- Al igual que a ti - empezó Griselda - Yo atendí a tu madre desde que ella era niña, y a su madre desde que era niña.
- Espera - dije confundida - ¿Me estas diciendo que cuando mi abuela que ya falleció fue atendida por ti desde niña?
- Si.
- Pero - pensativa - no pareces tan vieja.
- Las hijas de Freya, tenemos una poción especial que nos hace rejuvenecer entre quince y veinte años.
Me quedé en silencio escuchándola por un momento y luego reaccione.
- Esto no es real - murmure.
- Cuando te tomas la poción tu cuerpo también cambia, pero tus recuerdos no, quedan, en lo personal yo espero a tener apariencia de una mujer de cincuenta años y me tomó la poción.
- ¿Te das cuenta de lo que me dices? - dije incrédula - haz superado los límites de la inmortalidad, ¡puedes vivir eternamente!
- Tienes que escucharme - dijo.
- Es que no lo entiendo, ¿cómo es que vives así?
- Por favor, baja la voz.
- Podrías tenerlo todo si vendes esta poción.
- Eso es imposible - dijo ella.
- ¿Por qué?
- La poción sólo puede ser tomada por una hija de Freya y se hace de su misma sangre.
- ¿Mi sangre?
- Es un secreto.
- ¿Tengo que sacarme sangre para hacer esto?
- La sangre que cada una de nosotras posee esta llena de poder, si sabes utilizarla bien podrás lograr cosas increíbles.
- Explicame lo de mi abuela - dije interrumpiendo.
- Tu abuela no podía tener hijos, recurrió a mi para obtener ayuda y quedo preñada, nació tu madre y fue la única hija que tuvo, tu abuelo empezó a tener hijos de otras mujeres y los adoptaba, todos eran hombres pero solo con su esposa tuvo una mujer y esa niña, tu madre, fue consagrada a Freya.
- Mi madre es... Como... - apuntandola.
- No claro que no - respondió - ella fue rechazada por la diosa madre, pero tu - acariciando me el pelo - tienes un destino increíble.
- Me estas asustando Griselda.
- ¿Que es lo que quieres más en esta vida?
- ¿Lo que yo quiero? - me puse a pensar en su pregunta, esperando encontrar la respuesta en mi cabeza.
En ese momento, me di cuenta que mi vida era vacía, que mi mera existencia en este mundo era tan pequeña e insignificante que quizá mi muerte será igual de miserable, insignificante, imperceptible.
En ese momento me pensé que mis deseos de niña era tan superficiales, cuando me comprometieron a los 11 años con Claudio, tenía tantos deseos de que sea mi esposo, entonces el me dijo que iría a la batalla y que sería de las más complicadas contra los Hunos y yo temerosa de que no vuelva me entregue a él... No volví a verlo hasta que fue demasiado tarde... Pero, ¿Que aspiraciones tenía yo al lado de Claudio? ¿Era esto la vida y ya? ¿Es esto lo único que le correspondía a las mujeres? Obtener un marido tener hijos y esperar que tu marido no te trate como una esclava...
- Mi niña - la voz de Griselda interrumpió mis pensamientos - Celeste.
- Si, dime, Griselda.
- ¿Te perdiste en tus pensamientos?
- Yo... Pero... Nada - concluí.
- Una persona sin aspiraciones en esta vida, es una persona irrelevante que no importa, debes saber lo que quieres obtener, e ir a por ello.
- Esta bien - sonreí - ahora, Griselda, necesito que me expliques algo.
- ¿Cual es tu duda?
- Me vi con Claudio - suspire - el estaba igual como cuando se fue, en estos años no cambió nada, lo invite a pasar a mi casa y Rhonda lo atacó y el intento matarla.
- Claudio el que fue tu prometido.
