lunes, 23 de septiembre de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XXII

Rhonda vino a mi habitación horas después.
- Mira lo que nos hicieron - murmure.
- Domina - respondió Rhonda - los encontraré.
- Claro que los encontrarás - sonreí - mañana en la noche, la luna estará completa en el cielo y estarás en tu forma más fuerte.
- ¿Esta usted segura?
- Rhonda, desde que me divorcie de Horacio, decidí que nadie podrá hacerme daño y vivir sin recibir su merecido.
- Pero esta noche... La luna...
- Lo sé - sonreí - salimos al atardecer.
***
Fui a la celda de Beltrán, el estaba caminando inquieto en círculos, mire a Llengardaix y le indique que abra la puerta, el me miro nervioso explicando que las noches de luna llena no deben dejar salir a Beltrán, me enoje, le refute que si quería el se encierre dentro de la celda y que Beltrán quede fuera pero que le abriría esa puerta o lo mandaría a azotar, Llengardaix abrió la celda y gruñendo dijo que se escondera donde Beltrán no lo encuentre, salí con Beltrán y Rhonda a la calle de la ciudad, mire a Beltrán.
- ¿En que momento te transformas?
- Cuando la luna brille más - respondió.
Desate el nudo que sujetaba a Beltrán.
- Te necesito óptimo - dije - quiero que busques a Horacio.
- ¿Al dominus?
- Ya no es tu dominus - respondió Rhonda - el hizo daño a nuestra Domina.
- El es un ciudadano romano.
- En cuanto la noche caiga la ciudad quedará desolada y podras buscarlo.
Nos quedamos en el mercado de la ciudad hasta que oscureció por completo.
Ronda cayó al piso retorciendo se de dolor, mire a Beltrán quien se sujetaba el estómago.
- ¿Está empezando ya? - dije asustada.
- Sii - respondió Beltrán.
Se arrodillo y el cambio empezó, la boca se le agrando, los pelos le crecieron las orejas se alargaron hacia arriba las manos y pies se convertían en patas...
Retrocedi un par de pasos asustada.
Cuando terminaron de transformarse se quedaron inmóviles gimiendo de forma lastimera.
- Beltrán - murmure - ¿me reconoces?
Beltrán dejó de gemir, volteo hacia mi parado en cuatro y empezó a gruñir.
Me quedé inmóvil esperando a ver si reaccionaba o me reconocía, pero empezo a ladrar mirandome, se acerco a mi lentamente y Rhonda empezó a aullar, Beltrán se volteo y respondió al aullido de Rhonda.
Los dos empezaron a ladrar y a aullar ignorando mi presencia, di un paso más atrás y resbalé, caí encima de desperdicios de pescado y renegué asqueando la situación, Beltrán salto encima de mi y abrió la quijada, me cubrí la cara con los brazos y el emboco mis brazos con su gran hocico para morder, pero algo lo detuvo, en vez de ello me lamio y empezó a gemir de nuevo.
- Beltrán - dije nuevamente - ¿sabes quien soy?
Beltrán empezó a gruñir nuevamente pero no a mi, sino a alguien que estaba detrás de mi, el avanzó hacía quien nos observaba y corrió ladrando y gruñendo, el tipo corrió de él y trepó una de las paredes hasta el techo, era Claudio.
Lo mire sorprendida, el salto hasta donde yo estaba, me levanto en sus brazos y empezó a correr llevándome al tejado de una casa.
- ¡Sueltame! - grité.
Claudio me puso en el suelo y esquivo mi mirada.
- ¿Qué crees que estas haciendo Celeste?
- Eso no es de tu incumbencia - respondí enojada - estoy manchada con sangre de pescado - dije limpiandome.
- ¿Por qué liberaste a esos licantropos? ¿Acaso no sabes que pueden matarte?
- Claudio, tu me mataste el día que me abandonaste - dije mirándolo a la cara mientras el esquivaba mis ojos - mírame Claudio - dije - anoche me violaron dos sujetos en este mismo mercado.
Escuché a un hombre reír a lo lejos, era el sujeto de la noche anterior.
- Es él - dije mirando a las calles, estaban a la vuelta de donde se encontraban Beltrán y Rhonda, estaba caminando solo, riendo, cantando y silbando.
Cuando llegó a la esquina vio a Beltrán primero y se quedó callado, retrocedió despacio tratando de no llamar su atención pero Rhonda lo vio.
- Bajame - ordené.
