Llegamos a una casa color rojo en el distrito de San Juan Bautista.
Una mujer morena y de pelo rizado nos atendió.
- Buenas tardes, ¿la chica que lee cartas? - dijo Tatiana cuando se acercó a la puerta.
- ¿De parte?
- Tatiana.
- Un momento.
La señora entro y salió una chica muy bajita y blanca, estaba con el pelo desordenado, parecía que acababa de despertar, se paró en la puerta bostezando y nos miró de pies a cabeza.
- Hola, ¿Te acuerdas de mí? - dijo Tatiana sonriendo.
Ella bostezó de nuevo.
- No – dijo limpiándose la cara – ¿Quién eres?
- Soy Tatiana, me atendiste hace algún tiempo.
- Ya veo – dijo sacando el celular distrayéndose por un momento.
- Quería saber si puedes atenderme.
- Veo que no separaste cita por WhatsApp, ni ningún otro chat.
- Es que no tengo tu número, cambié de celular y lo perdí.
- Que estrés – dijo entrando, mire a Tatiana desconcertada, salió minutos después y le entrego dos tarjetas de presentación – aquí tienes, separen cita.
- ¿No puedes atendernos ahora?
- Son las dos de la tarde, atiendo de cuatro a nueve, previa separación de cita por algún medio de chat, las atenciones del día de hoy ya se apartaron y no puedo atender a nadie más.
- ¿No puedes hacer una excepción?
- No – bostezando – Me agoto mentalmente, mira, señorita, voy a clases desde las seis de la mañana hasta el mediodía, descanso de una a tres, trabajo de cuatro a nueve, hago trabajos de la universidad de nueve hasta que termino, a veces en madrugada… no hago excepciones con nadie porque me altera el horario, si me altera el horario, duermo menos, si duermo menos estoy de mal humor y si estoy de mal humor, puede que las lecturas salgan mal o que falle en los estudios… ¿entiende?
- Si, yo pensé… que podría hacer alguna excepción.
- La vida no es justa con nadie, menos con uno – dijo mirándome fijamente – no te preocupes vas a recuperar lo que se te robo.
Mire a Tatiana asustada.
- ¿Qué me robaron? – dije, tratando de pensar en otra cosa.
- ¡Ah? – dijo confundida – no lo sé… disculpa, estoy cansada – bostezando – tengo un turno pasado mañana a las siete, si quiere puede venir.
- Es que, es urgente.
- Todas las personas que vienen aquí dicen que es urgente.
- Mejor vámonos, no va a atendernos hoy – le dije a Tatiana.
- La lectura de cartas ya no cuesta diez soles, cuesta treinta soles ahora.
- Esta bien, nos separa una cita para el turno que hay de pasado mañana, por favor.
- Si, debe venir diez minutos antes de la hora para atenderla – dijo bostezando de nuevo - disculpa, me levanté de dormir y todavía no reacciono bien.
- Vámonos – le dije a Tatiana.
La tarjetita que me dio la guardé en el bolsillo.
- No me agrada – dije mientras caminábamos al paradero.
- Si, supe que ella no es muy buena haciendo amigos.
- ¿Por qué iría a atenderme con una mujer que no me agrada? - dije sin prestarle atención.
- Si no quieres no vayas, avísame mañana yo quiero leerme si no vas tú.
- Lo pensaré.
Subimos a un motocarro
- Pero que mal nos trató – dije enojada – en serio, no sabe tratar a las personas, debe vivir amargada.
- Tiene un hijo pequeño.
- ¿En serio? ¿Y su padre?
- No lo sé, no le pregunté, solo vi a su hijo.
- Es rara.
- Uy, no te imaginas cuánto, siempre dice cosas raras.
- ¿Por qué lo dices tú?
- No lo sé, yo fui cuando termine con mi ex, quería un amarre y me explico porque no era factible hacerlo y me explicó todos los efectos que podría tener hacer un amarre, no le entendí.
- Me da curiosidad de todas maneras, si iré.
Los días que siguieron solo pude pensar en esa chica, atendí a un par de hombres más, pero estaba fuera de este mundo.
