imara salió al mercado.
- Al mercado... ¿Y por que no fuiste tu?
- Es que... Yo, bueno...
- Ay, ya, ya, ya se que andas enamorando con el cocinero de la vecina, necesito que vayas y traigas a Griselda.
- A esa bruja, señora.
- Callate - gruñi - ¿Dónde está mi marido?
- El Dominus salió con el señor Antonio desde temprano, dice que lo mando llamar, probablemente no vuelva hasta la cena.
- No quiero que Horacio se entere de lo que ocurre en esta casa durante su ausencia, ve por Griselda, vuelve rápido.
- Si Domina.
Crispina salió de la habitación.
- Tranquila, Griselda vendrá y solucionará... Lo que sea que tengas - torcí la boca, mire a mi alrededor - ¿Y Clotilde?
- Por aquí no viene- dijo Rhonda.
- Yo no lo entiendo, esa muchacha...
Salí de la habitación, camine hasta la cocina y ahí estaba ella, en un rincón, llorando.
- Clotilde - murmure - ¿Que tienes?
- Domina - dijo sollozando - me estoy muriendo - me abrazo, tenía sangre en las manos.
- Por todos los dioses, Clotilde, ¿Que tienes? ¿Estas herida?
La aleje de mi, entonces pude notar que tenía la ropa manchada con la sangre.
- ¿Te hiciste alguna herida?
- No lo se, Domina, cuando llegue a la cocina empecé a limpiar las verduras, luego vino Crispina y se asusto, me dijo que tengo sangre, entonces usted empezó a gritar...
- Entonces no te lastimaste - dije sonriendo aliviada, moviendo la cabeza en forma negativa.
- ¿De qué se ríe, Domina?
- Es que no creí que fueras tan ingenua, ¿nadie te habló de la sangre?
- No, Domina, no la entiendo.
- Vamos a mi habitación - dije abrazandola.
- ¿No me moriré?
- Claro que no - dije - esto es totalmente normal en toda hembra - caminamos hacia mi habitación - llega una edad en que la niña está lista para convertirse en mujer y cada mes, esa señal se hará presente hasta que su marido siembre su semilla en ella.
- Entonces... ¿Ya soy mujer?
- Claro que si, en todo el sentido de la palabra.
- Entonces ya puedo tener un marido.
- Oh, no, claro que todavía no.
- ¿Por qué no?
- Debo escoger un buen marido para ti, aunque seas mi esclava no puedo permitir que estés con cualquier sinvergüenza, definitivamente.
- ¿Puede ser un gladiador? Hay uno que me gusta.
- Un gladiador... - pensando - Para eso tengo que conversar con Horacio, pero tendrá que ser un campeón.
- Por todos los dioses, Dominus - dijo asustada.
- Si, ¿que pasa con el?
- Es que... Yo... Yo - mordiendo se los labios - bueno...
- ¿Ocurre algo con Horacio?
- Fue hace mucho, Domina.
- Antes de que usted se casara con el señor Horacio.
Me quedé mirándola en silencio.
- Yo era una niña Domina.
- Te comprendo, calmate.
- Por favor no le diga al Dominus UE ya estoy lista.
- Por mi no lo sabrá.
Le quite la ropa a Clotilde, pues ya habíamos llegado al cuarto de baño colindante a mi habitación, la metí a la tina.
- A partir de ahora deberás lavarte cada ciertas horas del dia para evitar el olor - ayude a bañarla.
- Domina, nunca se ha visto que la ama sirva a la esclava.
- Calla niña tonta - dije sonriendo - mira, yo utilizo un poco de algodón, solo por un momento, le preguntaras a Imara que usa para evitar mancharse y lo usaras también.
- Gracias, Domina.
- Nada de gracias, dime, como se llama ese gladiador que te gusta, ¿Es un campeón?
- Pues no, es bastante joven, a penas esta en entrenamiento, el doctore es muy rudo con el durante los entrenamientos y a veces Crispina y yo vamos a curar a los que quedan heridos.
- Entonces ya conversaron.
- Pues cuando voy a verlo esta demasiado herido para poder hablar, pero me ha sonreído.
- Ya veo.
- Una vez - dijo sonriendo - ¿Cree usted que el se enamore de mi?
- Todo es posible, ¿Como se llama ese gladiador tuyo?
- Nathan, es moreno y muy alto, casi dos metros, es muy guapo.
- Me alegra que estés tan contenta - dije terminando de ajustar su ropa - ya estas lista - dije parandome detrás de ella frente a un espejo.
- Pero Domina, este es un vestido muy elegante, es suyo.
- Ya no me alcanza, a demás tu ropa estaba toda manchada de sangre, bueno, recoge tu ropa y llevalo a la basura.
- Pero, Domina, solo tengo dos vestidos.
- Tu ropa esta muy vieja, no puedo permitir esto, Imara y Rhonda tienen ropa, son más altas que tu, seguramente pueden darte algunas.
- Es que usted les compra a ellas, pero a Crispina y a mi, no.
- Lo lamento mucho - dije torciendo la boca - es mi responsabilidad que ustedes vistan bien y las he descuidado, no te preocupes, en cuanto dejes de sangrar iremos al mercado a comprar tela, sabes coser, verdad.
- Si Domina.
- Pues te harás la ropa, compraremos tela de tela, harás dos vestidos para cada una.
- Pero eso es demasiado.
- No te ocuparas en otra cosa más que en coser, bueno ya ve.
Clotilde salió de la habitación con su ropa, entonces recordé que deje a Rhonda con fiebre. Salí y me dirigí a la habitación donde la deje y me encontré a Griselda que ya la atendía.
- Señora Griselda, que gusto saber que viene lo más rápido posible.
- Siempre es un honor visitar su casa, mi niña.
- ¿Como la encuentra?
- Está completamente sana.
- Pero señora, la he tocado y estaba hirviendo.
- Es porque Beltrán, la infectó con la maldición.
- ¿La infectó? No me asuste señora Griselda, ¿Que es lo que tiene Rhonda?
- No puedo explicarselo con palabras, pero debemos trasladarla.
- ¿A dónde?
- Hay celdas en el ludus del Dominus.
- Pues si, la escuela aún no tiene muchos gladiadores, hay muchas celdas vacías.
- Debemos llevarla a una de esas celdas y cerrar bien.
- No la entiendo, señora Griselda.
- Lo entenderás, esta noche te lo explicaré.
- Me está asustando.
- Debemos apresurarnos.
- Señora Griselda, mi esposo llegará.
- Que se entretenga con Crispina, de algo debe servirte tenerla de esclava.
Salimos de la habitación, ayudando a Rhonda a caminar, en la entrada a las celdas encontramos a Llengardaix quien cantaba una canción de su tierra con una voz dulce, al mirar a Rhonda se asustó, abrió la puerta rápido y nos dirigió a una celda.
Se quedó mirandonos de lejos, acomodamos a Rhonda en la estera de la celda, Griselda me agarro del brazo y me sacó de la celda, los gladiadores nos miraban desde sus celdas abiertas, la de Beltrán estaba cerrada desde afuera.

Dama Oscura

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