lunes, 1 de julio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO X

Imara se fue con los dulces que me dio Griselda, le indique que debía darles con alguna excusa a Crispina y a Clotilde, me quedé al lado de Rhonda con el frasco, abrí el envase y lo olí, no tenía ningún olor, el líquido era flemoso, "entre las piernas" murmure, sonreí pensando en mi relación con Horacio, quizá mejoraría. Meti un dedo dentro del envase y me frote delante de las orejas. Guardé el envase en mi ropa. Horacio entró a la habitación.
- Supe que Griselda estuvo aquí - dijo enojado.
- Lo estuvo - murmure.
- Sabes, esa mujer es bruja.
- Curandera - sonreí - le salvo la vida a Rhonda.
- ¿Vivirá?
- Si, vivirá.
- No quiero que esa bruja entre en esta casa nuevamente, entendiste.
Me levante y me pare delante de él.
- Lo entiendo - dije apretando los puños - esposo mio.
Me di la vuelta y el me sujeto del brazo.
- Me lastimas - dije.
- Mírame, Celeste.
Me di la vuelta y lo mire, desafiante, sin hacer un gesto en el rostro, como una piedra. Horacio suspiró, bajo la mirada, mira a la ventana y me vio.
- Tu actitud, me causa intriga.
- Intriga - hice una mueca con la boca, baje la cabeza - eres muy alto - dije - inclinate esposo mío.
Horacio encorvo la espalda y su rostro quedó delante del mío, con una media sonrisa, puse mi mano en su rostro, me acerque a él, baje la mirada.
- Me habría gustado que me ames - dije, hice qué me suelte y me di la vuelta.
- ¿Te ocurre algo? - dijo el frunciendo las cejas.
- Me ocurre, que mi marido, no solo no me ama, sino que también ahora me golpea.
Horacio se dio vuelta y se fue.
Me quedé al lado de Rhonda, acaricie su cabello, me resultaba increíble ver su cuerpo antes lleno de puñaladas y cortes ahora tan limpio, curado, estaba pálida, su cuerpo... Será que había perdido tanta sangre que se le veía tan blanca, casi podia confundirla con un ángel.
Dos semanas pasaron, Rhonda recupero su color, a veces abría los ojos y sonreía para volver a dormir, estaba rosada nuevamente, yo mojaba sus labios con leche de cabra y ella suavemente tragaba y se recuperó, me dormía a su lado de la fatiga, Horacio me gritaba y yo lo ignoraba pero no me golpeó más en esos días... Su voz era solo un gruñido afuera de la habitación, Imara me traía lo que le pedía presurosa, Clotilde y Crispina a penas pasaban por la habitación unos minutos al día y se ocupaban de la casa.
- Imara - dije una mañana - la espera se hace larga, empiezo a desesperar.
- Creo que despertara pronto y se levantará de la cama - dijo Imara - ya lo verá, Domina.
- No me digas Domina, ya te lo dije.
- Lo siento mucho señora, lo olvido.
- No lo olvides - sonreí.
- Domina...
El murmullo de su voz era un zumbido en la habitación.
- Rhonda - dije emocionada - ¿Cómo estas?
- Mareada - dijo tratando de sentarse en la cama.
- Te ayudo - reaccioné - Imara - dije y entre las dos la ayudamos a sentarse - no comiste nada sólido en estas dos semanas - apreté los labios - creí que no despertarías.
- ¿Pasó tanto tiempo?
- Pues, estabas muy mal - dijo Imara.
- Tengo hambre - dijo Rhonda frotando se la cabeza - me siento un poco mareada.
- Imara, encarga a Clotilde que traiga algo liviano para Rhonda.
- Si señora.
Imara salió de la habitación y en un momento se escucho a Crispina y Clotilde venir a la habitación con algarabía después de recibir la noticia que Rhonda despertó, trajeron huevos cocinados, uvas y leche de cabra.
Me aparte para que le ayuden a comer mientras conversaban con ella, las dos se enamoraron, Crispina esta enamorada de un esclavo que a veces hace de mensajero se llama Aldo, también es  cocinero, le trae sus nuevos platillos cuando tiene oportunidad y Clotilde esta enamorada de Llengardaix, aquel muchacho delgaducho e irritante que había conocido días antes, le contaban lo feliz que estaban y Rhonda terminó de comer.
