Cuando llegue a la plaza de armas, Derec ya estaba ahí esperándome, me acerque a el por su espalda, estaba parado mirando, quizá buscándome, le toque el brazo, el se dio la vuelta y en su cara se formó una sonrisa al verme.
- Hola - sonreí - ¿Llegue tarde?
- No para nada, yo vine antes para no hacerte esperar - dijo ofreciéndome su brazo - ahí esta el Aris Burger, vamos.
Caminamos hasta el local, subíamos por la escalera de caracol y nos sentamos cerca de la ventana, una señorita se acerco a nosotros con la carta.
- ¿Quieres que pida por ti? - dijo agarrando mi mano.
- Me encantaría - dije sonriendo.
Pidió unbun juane para el y una ensalada rusa para mi.
- Me gustaría que vayamos al cine, ¿Quieres ir?
- Me encantaría - sonreí.
- Hay una película que se está estrenado, una con Adam Sandler, me gusta mucho ese actor, seguramente nos reiremos mucho.
Sonreí, nos trajeron la comida, seguido fuimos al cine, nos sentamos en la cuarta fila contando de atrás para adelante, el me abrazo.
- Eres muy hermosa - dijo antes de que empiece la película - me gustaría que seas mi novia.
- Lo voy a pensar - murmure.
- ¿No te gusto?
- Pues... Un poco, si.
- ¿Un poco nada más? - dijo levantando mi cabeza con su mano, mirándome, se acerco a mi y levante la mano.
- ¡No! - dije asustada - lo siento, yo... No puedo.
- ¿Por qué?
- Porque apenas nos conocemos.
- ¿Pero eso que importa?
- A mi me importa, por favor no me insista.
Lo aparte de mi y se quedo tranquilo por un rato. Luego lo intento de nuevo y terminamos besandonos, aún así lo aparte de nuevo.
Cuando la película terminó, mientras caminábamos, el me propuso que estuviéramos.
- Podríamos conocernos, primero - dije dudando de mi respuesta.
- Está bien - dijo.
Desde ese día empezamos a salir, salimos cada fin de semana por tres semanas más.
El ciclo de la universidad terminó, había jalado un curso y debía ir a un aplazado, mis padres no tenían dinero para gastos extras y no me atreví a pedirles dinero, los días previos al examen me sentía desesperada, pues no podría pagarlo.
- Pídele a Derec - dijo Tatiana mientras le contaba mi preocupación.
Estábamos en la facultad, había ido para averiguar el día del examen, era en dos días, iba a perder el curso.
- ¿Como crees? No puedo pedirle dinero.
- Pero no es mucho, solo veintitrés soles, seguro que a él le sobra esa cantidad - dijo despreocupada.
- Tatiana, yo no puedo pedirle dinero a ese hombre, a penas lo conozco, ¿que va a pensar de mi?
- No va a pensar nada, llevas casi un mes con ese tipo, haz salido bastante con él, ¿Ya lo hicieron?
- ¡Tati! - dije asustada.
- Ay, que hablo, la virginiacasta.
- No lo hemos hecho aún.
- Pues háganlo.
- ¡Que dices! - dije bajando la voz - ¿Estas loca? ¡Es muy grande para mi!
- Pues mejor así - respondió - tiene experiencia.
- El día que lo haga será por amor - apreté los labios - no me hables más de ese asunto.
- Si por amor lo haríamos, ya nos habríamos extinguido.
- Tatiana, eres muy persistente.
- Y tu no sabes de lo que te pierdes por andar de sobrada.
Deje a Tatiana en la facultad, al salir llame a Derec.
- Aló - respondió, su voz se escuchaba tan serena.
- Soy yo - murmure - Maria Rosa.
- ¡Hola hermosa! - dijo cambiando el tono de voz.
- Yo... ¿Podemos vernos?
- Claro hermosa, ven a mi casa.
- ¿A tu casa? - dudando - no lo creo - suspire - mejor otro día, chau - colgué la llamada.
La nariz se me lleno de flemas, empecé a derramar lágrimas involuntariamente, me sentía impotente, tenía que sacar el dinero de algún lado, pero ¿de donde? Mientras lloraba se me paso por la cabeza muchas formas de obtener dinero. Podría enseñar unas clases a algún niño que necesite reforzamiento, si eso podía hacer. Pero ya no tenía tiempo, solo tenía un día parco seguir el dinero.
Mi celular empezó a sonar, era Derec, corte la llamada y llamó cinco veces más. Contesté.
- Aló - dije fingiendo desinterés.
- Disculpame por pedirte que fueras a mi casa, pasa que estoy trabajando y traje parte del trabajo aquí, te invito a almorzar.
- Gracias por considerarlo, pero prefiero no verte más.
- Vamos Maria, necesitas dinero ¿no?
Me quede en silencio por varios minutos.
- ¿Cómo lo sabes? - pregunté dudando.
- En todo este tiempo nunca me haz llamado solo ate cabos.
- Lamento haberte llamado para eso - dije - pero estoy un poco desesperada y no se que hacer.
- ¿Es de la universidad?
- Si, tengo que pagar una cuenta.
- Esta bien, yo te daré el dinero.
- No puedo aceptar, no podre pagarte.
- No importa, Maria, mis intenciones contigo son totalmente serias, quiero apoyarte con tus estudios y seas una gran profesional, dejame ayudarte con esto, por favor.
- No me acostare contigo porque me des dinero.
Una risa estruendosa se escucho al otro lado del celular.
- ¿Crees que mi interés contigo es sexual?
- Pues... Si.
- Hay Maria, que tierna eres, dime donde vives, iré a tu casa, ¿Cuanto necesitas?
- Veintitrés soles.
- Dame tu dirección, iré ahora mismo.
Le di mi dirección.
- ¿Eso es por el coliseo cerrado?
- Si, a la siguiente cuadra, la casa color verde.
- Llego en quince minutos.
- Gracias - murmure - pero de verdad no tengo como devolverte el dinero.
- No te preocupes, a mi me sobra (se rió) venga, no es para tanto.
Me quede en silencio.
- ¿Maria?
- Aquí estoy - dije aclarando mi garganta.
- ¿Estas llorando?
- Un poquito, si.
- ¿Por qué?
- No lo sé, las lágrimas se me salen nada más.
- Te veo al rato en tu casa.
- Esta bien - dije aspirando la nariz.
Corte la llamada.
Dama Oscura
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