- ¿Aló?
- Dereck - murmuré - Soy María Rosa.
Habían pasado 3 semanas desde la ultima vez que habia visto a Dereck, todos los días pensaba en el, no tenía tranquilidad durante el día, pues inconscientemente pensaba en el, no podía dormir pues en mis sueños estaba el, mi vida durante esas 3 semanas fue una pesadilla total, mientras más tiempo pasaba, más desesperada me sentía por estar lejos de él, entonces decidí que debía llamarlo para convencerme a mi misma de que el no tenía ningún interés en mi, sino que en ese tiempo el ya me había olvidado y seguido con su vida.
Craso error.
Dereck se puso muy feliz por mi llamada y quiso verme casi instantaneamente.
Quedamos de vernos esa tarde en la plaza de armas.
Le conté a mi mamá que lo vería y ella se puso feliz.
Pero días antes le había contado a Tatiana como me sentía.
- El otro día leí en un blog, que cuando una persona encuentra a su Alma gemela, quiere inconscientemente estar cerca de esa persona y cuando te alejas de esa persona por algún motivo, sientes que te vas a morir.
- Tatiana, eso es realmente estupido.
- Dime - dijo tomando mi mano - ¿tienes tranquilidad estando lejos de el?
- Pues no, pero yo creo...
- Cuando lo tienes cerca - dijo interrumpiendo - ¿Sientes una sensación de inmensa felicidad?
- Pues la verdad me da un poco de miedo, aunque estar a su lado me gusta mucho.
- Y cuando sabes que es hora de separarse, ¿Empiezas a sentirte triste?
- Pues la verdad el día que le dije que no quería volver a verlo, lloré hasta muy tarde.
- Es tu Alma gemela.
- Tatiana, yo no creo en esas cosas.
- ¡Pero estas cosas realmente existen! - dijo insistente.
- ¿Que debería hacer?
- Llámalo - dijo muy segura de si misma.
Y aquí estaba yo, a las tres de la tarde en la plaza de armas esperándolo.
- María Rosa - al escuchar su voz la piel se me enchinó.
- Hola - dije sin cambiar el gesto de tristeza en mi cara.
Dereck se acerco a mi y me abrazó.
- Creí que no me volverías a llamar.
- Dereck yo - dije alejándolo.
Saque un billete de cincuenta soles.
- Disculpa por no devolverte a antes tu dinero, conseguí trabajo de niñera y me dieron un adelanto por eso vine a devolverte.
Dereck tomo el billete, tenía el rostro desencajado.
- ¿Solo me llamaste para esto?
- Si, lamento la demora.
- Mírame, por favor.
Levante la cabeza, estaba aguantando las ganas de llorar.
- ¿Por qué lloras?
- Idioteces, no me hagas caso - dije limpiando mis ojos.
- Las mujeres no lloran por idioteces, más bien por un idiota.
Sonreí.
- Entonces - dije riendo entre lágrimas - eres un idiota.
Dereck me agarró el cachete y se agachó para besarme, lo abracé...
- Vamos te invito un helado.
- Esta bien - dije de manera automática.
Me agarró de la mano y nos fuimos al Aris.
Nos sentamos en una mesa del centro.
- Me gustaría que siguiéramos viéndonos.
- Lo que pasa...
- Yo entiendo, yo me equivoqué, fui muy acelerado, te daré tu espacio - continuo hablando por cerca de diez minutos - por favor, intentemos de nuevo, yo sé que lo nuestro puede funcionar.
- Esta bien - dije suspirando.
Desde entonces empecé una relación con Dereck, cada mes que cumpliamos, aparecía con regalos tan caros que definitivamente yo no podría pagar.
El primer mes me regaló chocolates, el segundo mes me regaló un peluche que decía "te amo", el tercer mes nos fuimos a visitar a Los Boras, el cuarto mes nos fuimos a cenar en el Mesón, el quinto mes fuimos a Nauta todo un fin de semana, no tuvimos sexo, el me respetó, el sexto mes llevo serenata, lo hizo a la salida de mi clase delante de mis compañeros, fue hermoso y muy romántico, el séptimo mes me dio un anillo de compromiso y me pidió que nos casemos, yo dije que si, el octavo mes me compro toda la ropa que yo quise, el noveno mes nos fuimos a Pucallpa, el décimo mes me compro una moto, el onceavo mes nos fuimos a Tarapoto, el doceavo mes me regaló un curso de etiqueta social en Nueva Acrópolis.
- Ya lo decidí - le dije a Tatiana emocionada.
- Decidir ¿qué?
- Le diré a Dereck que quiero hacerlo.
- Crei que ya lo habían hecho.
- Pues no, todavía.
- Ya vas a cumplir veintiún años y sigues siendo virgen.
- Se lo diré en mi cumpleaños.
- Oye cálmate, esto no es cosa de juego.
- ¿No lo hago entonces?
- Lo que digo es que quiero que estés segura.
- Estoy segura.
- Esta bien - dijo suspirando - te diré esto, pero no te asustes.
- ¿Que cosa?
- Mi primera vez fue horrible.
- Pero tú me dijiste...