- Hay dos hombres lobo ahí - respondió Claudio.
- No me harán daño, ese sujeto es uno de los que me violo anoche, bajame o me tiro del tejado.
Claudio me sujeto de la cintura y me atrajo hacia si, baje la cabeza y el con una mano levantó mi rostro.
- Nunca he dejado de amarte - diciendo esto me beso.
Sus labios eran fríos, su piel era dura, y olía a sangre, lo ajele de mi.
- Eres un ser de la noche - dije - te alimentas de la sangre de los humanos, puedo oler la sangre que te bebiste.
- Yo no escucho tu corazón latir - respondió el - es como si estuvieras muerta pero no eres como yo.
- No se de que me hablas.
- Eres inmortal como yo, pero no como yo...
- Callate - dije agitandome - llévame abajo.
El sujeto estaba corriendo y gritando por ayuda, Rhonda lo persiguió, Beltrán me miraba esperándome, Claudio volvió a levantarme y de un salto llegamos a la calle del mercado.
Me acerque a Beltrán.
- Ten cuidado - dijo Claudio.
- No te vayas, ven conmigo - respondi.
Acaricie la cabeza de Beltrán y el se agacho, me subí a su lomo, o abrace del cuello y el empezó a correr por donde se fue Rhonda.
Cuando la alcanzamos ella estaba mordiendo una de las piernas de aquel hombre, me baje de Beltrán, me acerque a él quien se estaba arrastrando tratando de alejarse del lugar, gritando por la pierna que le habían arrancado.
Me acerque a él y me pare delante de él.
- Hola - sonreí - vas a morir.
El me miro asustado y en ese momento Beltrán se abalanzó sobre el mordiendolo y arrancando parte de su carne y su cuerpo, se comieron incluso sus viceras y lo dejaron descuartizado en la calle.
Empecé a sentir un calor dentro de mi mientras observaba como Rhonda y Beltrán devoraban a aquel sujeto hasta dejarlo en los huesos, el sufrió mucho, y me gustó verlo sufrir.
Claudio estaba a mi lado y me tomó la mano.
- Cuanto daño te hicieron, mira en lo que te haz convertido, acabas de matar a un hombre.
- Yo no mate a nadie - respondí - mis lobos se están alimentando.
- ¿Estas escuchando lo que dices? - respondió, me sujeto la cabeza y fijo mi rostro hacia el cuerpo desmembrado de aquel sujeto - ¿cómo llamas esto?
En ese momento Rhonda le empezó a gruñir a Claudio y a ladrar.
- Alimento a mis sirvientes - murmure.
- ¿Qué pasó aquí?
La voz era de una mujer, me miro asustada y empezó a correr alejándose de nosotros.
- ¡Rhonda que no escape! - grite.
Rhonda soltó la carne que tenía en su hocico y se abalanzó sobre la muchacha, la tumbo al piso y puso su cuerpo encima de ella, Claudio me abrazo, yo me colgué de su cuello y me llevó hasta donde estaban.
- No la conozco - dije mirandola - sueltala Rhonda - dije nuevamente.
Estire la mano y ella la sujeto, era una muchacha de unos trece años.
- No puedo dejar que te vayas después de lo que viste - dije torciendo la boca.
- ¡Yo no diré nada! - dijo llorando - ¡por favor! ¡Quiero vivir!
- Cuanto lo siento - murmure.
- Celeste - dijo Claudio - yo lo arreglo.
Claudio estiró el brazo, ella lo agarro y Rhonda se aparto, vino hacia mi y se frotó en mi cuerpo.
- No llores pequeña.
- Tu tampoco eres humano - dijo con la voz ahogada.
- Mírame a los ojos - dijo Claudio.
Ella lo miro, se quedaron inmóviles por varios minutos.
- No vas a recordar nunca lo que haz visto esta noche, no te paso nada extraño, llegaste sana y salva a tu destino sin ningún percance en el camino...
- Tiene la ropa sucia - interrumpí.
- Te resbalaste en el mercado y te ensuciaste, pero es todo lo que te pasó.
- Esta bien.
La joven camino con el rostro tieso mirando a la nada, paso delante de mi sin inmutarse de mi presencia, doblo la esquina, camine para observarla y siguió caminando lentamente por las calles, estaba tranquila.
- ¿Que hiciste? - mire a Claudio intrigada.
- El control mental es una de mis habilidades - respondió.
- Perdimos mucho tiempo, Rhonda - sonreí - ¡busca!
Rhonda empezó a correr alejandose de nosotros, mire a Claudio sonriendo quien me observaba horrorizado.