Cuando llego el día, fui a la dirección que había ido con Tatiana antes, ella estaba diferente, estaba peinada, llevaba un collar con una piedra color lila, y unos aretes de marihuana y sonreía al hablar.
- Hola – dijo sonriendo – pasa, siéntate – dijo indicando con la mano una puerta.
Pasé a la primera habitación de la casa, y me senté en una silla, había cuatro barajas sobre la mesa, ella entro después de mí, tarareando una sonata que no podía reconocer.
- Buenas noches, ¿es la primera vez que asistes a una consulta esotérica? – dijo inspeccionándome.
- Sí, estoy muy nerviosa, no sé por dónde empezar – dije frotando mis manos de los nervios.
- Mira, haremos esto, te voy a leer primero y luego, si quieres, me contarás lo que quieras contarme – dijo sonriendo.
- En realidad no deseo que me leas las cartas.
Ella me miró fijamente cambiando de expresión automáticamente.
- Bueno – dijo suspirando – aquí se viene a eso – dijo levantando una ceja
- Yo necesito una amiga – dije con un nudo en la garganta – necesito contarle algo a alguien, pero no sé a quién – las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos sin que pudiera contenerme.
- Cálmate por favor – se estiro y agarró mis manos – está bien, mírame – la miré – ninguna cosa que una mujer haga por el bienestar de sus hijos es indigno, aun cuando una mujer se prostituye para mantenerlos es una mejor opción que robar.
- ¿Cómo te llamas?
- Soy Nina, bueno, es un diminutivo de mi nombre, en realidad soy Gianina, pero es una larga historia, en la universidad todos me dicen Nina – empezó a divagar en sus ideas – sabes juego mucho online y en las redes todos me conocen como Dama Oscura, lo cual también es una complicación…
Empecé a reír.
- ¿Mejor - dijo con una media sonrisa.
- Si – dije sonriendo – eres muy divertida ¿hace cuánto te dedicas a esto?
- Unos dos años, más o menos.
- ¿Cómo aprendiste?
- Nací con un don especial.
- Quieres – dije mirando alrededor – ¿quieres ser mi amiga?
- Claro – dijo mirándome fijamente – podemos ser amigas.
- Quiero contarle mi vida a alguien, pero no sé cómo empezar.
Apoyo la cabeza sobre una mano inclinándose hacia un costado mirándome fijamente, suspiró.
- Sabias que la prostitución es un buen negocio cuando sabes sacarle provecho.
Me asuste.
- ¿Por qué me dices eso?
- Si, mira, actualmente existen páginas donde puedes crear una cuenta y los hombres que quieren tener un encuentro contigo, te escriben y arreglan como, cuando y donde…
Me puse nerviosa por lo que me decía, sentía que había investigado sobre mí.
- Es muy interesante la nueva ola que existe de jovencitas que disfrazan la prostitución con un termino tan vago llamado “Sugar Daddy” no es más que la transacción económica a cambio de sexo, ¿no crees que es interesante?
- ¿Por qué me hablas de esto?
- Yo… no lo sé, me vino a la mente el tema… lo que pasa es que escribo en una página en internet, escribo novelas.
- ¿Tienes muchos seguidores?
- Realmente no, en este momento solo mil seguidores, he investigado sobre el asunto y creo que tengo el tema ideal para mi próxima historia.
- ¿Cuál sería?
- Prostitución - dijo estirando los dedos alrededor de su cara.
Me reí.
- ¿Te resulta tonto? Me dijeron que podría pegar mucho y atraer más lectores.
- No… es que… yo pensé… nada.
- Estuve investigando sobre el asunto y creo que puedo hacer algo bueno, pero no quiero escribir historias vacías, quiero escribir sobre una persona que haya empezado en esta vida por razones fortuitas… conocí a muchas chicas que lo hacen porque quieren hacerlo, simplemente por dinero, me resulta que esa clase de mujeres no merecen una novela escrita por mi, yo quiero algo más intenso, algo que toque a la gente…
- Quizá podrías escribir mi historia.
Me miro en silencio por un momento.
- ¿Crees qué tu historia es digna de una novela?
