lunes, 22 de julio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XIII

- Dominaaaa - grito en la oscuridad - ayudemeeee - volví a escuchar su grito.
- No - dije - Griselda - volví a decir - detenla, haga algo - dije nuevamente - Griselda usted puede ayudarla - empecé a llorar.
Un aullido se dejó escuchar en la oscuridad y un viento gélido recorrió mi cuerpo, un perro mucho más grande de lo normal corría hacia mi, le faltaba pelo y sus patas traseras eran más largas, no era un pello completo, era mucho más grande que un perro, su aullido sonaba cono un gemido lastimero de alguien que pedía ayuda, no, no era un perro cualquiera, era Rhonda, aquel ser en el que se había convertido estaba ya demasiado cerca de mi, saltó hacia mi abriendo el hocido en dimensiones desproporcionadas para devorarme.
- Nooo - grité, estaba en mi cama, Imara se había dormido a mi izquierda sentada cuidandome y mi madre estaba observando desde la puerta.
- Vine porque tu marido me dijo que estabas enferma - dijo - estuviste con calentura por tres días, el médico dijo no comprender lo que tienes pero afirmó que no era nada grave y Griselda.
- ¿¡Griselda!? - mirando a mi alrededor.
- No está aquí - djjo - ella dijo que solo tu voluntad haría que te levantes de nuevo de esa cama.
- Rhonda - dije - debo verla - me quite las sábanas y todo a mi alrededor se puso negro, la luz de mis ojos se apagaban y mi cuerpo se ponía cada vez más pesado cayendo nuevamente al vacío y oscuridad.
- ¿Esta bien?
- Vive todavía, como ha vivido estos últimos días, su voluntad es fuerte.
- Está perdiendo mucho peso, ¿esta enferma acaso? Dígame la verdad, me moriré de la angustia.
- Mi niña, mi hermosa niña Mercedes, yo atendí a tu abuela cuando nació tu madre y también te recibí a ti en mis manos cuando diste tu primer respiro en este mundo, yo te cuide durante tu embarazo en esta niña y te ayude a cuidar los hijos de tu esposo, aunque no pudiste darle más hijos y el trajo uno tras otro un varón de otra mujer, los crías te como tuyos, yo seque tus lágrimas cuando más sufridas y te console como si fueras mi hija, yo cuidare de esta niña como si fuera hija mía porque así como te amo, a ella también la amo.
- Griselda, ella es mi única hija, he perdido mis embarazos como una niña pierde las muñecas, ella es mi única hija, la única que vivió, no puedo verla morir tan joven, pues yo moriría con ella.
- Ya termine, no es nada grave - dijo Griselda sonriendo forzosamente.
- ¿Que tiene? ¿Por qué se desmayo así?
- Solo esta esperando un bebé.
- ¿Como es eso posible? Griselda ¡se suponía que esto no pasaría de nuevo!
- Yo no puedo explicar que paso - respondio - la costura ha sido perfecta.
- ¿Que haremos ahora?
- Hay riesgo de pérdida, solo debemos esperar.
- ¿lo dices así tan tranquila?
- Calmate, por favor Mercedes, su esposo puede escucharnos.
- ¿Crees que me importa su esposo? Acepte este matrimonio porque quería que mi hija heredé su fortuna, no que le de hijos.
- Lo vamos a solucionar.
- Su marido ya debió haber muerto, te pague mucho dinero para que te encargues de eso.
- Aún no es el momento. Date cuenta que mientras no tengan hijos su posición como heredera de su marido puede ser reclamada en cualquier momento por su suegro.
- Entonces, dices que lo mejor es que tenga a este bebé.
- Solo si es varón, entonces heredará.
- El emperador debería permitir que las mujeres también heredemos fortuna, no somos inútiles.
- Haz lo posible para que ese niño salga vivo del vientre de mi hija y si es varón, sella su vientre.
- Esta bien señora.
- Y esta vez haz bien la costura.
- Si mi niña, ahora debes calmarte porque esto no debe escucharlo nadie más.
