Acostados en la cama, recorrí con mis labios el cuerpo de Claudio, frío, duro, como un muerto, no sentía su corazón latir, sus ojos eran rojos, y mientras más lo besaba hacia un gesto extraño con la boca abriéndola desproporcionadamente.
Le sujete la cabeza y lo bese, el recorría mi cuerpo con sus manos y evitaba besarme, apreté su cabeza contra mis senos y el saco la lengua bajo por mi vientre y yo me acosté estirando los brazos, abrió mis piernas y metió la lengua, entonces, una punzada en mi pierna derecha y dolor, me senté de golpe.
Claudio me miro excitado, tenía la boca con sangre, revise mi pierna y dos pequeñas marcas de mordida y un hilillo de sangre se había formado, me pasé la mano y el se acerco haciendo que me acueste de nuevo lamió la herida haciendo que cierre de nuevo.
Claudio, se sujeto el cuello, empezó a temblar, los ojos de le llenaron de sangre, se tiro al piso y temblando, empezó a. Botar sangre por la boca, con la desesperación grite, llame a Rhonda, ella apareció en la habitación, miro a Claudio tirado en el piso quien se había quedado inmóvil, salió y volvió con Griselda quien se quedó impactada con la escena.
- ¿Esta muerto? - pregunté asustada ante la inamovilidad de Claudio.
- El está muerto desde hace mucho - murmuró Griselda que lo estaba inspeccionando.
- ¿Que le pasó? - insistí.
- Se intoxicó con tu sangre - dijo mirándome - Que Beltrán lo lleve a la celda de castigo esa que esta bajo tierra y que lo cubran con unas mantas, mañana estará recuperado, no es grave.
- No lo entiendo - dije asustada ¿como es esto posible?
- El es un ser de la oscuridad, tu eres el contenedor de una diosa, los dioses son seres de luz, es lógico que al probar tu sangre el se embriagase y se intoxique quedando así.
- ¿se pondrá bien?
- Si mi niña, tranquila.
Me llevo a mi cama y me cubrió con la sabana, Beltrán apareció en la habitación y se llevó a Claudio gruñendo.
Cuando apareció, llegó un mensajero con los papeles que había solicitado, llame a Rhonda, Imara y Beltrán.
- La semana que viene me iré con Griselda de esta casa y he decido que vengan conmigo.
- Yo la seguiré a donde usted quiera - dijo Beltrán sin dudarlo.
- Yo también - respondió Rhonda.
Imara se quedó en silencio por un momento y luego agregó.
- Iré con usted, señora.
Sonreí, firme algunos papeles y se los di.
- Son sus cartas de libertad - dije sonriendo.
- Si vienen conmigo - suspire - lo harán como hombres libres, si lo desean hacerlo aun así pueden irse de aquí cuando quieran.
Ellos miraron las cartas que les di, Rhonda empezó a llorar, Imara sonrió, Beltrán no hizo ningún gesto.
- Pueden hacer lo que quieran a partir de ahora, cuando yo salga de esta casa si no vienen conmigo pueden irse a donde quieran.
- Yo la acompañare, señora - dijo Imara abrazandome.
- Yo la seguiré al fin del mundo - dijo Beltrán y después de eso salió de la habitación.
Rhonda salió sin decir palabra alguna.
Imara me soltó, su rostro expresaba felicidad incontenible.
- ¿Soy libre entonces? - dijo.
- Completamente libre.
- Puedo irme de esta casa si quiero, puedo comer lo que quiera, puedo... ¿Puedo casarme?
- Puedes hacer lo que quieras hacer - sonreí.
- Soy libre - corrió a o puerta de la sala - no puedo creerlo, soy libre - su alegría estaba a flor de piel - soy libre, por fin.
- Si eres libre.
- Cuando me capturaron, pensé que permanecería así hasta mi muerte.
Salió de la habitación feliz.
Dolores ingreso, segundo después que Imara salió.
- ¿Que pasó? - dijo confundida - Imara está como loca.
- Les di su carta de libertad a Beltrán, Imara y Rhonda - dije sin mirarla firmando los papeles que tenía delante de mi después de leerlos a cada uno.
- ¿Que hiciste que? ¿Estas completamente...? No se que pensar de ti, Celeste.
- No pienses nada - murmure - aquí tienes - dije entregándole los papeles.
- ¿Que es esto?
- Transferi todos mis bienes a mi hijo y mi hermano es el tutor legal hasta que él cumpla la mayoría de edad.
- ¿Por qué haces esto?
- No tengo que darte explicaciones de nada, Dolores.
Diego ingreso al salón.
- No puedes irte en estos días - dijo alterado.
- Estas enojado, calmate.
- Unos esclavos se fugaron y están asaltando las casas de los lanistas de todas las ciudades, esto se convertirá en una rebelión.
- Entonces debo acelerar el paso e irme antes.
- Están muy cerca de la ciudad, quizá esta noche lleguen.
- Hermano, intentas asustarme, me iré hoy mismo.
Si de la habitación, avise a Griselda que nos íbamos ese mismo día.
Después de unas horas, estábamos listos para salir.
- Hermana no... - dijo Diego haciendo un último intento de detenerme.
- Beltrán me cuidará - dije quitando su mano de mi hombro - estaré bien.
Me di la vuelta y salí de la casa, el sol esta a en su punto más alto.
Caminamos varias horas, hasta que salimos de la ciudad, varios días después nos cruzamos con un grupo de esclavos organizados, nos encontraron, dijimos también que eramos esclavos fujitivos y nos dejaron ir, llegamos a un bosque, nos metimos a las montañas y Griselda empezó a enseñarme todo lo que sabía.
Pasaron los días, que se convirtieron en Semanas, Beltrán había construido una casa de madera donde vivíamos los 5, Imara cocinaba y Rhonda aprendia sobre los licantropos con Beltrán que le enseñaba todo su conocimiento.
Meses después una noche donde la luna no se podía ver, apareció Claudio.
- ¿Como me encontraste? - dije asustada por su presencia.
- Te busque incansablemente, yo debo decirte...
- No quería que me encuentres.
- Asaltaron la casa de Diego.
Me quedé callada.
- Yo no estaba, ellos, le cortaron la cabeza a Diego y apuñalaron a Dolores.
- Mi hijo...
- Crispina dijo que era su hijo y no le hicieron nada, se fueron después de saquear la casa... Yo... Llegue muy tarde, no pude hacer nada.
- Entonces, mi hijo no tiene quien vea por el.