- Una novela mexicana, créeme, no encontraras a nadie que haya pasado por todo lo que yo pasé.
- Vamos a leerte las cartas – dijo cortante.
- Esta bien.
Empezó a barajar las cartas y me leyó, trate de que no descubra a que me dedico y mentí sobre varios aspectos de mi vida.
Cuando termino me miró fijamente.
- ¿Te avergüenzas de ti misma?
- ¿Por qué lo dices?
- Te voy a decir algo, yo soy una desconocida para ti, lo sé, pero, si no confías en la persona a quien le vas a consultar sobre tu futuro e intentas mentirle sobre la realidad, entonces esa persona no podrá ayudarte.
- No te mentí.
- Me vas a decir que ganas más dinero del que puedas gastar a diario, ¿limpiando casas?
Me sentí avergonzada.
- Mira, las personas mentimos, es normal, pero en estos años que he trabajado leyendo cartas, aprendí que las cartas no mienten.
- Es que…
- Si no quieres decirme a que te dedicas, no te preocupes, no te voy a obligar, estás en tu derecho, pero no me pidas que te siga el juego y más aún, no me pidas que vuelva a atenderte, las madres somos capaces de muchas cosas por el bienestar de nuestros hijos, lo que haces, no es vergonzoso, créeme, como te dije, conocí a mucha gente extraña en este consultorio, pero solo la verdad te hará libre.
- No sé cómo hablar de esto, yo, me siento muy mal.
- Empecemos buscando al culpable, ¿Cómo se llama ese hombre? Ese que no puedes mencionar.
- Derek Bunge, pero, ¿Cómo sabes que se trata de un hombre?
- La única razón por la que una mujer termina como tu estás ahora, dando manotazos de ahogado, gritando para que alguien te salve, es por causa de un hombre – hizo una mueca en la cara sonriendo – ¿Quieres contarme?
- Si, pero no me gustaría que me juzgues.
- Yo no te juzgare, pero si lo publicare en mi página, será muy divertido.
- Quiero contarte, porque quizá otras mujeres leen mi historia, podrían… no sé, salvarse.
- Es mi propósito, ¿Por dónde empezamos?
- Es que – un nudo se me hizo en la garganta – yo – empecé a llorar – me avergüenzo tanto de lo que soy y de lo que hago.
Ella se acercó a mí y se sentó en la mesa donde antes habían estado sus cartas y levantó mi cabeza con su mano mirándome fijamente
- Nunca bajes la cabeza – sus ojos eran penetrantes – nunca permitas que nadie te diga que vales menos, nunca te avergüences de lo que haces por mantener a tus hijos – me dio papel higiénico.
Suspiré, entonces se lo dije sin pensarlo dos veces.
- Soy prostituta, lo soy desde hace dos años, casi tres y quiero salir de este trabajo, pero es tan difícil.
Ella empezó a reír a carcajadas.
- ¿Por qué te ríes?
- Lo sabía desde el día que te vi.
- ¿Por qué ese día no me atendiste?
- Nunca atiendo a nadie que aparezca sin sacar cita.
- ¿Por qué?
- No lo sé, un brujo me dijo que, si alguien aparece a leerse las cartas sin anunciarse antes, aunque sea por recomendación, no debo atenderle en ese momento, sino que debo decirle que vuelva otro día.
- ¿Por qué?
- Porque si realmente necesita la consulta, volverá, ahora, cuéntame tu historia.
- Por donde empiezo…
- Por el inicio y cuando termines, te callas - dijo ella sonriendo.
- ¿Nadie más vendrá?
- ya son las ocho y la persona que debía venir no apareció así que tenemos hasta las nueve, cuéntame porque de ahí decidiré si escribo sobre ti o no.
Aquel día, le conté a esa mujer desconocida mi vida, como conocí a Derek, como es que tuve que abandonar mis estudios, cuando estuve secuestrada en mi propia habitación y como es que logre escapar de él, le conté todo y ella me escuchó atentamente y sin interrumpir.
Cuando salí de aquella casa, me sentí más tranquila y relajada, me había dicho muchas cosas interesantes, sobretodo, que entre lagrimas el amor llegaría.
Dama Oscura
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