Cuando menos lo imagine, ya me había acostumbrado a la presencia de Cristina en la casa, sabía que era la amante de Derek y no me importaba, me pasaba horas, días enteros, planeando como saldría de esa casa con mis hijos…
Me miraba al espejo constantemente inspeccionando mi cuerpo… Parecía una anciana de sesenta años.
Lloraba largas horas lamentando mi situación, me sentía atrapada, quería librarme.
Una tarde, fui a visitar a mi madre, cuando me vio, se asustó.
Le conté todo, lo que había vivido todo este tiempo, lo que descubrí de Derek, lo que me estaba haciendo, sobre Cristina, todo, le conté mientras lloraba, ella me abrazo.
Entonces me dijo, que no podía ayudarme, el sueldo de mi padre no alcanzaba, se había endeudado con un préstamo que hizo para pagar una operación que ella tuvo y ahora cobraba la mitad, yo tenía muchos hijos, si fuera uno, o quizá dos, podrían recibirme, pero eran demasiados, muchos niños para criar, no había lugar en la casa, me dijo que lo lamentaba, pero… tendría que solucionar mis problemas yo sola, de cualquier forma, esto es consecuencia de mis propias decisiones.
Continué llorando en brazo de mi madre y ella finalizo diciendo “Encontraras la manera de solucionarlo todo, eres muy inteligente”.
*****
Y aquí estaba yo, en una aplicación para buscar clientes, vendiendo mi cuerpo, después del primero el segundo ya no fue tan difícil.
- Hola Carolina.
- Hola amor, ¿Cómo estás?
- Bien, extrañándote, ¿Puedes verme ahora?
- Sí, claro, dime donde te veo.
- Iré al hospedaje Afrodita.
Me levante de la cama para alistarme.
- ¿Vas a salir?
- Sí, tengo un cliente.
- Qué bueno, estas teniendo tres citas por semana, estas mejorando.
- Ya me estoy acostumbrando.
Tatiana era mi única compañía en estos momentos de amargura de mi vida.
Mis días eran monótonos, cada día me levantaba y hacia mis cosas en el departamento, como Tatiana y yo nos desvelábamos dormíamos hasta tarde, cocinar era cosa mía, ella lavaba los platos, y al llegar la noche, revisar la aplicación de citas para ver si algún potencial cliente había escrito.
En ese momento, mientras me alistaba para ver a este cliente nuevo, me di cuenta que mi vida estaba yendo sin rumbo.
¿Es que acaso todo acabo para mí?
No podía creer que estaba considerando que mi vida había acabado, yo, tenía la universidad, estaba por terminar mis estudios… ya no recordaba nada de lo que había estudiado.
¿Es esto realmente la muerte?
No encontrarle sentido a la vida, vivir con desgano y con el alma rota en pedazos.
Me baje del motocarro y entre al hospedaje, ya había ido ahí varias veces y el empleado me conocía, pase directamente a la habitación.
- Hola Carolina – dijo aquel hombre cincuentón al verme – estas hermosa hoy.
- Siempre me alegra verte amor – respondí.
Este sujeto siempre pagaba servicio de dos horas, pero solo era para echarnos en la cama a ver televisión, alguna película que estén pasando en ese momento y cuando termine coger por cinco minutos, no duraba mucho.
Le gusta que lo abrace y que estemos echados en la cama, para mí era dinero fácil, dinero muy fácilmente ganado.
Era muy obeso y su pene era muy pequeño, aunque yo siempre le mentía diciendo que era un toro en la cama y gemía como loca los pocos minutos que se ponía detrás de mí.
A los hombres les gusta mucho tener a las mujeres en cuatro y darles así.
Para mí era mejor porque entonces no los tenía encima mío sintiendo su asqueroso olor.
Hay algunos hombres que se bañan bien antes de verme, pero hay otros que no se bañan y les apesta la verga.
Es muy molesto que los hombres no se bañen, entonces debo de manera delicada llevarlos a bañar, Tatiana me enseño las formas que podemos hacer que los hombres se bañen antes de coger con ellos, aunque encontré algunos tan ansiosos que no quieren escuchar mi petición y quieren hacerlo así.
Siempre he usado preservativos, hubo un hombre que quiso pagarme el triple por hacerlo sin condón, pero lo rechace, me dijo que estaba muy enamorado de mí y quería hacerme únicamente suya, no como un cliente más, sino piel con piel, al natural, lo rechace siempre, Tatiana me advirtió mucho de estos hombres, las enfermedades en la ciudad de Iquitos son muy altas y podría contagiarme de cualquier cosa, la sífilis es una enfermedad muy común aquí.
- Ven aquí amor – dijo dándome una suave palmada en la nalga mientras se acomodaba echado.