- Encontré a Dolores viva pese a que la herida era grave y la transforme.
- Que tu... ¿Que?
- No quedaba de otra, iba a morir de todas maneras y el niño necesitaba que alguien lo represente hasta la mayoría de edad.
- Entonces Dolores....
- Ella hizo arreglos en la casa para que pueda estar ahí tranquila, Clotilde y Crispina viven con ella y le ayudan con el niño, se decidió que se case con el hijo de Crispina ya que ella también es una ciudadana Romana.
- ¿Y esos esclavos?
- Ya no son un peligro para la casa.
- Todo esto que me dices... Es irreal... No debí irme de la casa, yo...
- Si te quedabas quizá te mataban a ti también.
Empecé a llorar desconsoladamente...
Claudio me consoló por varias horas hasta que el sol estuvo a punto de salir y se fue, me quedé dormida.
Los meses se convirtieron en años, los años en décadas.
- Ya estás lista - dijo Griselda un día.
- Ya haz envejecido mucho - sonreí.
- En ese baúl - dijo estirando el brazo - hay un frasco con un líquido rojo.
Me acerque al baúl que me indico y solo había ese frasco, lo agarre y se lo di.
- Esto es lo que te voy a enseñar.
Abrió el frasco y se lo bebió, el frasco cayó de sus manos, se sujeto el cuello y murió, delante de mi.
- Griselda - murmure - Griselda - más asustada - no, no, no, no, no, no, no Griselda no, no, no, no...
Empecé a llorar, la abrace, llorando, maldiciendo, lloraba desconsoladamente y sentí su mano acariciar mi cabeza, me aparte.
Ya no era más aquella anciana arrugada su pelo era de color rojo, su rostro terso las arrugas habían desaparecido.
La impresión, quizá susto, no me permitió hablar, me quedé con la boca entre abierta, no podía respirar, me aleje un poco de ella, mis ojos se abrieron en forma desproporcionada...
- Poción de la eternidad - dijo Griselda.
- Yo, yo...
- Respira - dijo agarrando mi mano.
- Tu... - no podía articular palabra de la impresión.
- Es lo último que debo enseñarte, con esto quedas completa, debo decir que no sabremos los resultados en ti es diferente en cada bruja.
Me desmaye.
Dama Oscura
lunes, 27 de enero de 2020
lunes, 20 de enero de 2020
EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPITULO XXV
Diego ingreso a mi habitación para conversar conmigo después de varias semanas de ausencia.
- Me iré de la casa - dije rompiendo el silencio de pronto.
- ¿A donde iras? - pregunto confundido - ¡no puedes irte!
- Dejaré todos mis bienes en herencia a mi hijo, quiero que lo eduque como tuyo, que sea un hombre de letras, no lo mandes al ejército, que aprenda matemáticas también y que aprenda negocios.
- Celeste no estas pensando con claridad las cosas, te das cuenta de lo que dices, es un disparate.
- Me llevaré a Rhonda, Imara y a Beltrán.
- ¡Basta! - dijo dándome un golpe en la cara - o siento mucho - reaccionó asustado - no fue mi intención.
- Hermano, no te estoy pidiendo permiso, ya tengo veintitres años y puedo irme si así lo deseo, soy una mujer Romana.
- Las mujeres romanas que no tienen un hombre al lado, no valen nada.
- ¿Quién te dijo que estaré sola?
- No puedes irte sin primero casarte - gruñó.
- Puedo irme y lo haré con o tu permiso.
- Celeste no te imaginas todas las penurias que pasaras estando sola y sin nadie que cuide de ti.
- ¿Más de las que viví con Horacio? Si fuera esclava seguramente la habría pasado mejor.
- No sabes lo que dices.
- ¡Ya lo decidí! Diego, eres mi hermano te quiero pero no me des órdenes.
- Se lo diré a tu madre.
- Si haces eso tendré que pedirte que abandones mi propiedad.
- Hermana tienes que reconsiderar tu decisión.
- Tengo documentos que firmar, solo, me llevare a tres esclavos de la casa - suspirando.
- ¿Podré hacer que cambies de opinión?
- Ya lo decidí.
- Te quiero mucho hermana.
- Yo también te quiero, Diego.
Mi hermano salio de mi habitación, pero volvió a entrar minutos después.
- ¿A quienes quieres llevarte?
- Rhonda, Imara y Beltrán.
- Beltrán es un gladiador.
- Necesitaré alguien que cuide de mi, a demás Beltrán está viejo no te sirve para las luchas.
- Pero es un buen doctore.
- Consigues otro.
Diego se quedó parado en medio de mi habitación por un rato, mirándome en silencio, después se frotó la frente y se fue.
Mire por la ventana, el día estaba muy soleado, Imara entró a mi habitación.
- Señora, ¿necesita algo?
- Dile a Griselda que venga, por favor.
Imara salió de mi habitación y después de un momento vino Griselda.
- Me gustaría - murmuré - saber a donde iremos.
- Primero iremos a las montañas a perfeccionar tu magia - dijo - luego iremos a otras ciudades.
- Y ¿donde viviremos?
- Podemos armar una cabaña en donde vayamos a dormir.
- Me da miedo - dije - yo, nunca sali de la ciudad.
- Estaremos bien - sonrió - yo te cuidaré.
Mire a mi alrededor.
- Entonces creo que no necesitaré tanta ropa.
- Creo que con dos prendas bastará, debemos viajar ligero.
- ¿Tengo que llevar mis documentos?
- En un par de décadas, no serán útiles.
Griselda me ayudó a escoger la ropa que llevare, nos quedamos en silencio por un momento, cuando escuche a Dolores y a Diego discutir.
Salí de mi habitación y me dirigi a donde estaban... Discutían sobre mi.
- ¡Tienes que detenerla! - grito Dolores - Es tu hermana, te debe obediencia en ausencia de tus padres.
- Baja la voz mujer - murmuró Diego - alguien podría escuchar.
- ¿Crees que me importa? Por si no te diste cuenta, Diego, esta es la casa de Horacio, si ella se va, el podría reclamarlo como suya.
- Tenemos al hijo de Celeste, ella dejará todo a nombre de él como herencia y nosotros seremos sus tutores legales hasta que pueda hacerse cargo de sí mismo.
- Diego no podemos dejarla que se vaya así como así, recuerda lo que dijo el doctor...
- ¿Que dijo el doctor? - interrumpí la conversación.
Dolores se asusto al verme.