- Si hicieras bien tu trabajo, no tendríamos este problema.
- Este secreto, debe quedar en el olvido, esta niña es víctima de la ambición de tu marido y tu eres su cómplice, pero haz de saber que un día los dioses te van a castigar por tu delito.
Se quedaron a mi lado conversando sobre otros asuntos que ya no escuché, en mis delirios solo podía recordar a Rhonda y todo lo que estaba sufriendo por mi imprudencia.
Abrí los ojos, Rhonda se encontraba a mi lado, sonriente.
- Rhonda - murmure, volví a cerrar los ojos.
Días después me sentía mucho mejor, Rhonda se había vuelto asidua participe del entrenamiento con los gladiadores, Beltrán se hizo como un padre para ella. Le enseñaba cosas sobre la vida y ella escuchaba atentamente emocionada.
- Pasas mucho tiempo con Beltrán - murmure un día conversando con ella.
- Me enseña muchas cosas, en especial de mi nueva situación, es muy comprensivo conmigo.
- No descuides tus obligaciones en la casa - dije - quiero salir y no estas para acompañarme.
- La señora Mercedes aconsejo que se mueva lo menos posible, ya que lleva un bebé en el vientre qué parece quiere salir antes de tiempo.
- El bebé, es en lo único que mi marido piensa en estos días, se puso a ganar dinero para tenerlo todo listo para el bebé, esta buscando una nodriza y no se cuantas cosas más.
- Es su primer hijo - dijo Rhonda sonriendo.
- Si es mujer estará muy decepcionado - torcí la boca.
- Seguramente la amara de todas maneras.
Escuchamos risas afuera de la habitación.
- Es ella otra vez - dije apretando los puños.
- Crispina ha entretenido bien al Dominus, lo mantiene contento.
- Se acuesta con el.
- Es mejor ella que alguna de la calle, ¿No lo cree?
- No se si pueda soportarlo por más tiempo.
Imara ingreso a la habitación con el almuerzo.
- No quiero - dije echándome en la cama de costado.
- No es para usted - sonrió - es para el bebé.
Me senté en la cama y me puse a comer en silencio, las lágrimas empezaron a derramar de la frustración que sentía.
- Imara - dije - quiero ver a Griselda.
- Vendrá a verla en dos semanas señora.
- Que venga mañana - murmure.
Imara y Rhonda se miraron en silencio, complices, me ocultaban algo.
Al día siguiente Griselda vino a verme y entre lágrimas le dije que no soportaba saber que Horacio y Crispina tenían sus quereres, ella me consoló, me dijo que no podía llorar así porque le hacía daño al bebé y que lo mejor es que me mantenga calmada para evitar cualquier riesgo de pérdida, me dijo que no podía darme nada ahora por mi estado pero que en cuanto tenga al bebé en brazos podrá hacer algo por mi, eso no me consoló para nada, me pase las siguientes semanas llorando, escuchando a Horacio reír al lado de Crispina, ella nunca venía a verme, las visitas de Clotilde a su vez era mucho más distanciadas y breves, me miraba con tristeza y celos y se mantenía lejos de mi, evitaba tocarme a como de lugar.
Horacio me traía obsequios que compraba en la ciudad, tela fina para vestidos, joyas, maquillaje, perfumes, me hablaba emocionado de que el primer varón de la familia este en camino, una vez le pregunté su acaso visualizo la posibilidad de que sea mujer y no varón y enojado respondió "Entonces será una virgen vestal" y se fue enojado.
Los días en cama eran muy largos y mi cuerpo lentamente se iba ensanchando, me veía a mi misma tan gorda que me sentía avergonzada, mi barriga era totalmente redonda y aún así me decían que crecería más. Cuando estaba sola me frota a la barriga y soñaba con mi bebe en brazos cantando y contando historias, por un breve momento era feiiz.

Dama Oscura

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