- ¡María! – gritaba Tatiana mientras me zarandeaba en la cama - ¡María! – seguía moviéndome.
- Que pasaa – dije estirándome.
- Tu celular va sonando como cinco veces mujer, ¿no piensas responder? Puede ser un cliente.
Agarré mi Celular y cuando estaba por entrar al registro de llamada volvió a sonar, respondí.
- ¿Aló?
- ¡María! Por fin respondes.
La voz de Jesús se escuchó al otro lado.
- ¡Dime! – dije bostezando.
- Ven al Pardo, te espero aquí, vamos a encontrarnos con unos cueros y necesito cinco chicas.
- ¿Cuánto hay para mí?
- Pues cien soles como quedamos, apúrate, ponte muy bonita.
- Está bien.
Colgué la llamada y me quité la ropa para ingresar al baño, Tatiana se acercó a mi curiosa.
- ¿A dónde vas?
- Conocí a alguien anoche, me pondrá los clientes.
- ¿Un chulo?
- Si, algo así - dije distraida.
- Mira, tienes que tener cuidado con eso.
- ¿Por qué?
- Los chulos suelen cobrar el doble de lo que le dan a una, cuando termines con el cliente, dale tu número y dile que, si quiere volver a verte, que te llame a ti directamente.
- O sea – dije saliendo de la ducha – si está pagándome cien soles, él está cobrando doscientos soles.
- Si, así es, si vas a trabajar con él, que sea por un tiempo hasta que consigas una lista de clientes, los que vienen a la ciudad varias veces al año son los mejores, siempre buscan compañía.
- Entiendo.
- Tienes que pintarte los ojos con una sombra más fuerte, el rosado no es llamativo.
- No quiero pintarme de manera exagerada.
- Tienes que, estarán en una discoteca, y lleva preservativos extra, a veces se ponen creativos.
- Estoy nerviosa – dije entrando en pánico - ¿No quieres acompañarme?
- No sé… ¿Cómo se llama tu chulo?
- Jesús.
- ¡Aah! Jesús, si lo conozco.
- ¿Y qué tal es?
- Te va a cuidar.
- El siempre procura que todas las chicas estemos cerca por si ocurre algo.
- No sé, ya me dio miedo.
- No te preocupes, no harás nada diferente a lo que ya haces, además, si le agradas a tu cliente tendrás propina, y será dinero extra por tu parte.
- ¿Entonces voy?
- Si claro, ve tranquila, igual cuando llegues al hospedaje me dices dónde estás y en qué habitación por si te demoras yo ya sé.
- Está bien.
Terminé de alistarme y salí directo al Pardo, di un par de vueltas alrededor de la pista y alguien me sorprendió por atrás, era Jesús.
- Ven aquí amiga.
Nos acercamos a una rueda donde había tres chicas más y cinco varones.
- Caballeros, les presento a una amiga.
- Soy Verónica – dije sonriendo, me acerqué a cada uno dándoles un beso en la mejilla.
- Son de Trujillo, vinieron a un proyecto de construcción en la ciudad.
Pronto se nos acercó otra chica, quien se presentó como Samanta, tomamos, bailamos, reimos, cantamos y cuando ya avanzaba la noche, los caballeros empezaron a retirarse cada uno con su chica, uno se acercó a mí.
- ¿Quieres venir conmigo?
- ¿A dónde?
Él se rió
- A mi habitación.
- Oh, claro.
- Excelente.
Acompañé al hombre a su habitación, Jesús nos alcanzó en la habitación del hospedaje entré al baño, no había puerta, los escuche susurrar.
- Ya, ya, trescientos – dijo Jesús.
- ¿Qué? Me dijiste ciento cincuenta.
- Pero se quedará todo el tiempo que tú quieras, además mírala, es muy bonita y se ve que es muy cariñosa.
- Tiene hijos, seguro que tiene el cuerpo con arrugas.
- ¿Y eso que tiene que ver? Las madres son más tiernas, ya págame, o me la llevo.
- Si, si, está bien, espero que valga la pena.
- Tienes que soltarla en tres horas, entiendes.
- Si, ya sé.
- Nada de golpes, ni de embriagarla, mucho menos practicas extrañas que podrían hacerle daño.
- Ya sé – dijo hastiado – eres muy pesado.