- ¿Estabas escuchando a escondidas? - replicó Diego automáticamente.
- Hice una pregunta hermano.
- Horacio te golpeó en la cabeza y el doctor dijo que podrías sufrir alucinaciones.
- Alucinaciones - apretando los labios.
- Pérdida de memoria, delirios, desmayos...
- Entonces estoy loca...
- No hermana - dijo Diego tratando de tranquilizarme - solo dijo que... Debemos estar más atentos a tus necesidades...
- Necesito estar sola - murmure.
Salí de la habitación, salí de la casa, me pare en medio de la calle y mire a la gente me agarre la cabeza, me arrodille pensando lo que era real o no en mi vida... Todo me parecía real.
Un alboroto cerca del mercado me llamo la atención, me acerque a mirar, dos gladiadores peleando a pedido de sus dominus...
Me aleje del lugar, seguí caminando y llegué al antiguo coliseo, el primer coliseo para los espectáculos de la ciudad, me senté en aquel lugar abandonado, sola...
La noche me alcanzó sin que me diera cuenta.
- La ciudad es peligrosa - dijo Claudio quien había sido atraído por mi olor.
- Dejame sola, por favor.
- No puedo, me siento responsable de ti, te llevaré a casa - se acerco a mi.
- ¿Eres real? - sonreí.
- Claro que si, ¿Por qué piensas que no soy real?
Empecé a llorar.
- No, ¿Por qué lloras?
- Me siento, ¡tan desdichada! Los dioses me abandonaron seguramente hice algo que los ofendió.
- No, mi hermosa Celeste, no digas eso.
- Mi esposo intento matarme y ni siquiera recuerdo porque quería hacerlo.
- No eres culpable de eso.
- Estoy sola - seguí llorando hasta casi ahogarme con mis lágrimas - siento que soy un fracaso.
- Celeste - dijo Claudio abrazandome - te amo, siempre te he amado.
- Sueltame - dije apartandolo de mi - si me hubieras amado como dices, habrías vuelto y te habrías casado conmigo y yo no estaría aquí ahora llorando por todo lo que me pasó.
- Lo lamento tanto - dijo agarrando mi mano - quiero compensar todo el sufrimiento que pasaste por mi ausencia.
- Sueltame - dije poniéndome de pie y caminando hacia la salida del coliseo, me detuve en seco y me di la vuelta - es muy tarde para arrepentimientos.
Salí del coliseo y Claudio me siguió de cerca hasta que llegue a casa, me pare en la puerta y estire el brazo, el todo mi mano y entramos, en silencio hasta mi habitación.
Claudio aseguró la puerta y las ventanas, me desnude, el se quito la ropa y nos metimos a la cama.
Dama Oscura
- Celeste no te imaginas todas las penurias que pasaras estando sola y sin nadie que cuide de ti.
- ¿Más de las que viví con Horacio? Si fuera esclava seguramente la habría pasado mejor.
- No sabes lo que dices.
- ¡Ya lo decidí! Diego, eres mi hermano te quiero pero no me des órdenes.
- Se lo diré a tu madre.
- Si haces eso tendré que pedirte que abandones mi propiedad.
- Hermana tienes que reconsiderar tu decisión.
- Tengo documentos que firmar, solo, me llevare a tres esclavos de la casa - suspirando.
- ¿Podré hacer que cambies de opinión?
- Ya lo decidí.
- Te quiero mucho hermana.
- Yo también te quiero, Diego.
Mi hermano salio de mi habitación, pero volvió a entrar minutos después.
- ¿A quienes quieres llevarte?
- Rhonda, Imara y Beltrán.
- Beltrán es un gladiador.
- Necesitaré alguien que cuide de mi, a demás Beltrán está viejo no te sirve para las luchas.
- Pero es un buen doctore.
- Consigues otro.
Diego se quedó parado en medio de mi habitación por un rato, mirándome en silencio, después se frotó la frente y se fue.
Mire por la ventana, el día estaba muy soleado, Imara entró a mi habitación.
- Señora, ¿necesita algo?
- Dile a Griselda que venga, por favor.
Imara salió de mi habitación y después de un momento vino Griselda.
- Me gustaría - murmuré - saber a donde iremos.
- Primero iremos a las montañas a perfeccionar tu magia - dijo - luego iremos a otras ciudades.
- Y ¿donde viviremos?
- Podemos armar una cabaña en donde vayamos a dormir.
- Me da miedo - dije - yo, nunca sali de la ciudad.
- Estaremos bien - sonrió - yo te cuidaré.
Mire a mi alrededor.
- Entonces creo que no necesitaré tanta ropa.
- Creo que con dos prendas bastará, debemos viajar ligero.
- ¿Tengo que llevar mis documentos?
- En un par de décadas, no serán útiles.
Griselda me ayudó a escoger la ropa que llevare, nos quedamos en silencio por un momento, cuando escuche a Dolores y a Diego discutir.
Salí de mi habitación y me dirigi a donde estaban... Discutían sobre mi.
- ¡Tienes que detenerla! - grito Dolores - Es tu hermana, te debe obediencia en ausencia de tus padres.
- Baja la voz mujer - murmuró Diego - alguien podría escuchar.
- ¿Crees que me importa? Por si no te diste cuenta, Diego, esta es la casa de Horacio, si ella se va, el podría reclamarlo como suya.
- Tenemos al hijo de Celeste, ella dejará todo a nombre de él como herencia y nosotros seremos sus tutores legales hasta que pueda hacerse cargo de sí mismo.
- Diego no podemos dejarla que se vaya así como así, recuerda lo que dijo el doctor...
- ¿Que dijo el doctor? - interrumpí la conversación.
Dolores se asusto al verme.
- ¿Estabas escuchando a escondidas? - replicó Diego automáticamente.
- Hice una pregunta hermano.
- Horacio te golpeó en la cabeza y el doctor dijo que podrías sufrir alucinaciones.
- Alucinaciones - apretando los labios.
- Pérdida de memoria, delirios, desmayos...
- Entonces estoy loca...
- No hermana - dijo Diego tratando de tranquilizarme - solo dijo que... Debemos estar más atentos a tus necesidades...
- Necesito estar sola - murmure.
Salí de la habitación, salí de la casa, me pare en medio de la calle y mire a la gente me agarre la cabeza, me arrodille pensando lo que era real o no en mi vida... Todo me parecía real.
Un alboroto cerca del mercado me llamo la atención, me acerque a mirar, dos gladiadores peleando a pedido de sus dominus...