- Se lo que dije, pero no quería que te asustes, la verdad es que estábamos tan nerviosos que el termino rápido y a mi me dolió tanto que solo quería que termine rápido.
- Pero a mi no me pasara esto, creo.
- Toma - dijo sacando un preservativo de su cartera - úsalo siempre.
- Esta bien - murmuré - ¿Como consigues esto?
- Mi novio - sonrió - en las practicas le regalan muchas cajas y yo siempre le pido para regalar.
- Ya veo.
Cuando vi a Dereck esa noche, nos fuimos al boulevard, nos sentamos mirando la luna, el me abrazó.
- María Rosa - murmuró - quiero decirte algo.
- Yo también quiero decirte algo - dije tocando su cara.
- Dime tu primero - me dijo rápidamente.
- Ya estoy lista - dije con voz temblorosa.
- ¿Para qué?
- Para hacerlo - sonreí - hagámoslo después de mi cumpleaños.
- ¿Estas segura?
- Muy segura.
- No quiero que luego te arrepientas.
- No lo haré, se que eres el hombre de mi vida.
- Está bien, eres la mujer que amo y me siento orgulloso de que me concedas este honor.
- Tenía miedo, pero ya estoy segura.
- Te amo - dijo besándome.
- ¿Que querías decirme? - Dije cuando me alejé de él.
- Pues yo - dijo dudando - ya lo olvidé, seguro no era importante.
- Bueno, cuando lo recuerdes me lo dices.
- Soy el hombre más feliz del mundo.
Llego mi cumpleaños, fui con Dereck a cenar en El Sombrero de Paja.
Luego me dijo que ese día me compraría ropa.
*****
Realmente lo amaba con todo mi ser, no entiendo como pude ser tan ciega y no darme cuenta, de ignorar mi primera impresión con el y caer en sus redes... en su telaraña tan enmarañada y ser estúpida... debí tener más confianza en mis instintos, pero mis miedos iniciales los deseche, el realmente era mi príncipe azul, o almenos eso creía yo, pero, al menos, por un momento de mi miserable vida, fui feliz, y eso nadie me lo va a quitar.
Dama Oscura
lunes, 27 de abril de 2020
lunes, 20 de abril de 2020
TELARAÑA DE MENTIRAS: CAPÍTULO VII
Al salir de mi examen, con mi nota aprobatoria, me encontré con Tatiana, quien había ido a la facultad era averiguar cuando empieza el vacacional.
Caminamos hacia la salida de la facultad mientras hablábamos y vi que Derec me esperaba a la salida.
Trate de deshacerme de Tatiana sin éxito, tuve que presentarle a Derec, quien ya de veía inquieto por mi tardanza.
- Así que tu eres Derec - dijo Tatiana con una sonrisa - ¿Tienes dinero?
- ¡Tatiana! - dije incómoda.
Ella me ignoró totalmente.
- Yo no puedo permitir que mi amiga pierda el tiempo con un hombre que sea misio.
- ¡Tatiana! - dije levantando la voz.
- A demás debes demostrar que eres un hombre soltero - continuo - mira que la primera vez de mi amiga debe ser con un hombre que realmente lo merezca.
Pellizque a Tatiana.
- ¡Au! Oye, ¿qué te pasa?
- Ya viene tu novio - sonreí - es mejor que te vayas - dije apretando los labios.
- ¿Que te pasa Maro? Me lastimaste el brazo.
- Nos vemos mañana Tatiana - dije muy enojada.
- Estas muy irritable últimamente, mira Derec es tu obligación hacer feliz a mi amiga.
- ¡Tatiana!
- ¡¡Queeee!!
- Ya vete - dije mirándola fijamente.
- Estas de muy mal humor.
En ese momento, apareció Sergio, se estacionó frente a nosotras y tocó el claxon de su moto.
- ¡Ay ya llegó Sergio! - dijo Tatiana, se acercó a mi y me dio un beso en la mejilla - nos vemos!! - grito corriendo hacia Sergio.
Mire a Derec, sonreí.
- Lamento este espectáculo - dije avergonzada.
- ¿Qué quieres hacer?
- Vamos a la plaza 28 - respondí.
Caminamos por la calle Bermudes hacia la plaza, nos sentamos en una de las bancas y miré a la gente pasar, en silencio.
- Querías hablar - dijo Derec, rompiendo el silencio.
- Es que... no sé como abordar el tema - dije aclarando mi garganta.
- ¿Necesitas pensar?
- Quiero ordenar mis ideas - dije mirándolo.
Lo observé fijamente, Derec era muy grande, mucho más que cualquier hombre que yo conocía, era muy blanco y cuando le daba el sol, la cara se le ponía roja, sus ojos eran de gato azul celeste, muy bonitos, sus manos eran mucho más grandes que las lias, agarre su mano y pegue mi mano para medirlas, era de contextura gruesa, ¿cuánto pesaría? Quizá unos 90 kilos, Quizá más.
- Yo quiero decir algo - murmuré - es que no sé, como hablar de esto - esquivaba la mirada de Derec.
- ¿Siempre eres así?
- Así... ¿Cómo? - dije soltando su mano y mirando hacia otro lado.