Las dos se fueron y Rhonda sonreía nuevamente.
- Duerme - sonreí - cuando puedas levantarte y volver a tu habitación lo haces, Imara te acompañará a partir de ahora.
- Pero señora, ¿Quién la ayudará?
- Crispina y Clotilde han estado muy desocupadas hasta tuvieron tiempo de enamorarse, no reniego que tengan derecho de hacerlo, pero debo volver a dormir con mi esposo, ya pasaron varios días desde nuestra última noche juntos.
Salí de la habitación más tranquila, me fui a mi habitación y mientras me quitaba la ropa recordé el frasco que me dio Griselda, lo saqué y lo abrí de nuevo, lo olí.
- Esta noche - sonreí.
Me fui a mi habitación y escondí el frasco en mis cosas personales.
Busque a Clotilde y a Crispina y las encontré en la cocina comiendo un queso que les había mandado el amigo de Crispina.
- Necesito darme un baño - dije, ellas me miraron asustadas y no reaccionaron - ¿Que esperan? - levante la voz - ¡muevanse!
- Si domina - dijeron en unísono.
- En estas épocas las esclavas están más irreverentes - resongue.
Me fui a mi habitación y Clotilde me esperaba.
- Desata mis cintas - dije dándome la vuelta.
- Sabe domina, después que usted se encerró a cuidar Rhonda, Imara nos trajo unos dulces, dijo que el cocinero de la señora Antonella lo mandó para Crispina, estaban deliciosos, los comimos juntos, Imara no quiso, el joven se llama Aldo, días después Crispina se lo encontró en la calle y conversaron un rato, entonces el le trajo un queso de cabra, delicioso.
- ¿Y el joven sabe del pasado de Crispina?
- No, domina.
- Y... ¿Que crees?
- Creo que el joven esta muy enamorado de ella y ella de él.
- ¿Cocina bien?
- Cocina mejor que yo, y eso que yo aprendí muy bien de la señora que cocinaba en casa de sus suegros.
- ¿Que deseas Clotilde?
- Pues había pensado que quizá podría comprar al esclavo Aldo, para que cocine, sabe hacer dulces y en una fiesta en la casa vendrían bien.
- Lo pensaré.
- ¿En serio, Domina? - dijo alegre.
- No te prometo nada, pero lo pensare, la próxima vez que envíe algo me traes para probarlo.
- Lo haré con gusto, señora.
Para este momento ya estaba completamente desnuda y Crispina ya había llenado la tina con agua caliente, intercambiaron miradas secretas, las ignoré.
Cuando termine, salí y me sequé. Clotilde me ayudó a vestir para esa noche, me cubrí con las sábanas de la cama y les dije que salgan indicándole que cuando Horacio llegue le digan que lo espero.
Salieron, me baje de la cama, saque el frasco y me puse un poco, al contacto se puso caliente y lentamente se acoplaron a mi piel borrando todo rastro.
Me subí a la cama nuevamente y me dormí casi instantáneamente.
Un movimiento en mi cama me despertó, abrí los ojos, Horacio estaba encima de mí, había levantado mi traje.
- No - gemí - Horacio espera, no estoy lista.
- Quedate quieta - dijo sujetándose de mí - llevamos días sin hacerlo y voy a reventar - lo metió con fuerza.
Su cuerpo empezó a moverse, uno, dos, tres... Se quedó inmóvil, me miro sorprendido.
- Horacio - me quejé - me lastimas.
Sujeto mi cuello con una mano apretando.
- ¡Que haces! - me asusté.
Me soltó miro mi rostro de arriba abajo, levanto la cabeza, suspirando, lo sacó, había terminado, nunca había terminado tan rápido, me quedé inmóvil, contuve la respiración, se echo encima de mi con su enorme peso aplastandome, acomodo su cabeza en mi pecho, su sudoroso cuerpo mojaba el mío, acaricie su cabeza, la mano me temblaba, Horacio levantó la cara, me besó...

Dama Oscura

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