- Vamos a mi casa - dije sonriendo, sujete su mano y el camino a mi lado.
Imara camino detrás de nosotros atenta, sin apartarse demasiado, camine con Claudio por toda la ciudad, hasta que llegamos a mi casa, entre y el se quedo en el portón.
- ¿Quieres una bebida? - dije sonriendo.
Me di la vuelta y vi que no había entrado.
- ¿Te ocurre algo? - dije.
- ¿Puedo pasar? - dijo el en voz baja.
- Claro que si, puedes pasar - sonreí.
Claudio camino entrando a la casa, sonrió, Imara había desaparecido de repente, Rhonda apareció, con su daga.
- Apartese de mi señora - gruño amenazando a Claudio.
- Rhonda - sonreí - no trates así a mi invitado.
- No es un humano - respondió rápidamente sin darme tiempo de decir nada más se abalanzó sobre Claudio, haciéndole una herida en el rostro.
Claudio sujeto a Rhonda y le mostró los dientes, estos eran largos y afilados, grité.
- ¡Detente! - dije - no lastimes a mi esclava.
Claudio me miro, entre cerro los ojos, la soltó.
- Rhonda, lo que me pase ahora, será únicamente mi responsabilidad.
- No la dejaré sola aunque me castigue por ello.
- Entonces no intervengas a menos que mi vida corra peligro.
- Lo siento mucho - dijo Claudio - intente volver, intente decírtelo, pero no podía acercarme a ti porque nunca salias de casa y yo no podía entrar.
- ¿Que te pasó? - dije secando mis lágrimas qué empezaban a salir sin que pueda controlarlo.
- No se explicarlo bien, fue una mujer, era hermosa, tenía la voz dulce y aguda, me hipnotizó, me dijo que la tome como su mujer y cuando me di cuenta me había mordido por todos lados, estaba muriendo y ella de pronto me dio su sangre, no pude volver a mirar el sol desde entonces.
- Eres una bestia, entonces - murmuré.
- Te he buscado todo este tiempo - dijo estirando su brazo hasta casi tocar - pero temo lastimarte - se dio la vuelta.
- Vete - dije.
- ¿Que dices?
- Que te vayas - dije levantando la voz.
- Pero Celeste yo...
- Tu no eres más un humano - respire - ¡Fuera de mi casa!
En ese momento Claudio salió de mi casa como si una fuerza invisible lo hubiera golpeado hasta golpear la pared del otro lado de la calle.
- ¡Celeste! - grito Claudio - por favor, dejame explicarte.
- Rhonda - dije - mañana a primera hora ve a buscar a Griselda.
- Si, señora.
- Cierra la puerta - dije suspirando - Que Clotilde me prepare el baño.
- Señora, la niña Clotilde...
- ¿Y como se encuentra Crispina? - dije interrumpiendola - quiero verla y a Tania también, debe ser una bebe hermosa.
- Señora Clotilde se fue de la casa.
- ¿Se fue?
- Te he buscado todo este tiempo - dijo estirando su brazo hasta casi tocar - pero temo lastimarte - se dio la vuelta.
- Vete - dije.
- ¿Que dices?
- Que te vayas - dije levantando la voz.
- Pero Celeste yo...
- Tu no eres más un humano - respire - ¡Fuera de mi casa!
En ese momento Claudio salió de mi casa como si una fuerza invisible lo hubiera golpeado hasta golpear la pared del otro lado de la calle.
- ¡Celeste! - grito Claudio - por favor, dejame explicarte.
- Rhonda - dije - mañana a primera hora ve a buscar a Griselda.
- Si, señora.
- Cierra la puerta - dije suspirando - Que Clotilde me prepare el baño.
- Señora, la niña Clotilde...
- ¿Y como se encuentra Crispina? - dije interrumpiendola - quiero verla y a Tania también, debe ser una bebe hermosa.
- Señora Clotilde se fue de la casa.
- ¿Se fue?
- Se fue con Horacio.
- Está bien - dije - hablaré con mi padre respecto a ella, ¿hay alguna otra cosa que deba yo saber?
- El doctore, Beltrán, como el señor Horacio no está, pues pregunta quien se hará cargo del ludus.
- Mi padre seguramente, aunque mi hermano Diego quería ser lanista - pensativa - que venga Cristina y la bebe, quiero conocerla, mandalas a mi habitación.