- Pareces un ratoncito atrapado en una ratonera - dijo soltando una carcajada.
Me tape la cara del susto.
- No te asustes - dijo abrazándome - me gustas así.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué? Pues, no lo sé, me gusta la inocencia que tienes en la mirada.
- Inocencia... - volteando los ojos - yo pienso, que estas acelerando, un poco las cosas, o sea, no me conoces, yo no te conozco, no se tus apellidos, ni quienes son tus padres, tampoco se a que te dedicas.
- Tengo negocios en esta ciudad.
- ¿Lo ves? - dije empezando a respirar más fuerte - me dices que tienes negocios, pero no que clase de negocios, es como si... estuvieras ocultando tu real fuente de ingreso.
- ¿Es eso lo que te interesa? ¿Saber cuánto ganó? - dijo poniendo cara de enojado.
- No me interesa si ganas un millón de soles, o quinientos soles, no me interesa si eres el dueño de una empresa o el cuidador de una pollería, yo solo quiero saber.
- ¿Por qué quieres saber?
- Porque yo... siento que... - suspirando - siento que ocultas algo y que cuando yo me entere de que ocultas, no lo sé... me da miedo, tu me das miedo.
- Pero yo nunca haría nada para lastimarte.
- ¿No lo entiendes? Tu... eres... como un príncipe azul del cuento, y yo... no se que hacer con esta actitud que tienes.
- Pues se mi princesa de cuento.
- ¡Yo no soy una princesa! - grite - ¡Tu no eres un príncipe!
- Baja la voz - dijo Derec.
- ¡No me pidas que baje la voz! - dije bajando un poco la voz - ¿No te das cuenta? Eres un tipo que oculta cosas.
- Todos tenemos secretos.
- Pero parece que tus secretos son... solo la idea de decirlo, se me hace un nudo en la garganta.
- ¿Que quieres entonces?
- Quiero que desaparezcas.
- ¿Por qué?
- Porque no soy una princesa de un cuento de hadas que debas salvar, y siento que si sigo teniendote cerca... algo muy malo va a pasar.
Derec se agachó sobre si, sujeto su frente con sus manos poniendo sus codos sobre sus piernas, tenía el rostro desencajado.
- ¿Estas rompiendo conmigo?
- Date cuenta Derec, nunca tuvimos una relación, no se puede acabar una relación que no ha empezado nunca.
- Pero yo fui a tu casa...
- Te devolvere el dinero que me diste, yo voy a trabajar estas vacaciones y te lo voy a devolver.
- No te preocupes, tu lo necesitabas para tus estudios.
Derec se levanto.
- Fue un gusto conocerte - murmuré.
- Vas a volver a mi, me vas a buscar de nuevo - dijo mirando al cielo con total seguridad.
Derec caminó hacia la avenida y tomó un motocarro, se fue, me quedé sentada en la banca de la plaza, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, no eran de dolor, era de alivio, sentía que me había librado de la boca del lobo.
Dama Oscura
Caminamos hacia la salida de la facultad mientras hablábamos y vi que Derec me esperaba a la salida.
Trate de deshacerme de Tatiana sin éxito, tuve que presentarle a Derec, quien ya de veía inquieto por mi tardanza.
- Así que tu eres Derec - dijo Tatiana con una sonrisa - ¿Tienes dinero?
- ¡Tatiana! - dije incómoda.
Ella me ignoró totalmente.
- Yo no puedo permitir que mi amiga pierda el tiempo con un hombre que sea misio.
- ¡Tatiana! - dije levantando la voz.
- A demás debes demostrar que eres un hombre soltero - continuo - mira que la primera vez de mi amiga debe ser con un hombre que realmente lo merezca.
Pellizque a Tatiana.
- ¡Au! Oye, ¿qué te pasa?
- Ya viene tu novio - sonreí - es mejor que te vayas - dije apretando los labios.
- ¿Que te pasa Maro? Me lastimaste el brazo.
- Nos vemos mañana Tatiana - dije muy enojada.
- Estas muy irritable últimamente, mira Derec es tu obligación hacer feliz a mi amiga.
- ¡Tatiana!
- ¡¡Queeee!!
- Ya vete - dije mirándola fijamente.
- Estas de muy mal humor.
En ese momento, apareció Sergio, se estacionó frente a nosotras y tocó el claxon de su moto.
- ¡Ay ya llegó Sergio! - dijo Tatiana, se acercó a mi y me dio un beso en la mejilla - nos vemos!! - grito corriendo hacia Sergio.
Mire a Derec, sonreí.
- Lamento este espectáculo - dije avergonzada.
- ¿Qué quieres hacer?
- Vamos a la plaza 28 - respondí.
Caminamos por la calle Bermudes hacia la plaza, nos sentamos en una de las bancas y miré a la gente pasar, en silencio.
- Querías hablar - dijo Derec, rompiendo el silencio.
- Es que... no sé como abordar el tema - dije aclarando mi garganta.
- ¿Necesitas pensar?
- Quiero ordenar mis ideas - dije mirándolo.
