Cuando Griselda se fue de mi habitación, hice que Imara y Clotilde preparasen una habitación para ella, le colocaron una cama y decoraron con telas finas.
Dolores me vio organizando la preparación de una habitación de huéspedes de la casa y se quedo intrigada por mi motivación.
- ¿Recibes visitas? - pregunto con esa voz dulce y aguda que la identificaba.
- Invite a una amiga a vivir conmigo - suspire - me siento extrañamente sola en esta casa.
- Yo te hago compañía - y luego agrego - ¿A quien invitaste?
- A Griselda - sonreí.
- ¿Esa bruja?
- Si, a ella - sonreí con el rostro congelado - es mi amiga.
- Y Diego ¿lo sabe?
- Lo sabrá - sonreí achicando los ojos - en su momento - la sonrisa en mi rostro no se quitaba, parecia mas una mueca que una sonrisa sincera, mi rostro estaba congelado.
Dolores se retiro de la habitación enojada.
En mi habitación, miraba mi rostro en el cristal, intentaba hallar la perfección que Claudio decía que poseía, solo podía encontrar la cicatriz que se extendía prominente en mi cabeza, mi pelo antes rubio dorado era mas rojo ahora, empezaba a crecer lentamente sobre mi calva cabeza.
Me fui a la cocina y me encontré con Crispina amamantando a su hija, la pequeña estaba muy regordeta, al verla sonreí, no pude evitarlo.
Me acerque a Crispina y mire a la niña de cerca, sonriendo le acaricie la cabeza.
- Esta creciendo muy rápido - dijo Crispina - me gustaría que sea pequeña siempre.
- Todos crecemos - murmuré - algún día...
- ¿Necesita algo señora?
Clotilde había ingresado a la cocina y me miraba con frialdad.
- Si - dije finalmente - prepara algunos dulces y lleva a mi habitación.
- Como usted mande, domina - dijo Clotilde.
Me di la vuelta para salir de la cocina y la vision se volvió borrosa, luego todo oscureció y caí al piso dormida.
La primera voz que escuche cuando desperté fue la de Diego.
- ¿Estas bien hermana mía?
Decia preocupado agarrando mi mano.
- ¿Que pasó? - dije entreabriendo los ojos y frunciendo las cejas confundida.
- Te desmayaste en la cocina y Rhonda te trajo a tu habitación - interrumpio Dolores con esa voz dulce y aguda que tenía.
- Me sentí mareada de pronto - dije - y mi cuerpo se puso pesado.
- Tengo buenas noticias - dijo Griselda quien había ingresado a la habitación con una tina con agua - mi niña esta esperando un bebé.
La habitación quedó en un silencio sepulcral, todos se miraron entre sí y me miraron.
- ¿Como es esto posible? - dije incrédula - yo no - entonces recordé a aquellos hombres en el mercado de la ciudad - no es posible - las lágrimas empezaron a rodar por mi rostro.
- Calma - dijo Diego - debe haber un error.
- ¿Estas diciendo que yo estoy equivocada en mi análisis? - increpó Griselda con agresividad.
- Yo solo digo que puede haber otra explicación para esto - dijo Diego levantando la voz.
- ¿Entonces asumir que tu hermana está muriendo es una mejor opción que el hecho de que espere un bebé? - agregó Dolores.
- Fuera todos, quiero hablar con Griselda - ordene.
Solté la mano de mi hermano quien salió de la habitación con Dolores.
Mire a Griselda quien se había parado al pie de mi cama.
- Dime por favor que hiciste una broma de muy mal gusto - dije limpiando mi cara de las lágrimas.
- Mi niña, claro que no es una broma - dijo ella - pero esta niña es la que esperas para ti.
- Esta niña es producto de una violación - dije - no puede significar nada bueno para mi.
- Dolores es estéril y llenará con ella la tristeza de su alma de no poder tener hijos.
- Pero mi vida - dije - yo no puedo... No seria un ciudadano romano.
- Lo sería si Diego y Dolores lo firman como hijo suyo, Diego desea tanto ser padre que aceptará.
- Me estas diciendo que le entregue a mi hermano mi hijo.
- No solo tu hijo, también toda tu fortuna.
- Griselda esta broma es de muy mal gusto.
- Pronto lo entenderás mi niña y cuando lo entiendas sabrás por que las cosas pasaron como están pasando ahora.
Continué llorando en mi cama hasta quedarme dormida, las semanas pasaron, converse con Diego y Dolores sobre el niño que se venía en camino y lo que planeaba hacer, Diego aceptó criarlo como suyo y Dolores fue la mujer más feliz de la ciudad. Con las semanas mi barriga siguió creciendo y mi miedo al parto con ella, nunca salí de la casa ni me asome por la ventana, no recibí visitas hasta el día que di a luz.
Los dolores vinieron durante la noche, grite del dolor y Griselda apareció en mi habitación, era una noche de luna llena, Imara apareció justo después de ella y llamaron a Dolores, las contracciones cada vez más fuertes me desnudaron y me sentaron en la tina hasta el momento de pujar... Una vez, dos veces, tres veces, sentí como la cabeza salía de mis entrañas, tuve que continuar pujando y el resto del cuerpo salió de mi.
- ¡Es un varón! - grito Dolores emocionada.
- Quiero verlo - dije.
Griselda lo envolvió en una manta y se lo entrego a Dolores, me ayudo a levantar y junto a Imara me llevaron a la cama. Trajeron al niño y lo vi, piel blanca, pelo negro y labios rojos, era perfecto.
- Que se llame Clemente - murmure - no quiero verlo más.
Me dormí profundamente entre mis lágrimas.
Un mes después del nacimiento de Clemente ya estaba en pie nuevamente, no había vuelvo a ver ni escuchado del niño, Dolores consiguió una sirvienta que amamante al niño el mismo día que nació, una prostituta de los baños públicos de donde provenía Crispina que había tenido un niño y se le murió. Estaba feliz de salir de ese lugar y poder abrazar un bebé, yo no quería verlo, era el vivo recordatorio de lo que me había pasado en aquel mercado y mi corazón estaba cada vez más lleno de amargura hacia Horacio, un día le vería la cara y le daría su merecido.
Griselda empezó a enseñarme los secretos que conocía, todo lo que habia aprendido y una mañana se paro frente a mi en silencio y no me hablo de nada por un rato.
- Estas extrañamente callada hoy - dije mientras practicaba la poción para curar la calentura corporal que me estaba enseñando.
- Hay un viejo hechizo que deseo enseñarte - respondió suspirando - pero debemos irnos de aquí si quieres aprenderlo.
- ¿De qué trata? - pregunté.
- Poción de la eternidad - dijo - pero los efectos en casa bruja varía.
- ¿A que te refieres? - sonreí.
- Hay una bruja que cuando la toma, inmediatamente reencarna en una niña que este naciendo en ese momento, yo la tomo y mi envejecimiento esta detenido desde hace más de ochenta años, pero los efectos que tendrá en ti, no lo sabremos hasta que la tomes.
- Por eso debemos irnos - murmure.
- Y cuando la tomes - dijo - no habrá retorno.
- ¿Por qué deseas que yo aprenda eso?
- Deseo que seas feliz mi niña, para eso debo enseñarte todo lo que se y tu lo utilizarás a tu propio beneficio - suspiró - aunque tu felicidad implique que te alejes de mi.
- Esta bien - respondí - nos iremos a donde quieras - sonreí.
Dama Oscura
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