- Si señora - dijo Rhonda agachando la cabeza.
- Y ya que Clotilde no esta - agregue - preparame un baño.
- Si señora - dijo y se fue.
Camine por mi casa, me di cuenta que era muy grande y estaba yo sola, con una gran cantidad de esclavos, por un momento me sentí triste, entre a mi habitación, y encontré a Crispina ahí la bebe estaba en una cesta envuelta en mantas.
Levante a la niña con cuidado, estaba caliente, la observe por un rato, respire sobre ella.
- Es hija de Nathan - dijo Crispina con nervios - yo no sabía de quien era hasta que nació - continuó - y resultó que la niña es de Nathan por las fechas.
- Tranquila - dije - los dioses lo quisieron así.
Deje a la niña en la cesta y mire a Crispina.
- Debes trabajar aunque sea con la niña cerca, te dedicarás a hacer la limpieza de la casa, así no estarás cerca del fuego.
- Si domina.
- Ya puedes irte.
Rhonda había terminado de alistar mi baño, fui y cuando termine me metí en la cama. Esta noche no tendría a Horacio sobre mi, esta noche dormiría tranquila.
Cuando amaneció, fui al comedor hacia mucho que no comía ahí, desayune sola, la casa se veía tan callada.
- Dile a Llengardaix que traiga a Beltrán - dije interrumpiendo el silencio.
Imara asintió con la cabeza y se fue, me quedé sola en el comedor, Crispina entró.
- Su padre Domina - dijo.
En ese momento mi padre entró al comedor, acompañado de mi hermano Diego.
- Hija mía - dijo - no puedo permitir que vivas sola en esta casa.
- Padre - dije levantándome - que bueno que haya sido venido.
Me acerque a mi padre lo abrace y lo bese en ambas mejillas, me acerque a mi hermano y sonreí, el me abrazo aparentando los labios, triste.
- Vine a acompañarte - dijo Diego - viviré contigo y con mi esposa.
- ¿Aquí en mi casa?
- Está bien - dije - hablaré con mi padre respecto a ella, ¿hay alguna otra cosa que deba yo saber?
- El doctore, Beltrán, como el señor Horacio no está, pues pregunta quien se hará cargo del ludus.
- Mi padre seguramente, aunque mi hermano Diego quería ser lanista - pensativa - que venga Cristina y la bebe, quiero conocerla, mandalas a mi habitación.
- Si señora - dijo Rhonda agachando la cabeza.
- Y ya que Clotilde no esta - agregue - preparame un baño.
- Si señora - dijo y se fue.
Camine por mi casa, me di cuenta que era muy grande y estaba yo sola, con una gran cantidad de esclavos, por un momento me sentí triste, entre a mi habitación, y encontré a Crispina ahí la bebe estaba en una cesta envuelta en mantas.
Levante a la niña con cuidado, estaba caliente, la observe por un rato, respire sobre ella.
- Es hija de Nathan - dijo Crispina con nervios - yo no sabía de quien era hasta que nació - continuó - y resultó que la niña es de Nathan por las fechas.
- Tranquila - dije - los dioses lo quisieron así.
Deje a la niña en la cesta y mire a Crispina.
- Debes trabajar aunque sea con la niña cerca, te dedicarás a hacer la limpieza de la casa, así no estarás cerca del fuego.
- Si domina.
- Ya puedes irte.
Rhonda había terminado de alistar mi baño, fui y cuando termine me metí en la cama. Esta noche no tendría a Horacio sobre mi, esta noche dormiría tranquila.
Cuando amaneció, fui al comedor hacia mucho que no comía ahí, desayune sola, la casa se veía tan callada.
- Dile a Llengardaix que traiga a Beltrán - dije interrumpiendo el silencio.
Imara asintió con la cabeza y se fue, me quedé sola en el comedor, Crispina entró.
- Su padre Domina - dijo.
En ese momento mi padre entró al comedor, acompañado de mi hermano Diego.
- Hija mía - dijo - no puedo permitir que vivas sola en esta casa.
- Padre - dije levantándome - que bueno que haya sido venido.
Me acerque a mi padre lo abrace y lo bese en ambas mejillas, me acerque a mi hermano y sonreí, el me abrazo aparentando los labios, triste.