Lo observé fijamente, Derec era muy grande, mucho más que cualquier hombre que yo conocía, era muy blanco y cuando le daba el sol, la cara se le ponía roja, sus ojos eran de gato azul celeste, muy bonitos, sus manos eran mucho más grandes que las lias, agarre su mano y pegue mi mano para medirlas, era de contextura gruesa, ¿cuánto pesaría? Quizá unos 90 kilos, Quizá más.
- Yo quiero decir algo - murmuré - es que no sé, como hablar de esto - esquivaba la mirada de Derec.
- ¿Siempre eres así?
- Así... ¿Cómo? - dije soltando su mano y mirando hacia otro lado.
- Pareces un ratoncito atrapado en una ratonera - dijo soltando una carcajada.
Me tape la cara del susto.
- No te asustes - dijo abrazándome - me gustas así.
- ¿Por qué?
- ¿Por qué? Pues, no lo sé, me gusta la inocencia que tienes en la mirada.
- Inocencia... - volteando los ojos - yo pienso, que estas acelerando, un poco las cosas, o sea, no me conoces, yo no te conozco, no se tus apellidos, ni quienes son tus padres, tampoco se a que te dedicas.
- Tengo negocios en esta ciudad.
- ¿Lo ves? - dije empezando a respirar más fuerte - me dices que tienes negocios, pero no que clase de negocios, es como si... estuvieras ocultando tu real fuente de ingreso.
- ¿Es eso lo que te interesa? ¿Saber cuánto ganó? - dijo poniendo cara de enojado.
- No me interesa si ganas un millón de soles, o quinientos soles, no me interesa si eres el dueño de una empresa o el cuidador de una pollería, yo solo quiero saber.
- ¿Por qué quieres saber?
- Porque yo... siento que... - suspirando - siento que ocultas algo y que cuando yo me entere de que ocultas, no lo sé... me da miedo, tu me das miedo.
- Pero yo nunca haría nada para lastimarte.
- ¿No lo entiendes? Tu... eres... como un príncipe azul del cuento, y yo... no se que hacer con esta actitud que tienes.
- Pues se mi princesa de cuento.
- ¡Yo no soy una princesa! - grite - ¡Tu no eres un príncipe!
- Baja la voz - dijo Derec.
- ¡No me pidas que baje la voz! - dije bajando un poco la voz - ¿No te das cuenta? Eres un tipo que oculta cosas.
- Todos tenemos secretos.
- Pero parece que tus secretos son... solo la idea de decirlo, se me hace un nudo en la garganta.
- ¿Que quieres entonces?
- Quiero que desaparezcas.
- ¿Por qué?
- Porque no soy una princesa de un cuento de hadas que debas salvar, y siento que si sigo teniendote cerca... algo muy malo va a pasar.
Derec se agachó sobre si, sujeto su frente con sus manos poniendo sus codos sobre sus piernas, tenía el rostro desencajado.
- ¿Estas rompiendo conmigo?
- Date cuenta Derec, nunca tuvimos una relación, no se puede acabar una relación que no ha empezado nunca.
- Pero yo fui a tu casa...
- Te devolvere el dinero que me diste, yo voy a trabajar estas vacaciones y te lo voy a devolver.
- No te preocupes, tu lo necesitabas para tus estudios.
Derec se levanto.
- Fue un gusto conocerte - murmuré.
- Vas a volver a mi, me vas a buscar de nuevo - dijo mirando al cielo con total seguridad.
Derec caminó hacia la avenida y tomó un motocarro, se fue, me quedé sentada en la banca de la plaza, las lágrimas empezaron a brotar de mis ojos, no eran de dolor, era de alivio, sentía que me había librado de la boca del lobo.
Dama Oscura
lunes, 13 de abril de 2020
TELARAÑA DE MENTIRAS: CAPITULO VI
Derec llego a mi casa mucho antes que yo, al llegar a casa el estaba en mi sala, sentado conversando con mis padres.
- ¿Como no me hablaste nunca de tu novio? - dijo mi madre emocionada.
- Mamá - murmure - yo...
- Pero ven aquí, el tiene algo muy importante que decirte.
Mi madre me jalo del brazo y me hizo sentar al lado de Derec.
- Maria, yo estuve conversando con tus padres, sobre mis sentimientos por ti.
- No - dije deteniendo la respiración.
- No te asustes - dijo tomando mi mano suavemente - yo quiero decirte, Maria, que estoy enamorado de ti, que mis intenciones contigo son sinceras, me gustaría, con el permiso de tus padres, poder visitarte aquí y que si en un futuro me aceptas, poder casarnos.
- Yo - dije nerviosa sin saber que decir.
- Yo no tengo ningun inconveniente con que visites esta casa - se adelanto mi madre. Interrumpiendo.
- Yo deseo la felicidad de mi hija - respondió mi padre - y si ella le dejó entender que tiene un mínimo de interés por usted, no me opongo, pero si ella no desea nada con usted, yo la apoyo.
Mire a mi madre quien evidentemente estaba encantada con Derec.
- Esta bien - dije suspirando.
Derec sonrió de oreja a oreja.
- Te juro que de ahora en adelante me dedicaré a que seas feliz.
- No tengo dudas de eso - murmuré cínicamente.
