- No lo escucho - murmuré - mamá - desvariando - no esta llorando...
Cuando desperté, Griselda estaba cuidando de mi.
- ¿Como te sientes? mi niña - dijo con voz triste, con una leve sonrisa.
- Mi bebe - murmure agitada.
- Lamentablemente, el niño nació muerto - dijo sin mirarme y apretando mi mano.
Empecé a llorar, lloré desconsolada hasta ahogarme con mis lágrimas.
- ¿Era un varón?
- Eso no tiene importancia mi niña, debes descansar para recuperarte...
- Era un niño, blanco, regordete, pelo ensortijado, ojos claros, muy parecido a su padre - dijo mi madre quien estaba sentada cerca de la puerta de mi habitación.
Continué llorando, lamentando mi infortunio.
- No lo entiendo - dije entre lágrimas - todas cuidaron de mi - me limpie la cara con un pañuelo - estuve en cama todo el tiempo y cuide mi alimentación - mis lágrimas salían aun más rápido y no podía detenerlas.
- Los dioses saben porque suceden las cosas mi niña.
- No le mientas - grito mi madre - el niño se ahogó en su vientre ya que ella se cayó, el embarazo dio fin antes de fecha, faltaba un mes, todo esto es culpa de su marido, si el no fuera, ¡tan imprudente!
- Su marido, el que ustedes escogieron para ella - agregó Griselda.
Mi madre se acercó a mi.
- Tranquila, te vas a recuperar de esto y podrás tener otro hijo para Horacio.
- Otro hijo, mamá - dije enojada - ¿otro hijo dices?
- Y en cuanto menos lo imagines, todo esto quedará en el pasado, solo un mal recuerdo.
- ¿Es eso lo único que importa? ¿Que le de un varón a Horacio? ¿Y yo? Pude haber muerto, sabes.
- No seas tan dramática, Celeste, todas las mujeres pasamos por esto.
En ese momento entró Crispina, trayendo mi comida.
- Crispina - murmuré - déjame verte.
Crispina levantó la cabeza y me miro avergonzada, su enorme barriga no le permitia esconder lo evidente.
- ¿Cuántos meses?
- Seis meses, domina.
- Seis meses - sonreí.
- Y una semana.
- ¿Es de él?
- Si, domina.
Me eche en la cama y sonreí.
- No trabajarás más, hasta que ese niño vea la luz - murmuré - quiero que descanses y te cuides, alimentate bien, y quiero que estés tranquila, dedicate a tener un buen embarazo - me toque la cabeza y sonreí - Clotilde te ayudará estos meses y tienes prohibido salir de la casa.
- Yo estoy bien domina, es mi cuarto hijo, yo se como se hace.
- Tu cuarto hijo - me quede pensativa - vete - ordene.
Crispina salió de la habitación y me quedé con Griselda y mi madre, estaban en silencio.
- Ustedes dos - sonreí - no le dirán a nadie que perdí a mi hijo.
- ¿Que tienes en la cabeza? Muchacha - dijo Griselda sorprendida.
- Tengo una esclava romana, que curiosamente esta embarazada de mi marido, le daré buen uso.
- ¿Te haz vuelto loca?
- Si mamá - dije moviendo la cabeza - me volví loca - sonriendo - me volví loca el día que decidiste qué coser mi vientre era lo mejor para conseguir un buen marido, y me volví aun más loca cuando me obligaste a casar con un hombre que no conocía y que definitivamente no me ama.
- ¿Quien dice que no te amo? - Horacio estaba parado en la puerta de mi habitación.
- No es lo que tu piensas Horacio - dijo mi madre asustada.
- ¿Que cosa no es lo que pienso? Yo se tanto como ustedes que Celeste no era doncella cuando se casó conmigo.
- ¿Lo sabías?
- Claro que lo sabía, no soy estúpido.
- Necesito hablar a solas con mi esposa - dije.
- No Celeste, no es el momento.
- Es mi casa y las quiero fuera a las dos - gruñí.
Mi madre y Griselda salieron de la habitación, Griselda agarro a mi madre y la jalo afuera mientras ella se resistía, pero finalmente se fueron. Mercedes lloraba.
- ¿Por qué te casaste conmigo?
- ¿Nunca te dije como encontré a Clotilde?
- ¿Que tiene que ver Clotilde en todo esto?
