domingo, 18 de abril de 2021

MUERTA EN VIDA - CAPÍTULO I

Cuando haz caído al fondo del pozo y estas totalmente enlodado, tienes dos opciones, hundirte en el fango hasta morir o escalar y salir… de todas maneras, más bajo no puedes caer.

En el periodo que viví con Tatiana, antes de poder tener a mis hijos conmigo, ella me enseño cosas básicas sobre ser una dama de compañía; como contactar con los clientes, como tratarlos, que decirles cuando estoy con ellos, todas estas cosas que una debe saber para dar una buena atención.

Ser atenta, cariñosa y coqueta eran cosas primordiales, me compre muchos encajes, baby dolls, me tome fotos provocativas, me preparé mentalmente para hacer esto… pero, en realidad, una nunca esta totalmente preparada para todo lo que le toca vivir en este mundo.

Me registre en algunas aplicaciones que me sirvieron para contactar mis primeros clientes y publique fotos mías en los trajes que compre, empecé a ir al gimnasio para poder mantener mi cuerpo en forma, después de tantos embarazos casi seguidos, mi cuerpo era una masa de carne derramada que no estaba para nada firme.

Mi primer cliente, fue un hombre que me contacto por una página, yo me registre en todas (tres en total) con el seudónimo “Carolina” me compre un celular prepago y abrí una cuenta de Facebook donde solo publicaba fotos de mi cuerpo en trajes sensuales donde no se veía mi cara, solo mi cuerpo, el cuerpo de “Carolina” procuré que mi familia no se entere de lo que estaba haciendo con mi vida, que no encontré otra salida más que esta, quizá fue desesperación, quizá fue la rabia que me consumía por dentro por lo que Derek me hizo, quizá fue la intención oculta de querer lastimarlo, guardaba dentro de mí la idea de que él, alguna vez, me quiso, que volverá pidiendo perdón, que me buscara, que volverá a ser como al principio, cuando él me amaba… pero ese día no llegaba, entonces decidí que lo haría, me revolcaría con cuanto hombre me ofreciera dinero y dejaría que él, de alguna manera, se entere.


*****


- Maldita sea – grito Derek cuando me vio llorando – no entiendes que tienes que hacer lo que yo te digo, quítate la ropa mujerzuela.

- Vamos amor – dijo Cristina con voz dulce y venenosa que la identificaba – pese a todo, es la madre de tus hijos.

- Tú me vas a dar más hijos – dijo Derek besándola con esa pasión con la que antes me besaba a mí – vamos a ser muy felices juntos.

Yo lloraba desconsoladamente al ver esta escena, estos dos… desgraciados… arruinaron lo que alguna vez fue mi mundo feliz, desde que esa mujer apareció en nuestras vidas…

- ¡LAME! – grito Derek, mientras Cristina abría las piernas, completamente desnuda.

- No quiero – murmuré apenas levantando la mirada.

- ¡TU HACES LO QUE YO TE ORDENE, MALDITA SEA!

Derek me agarro de los pelos y me acercó a Cristina a la fuerza, podía olerla, ese olor a pescado podrido que nunca se borrará de mis recuerdos, pude ver su vagina chorreante del semen que Derek había dejado ahí mientras me obligaban a verlos cogiendo.

- Y mucho cuidado con los dientes – murmuro Derek en mi oído mientras jalaba mi pelo.

Me acerqué al cuerpo de Cristina y metí la lengua, aguantando la respiración, me dio mucho asco, era como si no se hubiera lavado por varias semanas, apestaba, mi lengua sacaba de ella unos grumos que asumo era semen endurecido mezclado con su flujo vaginal, lo hice por algunos minutos y Cristina puso sus piernas encima de mis hombros, lo estaba disfrutando, la escuchaba disfrutarlo, entonces, metí mi dedo dentro de ella primero despacio, luego rápido, Derek me jaló de los pelos tirándome al piso y se introdujo en ella, pude escucharlos gemir como cerdos, corrí al baño y vomite.

Lloré, lloré lamentando mi suerte, pensando en que es lo que pude haber hecho mal, en que momento mi vida se arruinó, pero nunca encontré respuesta, quizá fue el día que decidí no tener más hijos con Derek, quizá fue el día que decidí escuchar a Mercedes y descubrí el “negocio” de mi marido… Quizá fue el día en que Cristina y Derek se encontraron en este mundo…

En mi cabeza no encajaba esta idea, ¿en qué momento todo cambio de manera tan radical?

Mis lamentos eran solo míos, mientras mis hijos no supieran mi sufrimiento, todo estaba bien…


*****


- ¿Cuánto cobras? – pregunto aquel hombre interesado en una sesión conmigo.

- Cincuenta soles – respondí esperando que me rechace como otros que preguntaron el precio.

- ¿Qué incluye?

- Oral y vaginal, con preservativo.

- Está bien, estoy en el hotel Fizcarrald, ¿conoces?

- Si, conozco.

- ¿Cuánto tiempo te demoras en llegar?

- Treinta minutos en promedio.

- Está bien, te espero.