Mire a mi madre muy feliz por la situación, mi padre miraba a Derec fijamente y Derec me miraba a mi.
- Los invito a cenar - dijo Derec rompiendo el incómodo silencio.
- Eso sería fantástico - respondió mi madre levantándose de su asiento y juntando las manos - así podríamos conversar.
Me levanté y sonreí.
- Entonces nos vemos esta noche - dije manteniendo la sonrisa.
Derec salió de la casa, yo lance una mirada enojada a mi madre y me fui a mi cuarto, ella me siguió.
- ¿Por que haces esto?
- Hija - empezó - los hombres no tienen consideración de que su mujer sea virgen o no cuando están con ella.
- ¿Que tiene que ver eso con esto?
- Este hombre está bien posicionado económicamente, está enamorado de ti, te puede ayudar...
- No te imaginas cuantas veces escuche esto.
- ¿Y qué deseas entonces?
- No te entiendo.
- Sabes muy bien a que me refiero - empezaba a sonarse enojada - ¿acaso quieres enamorarte de un bueno para nada que luego te dejara botada por otra?
- ¿Y cómo sabes que él no hará esto?
- Hay una probabilidad - torció la boca - pero antes de eso, podías obtener beneficios.
- ¿¡Te das cuenta de lo retorcido que es eso!?
- Es la realidad - me miraba fijamente - pero si eres inteligente, sacarás el mejor provecho a esta situación, a este hombre, sabes que tu padre y yo no podemos darte muchas cosas que te seria muy facil obtener de él.
- Madre - me tape la cara, estaba enojada por lo que estaba escuchando - entiendo lo que dices y porque lo dices - la miré desconcertada - pero que decepción de que seas mi madre.
- No es el fin del mundo, muchas chicas lo hacen.
Mi madre salió de mi habitación, me quedé sola con mis pensamientos.
Me acosté en la cama hasta la hora de la cita.
Cuando llegó la hora, Derec apareció en mi casa, yo ya me había vestido, mis padres estaban terminando de arreglarse.
- Me gustaría hablar contigo, un momento -dije.
- Si, está bien, ¿De qué quieres hablar?
- A solas - dije mirando el interior de mi casa.
- Entonces, ¿es urgente que sea hoy? - dijo intrigado.
- No, no es muy importante, a decir verdad, pero si es algo que me dio muchas vueltas.
- Lo olvidaba - dijo sacando un billete de 50 soles - toma, creo que tienes un examen mañana.
Mire el billete un poco desorientada, me sentía molesta con Derec por lo de la mañana, no sabia exactamente como reaccionar.
- Gracias - dije suspirando - espero aprobar el curso.
- ¿A que hora será tu examen?
- Como a las diez de la mañana.
- Iré a la facultad de educación por ti.
- Esta bien.
Mis padres salieron a nuestro encuentro en la sala.
- Es cada vez más difícil arreglarse - dijo mi madre sonriendo.
Salimos de la casa, nos dirigimos a "El nativo" un restaurante muy de moda en aquel tiempo. Esa noche, Derec me entregó un anillo, me dijo que no era de compromiso, pero si una muestra de su amor.
Después de cenar nos devolvió a mi casa.
Derec se fue, no sin antes, asegurarme que al día siguiente hablaríamos de lo que yo tenía en la cabeza.
Dama Oscura
- ¿Como no me hablaste nunca de tu novio? - dijo mi madre emocionada.
- Mamá - murmure - yo...
- Pero ven aquí, el tiene algo muy importante que decirte.
Mi madre me jalo del brazo y me hizo sentar al lado de Derec.
- Maria, yo estuve conversando con tus padres, sobre mis sentimientos por ti.
- No - dije deteniendo la respiración.
- No te asustes - dijo tomando mi mano suavemente - yo quiero decirte, Maria, que estoy enamorado de ti, que mis intenciones contigo son sinceras, me gustaría, con el permiso de tus padres, poder visitarte aquí y que si en un futuro me aceptas, poder casarnos.
- Yo - dije nerviosa sin saber que decir.
- Yo no tengo ningun inconveniente con que visites esta casa - se adelanto mi madre. Interrumpiendo.
- Yo deseo la felicidad de mi hija - respondió mi padre - y si ella le dejó entender que tiene un mínimo de interés por usted, no me opongo, pero si ella no desea nada con usted, yo la apoyo.
Mire a mi madre quien evidentemente estaba encantada con Derec.
- Esta bien - dije suspirando.
Derec sonrió de oreja a oreja.
- Te juro que de ahora en adelante me dedicaré a que seas feliz.
- No tengo dudas de eso - murmuré cínicamente.
Mire a mi madre muy feliz por la situación, mi padre miraba a Derec fijamente y Derec me miraba a mi.
- Los invito a cenar - dijo Derec rompiendo el incómodo silencio.
- Eso sería fantástico - respondió mi madre levantándose de su asiento y juntando las manos - así podríamos conversar.
Me levanté y sonreí.
- Entonces nos vemos esta noche - dije manteniendo la sonrisa.
Derec salió de la casa, yo lance una mirada enojada a mi madre y me fui a mi cuarto, ella me siguió.
- ¿Por que haces esto?
