lunes, 27 de abril de 2020

TELARAÑA DE MENTIRAS: CAPITULO VIII

- ¿Aló?
- Dereck - murmuré - Soy María Rosa.
Habían pasado 3 semanas desde la ultima vez que habia visto a Dereck, todos los días pensaba en el, no tenía tranquilidad durante el día, pues inconscientemente pensaba en el, no podía dormir pues en mis sueños estaba el, mi vida durante esas 3 semanas fue una pesadilla total, mientras más tiempo pasaba, más desesperada me sentía por estar lejos de él, entonces decidí que debía llamarlo para convencerme a mi misma de que el no tenía ningún interés en mi, sino que en ese tiempo el ya me había olvidado y seguido con su vida.
Craso error.
Dereck se puso muy feliz por mi llamada y quiso verme casi instantaneamente.
Quedamos de vernos esa tarde en la plaza de armas.
Le conté a mi mamá que lo vería y ella se puso feliz.
Pero días antes le había contado a Tatiana como me sentía.
- El otro día leí en un blog, que cuando una persona encuentra a su Alma gemela, quiere inconscientemente estar cerca de esa persona y cuando te alejas de esa persona por algún motivo, sientes que te vas a morir.
- Tatiana, eso es realmente estupido.
- Dime - dijo tomando mi mano - ¿tienes tranquilidad estando lejos de el?
- Pues no, pero yo creo...
- Cuando lo tienes cerca - dijo interrumpiendo - ¿Sientes una sensación de inmensa felicidad?
- Pues la verdad me da un poco de miedo, aunque estar a su lado me gusta mucho.
- Y cuando sabes que es hora de separarse, ¿Empiezas a sentirte triste?
- Pues la verdad el día que le dije que no quería volver a verlo, lloré hasta muy tarde.
- Es tu Alma gemela.
- Tatiana, yo no creo en esas cosas.
- ¡Pero estas cosas realmente existen! - dijo insistente.
- ¿Que debería hacer?
- Llámalo - dijo muy segura de si misma.
Y aquí estaba yo, a las tres de la tarde en la plaza de armas esperándolo.
- María Rosa - al escuchar su voz la piel se me enchinó.
- Hola - dije sin cambiar el gesto de tristeza en mi cara.
Dereck se acerco a mi y me abrazó.
- Creí que no me volverías a llamar.
- Dereck yo - dije alejándolo.
Saque un billete de cincuenta soles.
- Disculpa por no devolverte a antes tu dinero, conseguí trabajo de niñera y me dieron un adelanto por eso vine a devolverte.
Dereck tomo el billete, tenía el rostro desencajado.
- ¿Solo me llamaste para esto?
- Si, lamento la demora.
- Mírame, por favor.
Levante la cabeza, estaba aguantando las ganas de llorar.
- ¿Por qué lloras?
- Idioteces, no me hagas caso - dije limpiando mis ojos.
- Las mujeres no lloran por idioteces, más bien por un idiota.
Sonreí.
- Entonces - dije riendo entre lágrimas - eres un idiota.
Dereck me agarró el cachete y se agachó para besarme, lo abracé...
- Vamos te invito un helado.
- Esta bien - dije de manera automática.
Me agarró de la mano y nos fuimos al Aris.
Nos sentamos en una mesa del centro.
- Me gustaría que siguiéramos viéndonos.
- Lo que pasa...
- Yo entiendo, yo me equivoqué, fui muy acelerado, te daré tu espacio - continuo hablando por cerca de diez minutos - por favor, intentemos de nuevo, yo sé que lo nuestro puede funcionar.
- Esta bien - dije suspirando.
Desde entonces empecé una relación con Dereck, cada mes que cumpliamos, aparecía con regalos tan caros que definitivamente yo no podría pagar.
El primer mes me regaló chocolates, el segundo mes me regaló un peluche que decía "te amo", el tercer mes nos fuimos a visitar a Los Boras, el cuarto mes nos fuimos a cenar en el Mesón, el quinto mes fuimos a Nauta todo un fin de semana, no tuvimos sexo, el me respetó, el sexto mes llevo serenata, lo hizo a la salida de mi clase delante de mis compañeros, fue hermoso y muy romántico, el séptimo mes me dio un anillo de compromiso y me pidió que nos casemos, yo dije que si, el octavo mes me compro toda la ropa que yo quise, el noveno mes nos fuimos a Pucallpa, el décimo mes me compro una moto, el onceavo mes nos fuimos a Tarapoto, el doceavo mes me regaló un curso de etiqueta social en Nueva Acrópolis.
- Ya lo decidí - le dije a Tatiana emocionada.
- Decidir ¿qué?
- Le diré a Dereck que quiero hacerlo.
- Crei que ya lo habían hecho.
- Pues no, todavía.
- Ya vas a cumplir veintiún años y sigues siendo virgen.
- Se lo diré en mi cumpleaños.
- Oye cálmate, esto no es cosa de juego.
- ¿No lo hago entonces?
- Lo que digo es que quiero que estés segura.
- Estoy segura.
- Esta bien - dijo suspirando - te diré esto, pero no te asustes.
- ¿Que cosa?
- Mi primera vez fue horrible.
- Pero tú me dijiste...
- Se lo que dije, pero no quería que te asustes, la verdad es que estábamos tan nerviosos que el termino rápido y a mi me dolió tanto que solo quería que termine rápido.
- Pero a mi no me pasara esto, creo.
- Toma - dijo sacando un preservativo de su cartera - úsalo siempre.
- Esta bien - murmuré - ¿Como consigues esto?
- Mi novio - sonrió - en las practicas le regalan muchas cajas y yo siempre le pido para regalar.
- Ya veo.
Cuando vi a Dereck esa noche, nos fuimos al boulevard, nos sentamos mirando la luna, el me abrazó.
- María Rosa - murmuró - quiero decirte algo.
- Yo también quiero decirte algo - dije tocando su cara.
- Dime tu primero - me dijo rápidamente.
- Ya estoy lista - dije con voz temblorosa.
- ¿Para qué?
- Para hacerlo - sonreí - hagámoslo después de mi cumpleaños.
- ¿Estas segura?
- Muy segura.
- No quiero que luego te arrepientas.
- No lo haré, se que eres el hombre de mi vida.
- Está bien, eres la mujer que amo y me siento orgulloso de que me concedas este honor.
- Tenía miedo, pero ya estoy segura.
- Te amo - dijo besándome.
- ¿Que querías decirme? - Dije cuando me alejé de él.
- Pues yo - dijo dudando - ya lo olvidé, seguro no era importante.
- Bueno, cuando lo recuerdes me lo dices.
- Soy el hombre más feliz del mundo.
Llego mi cumpleaños, fui con Dereck a cenar en El Sombrero de Paja.
Luego me dijo que ese día me compraría ropa.
*****
Realmente lo amaba con todo mi ser, no entiendo como pude ser tan ciega y no darme cuenta, de ignorar mi primera impresión con el y caer en sus redes... en su telaraña tan enmarañada y ser estúpida... debí tener más confianza en mis instintos, pero mis miedos iniciales los deseche, el realmente era mi príncipe azul, o almenos eso creía yo, pero, al menos, por un momento de mi miserable vida, fui feliz, y eso  nadie me lo va a quitar.

Dama Oscura

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