Sonreí y saque un preservativo, le chupe la verga como siempre hacia y se lo puse, lo tenía bien parado y me senté encima, este era diferente, este solo quería que yo me ponga encima suyo y “disfrute” de él, claro que no duraba mucho, mientras yo me muevo encima de su verga el me frota todo el cuerpo con las manos, sujeta mis tetas, me frota todo, me sujeta las nalgas y en diez minutos o menos, me presiona sobre si y gime, entonces yo también me muevo mucho gimiendo, me sujeto las tetas y me muerdo los labios… él tiene su virilidad de vuelta, yo tengo mi dinero.
Me paga cien soles por las dos horas, él era uno de mis primeros clientes, pese a que había subido la tarifa por hora a ochenta soles, le seguía cobrando a él cincuenta soles la hora.
- ¿Estas disponible?
A penas terminé de bañarme el teléfono sonó, lo revisé y respondí.
- Hola amor, voy a donde tú quieras, cobro ochenta soles por hora.
- No quiero pagar por hora, quiero pagar por sesión, ¿Cuánto cobra?
Nunca nadie me había pedido que le cobre por sesión, le escribí a Tatiana y ella me dijo que le cobre cien soles.
- Amor, una sesión sin hora fija cuesta cien soles.
- Está bien, ven al hospedaje Kamasutra.
Me despedí de mi cliente quien me dijo que me escribirá la siguiente semana como siempre, salí del hospedaje y me subí al primer motocarro que encontré.
Llegue al hospedaje y toque la habitación que me indico.
- ¿Cómo llamas?
- Soy Carolina amor – dije entrando.
- Soy Héctor, entra.
Otro viejo y gordo… estos me abundaban.
- Treinta y un años.
- Eres bonita, vamos a la cama, quiero que primero te saques la ropa lentamente para mí, luego me vas a quitar la ropa a mí, me vas a lamer el cuerpo y me lo chuparas, luego de voy a follar.
Me quede en silencio sin saber cómo reaccionar.
- ¿Algún problema?
- Es que, nunca me habían pedido algo así.
- No te preocupes, no te hare daño, no me gusta golpear.
- ¿Ya se bañó?
- Si, antes de salir de mi casa, vamos, empieza, solo tengo cuarenta minutos.
Me quite la ropa lentamente mientras él me observaba fijamente, cuando quede totalmente desnuda el hizo un gesto de asco.
- ¿Tienes hijos?
- Si, ¿Por qué?
- Maldita sea, pensé que eras doncella… no me gustan las mujeres que tienen el cuerpo desgastado por el embarazo… vístete.
- ¿Cómo?
- ¡Que te vistas carajo! – grito.
- Está bien.
Agarré mi ropa y empecé a vestirme.
- Maldición, debí preguntar eso antes de hacerte venir, toma para tu motocarro – aventó un billete de cincuenta soles, lo agarre rápidamente, termine de vestirme y salí, casi corriendo de ahí.
No estaba completamente segura de lo que había pasado.
Empecé a caminar por la avenida 28 de julio lentamente pensando…
Encontré una plaza y me senté en una banca, había caminado mucho, empecé a llorar, no podía creer lo que me había pasado…
- ¿Se encuentra usted bien?
- Si – dije sin levantar la mirada.
- ¿Necesita ayuda?
- No, gracias, déjeme sola.
- A veces la vida no es como uno espera – dijo sin hacerme caso – una tiene que ser fuerte y enfrentar la vida con valentía, si haces las cosas equivocadas por el motivo correcto, todo saldrá bien al final.
Levante la mirada y observe a un travesti alto, musculoso, con maquillaje exagerado, parado delante de mí.
- ¿Por qué me dices eso?
- Esa forma de vestir la conozco muy bien… ¿alguien te hizo algo que no quisiste?
- No, nada de eso…
- Si quieres, puedes contarme lo que te paso.
- ¿Cómo te llamas?
- Jesús.
- Yo soy María Rosa.
- ¿Es tu nombre clave o tu nombre real?
- Mi nombre real, a veces olvido que me llamo así.
Jesús se sentó a mi lado.
- Cuéntame, ¿Qué te paso?
Le conté a Jesús como me sentía en ese momento, lo que me había pasado con aquel sujeto y el me animo, luego me dijo que él tenía contactos importantes y que podía ayudarme, que si yo quería, podía ganar mucho más dinero, además que nos iríamos de fiestas a los lugares más lujosos de la ciudad le dije que podría probar un tiempo y si mis ganancias aumentaban pues trabajaríamos juntos, me dio su número y lo apunte, me dijo que el solo trabaja los viernes y sábados, ya que son días de fiesta en la ciudad que el resto de la semana hiciera lo que quiera pero que esos dos días debía estar con él, era viernes cuando lo encontré así que al día siguiente lo vería.
Acepte, me acompaño hasta el motocarro y se despidió de mí, me dijo que duerma bien antes de salir porque será una noche muy larga.
Dama Oscura
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