- Vine a acompañarte - dijo Diego - viviré contigo y con mi esposa.
- ¿Aquí en mi casa?
- Es lo mejor - dijo mi padre - estas divorciada y debes tener compañía.
- ¿Con quien te casaste? - pregunte intrigada.
- Con Dolores.
- ¡Dolores! - sonreí de alegría - pero ¿como? ¿Cuando fue?
- Estabas inconsciente y no sabíamos si despertarías así que nos casamos, Dplores pidió a la Diosa Venus que te ayude.
- Ya veo - dije cambiando la expresión poniendome seria - ¿Cuando vienen a vivir conmigo?
- Hoy mismo - dijo una voz dulce y aguda desde la puerta.
El delgado cuerpo de Dolores, con su pelo rojo se dejaba ver.
- ¡Amiga! - grité corriendo.
- Nos mudamos hoy mismo, tenía tantas ganas de verte - dijo Dolores abrazandome - tenemos que darle sabor a tu vida, no te aburriras conmigo.
- Yo se que no.
Rhonda entro con Beltrán, la mire y abrí moví los ojos mirando hacia una puerta que daba a otro ambiente, ella lo llevó allá.
- ¿Cuantos esclavos tienes? - dije.
- Todavía no tenemos esclavos - dijo Diego - pero tu vecina tiene un esclavo que es excelente haciendo pan y pensé en comprarlo.
- No tienen esclavos.
- Tenemos mi dote - sonrió Dolores - Diego administrará y tus bienes, viviremos muy bien.
- Bueno yo - mirándolos extrañada.
- Tranquila, hermana, papá te buscará otro esposo y cuando te cases de nuevo me mudare con mi esposa.
- No - dije enojada - yo no voy a casarme de nuevo.
Me aleje de ellos.
- Calmate hija, no será ahora ni el próximo año, te vas a recuperar de todo... Esto - dijo mirándome de arriba abajo - luego Dolores te presentará a sus amigos solteros y tendrás oportunidad de escoger, a un hombre con una gran fortuna, con tu dote multiplicada por los bienes que te dejo tu e, que esposo, serás la más requerida.
- Yo no quiero casarme con alguien que no me ama.
- Eso no volverá a pasar - dijo mi hermano - yo me asegurare de que nuestro padre no vuelva a forzarte a hacer algo que no quieres.
- Bueno, yo... Tengo algo que hacer. ¡Imara! - grité, ella entro a la habitación con paso veloz - encarga he ayuden a mi hermano y su esposa en una habitación, que venga Llengsrdaix y Nathan a mover las cosas, padre - dije - mi esclava Clotilde se fue con Horacio, escapando se de la casa.
- Yo me encargaré de eso hija - respondió.
Salí del comedor y me dirigí a donde estaban Rhonda y Beltrán, cerré la habitación.
- Eres una bestia - dije intranquila.
- Un licántropo - Respondió Beltrán - un hombre lobo.
- Hace unos días dijiste que harías todo lo que quisiera, que estas a mis servicios eternamente.
- Lo hice.
- Ya eres mi esclavo, tienes que hacer lo que yo te diga.
- Si eres mortal - dijo - eventualmente morirás y yo seré vendido a otro lanista, quizá junte suficiente dinero y compre mi libertad y me vaya, pero si usted es inmortal... No tiene nada que ver con la esclavitud.
- ¿Entonces con que?
- Quiero cuidar de usted.
- ¿Por que?
- Porque es mi deber hacerlo.
- ¿Por qué?
- Porque usted es bruja - interrumpió Rhonda.
La mire enojada, volví a mirar a Beltrán.
- Las brujas tienen un don que llaman dominio de bestias.
- Te escucho - dije.
- Cualquier ser sobrenatural sentirá el deseo desesperado e innato de querer cuidar y proteger de ti.
- No veo ese deseo desesperado en Rhonda - interrumpí.
- Es por la diosa que yace en usted.
- La diosa Venus - dije.
- La diosa doncella - respondió Beltrán - esa diosa solo puede cautivar bestias que son varones, las mujeres no tienen ese sentimiento.
Mire a Rhonda.
- Pero yo igual la cuidare con mi vida, señora, porque es usted mi domina.
- Ve por Griselda - dije - quiero verla - mire a Beltrán - ¿Me cuidaras entonces?