Me aleje del lugar, seguí caminando y llegué al antiguo coliseo, el primer coliseo para los espectáculos de la ciudad, me senté en aquel lugar abandonado, sola...
La noche me alcanzó sin que me diera cuenta.
- La ciudad es peligrosa - dijo Claudio quien había sido atraído por mi olor.
- Dejame sola, por favor.
- No puedo, me siento responsable de ti, te llevaré a casa - se acerco a mi.
- ¿Eres real? - sonreí.
- Claro que si, ¿Por qué piensas que no soy real?
Empecé a llorar.
- No, ¿Por qué lloras?
- Me siento, ¡tan desdichada! Los dioses me abandonaron seguramente hice algo que los ofendió.
- No, mi hermosa Celeste, no digas eso.
- Mi esposo intento matarme y ni siquiera recuerdo porque quería hacerlo.
- No eres culpable de eso.
- Estoy sola - seguí llorando hasta casi ahogarme con mis lágrimas - siento que soy un fracaso.
- Celeste - dijo Claudio abrazandome - te amo, siempre te he amado.
- Sueltame - dije apartandolo de mi - si me hubieras amado como dices, habrías vuelto y te habrías casado conmigo y yo no estaría aquí ahora llorando por todo lo que me pasó.
- Lo lamento tanto - dijo agarrando mi mano - quiero compensar todo el sufrimiento que pasaste por mi ausencia.
- Sueltame - dije poniéndome de pie y caminando hacia la salida del coliseo, me detuve en seco y me di la vuelta - es muy tarde para arrepentimientos.
Salí del coliseo y Claudio me siguió de cerca hasta que llegue a casa, me pare en la puerta y estire el brazo, el todo mi mano y entramos, en silencio hasta mi habitación.
Claudio aseguró la puerta y las ventanas, me desnude, el se quito la ropa y nos metimos a la cama.
Dama Oscura
lunes, 13 de enero de 2020
EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPITULO XXIV
Cuando Griselda se fue de mi habitación, hice que Imara y Clotilde preparasen una habitación para ella, le colocaron una cama y decoraron con telas finas.
Dolores me vio organizando la preparación de una habitación de huéspedes de la casa y se quedo intrigada por mi motivación.
- ¿Recibes visitas? - pregunto con esa voz dulce y aguda que la identificaba.
- Invite a una amiga a vivir conmigo - suspire - me siento extrañamente sola en esta casa.
- Yo te hago compañía - y luego agrego - ¿A quien invitaste?
- A Griselda - sonreí.
- ¿Esa bruja?
- Si, a ella - sonreí con el rostro congelado - es mi amiga.
- Y Diego ¿lo sabe?
- Lo sabrá - sonreí achicando los ojos - en su momento - la sonrisa en mi rostro no se quitaba, parecia mas una mueca que una sonrisa sincera, mi rostro estaba congelado.
Dolores se retiro de la habitación enojada.
En mi habitación, miraba mi rostro en el cristal, intentaba hallar la perfección que Claudio decía que poseía, solo podía encontrar la cicatriz que se extendía prominente en mi cabeza, mi pelo antes rubio dorado era mas rojo ahora, empezaba a crecer lentamente sobre mi calva cabeza.
Me fui a la cocina y me encontré con Crispina amamantando a su hija, la pequeña estaba muy regordeta, al verla sonreí, no pude evitarlo.
Me acerque a Crispina y mire a la niña de cerca, sonriendo le acaricie la cabeza.
- Esta creciendo muy rápido - dijo Crispina - me gustaría que sea pequeña siempre.
- Todos crecemos - murmuré - algún día...
- ¿Necesita algo señora?
Clotilde había ingresado a la cocina y me miraba con frialdad.
- Si - dije finalmente - prepara algunos dulces y lleva a mi habitación.
- Como usted mande, domina - dijo Clotilde.
Me di la vuelta para salir de la cocina y la vision se volvió borrosa, luego todo oscureció y caí al piso dormida.
La primera voz que escuche cuando desperté fue la de Diego.
- ¿Estas bien hermana mía?
Decia preocupado agarrando mi mano.
- ¿Que pasó? - dije entreabriendo los ojos y frunciendo las cejas confundida.
- Te desmayaste en la cocina y Rhonda te trajo a tu habitación - interrumpio Dolores con esa voz dulce y aguda que tenía.
- Me sentí mareada de pronto - dije - y mi cuerpo se puso pesado.
- Tengo buenas noticias - dijo Griselda quien había ingresado a la habitación con una tina con agua - mi niña esta esperando un bebé.
La habitación quedó en un silencio sepulcral, todos se miraron entre sí y me miraron.
- ¿Como es esto posible? - dije incrédula - yo no - entonces recordé a aquellos hombres en el mercado de la ciudad - no es posible - las lágrimas empezaron a rodar por mi rostro.
- Calma - dijo Diego - debe haber un error.
- ¿Estas diciendo que yo estoy equivocada en mi análisis? - increpó Griselda con agresividad.
- Yo solo digo que puede haber otra explicación para esto - dijo Diego levantando la voz.
- ¿Entonces asumir que tu hermana está muriendo es una mejor opción que el hecho de que espere un bebé? - agregó Dolores.
- Fuera todos, quiero hablar con Griselda - ordene.
Solté la mano de mi hermano quien salió de la habitación con Dolores.
Mire a Griselda quien se había parado al pie de mi cama.
- Dime por favor que hiciste una broma de muy mal gusto - dije limpiando mi cara de las lágrimas.
- Mi niña, claro que no es una broma - dijo ella - pero esta niña es la que esperas para ti.
- Esta niña es producto de una violación - dije - no puede significar nada bueno para mi.
- Dolores es estéril y llenará con ella la tristeza de su alma de no poder tener hijos.
- Pero mi vida - dije - yo no puedo... No seria un ciudadano romano.
- Lo sería si Diego y Dolores lo firman como hijo suyo, Diego desea tanto ser padre que aceptará.
- Me estas diciendo que le entregue a mi hermano mi hijo.
- No solo tu hijo, también toda tu fortuna.
- Griselda esta broma es de muy mal gusto.
- Pronto lo entenderás mi niña y cuando lo entiendas sabrás por que las cosas pasaron como están pasando ahora.
Continué llorando en mi cama hasta quedarme dormida, las semanas pasaron, converse con Diego y Dolores sobre el niño que se venía en camino y lo que planeaba hacer, Diego aceptó criarlo como suyo y Dolores fue la mujer más feliz de la ciudad. Con las semanas mi barriga siguió creciendo y mi miedo al parto con ella, nunca salí de la casa ni me asome por la ventana, no recibí visitas hasta el día que di a luz.
