El dolor en mi cabeza de hizo intenso, una punzada aguda como si un bicho me clavara su aguijón, me lleve la mano a la cabeza entonces note que algo estaba mal, no tenía pelo.
Toque toda mi cabeza con ambas manos y no había rastro de mi hermoso pelo rojizo, grité, o al menos lo intenté, la voz no salía de mi garganta, me toque el cuerpo, estaba mucho más delgada de lo que recordaba, intente levantarme de la cama y caí al piso, tumbando una banca que estaba a mi lado.
En ese momento ingreso Griselda.
- Ya despertaste - dijo sin inmutarse de que estuviera en el suelo, me miro y sonrió - ¡Imara! - dijo levantando la voz - no te imaginas todo lo que tuve que hacer para mantenerte con vida - sonrió - eres mi máxima creación.
La mire horrorizada, empecé a tocarme todo el cuerpo, Imara ingreso a la habitación, Ronda la acompañaba y me levantaron de nuevo a la cama. Me toque la cabeza.
- Lo siento mi niña - dijo Griselda - no podíamos moverte de la cama y mantener tu pelo atraería piojos, preferí quitarte el pelo de la cabeza para que sea más fácil limpiarte.
Me toque la garganta y el cuerpo.
- Estuviste dormida por un mes querida - continuó - me traslade a tu casa a pedido de tu madre para poder cuidar de ti todo el día, tuve que hacer una operación de emergencia ya que tu marido casi te mata a golpes, no puedes hablar porque te tuve que extirpar las amígdalas, pero en un par de semanas quedaras como nueva, un poco más ronca pero podrás hablar, solo podíamos darte agua con miel y con eso te mantuvimos viva.
Empecé a llorar.
- No, no, por favor mi niña, esta es tu nueva oportunidad de vida, pero tengo que preguntarte, ¿que hay del otro lado?
La mire incrédula.
- ¿Hay algo en particular? ¿Hay alguien esperándonos? - asentí con la cabeza - ¿es un dios o una diosa? - volví a mover la cabeza afirmativamente - y ¿que te dijo? - me encogí de hombros, me volví a echar - bueno, si no quieres contarme ahora, será en otro momento - sonrió - estuviste muerta por quince minutos - continuó - tu padre se entero y armo un alboroto en el senado, capturaron a tu marido y lo van a enjuiciar por intento de asesinato, quizá sea sentenciado a muerte.
Me senté de golpe, moviendo la cabeza haciendo no.
- Tranquila, tu heredarás todo, nada se te va a pasar quitar después de su muerte - volví a mover la cabeza diciendo no - el esta encarcelado, ahora que despertaste, esperarán a escuchar tu versión de los hechos y luego lo van a sentenciar.
Mire a todos lados preocupada, empecé a llorar.
-Pero no tienes porque sentirte así mi niña, el no puede hacerte más daño.
Levante los brazos volteando los ojos.
Me recosté en la cama, mirando hacia un costado.
- Mira - dijo Griselda - te prepare el almuerzo, es un delicioso puré de... En realidad no quieres saber, pero te recuperaras más rápido si te lo comes todo, vamos, a comer.
Griselda acerco el tazón a mi boca y probé lo que me daba, era un insipido medio agrio, saque la lengua al probar.
- Tienes que comerlo todo de lo contrario no vas a recuperar fuerzas - dijo.
Estuve comiendo los purés amargos de Griselda por casi dos semanas antes de poder articular palabra alguna, lo primero que hice fue preguntar por Crispina, por el bebé de Crispina.
- Se llama Tania - dijo Imara - es una niña preciosa, no es hija del Dominus, ¿recuerdas a Nathan? Pues resulta que Crispina y el tenían un amorío y ella tuvo un hijo suyo, no lo supo hasta que el niño nació.
Me sonreí.
- Yo también me alegre cuando lo supe - continuó Imara - quien lo diría de nuestra Crispina, bueno, a mi no me sorprende, pero siempre creí que le daría un hijo a Dominus.
- Y Horacio.
- El Dominus está bien - continuó - Clotilde le lleva comida todos los días, dos veces al día, le lleva ropa limpia, no se ha descuidado de él, señora, ¿Usted va a declarar en su contra?
- En Roma las mujeres no valemos tanto para que nuestra opinión cuente.
- La esposa del nuevo rey es una mujer muy inteligente, dicen que los reyes son Etruscos, han hecho que las mujeres romanas tengan los mismos derechos que los hombres, han escrito nuevas leyes para mantener el orden, ahora las mujeres romanas no pueden ser maltratadas por su marido, cuando se enteraron de su caso, ya que su padre armo un alboroto en el senado, se tomaron el asunto muy en serio, la reina ha exigido que se haga conforme a las leyes, sólo tiene usted que declarar y decir lo que yo ya explique, que su esposo vino y la agredió estando usted convaleciente hasta que perdió la conciencia.
- No - murmuré.
- No creo que haya salvación para el - dijo Imara - se hizo una investigación y se sabe que usted perdió un hijo del Dominus, que el le fue infiel con cuanta mujer pudo y que la violo cuando usted estaba indispuesta para poder tener un hijo suyo, todo esto se entero su padre y exige un severo castigo.
- Quiero levantarme de aquí - dije, me pase la mano por la cabeza, el pelo me estaba creciendo nuevamente - quiero verme la cara - dije.
- Señora - dijo Imara alejándose de mi, asustada - no es el momento adecuado para que usted se vea, yo... Usted... - nerviosa.
- Estoy así de fea - sonreí tristemente.
- Oh, no, para nada, señora, Griselda le hizo una reconstrucción en el rostro impecable, pero me temo que usted no se va a reconocer.