- Tiene mucho que ver - refutó instantáneamente - Clotilde es de una tribu barbara, igual que Griselda, la legión de Claudio atacó su tribu y mataron a todos los hombres y ancianos, todas la mujeres y los niños fueron capturados como prisioneros, mi legión estaba repasando los cuerpos cuando la encontré, habían volado a su madre tantas veces que casi no se movía y ella estaba oculta en una trampilla bajo tierra, estaba muy temerosa, acurrucada entre unos trapos sucios, era a penas un niña, cuando llegue escuche su lastimero llanto, cuando descubrí la trampilla y la saqué los hombres quisieron tomarla para si mismos y me opuse a ellos, en eso llegó Claudio, sin saber por que discutía con aquellos hombres me ayudo a enfrentarlos y quede mal herido. Claudio me ayudo. Entonces me llevo al campamento de mi padre quien decreto que yo era inútil para la guerra y en agradecimiento a tu prometido le ofreció lo que el quisiera y el pidió ser ascendido, con su ascenso fue enviado a otras batallas mucho más lejanas y mi padre me acompaño de vuelta a nuestra casa, cuando me recupere volvimos a reunirnos con Claudio quien hablo muy bien de su prometida, con quien se casaría pronto, entre tragos y tragos mi padre convenció a Claudio que para asegurar que no te casarás con otro hombre debía tomarte por mujer, el fue y lo hizo, tiempo después fue enviado a otra batalla y cuando la ganaron se le dio a escoger entre conquistar nuevos territorios o jubilarse y el decidió que dos batallas más le darían suficiente fortuna para darte una buena vida, entonces fue enviado a nuevas batallas, para entonces mi padre había averiguado quien era la rica heredera prometida de Claudio y decidió que tu dote estaría mejor conmigo que con un simple soldado. Me extorsiono primero, luego me soborno para casarme contigo así el podría adquirir más poder ante el senado y el Cesar.
- Esto es enfermo.
- No es enfermo querida, es la búsqueda del poder lo que nos mueve.
Se acerco a mi y me quito la fuente de comida.
- Tu hijo murió - dijo sonriendo.
Se acerco a mi y empezó a romper mi ropa.
- Horacio, noo - chille - ¿Qué haces?
Sin escuchar, me tomo de la cintura y entro en mi, con fuerza.
- ¡Horacio! - grite - ¡Me lastimas!
- ¡Callate! - dijo poniendo su mano en mi cuello empezando a ahorcarme moviéndose con más fuerza.
- Hora - dije casi sin aliento.
En ese momento el se movió más rápido hasta terminar dentro de mi. Me soltó, empecé a llorar, cuando me soltó me caí de la cama, las piernas me temblaban y no podía moverme por el dolor. Horacio se limpio la sangre.
- Más te vale que te recuperes pronto porque pondré otro hijo dentro de ti.
- Horacio - dije entre lágrimas.
- Mira a tu alrededor mujer - gruño - tienes más dinero del que puedes gastar, por lo menos demuestra que sirves para algo y dame un hijo.
- Horacio - continué llorando.
- Y que este vez sea un niño vivo - se fue.
Me quede sin levantarme, en el piso, al lado de mi cama, llena de sangre, no se cuantos minutos pasaron antes de que Imara entre a mi habitación.
- ¡Domina! - gritó asustada - ¿Que le paso?
- Ayúdame, por favor - dije entre sollozos.
Imara se acerco a mi y puso mi brazo sobre sus hombros, me llevó al cuarto del baño.
- Tranquila Domina, yo la cuido.
Imara me ayudo a limpiarme de la sangre, luego me vistió y cambió las sábanas de mi cama y me ayudó a echarme nuevamente.
- Descanse, domina.
- Esto es un infierno - murmuré.
- No domina, el infierno es mucho peor, yo lo conozco en persona.
- No me digas domina - gruñí - odio mi vida.
- Usted tiene la posibilidad de cambiar su destino, domina.
Mire a Imara, en ese momento había recordado las palabras de Griselda aquella vez que me dijo que mi destino sería lo que yo quisiera que sea, puede ser que haya estado olvidando algo sin darme cuenta y la posibilidad de mejorar las cosas estaba al alcance de mis manos pero no lo he visto hasta ahora... Hasta ahora.
Dama Oscura
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