martes, 11 de mayo de 2021

MUERTA EN VIDA - CAPÍTULO III

 - ¡María! – gritaba Tatiana mientras me zarandeaba en la cama - ¡María! – seguía moviéndome.

- Que pasaa – dije estirándome.

- Tu celular va sonando como cinco veces mujer, ¿no piensas responder? Puede ser un cliente.

Agarré mi Celular y cuando estaba por entrar al registro de llamada volvió a sonar, respondí.

- ¿Aló?

- ¡María! Por fin respondes.

La voz de Jesús se escuchó al otro lado.

- ¡Dime! – dije bostezando.

- Ven al Pardo, te espero aquí, vamos a encontrarnos con unos cueros y necesito cinco chicas.

- ¿Cuánto hay para mí?

- Pues cien soles como quedamos, apúrate, ponte muy bonita.

- Está bien.

Colgué la llamada y me quité la ropa para ingresar al baño, Tatiana se acercó a mi curiosa.

- ¿A dónde vas?

- Conocí a alguien anoche, me pondrá los clientes.

- ¿Un chulo?

- Si, algo así - dije distraida.

- Mira, tienes que tener cuidado con eso.

- ¿Por qué?

- Los chulos suelen cobrar el doble de lo que le dan a una, cuando termines con el cliente, dale tu número y dile que, si quiere volver a verte, que te llame a ti directamente.

- O sea – dije saliendo de la ducha – si está pagándome cien soles, él está cobrando doscientos soles.

- Si, así es, si vas a trabajar con él, que sea por un tiempo hasta que consigas una lista de clientes, los que vienen a la ciudad varias veces al año son los mejores, siempre buscan compañía.

- Entiendo.

- Tienes que pintarte los ojos con una sombra más fuerte, el rosado no es llamativo.

- No quiero pintarme de manera exagerada.

- Tienes que, estarán en una discoteca, y lleva preservativos extra, a veces se ponen creativos.

- Estoy nerviosa – dije entrando en pánico - ¿No quieres acompañarme?

- No sé… ¿Cómo se llama tu chulo?

- Jesús.

- ¡Aah! Jesús, si lo conozco.

- ¿Y qué tal es?

- Te va a cuidar.

- El siempre procura que todas las chicas estemos cerca por si ocurre algo.

- No sé, ya me dio miedo.

- No te preocupes, no harás nada diferente a lo que ya haces, además, si le agradas a tu cliente tendrás propina, y será dinero extra por tu parte.

- ¿Entonces voy?

- Si claro, ve tranquila, igual cuando llegues al hospedaje me dices dónde estás y en qué habitación por si te demoras yo ya sé.

- Está bien.

Terminé de alistarme y salí directo al Pardo, di un par de vueltas alrededor de la pista y alguien me sorprendió por atrás, era Jesús.

- Ven aquí amiga.

Nos acercamos a una rueda donde había tres chicas más y cinco varones.

- Caballeros, les presento a una amiga.

- Soy Verónica – dije sonriendo, me acerqué a cada uno dándoles un beso en la mejilla.

- Son de Trujillo, vinieron a un proyecto de construcción en la ciudad.

Pronto se nos acercó otra chica, quien se presentó como Samanta, tomamos, bailamos, reimos, cantamos y cuando ya avanzaba la noche, los caballeros empezaron a retirarse cada uno con su chica, uno se acercó a mí.

- ¿Quieres venir conmigo?

- ¿A dónde?

Él se rió 

- A mi habitación.

- Oh, claro.

- Excelente.

Acompañé al hombre a su habitación, Jesús nos alcanzó en la habitación del hospedaje entré al baño, no había puerta, los escuche susurrar.

- Ya, ya, trescientos – dijo Jesús.

- ¿Qué? Me dijiste ciento cincuenta.

- Pero se quedará todo el tiempo que tú quieras, además mírala, es muy bonita y se ve que es muy cariñosa.

- Tiene hijos, seguro que tiene el cuerpo con arrugas.

- ¿Y eso que tiene que ver? Las madres son más tiernas, ya págame, o me la llevo.

- Si, si, está bien, espero que valga la pena.

- Tienes que soltarla en tres horas, entiendes.

- Si, ya sé.

- Nada de golpes, ni de embriagarla, mucho menos practicas extrañas que podrían hacerle daño.

