lunes, 20 de enero de 2020

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPITULO XXV

Diego ingreso a mi habitación para conversar conmigo después de varias semanas de ausencia.
- Me iré de la casa - dije rompiendo el silencio de pronto.
- ¿A donde iras? - pregunto confundido - ¡no puedes irte!
- Dejaré todos mis bienes en herencia a mi hijo, quiero que lo eduque como tuyo, que sea un hombre de letras, no lo mandes al ejército, que aprenda matemáticas también y que aprenda negocios.
- Celeste no estas pensando con claridad las cosas, te das cuenta de lo que dices, es un disparate.
- Me llevaré a Rhonda, Imara y a Beltrán.
- ¡Basta! - dijo dándome un golpe en la cara - o siento mucho - reaccionó asustado - no fue mi intención.
- Hermano, no te estoy pidiendo permiso, ya tengo veintitres años y puedo irme si así lo deseo, soy una mujer Romana. 
- Las mujeres romanas que no tienen un hombre al lado, no valen nada. 
- ¿Quién te dijo que estaré sola? 
- No puedes irte sin primero casarte - gruñó.
- Puedo irme y lo haré con o tu permiso.
- Celeste no te imaginas todas las penurias que pasaras estando sola y sin nadie que cuide de ti.
- ¿Más de las que viví con Horacio? Si fuera esclava seguramente la habría pasado mejor.
- No sabes lo que dices.
- ¡Ya lo decidí! Diego, eres mi hermano te quiero pero no me des órdenes.
- Se lo diré a tu madre.
- Si haces eso tendré que pedirte que abandones mi propiedad.
- Hermana tienes que reconsiderar tu decisión.
- Tengo documentos que firmar, solo, me llevare a tres esclavos de la casa - suspirando.
- ¿Podré hacer que cambies de opinión?
- Ya lo decidí.
- Te quiero mucho hermana.
- Yo también te quiero, Diego.
Mi hermano salio de mi habitación, pero volvió a entrar minutos después.
- ¿A quienes quieres llevarte?
- Rhonda, Imara y Beltrán.
- Beltrán es un gladiador.
- Necesitaré alguien que cuide de mi, a demás Beltrán está viejo no te sirve para las luchas.
- Pero es un buen doctore.
- Consigues otro.
Diego se quedó parado en medio de mi habitación por un rato, mirándome en silencio, después se frotó la frente y se fue.
Mire por la ventana, el día estaba muy soleado, Imara entró a mi habitación.
- Señora, ¿necesita algo?
- Dile a Griselda que venga, por favor.
Imara salió de mi habitación y después de un momento vino Griselda.
- Me gustaría - murmuré - saber a donde iremos.
- Primero iremos a las montañas a perfeccionar tu magia - dijo - luego iremos a otras ciudades.
- Y ¿donde viviremos?
- Podemos armar una cabaña en donde vayamos a dormir.
- Me da miedo - dije - yo, nunca sali de la ciudad.
- Estaremos bien - sonrió - yo te cuidaré.
Mire a mi alrededor.
- Entonces creo que no necesitaré tanta ropa.
- Creo que con dos prendas bastará, debemos viajar ligero.
- ¿Tengo que llevar mis documentos?
- En un par de décadas, no serán útiles.
Griselda me ayudó a escoger la ropa que llevare, nos quedamos en silencio por un momento, cuando escuche a Dolores y a Diego discutir.
Salí de mi habitación y me dirigi a donde estaban... Discutían sobre mi.
- ¡Tienes que detenerla! - grito Dolores - Es tu hermana, te debe obediencia en ausencia de tus padres.
- Baja la voz mujer - murmuró Diego - alguien podría escuchar.
- ¿Crees que me importa? Por si no te diste cuenta, Diego, esta es la casa de Horacio, si ella se va, el podría reclamarlo como suya.
- Tenemos al hijo de Celeste, ella dejará todo a nombre de él como herencia y nosotros seremos sus tutores legales hasta que pueda hacerse cargo de sí mismo.
- Diego no podemos dejarla que se vaya así como así, recuerda lo que dijo el doctor...
- ¿Que dijo el doctor? - interrumpí la conversación.
Dolores se asusto al verme.
- ¿Estabas escuchando a escondidas? - replicó Diego automáticamente.
- Hice una pregunta hermano.
- Horacio te golpeó en la cabeza y el doctor dijo que podrías sufrir alucinaciones.
- Alucinaciones - apretando los labios.
- Pérdida de memoria, delirios, desmayos...
- Entonces estoy loca...
- No hermana - dijo Diego tratando de tranquilizarme - solo dijo que... Debemos estar más atentos a tus necesidades...
- Necesito estar sola - murmure.
Salí de la habitación, salí de la casa, me pare en medio de la calle y mire a la gente me agarre la cabeza, me arrodille pensando lo que era real o no en mi vida... Todo me parecía real.
Un alboroto cerca del mercado me llamo la atención, me acerque a mirar, dos gladiadores peleando a pedido de sus dominus...
Me aleje del lugar, seguí caminando y llegué al antiguo coliseo, el primer coliseo para los espectáculos de la ciudad, me senté en aquel lugar abandonado, sola...
La noche me alcanzó sin que me diera cuenta.
- La ciudad es peligrosa - dijo Claudio quien había sido atraído por mi olor.
- Dejame sola, por favor.
- No puedo, me siento responsable de ti, te llevaré a casa - se acerco a mi.
- ¿Eres real? - sonreí.
- Claro que si, ¿Por qué piensas que no soy real?
Empecé a llorar.
- No, ¿Por qué lloras?
- Me siento, ¡tan desdichada! Los dioses me abandonaron seguramente hice algo que los ofendió.
- No, mi hermosa Celeste, no digas eso.
- Mi esposo intento matarme y ni siquiera recuerdo porque quería hacerlo.
- No eres culpable de eso.
- Estoy sola - seguí llorando hasta casi ahogarme con mis lágrimas - siento que soy un fracaso.
- Celeste - dijo Claudio abrazandome - te amo, siempre te he amado.
- Sueltame - dije apartandolo de mi - si me hubieras amado como dices, habrías vuelto y te habrías casado conmigo y yo no estaría aquí ahora llorando por todo lo que me pasó.
- Lo lamento tanto - dijo agarrando mi mano - quiero compensar todo el sufrimiento que pasaste por mi ausencia.
- Sueltame - dije poniéndome de pie y caminando hacia la salida del coliseo, me detuve en seco y me di la vuelta - es muy tarde para arrepentimientos.
Salí del coliseo y Claudio me siguió de cerca hasta que llegue a casa, me pare en la puerta y estire el brazo, el todo mi mano y entramos, en silencio hasta mi habitación.
Claudio aseguró la puerta y las ventanas, me desnude, el se quito la ropa y nos metimos a la cama.

Dama Oscura 

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