- ¡Sueltame! - grité - ¡Horacio!
- Eres mi mujer - dijo mientras forcejeabamos.
- Todavía sigo sangrando - dije empujando, tratando de zafarme de él.
Horacio se ponía cada día más brusco conmigo, no había dejado de sangrar desde que perdí a nuestro bebé, el me hizo suya cada día a la fuerza, a la mala, desde entonces.
- ¡Horacio! - gemí sintiendo que entra en mi, seca, sangrante, bruscamente - ¡No! - empecé a llorar.
Cuando deje de forcejear con el, dejó de presionarme, estábamos en el piso, se había puesto sobre mi para dominarme con su cuerpo.
Lo abracé.
Mientras el se movía lentamente encima de mi, presionando con fuerza mis piernas, procure no dificultar más el momento, esperaba que termine rápido para que me suelte.
- ¿Te gusta?
No respondí, las lágrimas habían llenado mis ojos y mi nariz estaba totalmente constipada.
- Dime que te gusta tenerme dentro de ti - exigió.
- Me lastimas - murmuré.
Horacio continuó con lo suyo, me rompió la ropa para poder tener mi cuerpo desnudo, empezó a pasar su lengua por mi cuerpo.
- No me he bañado en dos días - dije mirando hacia la pared - antes no me tocabas si no estaba muy aseada.
- No importa - dijo - ahora no importa si estas sucia, cada día ardo en deseos de tenerte.
Me miro, me sujeto la cara y me beso, sentí su lengua hasta mi garganta, me dio ganas de vomitar, en ese momento terminó.
- No vamos a tener otro hijo si no dejas que me recupere.
- Crispina tendrá mi hijo pronto - respondió rápidamente - lo vamos a tomar y registraremos como nuestro, por eso no la dejas salir de la casa, verdad.
- Horacio, ella es una mujer romana, un hijo con ella es igual que un hijo conmigo.
- Ella es una ramera - gruñó - su hijo bastado tendrá derecho de ir al ejército, mi hijo contigo, el que tendremos en cuanto dejes de sangrar, ira a la universidad.
Horacio se levantó, me levanto en sus brazos y me llevó al baño, me hizo sentar en la tina.
- Le diré a Imara que venga a limpiarte - murmuró y se fue.
Me acomode en la tina, Imara entró después de varios minutos.
- Domina - murmuró.
- No me digas domina.
- Lo siento, señora, lo que pasa es que llego una visita para usted.
- ¿Es mi madre?
- Es un hombre, señora.
- Mi padre o quizá alguno de sus hijos.
Imara, después de ayudarme con el baño me ayudó a vestir y me acomodo en la cama.
En ese momento entró Horacio a la habitación.
- ¡Eres una mujerzuela! - grito golpeandome.
Grite tratando de defenderme, el me dió al menos veinte bofetadas con ambas manos, se había puesto encima de mi utilizando su peso para inmovilizar me mientras me agredia.
Cuando se cansó de golpearme respiro, Imara gritó.
- Dominus, la ha matado - llorando - mire como la ha dejado.
- Se merece eso y más - murmuró, me jalo de los pelos y hablo a mi oído - Si Claudio vuelve a venir por acá, me encargaré de que no pueda amarte - me soltó.
Pero yo ya no escuchaba, estaba perdida en mis pensamientos, el dolor se había convertido en lágrimas, las lágrimas en deseo de escapar y mi deseo en realidad.
Todo a mi alrededor estaba oscuro, la voz de Imara desesperada llamando a Rhonda y Clotilde para que la ayuden.
- Iré a llamar a la señora Griselda - dijo Clotilde mientras su voz se perdía a lo lejos.
***
Voces en la oscuridad, están hablando de mi, alguien está llorando, esta desconsolada esa mujer, creo que es mi madre, se lamenta como estoy, me agarra la mano, las voces se alejan...
***
- Miren a esa pequeña mortal, niña, hola, holaaaa, es una dulce y tierna mortal...
Mire a mi alrededor, la oscuridad me rodeaba, pero había un rayo de luz iluminando mi cuerpo desnudo, no podía observar más allá en la oscuridad, mire alrededor mio buscando aquella voz...