Dama Oscura

lunes, 16 de septiembre de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XXI

La noche estaba iluminada por la luna creciente, mire a Rhonda que nos acompañaba un poco distanciada de nosotras, temía que aunque no esté la luna completa ella cambiara, caminábamos por las oscuras calles de la ciudad camino a la fiesta, Dolores iba contándome lo divertidas que eran, me puse una peluca de pelo negro que tenía una hermosa trenza que cubría la cicatriz en mi cabeza, Dolores había maquillado mi rostro de tal manera que disminuía los desperfectos en el.
Rhonda iba atrás de nosotras y yo volteaba de rato en rato para asegurarme que nos seguía, que aún estaba ahí pues sus pasos eran imperceptibles desde aquella vez...
- Te va a encantar la mascarada - dijo Dolores mientras caminábamos - Diana es una de las mejores anfitrionas de la ciudad.
- Si - dije volteando a mirar a Rhonda - me lo imagino.
- Querida - dijo Dolores bajando el tono de voz - ¿Te sientes bien?
- ¿A que viene esta pregunta? - dije sonriendo.
- Te noto distraída y me preocupas.
- Estoy bien, tranquila.
Volví a darme la vuelta par mirar a Rhonda y ella no estaba.
- Dolores - murmuré - corre.
Dolores me miro confundida, no entendió a que me refería.
- ¡Corre! - grite - ¡Trae ayuda! - la empujé.
Ella empezó a caminar rápido, en eso dos hombres aparecieron detrás de mi, Dolores grito del susto y emprendió a la carrera gritando, pidiendo ayuda, me di la vuelta y los mire.
- No tengo dinero - dije alejándome un poco de ellos.
Traian capuchas, pero los escuchaba murmurar, se reían maliciosamente.
- ¡Rhonda! - grite.
Me agarraron de los brazos y empezaron a quitarme la ropa jalando con fuerza hasta romperla, me sacaron la peluca de la cabeza y la máscara, se rieron.
- ¡Déjenme! - dije forcejeando con ellos - ¡Rhonda! - volví a gritar.
Me arrastraron hacia un callejón, vi a Rhonda tirada en un rincón, le habían golpeado la cabeza para dejarla inconsciente, uno de los sujetos me aprisiono los brazos sujetando desde mi espalda, levantándome y empecé a patear al otro, me habían desnudado totalmente.
- Es una joven romana - ese acento, eran extranjeros.
Había escuchado que una caravana de comerciantes árabes habían llegado a la ciudad, por eso Dolores había insistido en ir al mercado, ella quería encontrar lo mejor para comprarlo primero, quizá lo había hecho.
El sujeto me había sujetado las piernas en su cintura.
- No demores - dijo el otro - yo también quiero.
El que estaba delante de mi se rio mientras buscaba entre mis piernas y entró en ellas.
Grité, llamaba a Rhonda quien no reaccionaba, miraba al cielo esperando que alguien me ayude, pero nadie llegó, cuando el sujeto terminó el otro también me violo, en realidad yo ya estaba acostumbrada, cortesía de Horacio, pero no así, no en el miardal de la ciudad, en un callejón oscuro entre el estiércol...
Cuando terminaron orinaron sobre mi mientras reían.
Uno se acerco a mirarme de cerca y pude notar sus ojos verdes.
- Horacio te manda saludos - dijo, volvió a sonreír, su aliento apestaba más que el excremento de la ciudad, se fueron.
Me dolía el cuerpo como en mucho tiempo no me había dolido, las piernas no me respondían, así que me arrastre sobre mi pecho jalándome sobre mi, hasta que la alcance, ella estaba tirada boca abajo, jale su cuerpo poniéndola boca arriba y le limpie la cara embarrada.
- Rhonda - murmuré - despierta - empecé a jadear, me puse sobre ella y la abrace, puse mi oreja en su pecho, su corazón aún latía, solo estaba inconsciente - Rhonda por favor despierta - dije una vez más justo antes de perder el conocimiento.
Desperté en mi cama, Griselda estaba limpiando mi cara.
- Que bueno que despiertas - dijo sonriendo.
- ¿Que pasó? - murmure tocándome la cabeza.
- Te violaron.
- Eso ya lo se - dije renegando - me refiero a Rhonda.
- Ella sufrió un golpe en la cabeza pero gracias a que no es del todo humana, se recuperó pronto esta mucho mejor ahora.
- ¿Estuve muchos días dormida?
- A penas unas horas, pero estarás bien mi niña, tranquila.
Dolores entro a la habitación.
- ¡Amiga! - dijo con un tono de angustiada - lo lamento tanto, cuando llegamos con los soldados solo te encontramos tirada abrazando a Rhonda, estabas totalmente desnuda y solo te trajimos.
- Fue Horacio - murmuré - el los mando a hacerme esto.
- Entonces mi esposo se hará cargo.
- No - dije - no le digas nada a mi hermano - sentandome en la cama - lo que estos sujetos me hicieron no es nada comparado con lo que me hacia Horacio cada día mientras vivíamos juntos.
- Pero esto no se puede quedar así, el tiene prohibido acercarse a ti.
- El no se acerco a mi - sonreí - quiero ver a Rhonda.
- Esta limpiando la casa.
- Rhonda no es sirvienta de limpieza - dije.
- Tranquila, solo es una esclava - dijo afinando aún más la voz.
- Dolores - dije - no quiero que le des órdenes a mis esclavas - dije.
- No es para tanto.
- Dejame sola.
Me volví a acostar.