- Ya sé – dijo hastiado – eres muy pesado.

- Ya me voy, disfrútalo. 

Jesús salió de la habitación.

- Oye, no te dormiste, ¿no?

- Aquí estoy – dije saliendo del baño sonriendo.

- ¿Quieres comer algo? Voy a pedir delivery.

- Ah… come lo que quieras.

- Si pido para mí solo, no te daré de mi parte, así que dime lo que quieras comer.

- Una hamburguesa.

- Está bien.

- ¿Qué quieres hacer? – dije dudando.

- Quiero comer primero, luego vemos, ¿Cómo te llamas?

- Soy Verónica – dije sentándome en la cama.

- Lindo nombre, soy Martin, mucho gusto.

- El gusto es mío.

- ¿Hace mucho te dedicas a esto?

- No, hace poco, nada más.

- ¿Por qué lo haces?

- Necesito mucho dinero, y necesito conseguirlo en muy poco tiempo.

- ¿Por qué?

- Necesito comprar una casa para vivir con mis hijos.

- Ya veo, entonces, cuando logres eso, ¿a qué te dedicarás?

- No lo sé, no he pensado en eso todavía, me gustaría poner un negocio y dejar este trabajo.

- Bueno – dijo sentándose a mi lado – dejemos las charlas tristes para otro momento.

- Está bien – sonreí.

- ¿Cómo te gustaría hacerlo?

- Como tú quieras, estoy para hacer lo que quieras.

El acaricio mi cara y empezó a quitarme la ropa… la puerta sonó, él se levantó y abrió, era la comida que pidió, la recibió, la puso sobre la mesa y se sentó en la cama de nuevo.

- ¿En qué estábamos?

Lo besé, mientras el sujetó mi cintura sacándome la blusa, empecé a desnudarlo yo también, nos echamos en la cama rozando la piel de nuestros cuerpos.

Intento penetrarme y lo detuve.

- El preservativo – murmuré.

Sacó un preservativo de un cajón que había en la mesita al lado de su cama y se lo puso rápidamente, se puso encima de mí.

Empezó a moverse de forma brusca y muy rápido besándome el cuello y el cuerpo.

El tiempo que estuvo encima de mi fue interminable, luego se detuvo.

- Ven arriba – dijo.

De un solo movimiento nos dio la vuelta en la cama y yo estaba encima de él.

- Muévete – dijo dando un suave golpe en mi trasero.

Empecé a moverme encima de él, mientras el disfrutaba el momento, tocando mis pechos caídos, cerrando los ojos, presionándome sobre él, estuve así por un rato.

- Ponte en cuatro – murmuró de nuevo.

Me bajé de él y me puse boca abajo en la cama, él se puso detrás de mi sujetando mi cintura con fuerza jalándome hacia él, lo hizo por un rato más, y luego me presiono con fuerza haciendo un gemido y luego relajándose.

Se acostó a mi lado y lo miré estirarse en la cama.

Entré al baño, oriné y luego me lave el cuerpo, salí y me puse la ropa.

- Hay una hamburguesa para ti en la mesa, y veinte soles para tu pasaje, ya le pagué a Jesús por tu servicio.

- Está bien – dije, terminé de vestirme, tome la hamburguesa y el dinero, llame a Jesús.

- Aló – respondió bostezando.

- Ya salí, ¿Dónde estás? Necesito que me pagues.

- Ya voy, no te vayas del hospedaje – dijo y colgó.

Esperé en la recepción por al menos quince minutos hasta que llegó Jesús, entró buscándome.

- Ven – sonrió.

- Hola – me acerque a él, me sujeto de la mano y salimos del hospedaje – toma – dijo dándome cien soles.

- Le cobraste trescientos soles.

- Tuve que pagar el consumo en el Pardo, es lo justo.

Me quedé mirándolo. 

- Está bien, mira, por ser la primera vez, te daré los trescientos soles - dijo sacando doscientos soles más - pero la próxima vez, es cien soles para ti, ¿entiendes?

- Quiero la mitad de lo que cobres.

- ¿La mitad? 

- Si, la mitad.

- Esta bien - dijo frotándose la cabeza - la mitad, pero no se lo digas a las demás chicas.

- Si, está bien.

Tomé el dinero y me subí al primer motocarro que pasó. 


Dama Oscura

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