Me maquillé, me puse un baby doll debajo de la ropa holgada y salí del departamento, Tatiana me ayudó, en este tiempo, Derek aun tenia a mis hijos con él, yo vivía con Tatiana en su departamento y debía ayudarle con los gastos de la casa, ella me aseguró que el trabajo no era nada difícil, después de todo lo que me hizo Derek, ¿qué cosa peor podría pasarme?

- Estoy en recepción – escribí en el texto.

- Ya bajo.

El bajó, me sonrió y me dijo que suba.

Subí a su habitación en el segundo piso, el cuarto era bonito, la cama tan suave y con un olor a limpio…

Tenía su ropa en una maleta y en una mesa cerca de su cama una laptop, puso música suave.

- Quítate la ropa – ordenó.

Me quite la ropa mientras el encendió un cigarro y me miraba, me quede con el traje de encaje que me había puesto.

- Desnuda – dijo.

- No… yo… tengo vergüenza.

- ¿Por qué? ¿Acaso no haces esto todos los días?

- Yo… no es eso… no quiero.

- Te estoy pagando, te quiero desnuda - levantó la voz.

Me quité el encaje y mis tetas caídas y flácidas se dejaron ver primero, luego mi barriga, yo me tape la cara.

- Ya veo, no eres doncella, por eso cobras tan barato…

- Lo siento, si no te gusta lo que ves.

- Nada de eso mujer, me gusta lo que veo, una mujer real, ven acá, chúpamelo.

Se quitó el pantalón y lo tenía totalmente parado, me acerqué y abrí la boca cerrando los ojos, era de tamaño regular, el hacía sonidos extraños de placer mientras se lo chupaba.

- Ponte en cuatro en la cama.

Me alejé de él y me subí a la cama poniéndome en cuatro, él se puso el preservativo y luego se puso detrás de mi metiéndolo con fuerza, después de al menos unas veinte pujadas me apretó con sus manos gritando exageradamente gimiendo muy apasionadamente, se salió de mí y me dio un billete de cincuenta soles.

- Te llamaré otro día – dijo entrando al baño – vete.

Me senté en la cama, confundida, no estaba segura de lo que acababa de hacer, mi primer cliente no fue malo conmigo, solo fue poco empático.

Me vestí rápidamente, tomé el dinero y me fui.

Me subí a un motocarro en dirección al departamento de Tatiana y apenas el motocarro dio vuelta la esquina empecé a llorar, lloré desconsoladamente, lloré con rabia, con cólera, lloré limpiándome la cara a cada lágrima que salía de mis ojos, me sentía asquerosa, “ahora soy una puta” era lo que me repetía en mi cabeza todo el camino.

Me bajé del motocarro, entre al departamento y me encontré cara a cara con Tatiana.

- Estuve esperándote ansiosa, cuéntame todo, ¿Cómo es él?

- Necesito bañarme – dije empujándola.

- ¿No te bañaste allá?

- No – dije.

Entre al baño casi evadiéndola y ella me siguió.

- La próxima vez, al menos lávate y orina.

- ¿Por qué debo orinar?

- Debes orinar después de cada encuentro sexual o te dará una infección urinaria y eso duele mucho.

- No lo sabía, para la próxima lo haré.

- ¿Y cómo estuvo? ¿Cómo es él?

- Pues… no sabría decirlo, él es blanco, muy alto, como de uno setenta, ojos cafés.

- ¿Te fijaste en sus ojos?

- Si, era lo que más resaltaba de él.

- ¿Cómo te trató?

- Pues no lo sé, él me vio, me dijo que me desnude completamente.

- Te dije que no te quites toda la ropa, por tus tetas y tu barriga.

- Él me pidió que lo hiciera que me está pagando.

- ¿Qué te dijo cuándo te vio?

- Que soy bonita.

- ¿En serio?

- Si, cuando terminamos me dijo que me volverá a llamar.

- Eso es excelente, significa que le gustaste.

- No lo sé… él, termino y me dijo que me fuera.

- Es normal, te contratan para que los complazcas, no para complacerte tú.

- No pensé que fuera así, realmente, o sea… pensé que yo también la pasaría bien.

- Te acostumbrarás… lo que debes hacer, es tomar el control de la situación y follártelos tú, no dejar que ellos te follen.

- ¿Cuál es la diferencia?

- En la primera, tú haces lo que quieras, en la segunda, ellos hacen lo que quieran.

- Me siento muy mal.

- ¿Por qué?

Salí del baño y la miré triste.

- Ahora soy una puta.

- Somos, unas putas - dijo sonriendo - tranquila, esa sensación la tuve yo también, el proceso de aceptación es diferente para todas.

- ¿Segura?

- Si, el dinero que cobres hará que te olvides de eso, ¿Cuánto te pago?

- Cincuenta soles.

- Nada mal para tu primera vez, venga, tranquila – dijo abrazándome – hay que pensar en lo que se viene, recuerda, mientras nadie sepa a qué te dedicas, eres una mujer digna y honorable.

- Está bien - sonreí. 


Dama Oscura

No hay comentarios:

Publicar un comentario