lunes, 30 de marzo de 2020

TELARAÑA DE MENTIRAS: CAPÍTULO IV

Los viernes, suelo salir a las cinco de la tarde, estuve toda la semana pensando en Rebeca, una semana más y las notas serían entregadas, quería aprovechar e ir a visitar a Rebeca, su madre siempre ha sido cordial conmigo, tenía la esperanza de que lo sea aún ahora.
Me dirigí a a salida de la facultad y camine hasta la plaza 28 para tomar un colectivo a su casa, no sé si fue suerte pero no encontré a Tatiana en la salida, me subí a un colectivo, lo único bueno de ser universitaria el medio pasaje, lo malo es que una se expone a... Bueno, la intención se comprende.
Me bajé a una cuadra de la casa de Rebeca, ella vivía por la plaza Sargento Lores, esta plaza si que estaba abandonada, caminé hasta su casa, me pare en la puerta y respire, golpee la puerta varias veces hasta que alguien abrió.
Nunca entendí por qué nunca arreglaron el timbre de esa casa, abrieron la puerta, era su padre, que suerte.
- Hola Rosita, ¿Como estas? - sonriendo.
- Buenas tardes señor, vine a ver a Beca.
- Mi hijita esta enferma, no puede recibir visitas.
Un grito se escucho desde adentro.
- ¡Quien es!
- ¡Es Rosita! - grito el señor.
- ¡Ay Rosita! - gritaron desde adentro, la mamá de Rebeca salió limpiandose las manos en la falda - hola hijita, ¿como estas? - dijo afinando la voz, como cuando uno habla con un bebé.
- Buenas tardes señora, vine a visitar a Beca, me preocupa su ausencia en la universidad.
- ¡Ay hijita, tu siempre tan considerada! ¡Pero pasa, hija, por favor!
Entre a la sala.
- Ven siéntate.
Me senté al lado de la mamá de Rebeca.
- ¿No te contaron nada?
- No señora - dije poniendo la cara más inocente que me sabía - ¿Que pasó?
- Ay, hija pues resulta que a mi hija le salio un tumor en el útero, y tuvieron que hacerle una operación, uff riesgosa para sacarlo, pero ya esta mucho mejor, aun así el médico le dio descanso por un mes.
- Ay señora, cuanto lo siento - dije despacio - a mi nadie me dijo nada.
- Pero que bueno que vienes tu sola, porque la chiquita esa que tienes por amiga, no me gusta nada.
- ¿Tatiana?
- Ella misma, imagina que hasta con enamoradito anda, pero mi hija si que no, ella va a terminar la universidad y solo le voy a permitir la pareja que yo le escoja, ella va a llegar de blanco al altar.
- Yo entiendo señora.
Mire al papá de Rebeca quien. Se había sentado al frente de nosotras y miraba enojado a su mujer.
- Me gustaría conversar un momento con Beca, si fuera posible.
- Pero claro hijita, ya conoces su habitación, ¿Te quedas a cenar?
- ¿Qué habrá para comer?
- Pues tengo guiso de la tarde, le puedo poner un huevito frito y te preparo una lechecita.
- ¡Que rico seño, si me quedo!
- Entonces termino de lavar los platos, y preparo la cena.
Camine hasta la habitación de Rebeca, abrí la puerta despacio, estaba oscuro.
- Rebeca - murmuré, entre a la habitación y me senté en su cama.
- Maro - dijo succionando la nariz.
- Ya se lo que te pasó.
- No es verdad - dijo sentándose en la cama.
- Tatiana me contó.
- Entonces si es verdad - dijo abrazandome y llorando.
- Tu mamá...
- Ay Maro, mi mamá, me dijo que si no lo hacía me botaba de la casa.
- ¿Y el padre?
- Ese desgraciado.
- ¿Que pasó?
- Es Sergio.
Me quedé congelada con su confesión.
- ¿Estamos hablando del mismo Sergio?
- Si, Sergio, el único que conocemos.
- ¿El novio de Tati?
- Si, el mismo.
- ¿Pero como así? - respirando - ¿Tatiana lo sabe?
- ¡Estas loca? Cuando le dije a Sergio que estaba embarazada me dijo "Pues ve y dicelo al padre" ¡imagina!
- Pero Beca, como no te cuidaste.
- El momento, los tragos, la noche, el me sedujo, me dijo que con condón no se sentía igual y que el derrama fuera y pues que no pasa nada.
- Y tu mamá... Ya...
- Me hicieron un legrado - cerro los ojos y empezó a derramar lágrimas de nuevo - fue horrible.
- Ay amiga, pero tenemos que decirle a Tatiana.
- ¿A razón de que? El lo va a negar. A demás desde que ingresamos a la universidad no haz vuelto a conversar conmigo, nada más cuando vienes a mi casa.
- Estamos en diferentes carreras amiga, los círculos sociales cambian pero nunca dejamos de ser amigas.
- Loca - sonrió con lagrima en los ojos.
- ¡Rosa! ¡Rebeca! ¡A comer! - la mamá de Rebeca gritando desde la cocina.
- Jurame que nunca se lo vas a decir a Tatiana.
- Ay Beca, me pones en un apuro, como crees.
- Maro juralo.
- Esta bien, lo juro.
- Maro, los hombres son muy inmaduros.
- Eso todo el mundo lo sabe Beca - sonreí - ven, te acompaño a la mesa.
- Maro, Sergio fue mi primer hombre.
- Yo lo sé - murmuré.
- Si tienes oportunidad, buscate un viejo.
- Ay Beca, que dices, la tristeza te hace hablar tonterías.
- Los hombres mayores quieren hijos, a demás tienen solvencia económica y pueden mantenerlos, a demás si te embarazas de un hombre que tiene un buen trabajo le puede poner una demanda por alimentos y solucionas toda tu vida.
- Siéntate Beca.
- ¿Que hablan?
- Nada seño, cosas de la universidad.
Nos sentamos a la mesa a comer en compañía de los padres de Beca, me dijo que se había retirado del semestre y que el próximo volvía a clases. Después de la cena, volví a casa, de camino me llamo Derec, me invitó a salir al día siguiente, yo acepte.

Dama Oscura

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