- Hija - empezó - los hombres no tienen consideración de que su mujer sea virgen o no cuando están con ella.
- ¿Que tiene que ver eso con esto?
- Este hombre está bien posicionado económicamente, está enamorado de ti, te puede ayudar...
- No te imaginas cuantas veces escuche esto.
- ¿Y qué deseas entonces?
- No te entiendo.
- Sabes muy bien a que me refiero - empezaba a sonarse enojada - ¿acaso quieres enamorarte de un bueno para nada que luego te dejara botada por otra?
- ¿Y cómo sabes que él no hará esto?
- Hay una probabilidad - torció la boca - pero antes de eso, podías obtener beneficios.
- ¿¡Te das cuenta de lo retorcido que es eso!?
- Es la realidad - me miraba fijamente - pero si eres inteligente, sacarás el mejor provecho a esta situación, a este hombre, sabes que tu padre y yo no podemos darte muchas cosas que te seria muy facil obtener de él.
- Madre - me tape la cara, estaba enojada por lo que estaba escuchando - entiendo lo que dices y porque lo dices - la miré desconcertada - pero que decepción de que seas mi madre.
- No es el fin del mundo, muchas chicas lo hacen.
Mi madre salió de mi habitación, me quedé sola con mis pensamientos.
Me acosté en la cama hasta la hora de la cita.
Cuando llegó la hora, Derec apareció en mi casa, yo ya me había vestido, mis padres estaban terminando de arreglarse.
- Me gustaría hablar contigo, un momento -dije.
- Si, está bien, ¿De qué quieres hablar?
- A solas - dije mirando el interior de mi casa.
- Entonces, ¿es urgente que sea hoy? - dijo intrigado.
- No, no es muy importante, a decir verdad, pero si es algo que me dio muchas vueltas.
- Lo olvidaba - dijo sacando un billete de 50 soles - toma, creo que tienes un examen mañana.
Mire el billete un poco desorientada, me sentía molesta con Derec por lo de la mañana, no sabia exactamente como reaccionar.
- Gracias - dije suspirando - espero aprobar el curso.
- ¿A que hora será tu examen?
- Como a las diez de la mañana.
- Iré a la facultad de educación por ti.
- Esta bien.
Mis padres salieron a nuestro encuentro en la sala.
- Es cada vez más difícil arreglarse - dijo mi madre sonriendo.
Salimos de la casa, nos dirigimos a "El nativo" un restaurante muy de moda en aquel tiempo. Esa noche, Derec me entregó un anillo, me dijo que no era de compromiso, pero si una muestra de su amor.
Después de cenar nos devolvió a mi casa.
Derec se fue, no sin antes, asegurarme que al día siguiente hablaríamos de lo que yo tenía en la cabeza.
Dama Oscura
lunes, 6 de abril de 2020
TELARAÑA DE MENTIRAS: CAPÍTULO V
Cuando llegue a la plaza de armas, Derec ya estaba ahí esperándome, me acerque a el por su espalda, estaba parado mirando, quizá buscándome, le toque el brazo, el se dio la vuelta y en su cara se formó una sonrisa al verme.
- Hola - sonreí - ¿Llegue tarde?
- No para nada, yo vine antes para no hacerte esperar - dijo ofreciéndome su brazo - ahí esta el Aris Burger, vamos.
Caminamos hasta el local, subíamos por la escalera de caracol y nos sentamos cerca de la ventana, una señorita se acerco a nosotros con la carta.
- ¿Quieres que pida por ti? - dijo agarrando mi mano.
- Me encantaría - dije sonriendo.
Pidió unbun juane para el y una ensalada rusa para mi.
- Me gustaría que vayamos al cine, ¿Quieres ir?
- Me encantaría - sonreí.
- Hay una película que se está estrenado, una con Adam Sandler, me gusta mucho ese actor, seguramente nos reiremos mucho.
Sonreí, nos trajeron la comida, seguido fuimos al cine, nos sentamos en la cuarta fila contando de atrás para adelante, el me abrazo.
- Eres muy hermosa - dijo antes de que empiece la película - me gustaría que seas mi novia.
- Lo voy a pensar - murmure.
- ¿No te gusto?
- Pues... Un poco, si.
- ¿Un poco nada más? - dijo levantando mi cabeza con su mano, mirándome, se acerco a mi y levante la mano.
- ¡No! - dije asustada - lo siento, yo... No puedo.
- ¿Por qué?
- Porque apenas nos conocemos.
- ¿Pero eso que importa?
- A mi me importa, por favor no me insista.
Lo aparte de mi y se quedo tranquilo por un rato. Luego lo intento de nuevo y terminamos besandonos, aún así lo aparte de nuevo.
Cuando la película terminó, mientras caminábamos, el me propuso que estuviéramos.
- Podríamos conocernos, primero - dije dudando de mi respuesta.
- Está bien - dijo.
Desde ese día empezamos a salir, salimos cada fin de semana por tres semanas más.
El ciclo de la universidad terminó, había jalado un curso y debía ir a un aplazado, mis padres no tenían dinero para gastos extras y no me atreví a pedirles dinero, los días previos al examen me sentía desesperada, pues no podría pagarlo.