Los dolores vinieron durante la noche, grite del dolor y Griselda apareció en mi habitación, era una noche de luna llena, Imara apareció justo después de ella y llamaron a Dolores, las contracciones cada vez más fuertes me desnudaron y me sentaron en la tina hasta el momento de pujar... Una vez, dos veces, tres veces, sentí como la cabeza salía de mis entrañas, tuve que continuar pujando y el resto del cuerpo salió de mi.
- ¡Es un varón! - grito Dolores emocionada.
- Quiero verlo - dije.
Griselda lo envolvió en una manta y se lo entrego a Dolores, me ayudo a levantar y junto a Imara me llevaron a la cama. Trajeron al niño y lo vi, piel blanca, pelo negro y labios rojos, era perfecto.
- Que se llame Clemente - murmure - no quiero verlo más.
Me dormí profundamente entre mis lágrimas.
Un mes después del nacimiento de Clemente ya estaba en pie nuevamente, no había vuelvo a ver ni escuchado del niño, Dolores consiguió una sirvienta que amamante al niño el mismo día que nació, una prostituta de los baños públicos de donde provenía Crispina que había tenido un niño y se le murió. Estaba feliz de salir de ese lugar y poder abrazar un bebé, yo no quería verlo, era el vivo recordatorio de lo que me había pasado en aquel mercado y mi corazón estaba cada vez más lleno de amargura hacia Horacio, un día le vería la cara y le daría su merecido.
Griselda empezó a enseñarme los secretos que conocía, todo lo que habia aprendido y una mañana se paro frente a mi en silencio y no me hablo de nada por un rato.
- Estas extrañamente callada hoy - dije mientras practicaba la poción para curar la calentura corporal que me estaba enseñando.
- Hay un viejo hechizo que deseo enseñarte - respondió suspirando - pero debemos irnos de aquí si quieres aprenderlo.
- ¿De qué trata? - pregunté.
- Poción de la eternidad - dijo - pero los efectos en casa bruja varía.
- ¿A que te refieres? - sonreí.
- Hay una bruja que cuando la toma, inmediatamente reencarna en una niña que este naciendo en ese momento, yo la tomo y mi envejecimiento esta detenido desde hace más de ochenta años, pero los efectos que tendrá en ti, no lo sabremos hasta que la tomes.
- Por eso debemos irnos - murmure.
- Y cuando la tomes - dijo - no habrá retorno.
- ¿Por qué deseas que yo aprenda eso?
- Deseo que seas feliz mi niña, para eso debo enseñarte todo lo que se y tu lo utilizarás a tu propio beneficio - suspiró - aunque tu felicidad implique que te alejes de mi.
- Esta bien - respondí - nos iremos a donde quieras - sonreí.
Dama Oscura
Dolores me vio organizando la preparación de una habitación de huéspedes de la casa y se quedo intrigada por mi motivación.
- ¿Recibes visitas? - pregunto con esa voz dulce y aguda que la identificaba.
- Invite a una amiga a vivir conmigo - suspire - me siento extrañamente sola en esta casa.
- Yo te hago compañía - y luego agrego - ¿A quien invitaste?
- A Griselda - sonreí.
- ¿Esa bruja?
- Si, a ella - sonreí con el rostro congelado - es mi amiga.
- Y Diego ¿lo sabe?
- Lo sabrá - sonreí achicando los ojos - en su momento - la sonrisa en mi rostro no se quitaba, parecia mas una mueca que una sonrisa sincera, mi rostro estaba congelado.
Dolores se retiro de la habitación enojada.
En mi habitación, miraba mi rostro en el cristal, intentaba hallar la perfección que Claudio decía que poseía, solo podía encontrar la cicatriz que se extendía prominente en mi cabeza, mi pelo antes rubio dorado era mas rojo ahora, empezaba a crecer lentamente sobre mi calva cabeza.
Me fui a la cocina y me encontré con Crispina amamantando a su hija, la pequeña estaba muy regordeta, al verla sonreí, no pude evitarlo.
Me acerque a Crispina y mire a la niña de cerca, sonriendo le acaricie la cabeza.
- Esta creciendo muy rápido - dijo Crispina - me gustaría que sea pequeña siempre.
- Todos crecemos - murmuré - algún día...
- ¿Necesita algo señora?
Clotilde había ingresado a la cocina y me miraba con frialdad.
- Si - dije finalmente - prepara algunos dulces y lleva a mi habitación.
- Como usted mande, domina - dijo Clotilde.
Me di la vuelta para salir de la cocina y la vision se volvió borrosa, luego todo oscureció y caí al piso dormida.
La primera voz que escuche cuando desperté fue la de Diego.
- ¿Estas bien hermana mía?
Decia preocupado agarrando mi mano.
- ¿Que pasó? - dije entreabriendo los ojos y frunciendo las cejas confundida.
- Te desmayaste en la cocina y Rhonda te trajo a tu habitación - interrumpio Dolores con esa voz dulce y aguda que tenía.
- Me sentí mareada de pronto - dije - y mi cuerpo se puso pesado.
- Tengo buenas noticias - dijo Griselda quien había ingresado a la habitación con una tina con agua - mi niña esta esperando un bebé.
La habitación quedó en un silencio sepulcral, todos se miraron entre sí y me miraron.
- ¿Como es esto posible? - dije incrédula - yo no - entonces recordé a aquellos hombres en el mercado de la ciudad - no es posible - las lágrimas empezaron a rodar por mi rostro.
- Calma - dijo Diego - debe haber un error.
- ¿Estas diciendo que yo estoy equivocada en mi análisis? - increpó Griselda con agresividad.
- Yo solo digo que puede haber otra explicación para esto - dijo Diego levantando la voz.
- ¿Entonces asumir que tu hermana está muriendo es una mejor opción que el hecho de que espere un bebé? - agregó Dolores.
- Fuera todos, quiero hablar con Griselda - ordene.
Solté la mano de mi hermano quien salió de la habitación con Dolores.
Mire a Griselda quien se había parado al pie de mi cama.
- Dime por favor que hiciste una broma de muy mal gusto - dije limpiando mi cara de las lágrimas.
- Mi niña, claro que no es una broma - dijo ella - pero esta niña es la que esperas para ti.
- Esta niña es producto de una violación - dije - no puede significar nada bueno para mi.