La noche se dejaba ver con la luna redonda y grande en el cielo. Baje a las celdas y vi a Rhonda pasar por aquella metamorfosis que la convertía en esa bestia enorme que no le permitía reconocer a sus conocidos.
Abrí la celda y entre, ella me gruño, pero no se acerco a mi. Estire el brazo y ella camino hacia mi lentamente, sujete su cabeza y la coloque encima de mi hombro, abrazandola, me quede así por toda la noche hasta que amaneció.
Rhonda yacía en mis brazos desnuda, abrazada a mi, nos habíamos quedado dormidas en aquella celda donde la encerrabamos cada vez que ella estaba indispuesta.
- Domina - murmuró Rhonda asustada al verme a su lado - pude haberla lastimado.
- Claro que no - dije, tranquilizandola - definitivamente no.
Salimos de la celda, Beltrán estaba en otra celda más allá, lo mire fijamente sin expresar ninguna emoción, Rhonda desfiló desnuda hasta su habitación y se vistió, yo me quedé frente a la celda de Beltrán, mirándolo sin decir nada.
- Se lo que es usted - dijo finalmente rompiendo el silencio.
- ¿Y que soy? - murmure.
- La eternidad le resultará aburrida eventualmente - continuó sin responder mi pregunta - cuando se de cuenta se pondrá en situaciones para lograr la muerte pero la muerte le evadira.
- ¿Y que harás?
- No se porque hago esto, usted no me agradaba antes pero tengo un impulso dentro de mi qué me obliga.
Lo mire fijamente sin decir nada, Beltrán se arrodillo ante mi.
- Le otorgó mi vida, mi fuerza y mi voluntad, todo lo que usted desee de mi y este en mi poder hacerlo lo obtendrá.
- Lo permito - respondí.
Beltrán se levantó y me miro horrorizado.
- ¿Que pasa? - dije sin comprender bien lo que había ocurrido.
- Siento un inmenso poder dentro de usted, un poder que no puede controlar usted sola, busque ayuda.
- Lo haré - dije - ¿Sabes quien puede ayudarme?
- Si usted obtuvo la voluntad de un dios, debe pedir ayuda a alguien que haya obtenido la voluntad de un dios.
- ¿Conoces a alguien así?
- Griselda - respondió torciendo la boca.
- Ella tuvo un amorío con su dios.
- Los dioses tienen nombres diferentes en cada cultura, pero siguen siendo los mismos dioses, si, ella es igual que tu, puede dominar a las bestias, me es imposible desobedecer su voluntad, al igual que contigo, ella te podrá ayudar.
Me quede en silencio observando a Beltrán, en ese momento Llengardaix apareció sonriente y abrió la celda de Beltrán.
- ¡Buenos días! Doctore - dijo en forma burlesca - ¿Como amaneció?
Beltrán salió sin decir palabra alguna, se paro delante de mi, se inclino y se fue.
Subí, encontré a Griselda en mi habitación.
- Parece que mi niña esta descubriendo sus nuevas habilidades.
- ¿Que me está pasando? - dije.
- Tranquila, te acostumbraras, ¿viste a un hombre o a una mujer?
- Era mujer - dije - te refieres a...
- Si niña, me refiero a cuando estabas muerta.
- Una mujer, una diosa.
- ¿Te dijo que diosa era?
- Era la diosa Venus, la diosa del amor y la fertilidad.
- En mi cultura se llama Freya - respondió instantáneamente.
- ¿Estas segura que se trata de la misma diosa?
- Los dioses son los mismos en todo el mundo, solo cambian de nombre, porque es el nombre que le dimos los humanos, la mujer a la que viste era una mujer joven y pelirroja.
- Si, ella es Venus.
- Mira - dijo sacando un dibujo donde se veía a una mujer joven, pelirroja, desnuda.
- Ella es Venus - dije.
- Ella es Freya - respondió Griselda - los dioses y las diosas, como ya te dije, son los mismos en todo el mundo, solo cambian de nombre porque es el nombre que les dan en cada país. Freya es la diosa de la fertilidad.
- Me estás confundiendo.
- Bueno, no intento que te confundas, dime, ¿te dio un don?
- Si, me pidió algo y me dio algo a cambio.
- No preguntaré que pediste, eso debe ser únicamente tu secreto.
En ese momento entró mi madre a mi habitación, me miro y corrió a abrazarme.
- Hija mía, estaba tan preocupada por ti.
- Estoy bien, mamá.
- Tienes que saber que el senado espera por ti para que declares y se decida el destino de Horacio, no temas decir la verdad, aunque el muera todos sus bienes te serán otorgados y podrás mantenerlos si te casas con otro varón romano al cabo de un año.
- No quiero casarme con otro hombre - dije.
- Ya pensaremos en eso, la reina está muy interesada en tu caso y ordenó que se de una solución, en cuanto te sientas en la capacidad de ir a declarar, iremos y esto finalizará.
- Mamá - dije - no se si quiero ir a declarar.
- Pero que dices hija, tu padre exigió justicia porque pudiste morir en manos de Horacio, las leyes están cambiando y están mejorando, no desaproveches esta oportunidad.
Mire a mi madre en silencio mientras hablaba, en Roma las mujeres no validamos casi nada, podíamos ser golpeadas, azotadas, matadas, vendidas por nuestro esposo y nadie se inmutaba, fueron los nuevos reyes quienes impulsaron los derechos de las mujeres, la reina sobre todo, la reina que tenía la voluntad de su marido en sus manos y que este no tomaba una decisión sin primero consultarle a ella su opinión.
- Está bien mamá, iré al juicio.
Dama Oscura
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