- Ya me voy, disfrútalo.
Jesús salió de la habitación.
- Oye, no te dormiste, ¿no?
- Aquí estoy – dije saliendo del baño sonriendo.
- ¿Quieres comer algo? Voy a pedir delivery.
- Ah… come lo que quieras.
- Si pido para mí solo, no te daré de mi parte, así que dime lo que quieras comer.
- Una hamburguesa.
- Está bien.
- ¿Qué quieres hacer? – dije dudando.
- Quiero comer primero, luego vemos, ¿Cómo te llamas?
- Soy Verónica – dije sentándome en la cama.
- Lindo nombre, soy Martin, mucho gusto.
- El gusto es mío.
- ¿Hace mucho te dedicas a esto?
- No, hace poco, nada más.
- ¿Por qué lo haces?
- Necesito mucho dinero, y necesito conseguirlo en muy poco tiempo.
- ¿Por qué?
- Necesito comprar una casa para vivir con mis hijos.
- Ya veo, entonces, cuando logres eso, ¿a qué te dedicarás?
- No lo sé, no he pensado en eso todavía, me gustaría poner un negocio y dejar este trabajo.
- Bueno – dijo sentándose a mi lado – dejemos las charlas tristes para otro momento.
- Está bien – sonreí.
- ¿Cómo te gustaría hacerlo?
- Como tú quieras, estoy para hacer lo que quieras.
El acaricio mi cara y empezó a quitarme la ropa… la puerta sonó, él se levantó y abrió, era la comida que pidió, la recibió, la puso sobre la mesa y se sentó en la cama de nuevo.
- ¿En qué estábamos?
Lo besé, mientras el sujetó mi cintura sacándome la blusa, empecé a desnudarlo yo también, nos echamos en la cama rozando la piel de nuestros cuerpos.
Intento penetrarme y lo detuve.
- El preservativo – murmuré.
Sacó un preservativo de un cajón que había en la mesita al lado de su cama y se lo puso rápidamente, se puso encima de mí.
Empezó a moverse de forma brusca y muy rápido besándome el cuello y el cuerpo.
El tiempo que estuvo encima de mi fue interminable, luego se detuvo.
- Ven arriba – dijo.
De un solo movimiento nos dio la vuelta en la cama y yo estaba encima de él.
- Muévete – dijo dando un suave golpe en mi trasero.
Empecé a moverme encima de él, mientras el disfrutaba el momento, tocando mis pechos caídos, cerrando los ojos, presionándome sobre él, estuve así por un rato.
- Ponte en cuatro – murmuró de nuevo.
Me bajé de él y me puse boca abajo en la cama, él se puso detrás de mi sujetando mi cintura con fuerza jalándome hacia él, lo hizo por un rato más, y luego me presiono con fuerza haciendo un gemido y luego relajándose.
Se acostó a mi lado y lo miré estirarse en la cama.
Entré al baño, oriné y luego me lave el cuerpo, salí y me puse la ropa.
- Hay una hamburguesa para ti en la mesa, y veinte soles para tu pasaje, ya le pagué a Jesús por tu servicio.
- Está bien – dije, terminé de vestirme, tome la hamburguesa y el dinero, llame a Jesús.
- Aló – respondió bostezando.
- Ya salí, ¿Dónde estás? Necesito que me pagues.
- Ya voy, no te vayas del hospedaje – dijo y colgó.
Esperé en la recepción por al menos quince minutos hasta que llegó Jesús, entró buscándome.
- Ven – sonrió.
- Hola – me acerque a él, me sujeto de la mano y salimos del hospedaje – toma – dijo dándome cien soles.
- Le cobraste trescientos soles.
- Tuve que pagar el consumo en el Pardo, es lo justo.
Me quedé mirándolo.
- Está bien, mira, por ser la primera vez, te daré los trescientos soles - dijo sacando doscientos soles más - pero la próxima vez, es cien soles para ti, ¿entiendes?
- Quiero la mitad de lo que cobres.
- ¿La mitad?
- Si, la mitad.
- Esta bien - dijo frotándose la cabeza - la mitad, pero no se lo digas a las demás chicas.
- Si, está bien.
Tomé el dinero y me subí al primer motocarro que pasó.
Dama Oscura
No hay comentarios:
Publicar un comentario