- Aun a costo de mi vida.
- Ya hablaremos otro día - dije - vuelve al ludus.
Beltrán se fue, Rhonda salió de la casa, fui a la habitación que quedó asignada para mi hermano y su esposa.
- Espero que les agrade mi casa.
- ¡Es un lugar hermoso! - dijo Dolores sonriendo.
- Yo se que si.
- Iré al ludus - dijo Diego.
Dolores me sonrió con picardia.
- Vamos al mercado - dijo.
- Estoy esperando visitas - dije - será mañana.
- ¡Oh! - dijo entristecida - bueno, por mi esta bien.
- Disculpame, desde lo que me paso no salgo de esta casa.
- No puedes estar encerrada por siempre.
- Si puedo - respondi.
- Comprare al esclavo de tu vecina - dijo.
- Puedes hacerlo - respondi - pero necesitas sirvientas.
- ¿Cuantas tienes tu?
- Tengo cuatro, una escapó, pero son cuatro. Imara, Rhonda, Crispina y Clotilde la que escapó.
- ¿Que castigo le darás?
- Ninguno, es una niña.
- Tienes que darle un castigo ejemplar, para que no vuelva a escapar.
La mire en silencio, impresionada por sus palabras.
- Mi esclava, no será tocada por el látigo, porque es mi sirvienta personal, no quiero que vuelvas a opinar sobre el trato que le doy a mis sirvientas, esta es mi casa.
Dolores apretó los labios mientas me escuchaba.
- Lo lamento tanto, no pensé que te sentirías ofendida por lo que te dije, es que yo pensé que...
- No pienses mejor - interrumpí.
- Lo lamento.
Rhonda entro a la habitación y me miro en silencio.
- Debo atender a una visita, luego regreso para conversar.
- Iré a mirar a los gladiadores entrenar - dijo Dolores.
- Si te veré allá luego.
Salí de la habitación y me fui a la mía, estada Griselda esperándome ahi.
- ¿En que me convertí?
- En un ser de luz.
- Un ser - suspirando - Griselda no te entiendo.
- Nesecito que se siente mi niña, esta historia es larga de contar.
Nos sentamos en mi cama, Griselda empezó a contarme una historia que empezó mucho antes de que yo naciera.
Dama Oscura
- ¿Con quien te casaste? - pregunte intrigada.
- Con Dolores.
- ¡Dolores! - sonreí de alegría - pero ¿como? ¿Cuando fue?
- Estabas inconsciente y no sabíamos si despertarías así que nos casamos, Dplores pidió a la Diosa Venus que te ayude.
- Ya veo - dije cambiando la expresión poniendome seria - ¿Cuando vienen a vivir conmigo?
- Hoy mismo - dijo una voz dulce y aguda desde la puerta.
El delgado cuerpo de Dolores, con su pelo rojo se dejaba ver.
- ¡Amiga! - grité corriendo.
- Nos mudamos hoy mismo, tenía tantas ganas de verte - dijo Dolores abrazandome - tenemos que darle sabor a tu vida, no te aburriras conmigo.
- Yo se que no.
Rhonda entro con Beltrán, la mire y abrí moví los ojos mirando hacia una puerta que daba a otro ambiente, ella lo llevó allá.
- ¿Cuantos esclavos tienes? - dije.
- Todavía no tenemos esclavos - dijo Diego - pero tu vecina tiene un esclavo que es excelente haciendo pan y pensé en comprarlo.
- No tienen esclavos.
- Tenemos mi dote - sonrió Dolores - Diego administrará y tus bienes, viviremos muy bien.
- Bueno yo - mirándolos extrañada.
- Tranquila, hermana, papá te buscará otro esposo y cuando te cases de nuevo me mudare con mi esposa.
- No - dije enojada - yo no voy a casarme de nuevo.
Me aleje de ellos.
- Calmate hija, no será ahora ni el próximo año, te vas a recuperar de todo... Esto - dijo mirándome de arriba abajo - luego Dolores te presentará a sus amigos solteros y tendrás oportunidad de escoger, a un hombre con una gran fortuna, con tu dote multiplicada por los bienes que te dejo tu e, que esposo, serás la más requerida.
- Yo no quiero casarme con alguien que no me ama.
- Eso no volverá a pasar - dijo mi hermano - yo me asegurare de que nuestro padre no vuelva a forzarte a hacer algo que no quieres.