- Pídele a Derec - dijo Tatiana mientras le contaba mi preocupación.
Estábamos en la facultad, había ido para averiguar el día del examen, era en dos días, iba a perder el curso.
- ¿Como crees? No puedo pedirle dinero.
- Pero no es mucho, solo veintitrés soles, seguro que a él le sobra esa cantidad - dijo despreocupada.
- Tatiana, yo no puedo pedirle dinero a ese hombre, a penas lo conozco, ¿que va a pensar de mi?
- No va a pensar nada, llevas casi un mes con ese tipo, haz salido bastante con él, ¿Ya lo hicieron?
- ¡Tati! - dije asustada.
- Ay, que hablo, la virginiacasta.
- No lo hemos hecho aún.
- Pues háganlo.
- ¡Que dices! - dije bajando la voz - ¿Estas loca? ¡Es muy grande para mi!
- Pues mejor así - respondió - tiene experiencia.
- El día que lo haga será por amor - apreté los labios - no me hables más de ese asunto.
- Si por amor lo haríamos, ya nos habríamos extinguido.
- Tatiana, eres muy persistente.
- Y tu no sabes de lo que te pierdes por andar de sobrada.
Deje a Tatiana en la facultad, al salir llame a Derec.
- Aló - respondió, su voz se escuchaba tan serena.
- Soy yo - murmure - Maria Rosa.
- ¡Hola hermosa! - dijo cambiando el tono de voz.
- Yo... ¿Podemos vernos?
- Claro hermosa, ven a mi casa.
- ¿A tu casa? - dudando - no lo creo - suspire - mejor otro día, chau - colgué la llamada.
La nariz se me lleno de flemas, empecé a derramar lágrimas involuntariamente, me sentía impotente, tenía que sacar el dinero de algún lado, pero ¿de donde? Mientras lloraba se me paso por la cabeza muchas formas de obtener dinero. Podría enseñar unas clases a algún niño que necesite reforzamiento, si eso podía hacer. Pero ya no tenía tiempo, solo tenía un día parco seguir el dinero.
Mi celular empezó a sonar, era Derec, corte la llamada y llamó cinco veces más. Contesté.
- Aló - dije fingiendo desinterés.
- Disculpame por pedirte que fueras a mi casa, pasa que estoy trabajando y traje parte del trabajo aquí, te invito a almorzar.
- Gracias por considerarlo, pero prefiero no verte más.
- Vamos Maria, necesitas dinero ¿no?
Me quede en silencio por varios minutos.
- ¿Cómo lo sabes? - pregunté dudando.
- En todo este tiempo nunca me haz llamado solo ate cabos.
- Lamento haberte llamado para eso - dije - pero estoy un poco desesperada y no se que hacer.
- ¿Es de la universidad?
- Si, tengo que pagar una cuenta.
- Esta bien, yo te daré el dinero.
- No puedo aceptar, no podre pagarte.
- No importa, Maria, mis intenciones contigo son totalmente serias, quiero apoyarte con tus estudios y seas una gran profesional, dejame ayudarte con esto, por favor.
- No me acostare contigo porque me des dinero.
Una risa estruendosa se escucho al otro lado del celular.
- ¿Crees que mi interés contigo es sexual?
- Pues... Si.
- Hay Maria, que tierna eres, dime donde vives, iré a tu casa, ¿Cuanto necesitas?
- Veintitrés soles.
- Dame tu dirección, iré ahora mismo.
Le di mi dirección.
- ¿Eso es por el coliseo cerrado?
- Si, a la siguiente cuadra, la casa color verde.
- Llego en quince minutos.
- Gracias - murmure - pero de verdad no tengo como devolverte el dinero.
- No te preocupes, a mi me sobra (se rió) venga, no es para tanto.
Me quede en silencio.
- ¿Maria?
- Aquí estoy - dije aclarando mi garganta.
- ¿Estas llorando?
- Un poquito, si.
- ¿Por qué?
- No lo sé, las lágrimas se me salen nada más.
- Te veo al rato en tu casa.
- Esta bien - dije aspirando la nariz.
Corte la llamada.
Dama Oscura
- Hola - sonreí - ¿Llegue tarde?
- No para nada, yo vine antes para no hacerte esperar - dijo ofreciéndome su brazo - ahí esta el Aris Burger, vamos.
Caminamos hasta el local, subíamos por la escalera de caracol y nos sentamos cerca de la ventana, una señorita se acerco a nosotros con la carta.
- ¿Quieres que pida por ti? - dijo agarrando mi mano.
- Me encantaría - dije sonriendo.
Pidió unbun juane para el y una ensalada rusa para mi.
- Me gustaría que vayamos al cine, ¿Quieres ir?
- Me encantaría - sonreí.
- Hay una película que se está estrenado, una con Adam Sandler, me gusta mucho ese actor, seguramente nos reiremos mucho.
Sonreí, nos trajeron la comida, seguido fuimos al cine, nos sentamos en la cuarta fila contando de atrás para adelante, el me abrazo.
- Eres muy hermosa - dijo antes de que empiece la película - me gustaría que seas mi novia.
- Lo voy a pensar - murmure.