- Si, el mismo, el tenía la piel fría, lo invite a pasar pero me enoje con él porque lo vi extraño, me dio una explicación absurda, aunque con todo lo que me esta pasando últimamente, no resulta tan absurdo, le dije que se fuera de mi casa y salió volando golpeando contá el muro del frente como si una fuerza sobrehumana lo hubiera empujado.
- ¿El sol estaba en el cielo?
- Fue después de la sentencia de Horacio, ya estaban las estrellas en el cielo.
- Es un ser de la noche entonces.
- ¿Es una bestia?
- No, no es como Rhonda o Beltrán.
- ¿Entonces como es el?
- El es parte de otros seres que permanecen congelados en el tiempo, nunca envejecen y tampoco se alimentan.
- Y... ¿De qué viven?
- De tu último aliento de vida.
- No te entiendo.
- El necesita beber la sangre caliente de otros seres vivos hasta arrancarle a el último aliento de vida. ¿Que quería?
- No me lo dijo.
- Tienes mucho tiempo para averiguarlo, tranquila, los inmortales como Rhonda y Claudio, nunca olvidan pese a los años.
- Le diré que venga mañana en la mañana.
- No vendrá, es un ser de la noche así que debes buscarlo cuando la luna ilumine el cielo.
- Domina - dijo Imara entrando a la habitación - la señora Dolores requiere verla.
Me despedí de Griselda pidiéndole que vuelva a visitarme la próxima semana.
Salí de mi habitación y me fui a la de Dolores.
- ¿Me buscabas?
Dolores se probaba un vestido nuevo, y me señaló su cama.
- No quisiste ir al mercado así que fui por las dos, ponte eso, iremos a una fiesta.
- Hermana - suspire - mira esta enorme cicatriz que tengo en la cabeza, no quiero ser vista así.
- Nadie te verá - sonriendo.
Dolores dio dos palmadas y trajeron unos antifaces.
- Ni siquiera sabrán que fuimos.
- Está bien - sonreí - le diré a mi hermano que iremos.
- ¡No! - dijo asustada - hermana mía, solo tu y yo - sonrió para luego guiñar un ojo.
- ¿Mi hermano te dio permiso para esto?
- Tu hermano y yo estamos bien - dijo agarrandome de los brazos - somos muy felices juntos - dijo haciendo no con la cabeza - el y yo nos comprendemos totalmente - me dio un beso en la mejilla - alistate porque debemos ir a esa fiesta, y el camino estará lleno de gente si no nos apuramos.
- Esta bien - dije tomando el antifaz.
Me fui a mi habitación, Imara ya había preparado mi baño.
- Yo lo pedí eso - dije mirando extrañada.
- La señora Dolores lo pidió para usted.
Voltee los ojos cuando Imara la menciono, se acerco a mí para ayudarme con la ropa.
- Imara - murmure - por favor observa a Dolores.
- ¿Observarla?
- Si - dije - tu mira que hace, como se comporta, como trata a mi hermano, observala.
- ¿Y que haré luego?
- Tu sabrás que hacer - dije - yo terminaré con esto, dile a Rhonda que se bañe para que me acompañe.
- Si domina.
- Imara - levante la voz - ¿como se llama la sirvienta de Dolores?
- Es Carolina, una mujer romana que sus padres fallecieron.
- Puedes irte - finalice.
Termine de bañarme y me vestí, me vi al espejo, la fina tela encajaba perfectamente en mi cuerpo, me puse un collar y pendientes que hicieran juego.
En ese momento me di cuenta que mientras había vivido con Horacio, el nunca me había llevado a ninguna reunión, ni fiesta social, empecé a llorar por la amargura que sentía hasta que Dolores entró a mi habitación.
- Pero - renegando - no, por favor ¿por que lloras?
La voz dulce y aguda de Dolores era a veces estresante.
- Por nada - dije - una idiotez.
- Una idiotez - apretó los labios - ¿Un idiota tal vez?
La mire y me limpie los ojos.
- Vamos a esa mascarada - sonreí.
Dama Oscura
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