- Bueno, yo... Tengo algo que hacer. ¡Imara! - grité, ella entro a la habitación con paso veloz - encarga he ayuden a mi hermano y su esposa en una habitación, que venga Llengsrdaix y Nathan a mover las cosas, padre - dije - mi esclava Clotilde se fue con Horacio, escapando se de la casa.
- Yo me encargaré de eso hija - respondió.
Salí del comedor y me dirigí a donde estaban Rhonda y Beltrán, cerré la habitación.
- Eres una bestia - dije intranquila.
- Un licántropo - Respondió Beltrán - un hombre lobo.
- Hace unos días dijiste que harías todo lo que quisiera, que estas a mis servicios eternamente.
- Lo hice.
- Ya eres mi esclavo, tienes que hacer lo que yo te diga.
- Si eres mortal - dijo - eventualmente morirás y yo seré vendido a otro lanista, quizá junte suficiente dinero y compre mi libertad y me vaya, pero si usted es inmortal... No tiene nada que ver con la esclavitud.
- ¿Entonces con que?
- Quiero cuidar de usted.
- ¿Por que?
- Porque es mi deber hacerlo.
- ¿Por qué?
- Porque usted es bruja - interrumpió Rhonda.
La mire enojada, volví a mirar a Beltrán.
- Las brujas tienen un don que llaman dominio de bestias.
- Te escucho - dije.
- Cualquier ser sobrenatural sentirá el deseo desesperado e innato de querer cuidar y proteger de ti.
- No veo ese deseo desesperado en Rhonda - interrumpí.
- Es por la diosa que yace en usted.
- La diosa Venus - dije.
- La diosa doncella - respondió Beltrán - esa diosa solo puede cautivar bestias que son varones, las mujeres no tienen ese sentimiento.
Mire a Rhonda.
- Pero yo igual la cuidare con mi vida, señora, porque es usted mi domina.
- Ve por Griselda - dije - quiero verla - mire a Beltrán - ¿Me cuidaras entonces?
- Aun a costo de mi vida.
- Ya hablaremos otro día - dije - vuelve al ludus.
Beltrán se fue, Rhonda salió de la casa, fui a la habitación que quedó asignada para mi hermano y su esposa.
- Espero que les agrade mi casa.
- ¡Es un lugar hermoso! - dijo Dolores sonriendo.
- Yo se que si.
- Iré al ludus - dijo Diego.
Dolores me sonrió con picardia.
- Vamos al mercado - dijo.
- Estoy esperando visitas - dije - será mañana.
- ¡Oh! - dijo entristecida - bueno, por mi esta bien.
- Disculpame, desde lo que me paso no salgo de esta casa.
- No puedes estar encerrada por siempre.
- Si puedo - respondi.
- Comprare al esclavo de tu vecina - dijo.
- Puedes hacerlo - respondi - pero necesitas sirvientas.
- ¿Cuantas tienes tu?
- Tengo cuatro, una escapó, pero son cuatro. Imara, Rhonda, Crispina y Clotilde la que escapó.
- ¿Que castigo le darás?
- Ninguno, es una niña.
- Tienes que darle un castigo ejemplar, para que no vuelva a escapar.
La mire en silencio, impresionada por sus palabras.
- Mi esclava, no será tocada por el látigo, porque es mi sirvienta personal, no quiero que vuelvas a opinar sobre el trato que le doy a mis sirvientas, esta es mi casa.
Dolores apretó los labios mientas me escuchaba.
- Lo lamento tanto, no pensé que te sentirías ofendida por lo que te dije, es que yo pensé que...
- No pienses mejor - interrumpí.
- Lo lamento.
Rhonda entro a la habitación y me miro en silencio.
- Debo atender a una visita, luego regreso para conversar.
- Iré a mirar a los gladiadores entrenar - dijo Dolores.
- Si te veré allá luego.
Salí de la habitación y me fui a la mía, estada Griselda esperándome ahi.
- ¿En que me convertí?
- En un ser de luz.
- Un ser - suspirando - Griselda no te entiendo.
- Nesecito que se siente mi niña, esta historia es larga de contar.
Nos sentamos en mi cama, Griselda empezó a contarme una historia que empezó mucho antes de que yo naciera.
Dama Oscura
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