- Dolores es estéril y llenará con ella la tristeza de su alma de no poder tener hijos.
- Pero mi vida - dije - yo no puedo... No seria un ciudadano romano.
- Lo sería si Diego y Dolores lo firman como hijo suyo, Diego desea tanto ser padre que aceptará.
- Me estas diciendo que le entregue a mi hermano mi hijo.
- No solo tu hijo, también toda tu fortuna.
- Griselda esta broma es de muy mal gusto.
- Pronto lo entenderás mi niña y cuando lo entiendas sabrás por que las cosas pasaron como están pasando ahora.
Continué llorando en mi cama hasta quedarme dormida, las semanas pasaron, converse con Diego y Dolores sobre el niño que se venía en camino y lo que planeaba hacer, Diego aceptó criarlo como suyo y Dolores fue la mujer más feliz de la ciudad. Con las semanas mi barriga siguió creciendo y mi miedo al parto con ella, nunca salí de la casa ni me asome por la ventana, no recibí visitas hasta el día que di a luz.
Los dolores vinieron durante la noche, grite del dolor y Griselda apareció en mi habitación, era una noche de luna llena, Imara apareció justo después de ella y llamaron a Dolores, las contracciones cada vez más fuertes me desnudaron y me sentaron en la tina hasta el momento de pujar... Una vez, dos veces, tres veces, sentí como la cabeza salía de mis entrañas, tuve que continuar pujando y el resto del cuerpo salió de mi.
- ¡Es un varón! - grito Dolores emocionada.
- Quiero verlo - dije.
Griselda lo envolvió en una manta y se lo entrego a Dolores, me ayudo a levantar y junto a Imara me llevaron a la cama. Trajeron al niño y lo vi, piel blanca, pelo negro y labios rojos, era perfecto.
- Que se llame Clemente - murmure - no quiero verlo más.
Me dormí profundamente entre mis lágrimas.
Un mes después del nacimiento de Clemente ya estaba en pie nuevamente, no había vuelvo a ver ni escuchado del niño, Dolores consiguió una sirvienta que amamante al niño el mismo día que nació, una prostituta de los baños públicos de donde provenía Crispina que había tenido un niño y se le murió. Estaba feliz de salir de ese lugar y poder abrazar un bebé, yo no quería verlo, era el vivo recordatorio de lo que me había pasado en aquel mercado y mi corazón estaba cada vez más lleno de amargura hacia Horacio, un día le vería la cara y le daría su merecido.
Griselda empezó a enseñarme los secretos que conocía, todo lo que habia aprendido y una mañana se paro frente a mi en silencio y no me hablo de nada por un rato.
- Estas extrañamente callada hoy - dije mientras practicaba la poción para curar la calentura corporal que me estaba enseñando.
- Hay un viejo hechizo que deseo enseñarte - respondió suspirando - pero debemos irnos de aquí si quieres aprenderlo.
- ¿De qué trata? - pregunté.
- Poción de la eternidad - dijo - pero los efectos en casa bruja varía.
- ¿A que te refieres? - sonreí.
- Hay una bruja que cuando la toma, inmediatamente reencarna en una niña que este naciendo en ese momento, yo la tomo y mi envejecimiento esta detenido desde hace más de ochenta años, pero los efectos que tendrá en ti, no lo sabremos hasta que la tomes.
- Por eso debemos irnos - murmure.
- Y cuando la tomes - dijo - no habrá retorno.
- ¿Por qué deseas que yo aprenda eso?
- Deseo que seas feliz mi niña, para eso debo enseñarte todo lo que se y tu lo utilizarás a tu propio beneficio - suspiró - aunque tu felicidad implique que te alejes de mi.
- Esta bien - respondí - nos iremos a donde quieras - sonreí.
Dama Oscura
lunes, 6 de enero de 2020
EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPITULO XXIII
Abrace a Claudio quien permanecía callado.
- No dejes que Rhonda se aleje mucho - dije.
Claudio le siguió el paso a Rhonda y llegamos a los baños públicos.
- No debes entrar ahí - dijo Claudio.
- La casa de Prucius nunca fue de mi agrado, Rhonda, ve - sonreí.
Rhonda ingreso a los baños públicos, y los gritos se escucharon, hombres y mujeres desnudos empezaron a salir corriendo de la casa cubriéndose la vergüenza, horrorizados, sin inmutarse de nuestra presencia.
- Celeste - dijo Claudio sujetandome del brazo - Esto no es justicia.
- ¿Quién habló de justicia? Yo busco venganza.
Minutos después salió Rhonda jalando la pierna de un hombre que gritaba maldiciendo por todos sus dioses, Beltrán llegó y entre los dos se encargaron de, a mordiscos, despedazar su cuerpo, abrace a Claudio y empecé a llorar, Claudio me abrazó y me beso por encima de la cabeza. Me llevo a la puerta de mi casa y entre, el se quedo afuera. Me di la vuelta y lo mire.
- Puedes pasar - le dije.
- Tus lobos se quedaron en el mercado - dijo entrando a la casa.
Le agarre la mano y lo lleve a mi habitación.
- No puedo, Celeste.
- Es tarde, quiero dormir.
Entramos a mi habitación y Claudio aseguro la cortina cerrando bien y poniendo otra sabana, movió la cama a un rincón donde la luz no alcanzaba, me miro, me quite la ropa que quedo en el piso y el me miró en silencio.
- Ya no soy hermosa - murmure.
- Eres perfecta - respondió, me sujeto de la cintura, rodee su cuello con mis brazos y lo besé.
Lo solté y me subí a la cama, lo mire y él se apresuró a quitarse la ropa y se cubrió con las sábanas me miraba con ojos lujuriosos.
Lo bese y me pegue a él, baje la mano y el me sujeto.
- No - dijo - te puedo lastimar.
- Ya me lastimó Horacio por mucho tiempo - respondí.
- Yo no te voy a tocar Celeste.
- ¡Estamos en mi cama! - enojada.
- Vamos a dormir.
Lo mire a los ojos y sentí que el crecía en la habitación, me frote los ojos.
- Creo que me falla la vista.
- Mírame Celeste.
Mire a Claudio a los ojos y nuevamente sentí que el crecia y se hacía grande o yo me hacía pequeña.
- Me esta empezando a doler la cabeza.
- No entiendo que pasa - dijo él - debo irme.
- Quédate - suplique - por favor quedate.
Claudio me miro y me abrazó.
