lunes, 16 de septiembre de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XXI

La noche estaba iluminada por la luna creciente, mire a Rhonda que nos acompañaba un poco distanciada de nosotras, temía que aunque no esté la luna completa ella cambiara, caminábamos por las oscuras calles de la ciudad camino a la fiesta, Dolores iba contándome lo divertidas que eran, me puse una peluca de pelo negro que tenía una hermosa trenza que cubría la cicatriz en mi cabeza, Dolores había maquillado mi rostro de tal manera que disminuía los desperfectos en el.
Rhonda iba atrás de nosotras y yo volteaba de rato en rato para asegurarme que nos seguía, que aún estaba ahí pues sus pasos eran imperceptibles desde aquella vez...
- Te va a encantar la mascarada - dijo Dolores mientras caminábamos - Diana es una de las mejores anfitrionas de la ciudad.
- Si - dije volteando a mirar a Rhonda - me lo imagino.
- Querida - dijo Dolores bajando el tono de voz - ¿Te sientes bien?
- ¿A que viene esta pregunta? - dije sonriendo.
- Te noto distraída y me preocupas.
- Estoy bien, tranquila.
Volví a darme la vuelta par mirar a Rhonda y ella no estaba.
- Dolores - murmuré - corre.
Dolores me miro confundida, no entendió a que me refería.
- ¡Corre! - grite - ¡Trae ayuda! - la empujé.
Ella empezó a caminar rápido, en eso dos hombres aparecieron detrás de mi, Dolores grito del susto y emprendió a la carrera gritando, pidiendo ayuda, me di la vuelta y los mire.
- No tengo dinero - dije alejándome un poco de ellos.
Traian capuchas, pero los escuchaba murmurar, se reían maliciosamente.
- ¡Rhonda! - grite.
Me agarraron de los brazos y empezaron a quitarme la ropa jalando con fuerza hasta romperla, me sacaron la peluca de la cabeza y la máscara, se rieron.
- ¡Déjenme! - dije forcejeando con ellos - ¡Rhonda! - volví a gritar.
Me arrastraron hacia un callejón, vi a Rhonda tirada en un rincón, le habían golpeado la cabeza para dejarla inconsciente, uno de los sujetos me aprisiono los brazos sujetando desde mi espalda, levantándome y empecé a patear al otro, me habían desnudado totalmente.
- Es una joven romana - ese acento, eran extranjeros.
Había escuchado que una caravana de comerciantes árabes habían llegado a la ciudad, por eso Dolores había insistido en ir al mercado, ella quería encontrar lo mejor para comprarlo primero, quizá lo había hecho.
El sujeto me había sujetado las piernas en su cintura.
- No demores - dijo el otro - yo también quiero.
El que estaba delante de mi se rio mientras buscaba entre mis piernas y entró en ellas.
Grité, llamaba a Rhonda quien no reaccionaba, miraba al cielo esperando que alguien me ayude, pero nadie llegó, cuando el sujeto terminó el otro también me violo, en realidad yo ya estaba acostumbrada, cortesía de Horacio, pero no así, no en el miardal de la ciudad, en un callejón oscuro entre el estiércol...
Cuando terminaron orinaron sobre mi mientras reían.
Uno se acerco a mirarme de cerca y pude notar sus ojos verdes.
- Horacio te manda saludos - dijo, volvió a sonreír, su aliento apestaba más que el excremento de la ciudad, se fueron.
Me dolía el cuerpo como en mucho tiempo no me había dolido, las piernas no me respondían, así que me arrastre sobre mi pecho jalándome sobre mi, hasta que la alcance, ella estaba tirada boca abajo, jale su cuerpo poniéndola boca arriba y le limpie la cara embarrada.
- Rhonda - murmuré - despierta - empecé a jadear, me puse sobre ella y la abrace, puse mi oreja en su pecho, su corazón aún latía, solo estaba inconsciente - Rhonda por favor despierta - dije una vez más justo antes de perder el conocimiento.
Desperté en mi cama, Griselda estaba limpiando mi cara.
- Que bueno que despiertas - dijo sonriendo.
- ¿Que pasó? - murmure tocándome la cabeza.
- Te violaron.
- Eso ya lo se - dije renegando - me refiero a Rhonda.
- Ella sufrió un golpe en la cabeza pero gracias a que no es del todo humana, se recuperó pronto esta mucho mejor ahora.
- ¿Estuve muchos días dormida?
- A penas unas horas, pero estarás bien mi niña, tranquila.
Dolores entro a la habitación.
- ¡Amiga! - dijo con un tono de angustiada - lo lamento tanto, cuando llegamos con los soldados solo te encontramos tirada abrazando a Rhonda, estabas totalmente desnuda y solo te trajimos.
- Fue Horacio - murmuré - el los mando a hacerme esto.
- Entonces mi esposo se hará cargo.
- No - dije - no le digas nada a mi hermano - sentandome en la cama - lo que estos sujetos me hicieron no es nada comparado con lo que me hacia Horacio cada día mientras vivíamos juntos.
- Pero esto no se puede quedar así, el tiene prohibido acercarse a ti.
- El no se acerco a mi - sonreí - quiero ver a Rhonda.
- Esta limpiando la casa.
- Rhonda no es sirvienta de limpieza - dije.
- Tranquila, solo es una esclava - dijo afinando aún más la voz.
- Dolores - dije - no quiero que le des órdenes a mis esclavas - dije.
- No es para tanto.
- Dejame sola.
Me volví a acostar.

Dama Oscura

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