lunes, 15 de julio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XII

La noche se hacía notar lentamente, el sereno ya empezaba a dar señales de presencia, la luna empezó a subir por el cielo iluminando con su luz plateada a todos los habitantes del imperio, el ladrido de los perros, a lo lejos se escuchaba, desesperados, sospechando lo que se asomaba en las sombras.
- Estoy nerviosa - dije dando mientras intuitivamente caminaba dando círculos, mirando todo a mi alrededor encontrando todos los métodos de salida.
- Solo un poco - respondió Griselda - no quiero que te asustes mi niña. 
La luna ya se veía a lo alto del cielo, el firmamento despejado permitía que nos de su beso tenebroso, los perros que momentos antes había escuchado ladrar desenfrenada ente se habían callado como sospechando que su enemigo era mucho más poderoso y no tenían modo de vencer. 
Rhonda dormía plácidamente en la tarima donde la habíamos colocado, la brillante luz de luna ingreso a la celda dándole un dulce beso de bienvenida, ella abrió los ojos, pero no era más Rhonda, no era aquella niña que yo había conocido aquella mañana que se presentó a mi, erguida, guerrera, orgullosa, aquella joven que llevaba en alto el nombre de su clan ya no existía más en aquel delgado cuerpo sino que estaba con la mirada vacía y el alma perdida. 
- Mira, mi niña - dijo Griselda - entérate de la verdad de este mundo, de los seres que gobiernan nuestras pesadillas, los dominantes de la Noche. 
- Señora Griselda - murmure. 
- Esto era lo que no podía decirte con palabras hermosa niña, pero a partir de hoy tu comprensión sobre los seres existentes será más amplia y estarás más dispuesta a creer en lo increíble. 
Ante mis ojos, Rhonda empezó a gritar de dolor, su gritos de muchacha adolorida empezaron a hacerse roncos, me llamaba por mi nombre, Ama Celeste, Domina, Señora... Su voz empezó a perderse en la plateada luz de la noche, su cuerpo empezó a oscurecer, sus ojos a enrojecer, su boca se expandió y los dientes le crecieron, le crecieron pelos marrones por todo el cuerpo, la ropa que antes traía se hizo trizas, las piernas se le alargaron y los pies le cambiaron, lo que antes eran su hermosa boca era ahora un hocico, las orejas le subieron y una cola le creció en el trasero, quien minutos antes era mi guarda espaldas, la joven Rhonda, de una raza guerrera, era ahora un enorme animal peludo, parecido a un perro pero más grande, no no era un perro era más un lobo, camino en la celda dando vueltas, gimiendo, pero no gimiendo como una mujer, sino como lo hace un perro lastimero...
Lentamente caminé hacia la celda de Beltrán, aquella celda que momentos antes estaba cerrada por fuera y pude verlo, el estaba en la misma situación que Rhonda, no era más aquel gran hombre que había visto minutos antes sino que era otro ser animalezco, parado en dos patas, caminaba dando vueltas en su celda, gruñendo...
Llengardaix vino trayendo dos trozos de carne de cerdo, uno lo aventó dentro de la celda de Beltrán, quien casi instantáneamente se lanzó sobre el y empezó a devorar la carne cruda, Llengardaix me miro y sonrió, con ese rostro de joven estúpido que solo el sabe tener, de la impresión.me tape la boca con las manos, Llengardaix se fue hasta la celda de Rhonda y le aventó el otro pedazo de carne dentro de la celda, ella empezó a ladrar, a gruñir y a gritar para terminar aullando... Beltrán dejo de comer y respondió el aullido, Rhonda le respondió a Beltrán y así estuvieron en un vaivén de aullidos por largo rato... Me desmayé.
***
Las voces que escuchaba cerca de mi era conocidas, un hombre y una mujer, era Griselda que conversaba con un hombre, creo que Llengardaix, nos estábamos moviendo, el esclavo me estaba llevando en sus brazos hasta mi recamara mientras conversaban, de que conversaban, era de Rhonda, el le reclamaba que haya permitido que yo me entere del mayor secreto guardado por el Dominus, ella le decía que no había otra forma de solucionar el asunto, solo permitiendo que yo me entere... Escuche la voz de Horacio quien nervioso me llamaba, le grito a Griselda insultandola, ella le dijo que ya vi la verdadera forma de Beltrán y que ahora gracias a su imprudencia Rhonda, mi esclava también tenía a partir de esa noche esa forma secreta... Ya no había forma de borrar de mi memoria lo que mis ojos habían visto.