- ¿Quien esta ahí? - dije dudando que alguien responda.
- Estoy aquí - dijo riendo - mírame, pequeña mortal - mire por todos lados, la voz se escuchaba lejos y cerca a la vez, como un eco - mira bien, con atención - dijo nuevamente - presta más atención - siguió diciendo - mira atentamente - continuó...
Me puse a mirar por todos lados, buscando, mire arriba, abajo, a ambos lados, atrás, entonces me quede mirando fijamente al frente, con atención, inmóvil.
- ¿Me ves? - dijo de nuevo.
Entrecerre los ojos tratando de ver en la oscuridad, en ese momento se materializó el delgado cuerpo de una mujer, de pelo rojo, ojos miel y piel blanca muy pálida.
- ¡Bu! - grito poniendo sus manos abiertas al lado de su cara - ja, ja, ja, ji, ji, je, ju, ja...
Empezó a retorcer de risa en el piso.
- ¿Quién eres tú? - pregunté.
- ¿Quién eres tú? - respondió ella devolviendo la pregunta - ¡ihh! - dijo abriendo los ojos - ¡Que hermoso pelo fuego! - dijo emocionada, continuó riendo.
- Debo estar soñando - murmure.
- Debes estar soñando - dijo riendo nuevamente.
- Estoy confundida - dije ignorando lo que decía.
- ¡Está confundida! - dijo con euforia.
- Horacio me golpeó - dije tocando mi cara.
- ¿Quien es Horacio? - dijo intrigada.
En ese momento me di cuenta que ella levitaba frente a mi, estaba como en un gran almohadón de plumas, se movía suavemente.
- Es... Estas - dije tartamudeando - estas - la impresión no me dejaba terminar lo que quería decir.
- ¿Estoy? ¡Si! ¡Aquí estoy!
- ¡Estas volando! - grité.
- ¿Volando? - miró a su alrededor - No estoy volando.
Pase mi mano por debajo de ella y toque el piso, mientras la miraba fijamente.
- ¡No puede ser! - dijo asustada - ¡Estoy volando! - en ese momento empezó a reír nuevamente.
Me quedé observándola en silencio.
- ¿Estas triste? - inquirió dejando de reír.
- Que hermosa eres - murmure, estire el brazo para tocarla y ella se alejo.
- Los mortales no deben tocar a los dioses - dijo ella.
- Eres una diosa - sonreí - ¡lo sabia!
- Vine a ayudarte - sonrió.
- ¿A mi?
- ¡Claro que si! - respondió - mira alrededor tuyo.
- ¿Quién eres?
- Como todos los dioses tengo muchos nombres, pero en tu cultura me conocen como la diosa de la fertilidad y la belleza.
En ese momento me arrodille ante ella mirando al piso.
- Su divinidad, no soy digna de estar ante su presencia.
- Tranquila, de todas maneras estas muriendo, en un par de horas más, no servirá de nada.
- ¿Me moriré?
- Eso dependerá de ti.
Me quede en silencio mirándola, era realmente hermosa, era como una jovencita a punto de convertirse en mujer, en pleno desarrollo.
- ¿Y que deseas de mi?
- Deseo tus lunas, cada noche de esta vida durante los próximos años hasta el día de tu muerte.
- Entonces, ¿no sabré lo que sucede conmigo durante las noches?
- Si lo sabrás, tu conciencia será pero seré yo quien hable y se mueva en vez de ti.
- ¿Y que recibiré a cambio?
- Lo que desees y este en mis poderes otorgar.
- Deseo, que cada hombre y cada mujer en esta tierra al verme quede enamorado de mi al punto de dar su vida por mi.
- ¿Estas segura de que deseas eso?
- Estoy segura.
- Pequeña mortal - sonrió - no pidas todo lo que deseas, te lo pueden conceder.
Ella desapareció despues de decir estas palabras, su voz se escucho como un sonido sordo en la oscuridad, la luz que estaba sobre mi fue desapareciendo y quede en la oscuridad completa.
Dama Oscura
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