Nos quedamos en mi cama, yo me acomode sobre el sujetando lo con mi cuerpo y el me abrazó, me quede dormida...
Al amanecer, Claudio no estaba en mi cama, miré por todos lados buscándolo pero no había rastro de él. Me vestí. Salí de la habitación, Dolores estaba conversando con unos soldados en la puerta asustada.
- ¿Ocurre algo? - dije acercándome a la puerta principal.
- anoche fueron vistos dos lobos cerca de los baños públicos, mataron a un mercader Árabe y su hermano fue encontrado descuartizado en el mercado - dijo Dolores asustada.
Puse la cara de susto que mejor me sabía.
- ¿Atraparon a los lobos?
- No señora, desaparecieron sin dejar rastro, parece que salieron de la ciudad al amanecer.
- Pero deben buscar a esos animales y matarlos, es un riesgo para los pobladores de la ciudad - dijo Dolores preocupada.
Me daba ganas de darle un par de bofetadas para que se calle.
- Si ya se fueron de la ciudad solo deben cuidar que no vuelvan - dije.
- Se armaron escuadrones de búsqueda, estamos revisando toda la ciudad, incluso las casas.
- Puede pasar a mi casa si desea buscarlos, aquí no tengo ningún animal - dije sonriendo.
Tres soldados entraron a la casa y empezaron a revisar cada habitación de la casa, se dedicaron a buscar por un largo tiempo sin omitir ninguna habitación y ningún espacio donde puedan esconderse, cuando llegaron al ludus, encontraron que la celda de Beltrán estaba cerrada por fuera con cadenas y Beltrán dormía en el piso.
- ¿Por que encierran a este gladiador aquí? - preguntó uno de los oficiales, en ese momento Llengardaix apareció.
- Es el doctore, no le gusta que nadie entre a su celda en la noche por dejamos la cadena.
Ellos se miraron sin decir nada.
Miraron la celda de al lado y encontraron a Rhonda profundamente dormida en medio de la celda desnuda.
- Está esclava no es gladiadora.
- Rompió una taza y de castigo la encerré aquí - sonreí.
Los soldados salieron de la casa sin decir una palabra.
Dolores me detuvo.
- ¿Por qué Rhonda esta encerrada? - dijo incrédula.
- Ya lo dije, rompió una taza y...
- ¡No me mientas! - gritó - apenas hace unos días me dijiste que no es doméstica ¿y ahora dices que rompió una taza?
Me quede en silencio por un momento, respiré tratando de calmarme.
- Deberías ocuparte de tus propios asuntos, Dolores, ¡Imara! - grite.
- A mi no me puedes mentir, se que algo me ocultas.
Me acerque a Dolores mirándola con ira.
- ¿Qué podría ocultar?
- Si, domina - dijo Imara.
- Ve por Griselda - ordene.
- ¡Esa bruja otra vez!
Abrace a Dolores y le di un beso en la mejilla.
- No hay nada que ocultar - sonreí.
A penas termine de desayunar y llegó Griselda, a mi casa, nos dirigimos a mi habitación.
- Se lo que hiciste - dijo.
- Espera - dije interrumpiendo - Imara - ordené - Que Rhonda se pare en la puerta d mi habitación y nadie nos interrumpa.
- Si domina.
Griselda y yo nos quedamos en silencio hasta que Imara volvió.
- Rhonda está cuidando la habitación.
- Puedes irte.
- Pero si usted necesita algo...
- Si necesito algo gritare.
Imara salio de la habitación y me quede nuevamente sola con Griselda.
- No se que es lo que pasó realmente, es como si fuera otra quien domina mi cuerpo.
- Es la diosa madre que toma control de ti y actúa a través de ti.
- Pero yo soy consciente, cuando estas cosas suceden yo... Yo hice que Rhonda y Beltrán...
- Los hombres lobo tienen una conexión especial con los dioses, tu albergas a una diosa, estas conectada con ellos y sabrán lo que deseas hasta el día que dejes de existir...
- Entonces hasta que yo muera... Ellos van a estar a mi servicio.
- Así es, pero es algo que aprenderas más adelante mi niña.
- Enséñame.
- ¿Que deseas que te enseñe?
- Yo no puedo controlarlo yo se que sabes, lo sabes ¿verdad?
- Saber ¿que cosa?
- Lo que me esta pasando.
- Si lo se - suspiro.
- Ayúdame, ven a vivir aquí.
- ¿Aquí?
- Si, hay varios cuartos.
- ¿Que explicación le darás a tu hermano?
- Que estoy enferma y deseo que mi médico personal esté cerca para cuidar de mi...
- No estas pensando bien las cosas.
- Te necesito, necesito que me enseñes lo que sabes para poder...
- ¿Que deseas poder hacer?
En ese momento me puse a pensar, ¿Por qué quería controlarlo? La respuesta no se encontraba presta a mi.
- No lo se - respondí.
-Mi niña - dijo Griselda - una vez que entras a este mundo, no podrás salir, jamás.
- Lo entiendo.
- ¿Deseas pensarlo?
- Deseo hacerlo.
- Regla número uno - empezó - eres total y absolutamente responsable de todo lo que le ocurre a las personas que te rodean.
Dama Oscura
- No dejes que Rhonda se aleje mucho - dije.
Claudio le siguió el paso a Rhonda y llegamos a los baños públicos.
- No debes entrar ahí - dijo Claudio.
- La casa de Prucius nunca fue de mi agrado, Rhonda, ve - sonreí.
Rhonda ingreso a los baños públicos, y los gritos se escucharon, hombres y mujeres desnudos empezaron a salir corriendo de la casa cubriéndose la vergüenza, horrorizados, sin inmutarse de nuestra presencia.
- Celeste - dijo Claudio sujetandome del brazo - Esto no es justicia.
- ¿Quién habló de justicia? Yo busco venganza.
Minutos después salió Rhonda jalando la pierna de un hombre que gritaba maldiciendo por todos sus dioses, Beltrán llegó y entre los dos se encargaron de, a mordiscos, despedazar su cuerpo, abrace a Claudio y empecé a llorar, Claudio me abrazó y me beso por encima de la cabeza. Me llevo a la puerta de mi casa y entre, el se quedo afuera. Me di la vuelta y lo mire.
- Puedes pasar - le dije.
- Tus lobos se quedaron en el mercado - dijo entrando a la casa.
Le agarre la mano y lo lleve a mi habitación.
- No puedo, Celeste.
- Es tarde, quiero dormir.