***
- Rhonda - murmuré - Rhonda cuidado - dije agitada...
Mis sueños, se estaban volviendo pesadillas...
- Señora Celeste - escuche la voz de Imara - es solo un sueño...
- ¡Noo! - grite sentandome de golpe en la cama - dame agua - dije.
- ¿Como te sientes? - dijo Griselda desde un rincón de mi habitación.
- Señora - dije tomando el agua que Imara me trajo - Rhonda... Ella es... No puede ser...
- Calmate - dijo.
En ese momento un aullido se escucho en la noche.
- ¡No puede ser! - dije empezando a llorar - yo la vi, ella es esa...
- En cuanto amanezca estará bien, mi niña.
- Pero ella... ¿Que era? Parecía un perro, no, era su cuerpo desnudo lleno de pelos... Y su mano... Y su cara - cada vez más asustada - por todos los dioses, ¿que le paso?
- Debes mantener la calma mi niña, no puedo explicarte las cosas si permaneces así...
- Pero... Ella... ¿Se pondrá bien? ¿Sanará?
- No está enferma señora - dijo Griselda.
- Tu - dije a Imara - no estas asustada - enojada - ¡Tu lo sabias!
- Señora yo - dijo Imara - sabia lo del esclavo Beltrán, pero su esposo me dijo que no le diga nada...
- ¿Mi esposo? Horacio, ¿El lo sabía?
- El compró a Beltrán sabiendo lo que era - dijo Griselda - tiene la idea de que muerda a los mejores peleadores para que sean más fuertes y ganar dinero en las peleas.
- Beltrán lo sabia... - murmure - como fue capaz de ocultarme eso...
- No es lo único que le oculta - dijo Griselda riendo.
- Esto no me gusta... Pero, que era eso...
- ¿Estas más tranquila ya? - la voz de Horacio irrumpió en el cuarto.
- Tu... ¿Como pudiste ocultarme esto?
- Así que viste a Beltrán...
- Esto es todo tu culpa - gruñi - tu compraste a ese... Esa cosa...
- Licantropo - dijo Horacio - te dije que no quiero que esta mujer - apuntando a Griselda - no vuelva a esta casa.
- Rhonda esta infectada por culpa de tu... Licentopo... Licrentopo...
- Licantropo - me corrigió Horacio - no es una palabra difícil.
- ¡Tu cosa esa infecto a Rhonda! - grite - ¡ese Licantropo que compraste la infectó! - tratando de calmarme - todo esto es tu culpa, tu quisiste lastimarme haciendo que tus hombres ataquen a mi esclava, si tu no hubieras... Ella...
- Verte llorar no me da placer Celeste.
- No quiero verte - llorando - vete de aquí.
- Me voy, no porque me expulses sino porque debo ocuparme de mis asuntos - mirando a Griselda - y tu - apuntandola - que caso tiene - dijo enojado y salió.
- Los Licantropos son hijos de la luna, la maldición qué ellos cargan se muestra durante la noche de luna llena, los primeros cien años los cambios no se pueden controlar, y el portador pierde la conciencia humana, pero si el portador es fuerte puede cambiarse a voluntad y mantener la conciencia - empezó Griselda - esta maldición los vuelve inmortales permanecen jóvenes y fuertes.
- No puedo creer lo que me dices... Mi pobre Rhonda...
- No es nada grave - dijo Griselda...
- Ella ahora está maldita...
- Cien años en un inmortal pasan rápidos...
- Pero para mi, significará toda mi vida...
- Entonces tendrás una esclava fuerte que te cuidara incondicionalmente hasta tu muerte.
- ¿Que dices? - dije horrorizada.
- A menos claro que desees ayudarme y si mis experimentos funcionan, no morirás - sonriendo.
- Morir...
- Serás inmortal como ella...
- Yo no quiero ser esa... Cosa...
- Descanse señora Celeste - murmuró Griselda - duérmase porque mañana será un largo día.
- ¿Ella estará bien?
- Solo debes e cerrarla cada noche de luna llena, todos los demás días del mes, será como cualquier otra persona, más fuerte, claro esta, y sana...
- Cien años - dije echandome nuevamente - Rhonda es inmortal...
Cerré mis ojos y me dormí, asustada, tuve pesadillas esa noche y pesadillas tendría por muchas noches más...

Dama Oscura 

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