- ¿No te gusto?
- Pues... Un poco, si.
- ¿Un poco nada más? - dijo levantando mi cabeza con su mano, mirándome, se acerco a mi y levante la mano.
- ¡No! - dije asustada - lo siento, yo... No puedo.
- ¿Por qué?
- Porque apenas nos conocemos.
- ¿Pero eso que importa?
- A mi me importa, por favor no me insista.
Lo aparte de mi y se quedo tranquilo por un rato. Luego lo intento de nuevo y terminamos besandonos, aún así lo aparte de nuevo.
Cuando la película terminó, mientras caminábamos, el me propuso que estuviéramos.
- Podríamos conocernos, primero - dije dudando de mi respuesta.
- Está bien - dijo.
Desde ese día empezamos a salir, salimos cada fin de semana por tres semanas más.
El ciclo de la universidad terminó, había jalado un curso y debía ir a un aplazado, mis padres no tenían dinero para gastos extras y no me atreví a pedirles dinero, los días previos al examen me sentía desesperada, pues no podría pagarlo.
- Pídele a Derec - dijo Tatiana mientras le contaba mi preocupación.
Estábamos en la facultad, había ido para averiguar el día del examen, era en dos días, iba a perder el curso.
- ¿Como crees? No puedo pedirle dinero.
- Pero no es mucho, solo veintitrés soles, seguro que a él le sobra esa cantidad - dijo despreocupada.
- Tatiana, yo no puedo pedirle dinero a ese hombre, a penas lo conozco, ¿que va a pensar de mi?
- No va a pensar nada, llevas casi un mes con ese tipo, haz salido bastante con él, ¿Ya lo hicieron?
- ¡Tati! - dije asustada.
- Ay, que hablo, la virginiacasta.
- No lo hemos hecho aún.
- Pues háganlo.
- ¡Que dices! - dije bajando la voz - ¿Estas loca? ¡Es muy grande para mi!
- Pues mejor así - respondió - tiene experiencia.
- El día que lo haga será por amor - apreté los labios - no me hables más de ese asunto.
- Si por amor lo haríamos, ya nos habríamos extinguido.
- Tatiana, eres muy persistente.
- Y tu no sabes de lo que te pierdes por andar de sobrada.
Deje a Tatiana en la facultad, al salir llame a Derec.
- Aló - respondió, su voz se escuchaba tan serena.
- Soy yo - murmure - Maria Rosa.
- ¡Hola hermosa! - dijo cambiando el tono de voz.
- Yo... ¿Podemos vernos?
- Claro hermosa, ven a mi casa.
- ¿A tu casa? - dudando - no lo creo - suspire - mejor otro día, chau - colgué la llamada.
La nariz se me lleno de flemas, empecé a derramar lágrimas involuntariamente, me sentía impotente, tenía que sacar el dinero de algún lado, pero ¿de donde? Mientras lloraba se me paso por la cabeza muchas formas de obtener dinero. Podría enseñar unas clases a algún niño que necesite reforzamiento, si eso podía hacer. Pero ya no tenía tiempo, solo tenía un día parco seguir el dinero.
Mi celular empezó a sonar, era Derec, corte la llamada y llamó cinco veces más. Contesté.
- Aló - dije fingiendo desinterés.
- Disculpame por pedirte que fueras a mi casa, pasa que estoy trabajando y traje parte del trabajo aquí, te invito a almorzar.
- Gracias por considerarlo, pero prefiero no verte más.
- Vamos Maria, necesitas dinero ¿no?
Me quede en silencio por varios minutos.
- ¿Cómo lo sabes? - pregunté dudando.
- En todo este tiempo nunca me haz llamado solo ate cabos.
- Lamento haberte llamado para eso - dije - pero estoy un poco desesperada y no se que hacer.
- ¿Es de la universidad?
- Si, tengo que pagar una cuenta.
- Esta bien, yo te daré el dinero.
- No puedo aceptar, no podre pagarte.
- No importa, Maria, mis intenciones contigo son totalmente serias, quiero apoyarte con tus estudios y seas una gran profesional, dejame ayudarte con esto, por favor.
- No me acostare contigo porque me des dinero.
Una risa estruendosa se escucho al otro lado del celular.
- ¿Crees que mi interés contigo es sexual?
- Pues... Si.
- Hay Maria, que tierna eres, dime donde vives, iré a tu casa, ¿Cuanto necesitas?
- Veintitrés soles.
- Dame tu dirección, iré ahora mismo.
Le di mi dirección.
- ¿Eso es por el coliseo cerrado?
- Si, a la siguiente cuadra, la casa color verde.
- Llego en quince minutos.
- Gracias - murmure - pero de verdad no tengo como devolverte el dinero.
- No te preocupes, a mi me sobra (se rió) venga, no es para tanto.
Me quede en silencio.
- ¿Maria?
- Aquí estoy - dije aclarando mi garganta.
- ¿Estas llorando?
- Un poquito, si.
- ¿Por qué?
- No lo sé, las lágrimas se me salen nada más.
- Te veo al rato en tu casa.
- Esta bien - dije aspirando la nariz.
Corte la llamada.
Dama Oscura
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