Entramos a mi habitación y Claudio aseguro la cortina cerrando bien y poniendo otra sabana, movió la cama a un rincón donde la luz no alcanzaba, me miro, me quite la ropa que quedo en el piso y el me miró en silencio.
- Ya no soy hermosa - murmure.
- Eres perfecta - respondió, me sujeto de la cintura, rodee su cuello con mis brazos y lo besé.
Lo solté y me subí a la cama, lo mire y él se apresuró a quitarse la ropa y se cubrió con las sábanas me miraba con ojos lujuriosos.
Lo bese y me pegue a él, baje la mano y el me sujeto.
- No - dijo - te puedo lastimar.
- Ya me lastimó Horacio por mucho tiempo - respondí.
- Yo no te voy a tocar Celeste.
- ¡Estamos en mi cama! - enojada.
- Vamos a dormir.
Lo mire a los ojos y sentí que el crecía en la habitación, me frote los ojos.
- Creo que me falla la vista.
- Mírame Celeste.
Mire a Claudio a los ojos y nuevamente sentí que el crecia y se hacía grande o yo me hacía pequeña.
- Me esta empezando a doler la cabeza.
- No entiendo que pasa - dijo él - debo irme.
- Quédate - suplique - por favor quedate.
Claudio me miro y me abrazó.
Nos quedamos en mi cama, yo me acomode sobre el sujetando lo con mi cuerpo y el me abrazó, me quede dormida...
Al amanecer, Claudio no estaba en mi cama, miré por todos lados buscándolo pero no había rastro de él. Me vestí. Salí de la habitación, Dolores estaba conversando con unos soldados en la puerta asustada.
- ¿Ocurre algo? - dije acercándome a la puerta principal.
- anoche fueron vistos dos lobos cerca de los baños públicos, mataron a un mercader Árabe y su hermano fue encontrado descuartizado en el mercado - dijo Dolores asustada.
Puse la cara de susto que mejor me sabía.
- ¿Atraparon a los lobos?
- No señora, desaparecieron sin dejar rastro, parece que salieron de la ciudad al amanecer.
- Pero deben buscar a esos animales y matarlos, es un riesgo para los pobladores de la ciudad - dijo Dolores preocupada.
Me daba ganas de darle un par de bofetadas para que se calle.
- Si ya se fueron de la ciudad solo deben cuidar que no vuelvan - dije.
- Se armaron escuadrones de búsqueda, estamos revisando toda la ciudad, incluso las casas.
- Puede pasar a mi casa si desea buscarlos, aquí no tengo ningún animal - dije sonriendo.
Tres soldados entraron a la casa y empezaron a revisar cada habitación de la casa, se dedicaron a buscar por un largo tiempo sin omitir ninguna habitación y ningún espacio donde puedan esconderse, cuando llegaron al ludus, encontraron que la celda de Beltrán estaba cerrada por fuera con cadenas y Beltrán dormía en el piso.
- ¿Por que encierran a este gladiador aquí? - preguntó uno de los oficiales, en ese momento Llengardaix apareció.
- Es el doctore, no le gusta que nadie entre a su celda en la noche por dejamos la cadena.
Ellos se miraron sin decir nada.
Miraron la celda de al lado y encontraron a Rhonda profundamente dormida en medio de la celda desnuda.
- Está esclava no es gladiadora.
- Rompió una taza y de castigo la encerré aquí - sonreí.
Los soldados salieron de la casa sin decir una palabra.
Dolores me detuvo.
- ¿Por qué Rhonda esta encerrada? - dijo incrédula.
- Ya lo dije, rompió una taza y...
- ¡No me mientas! - gritó - apenas hace unos días me dijiste que no es doméstica ¿y ahora dices que rompió una taza?
Me quede en silencio por un momento, respiré tratando de calmarme.
- Deberías ocuparte de tus propios asuntos, Dolores, ¡Imara! - grite.
- A mi no me puedes mentir, se que algo me ocultas.
Me acerque a Dolores mirándola con ira.
- ¿Qué podría ocultar?
- Si, domina - dijo Imara.
- Ve por Griselda - ordene.
- ¡Esa bruja otra vez!
Abrace a Dolores y le di un beso en la mejilla.
- No hay nada que ocultar - sonreí.
A penas termine de desayunar y llegó Griselda, a mi casa, nos dirigimos a mi habitación.
- Se lo que hiciste - dijo.
- Espera - dije interrumpiendo - Imara - ordené - Que Rhonda se pare en la puerta d mi habitación y nadie nos interrumpa.
- Si domina.
Griselda y yo nos quedamos en silencio hasta que Imara volvió.
- Rhonda está cuidando la habitación.
- Puedes irte.
- Pero si usted necesita algo...
- Si necesito algo gritare.
Imara salio de la habitación y me quede nuevamente sola con Griselda.
- No se que es lo que pasó realmente, es como si fuera otra quien domina mi cuerpo.
- Es la diosa madre que toma control de ti y actúa a través de ti.
- Pero yo soy consciente, cuando estas cosas suceden yo... Yo hice que Rhonda y Beltrán...
- Los hombres lobo tienen una conexión especial con los dioses, tu albergas a una diosa, estas conectada con ellos y sabrán lo que deseas hasta el día que dejes de existir...
- Entonces hasta que yo muera... Ellos van a estar a mi servicio.
- Así es, pero es algo que aprenderas más adelante mi niña.
- Enséñame.
- ¿Que deseas que te enseñe?
- Yo no puedo controlarlo yo se que sabes, lo sabes ¿verdad?
- Saber ¿que cosa?
- Lo que me esta pasando.
- Si lo se - suspiro.
- Ayúdame, ven a vivir aquí.
- ¿Aquí?
- Si, hay varios cuartos.
- ¿Que explicación le darás a tu hermano?
- Que estoy enferma y deseo que mi médico personal esté cerca para cuidar de mi...
- No estas pensando bien las cosas.
- Te necesito, necesito que me enseñes lo que sabes para poder...
- ¿Que deseas poder hacer?
En ese momento me puse a pensar, ¿Por qué quería controlarlo? La respuesta no se encontraba presta a mi.
- No lo se - respondí.
-Mi niña - dijo Griselda - una vez que entras a este mundo, no podrás salir, jamás.
- Lo entiendo.
- ¿Deseas pensarlo?
- Deseo hacerlo.
- Regla número uno - empezó - eres total y absolutamente responsable de todo lo que le ocurre a las personas que te rodean.
Dama Oscura
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