Apenas amaneció, el me llamo.
- ¿Alo? - dije medio dormida.
- Almorcemos juntos.
- ¿Quién habla?
- Es cierto, no te di mi número, soy Derec, me diste tu número anoche en el Pardo.
- ¡Hola! - dije sentandome en la cama emocionada - ¿como estas?
- Bien, desde anoche no he dejado de pensar en ti, Almorcemos hoy.
- ¿Hoy?
- ¿Estas ocupada?
- No - dije - es que me tomas por sorpresa.
- Bueno, ¿que dices?
- Esta bien - respondí - ¿donde nos vemos?
- En la plaza de armas - dijo - a las once.
- Está bien, iré.
Mire la hora, eran las ocho de la mañana, me acosté nuevamente suspire, el si me había llamado, me sentía extrañamente feliz.
A las diez de la mañana, me levante, me di un baño y me vestí, vivías desde la Calvo de Araujo hasta la plaza de armas no es tan lejos pero aun así quería llegar a tiempo, le dije a mi mamá que me invitaron a almorzar y me miro extrañada, hizo como mil preguntas y me di cuenta de que si le decía la verdad no me dejaría ir, así que le dije que una compañera de la facu que ella no conoce cumple años ese día y que hará un almuerzo para sus amigos cercanos, ella se quedo tranquila, me dio diez soles y salí. De la casa, faltaban diez minutos para las once, seguramente el llegaría a tiempo...
Me baje muy rápido del motocarro y me dirigí a la plaza de armas, mire a mi alrededor y no estaba, me sente en la parte central y mire mi celular, busque su número y lo llame...
Lo llame 3 veces y no respondió.
Seguramente me mintió... Aun así no quise creer que me había dejado plantada así que espere...
Cuando llegaron las doce yo estaba llorando pues me sentía humillada, el no llegó.
Me levante de donde estaba y me puse a caminar al borde de la plaza para tomar un motocarro a casa, le mentiría a mi madre alguna cosa por haber vuelto...
- ¡¡Maria!!
Era él, me limpie la cara con las manos, levante la cabeza, lo busque, di la vuelta sobre mi buscándolo.
Estaba corriendo hacia mi.
- ¿A dónde vas?
- A mi casa - murmure.
- ¿Por qué te vas?
- Ya pasó una hora y no llegaste...
- ¿Una hora? ¡A penas son las doce!
- Quedamos a las once...
- ¿Once? ¡Te dije a las doce!
- No... Dijiste once...
- ¿Cómo iremos a almorzar a las once? ¡Te dije doce!
- Quizá escuche mal - sonreí.
- ¿Estabas llorando?
- Uhm... No... Yo... Pues si, me sentí triste porque no llegabas.
- Lo siento mucho - me abrazó - no creí que no escucharas bien la hora.
Me abrazo por al menos dos minutos y me beso la cabeza, era increíblemente alto, eso me gustaba.
- Vamos - dijo - iremos al Palo Alto, ¿Quieres comer ceviche?
- Pues si, claro.
Nos subimos al motocarro y el hablo con el chófer, nos dejó en la misma esquina del local, la banda en vivo se escuchaba hasta afuera.
Subimos las escaleras y nos sentamos cerca del balcón, nos dieron la carta y me puse a leer lo que había y los precios... Todo estaba por encima de treinta soles, cerré la carta asustada.
- ¿Que vas a pedir?
- Yo...
- ¿Quieres qué escoja por ti?
- No es eso...
- ¿No tienes hambre? ¿No te gusta lo que preparan aquí?
- Todo es muy caro - murmure.
- ¿Y qué?
- Es que no tengo tanto dinero
- No te preocupes por eso, yo te invito.
Me quede mirándolo un rato.
- ¿Nunca te invitaron a salir?
- No he tenido tiempo para salir con chicos - me mordí la lengua al mentir.
- Pues yo te invito, pide lo que quieras.
Lo mire, no hice ningún pedido.
- ¿Que van a almorzar?
El mesero estaba sonriente parado delante de nosotros.
- Yo comeré lomo saltado y la señorita, arroz con pollo, para beber una jarra de cebada.
- Muy bien - dijo el joven apuntando en su libreta - ¿algo más?
- Es todo por el momento - respondió el.
En ese momento llamaron a su celular, el miro la llamada y se levantó, salió al balcón y lo mire hablar por diez minutos gritando enojado y luego riendo. Regresó sonriendo.
- ¿Algún problema?
- Nada importante, mis negocios.
El mesero nos trajo la jarra de cebada y nos sirvió.
- Cuéntame de ti - dijo tomando un poco de su vaso - ¿Que haces por la vida?
- Estudio educación inicial, en la Unap.
- Que bonita carrera, así que quieres ser profesora, ¿que edad tienes?
- Voy a cumplir diez y nueve en cinco de agosto.
- Faltan dos meses.
- Si, así es.
- ¿Que quieres que te regale por tu cumpleaños?
- Nada - murmuré - ¿que podrías darme?
El mesero trajo los platos que Derec pidió.
- ¿Cuántos años tienes?
- Treinta y siete años.
- Eres mi mayor por casi veinte años.
- No te preocupes, en un par de años la diferencia de edad no se notará.
Empecé a comer, no hice ninguna pregunta ni el me dijo nada más por un rato, comí lo que pude, el plato era grande, me sentí mal, pensé que era mi mayor a lo mucho por ocho años, parecía tan joven.
- ¿A que te dedicas? - pregunté sonriendo.
- Tengo algunos negocios en esta ciudad, que van muy bien y me permite vivir cómodamente.
- ¿Que clase de negocios?
- ¿Te gustaría ir a pasear en el rio después de comer?
- Lo siento, no puedo - dije automáticamente - solo le dije a mi mamá que iré a almorzar, no puedo demorar más.
- ¿Aun le pides permiso a tus padres para salir?
- Si, a mi mamá, no quiero que se preocupe.
- Que niña buena, ¡¡jajaja!!
Terminamos de comer, el termino antes que yo.
- Gracias por la comida, estuvo muy rico.
- Salgamos otro día.
- No se si pueda.
- ¿Te asusta porque soy muy grande?
- No es eso, estoy en exámenes finales del ciclo y debo estudiar para aprobar todos mis cursos.
- ¿Cuando termina tu ciclo?
- En dos semanas.
- Bueno, te llamaré en dos semanas.
- Esta bien.
Nos bajamos del local al primer piso, tome un motocarro y me fui a mi casa, el se fue caminando hasta otro lado.
Treinta y siete años, podria ser mi padre, era un viejo, sentía asco, no queria volver a verlo, seguramente ya tendría hijos y esposa... No podía creer que habia salido con un hombre tan viejo ¿A que se dedicaba? No podía recordar de que vivía... No esperen... ¡¡Es que el no me lo dijo!!
Dama Oscura
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