Dama Oscura

lunes, 9 de septiembre de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XX

- Al igual que a ti - empezó Griselda - Yo atendí a tu madre desde que ella era niña, y a su madre desde que era niña.
- Espera - dije confundida - ¿Me estas diciendo que cuando mi abuela que ya falleció fue atendida por ti desde niña?
- Si.
- Pero - pensativa - no pareces tan vieja.
- Las hijas de Freya, tenemos una poción especial que nos hace rejuvenecer entre quince y veinte años.
Me quedé en silencio escuchándola por un momento y luego reaccione.
- Esto no es real - murmure.
- Cuando te tomas la poción tu cuerpo también cambia, pero tus recuerdos no, quedan, en lo personal yo espero a tener apariencia de una mujer de cincuenta años y me tomó la poción.
- ¿Te das cuenta de lo que me dices? - dije incrédula - haz superado los límites de la inmortalidad, ¡puedes vivir eternamente!
- Tienes que escucharme - dijo.
- Es que no lo entiendo, ¿cómo es que vives así?
- Por favor, baja la voz.
- Podrías tenerlo todo si vendes esta poción.
- Eso es imposible - dijo ella.
- ¿Por qué?
- La poción sólo puede ser tomada por una hija de Freya y se hace de su misma sangre.
- ¿Mi sangre?
- Es un secreto.
- ¿Tengo que sacarme sangre para hacer esto?
- La sangre que cada una de nosotras posee esta llena de poder, si sabes utilizarla bien podrás lograr cosas increíbles.
- Explicame lo de mi abuela - dije interrumpiendo.
- Tu abuela no podía tener hijos, recurrió a mi para obtener ayuda y quedo preñada, nació tu madre y fue la única hija que tuvo, tu abuelo empezó a tener hijos de otras mujeres y los adoptaba, todos eran hombres pero solo con su esposa tuvo una mujer y esa niña, tu madre, fue consagrada a Freya.
- Mi madre es... Como... - apuntandola.
- No claro que no - respondió - ella fue rechazada por la diosa madre, pero tu - acariciando me el pelo - tienes un destino increíble.
- Me estas asustando Griselda.
- ¿Que es lo que quieres más en esta vida?
- ¿Lo que yo quiero? - me puse a pensar en su pregunta, esperando encontrar la respuesta en mi cabeza.
En ese momento, me di cuenta que mi vida era vacía, que mi mera existencia en este mundo era tan pequeña e insignificante que quizá mi muerte será igual de miserable, insignificante, imperceptible.
En ese momento me pensé que mis deseos de niña era tan superficiales, cuando me comprometieron a los 11 años con Claudio, tenía tantos deseos de que sea mi esposo, entonces el me dijo que iría a la batalla y que sería de las más complicadas contra los Hunos y yo temerosa de que no vuelva me entregue a él... No volví a verlo hasta que fue demasiado tarde... Pero, ¿Que aspiraciones tenía yo al lado de Claudio? ¿Era esto la vida y ya? ¿Es esto lo único que le correspondía a las mujeres? Obtener un marido tener hijos y esperar que tu marido no te trate como una esclava...
- Mi niña - la voz de Griselda interrumpió mis pensamientos - Celeste.
- Si, dime, Griselda.
- ¿Te perdiste en tus pensamientos?
- Yo... Pero... Nada - concluí.
- Una persona sin aspiraciones en esta vida, es una persona irrelevante que no importa, debes saber lo que quieres obtener, e ir a por ello.
- Esta bien - sonreí - ahora, Griselda, necesito que me expliques algo.
- ¿Cual es tu duda?
- Me vi con Claudio - suspire - el estaba igual como cuando se fue, en estos años no cambió nada, lo invite a pasar a mi casa y Rhonda lo atacó y el intento matarla.
- Claudio el que fue tu prometido.
- Si, el mismo, el tenía la piel fría, lo invite a pasar pero me enoje con él porque lo vi extraño, me dio una explicación absurda, aunque con todo lo que me esta pasando últimamente, no resulta tan absurdo, le dije que se fuera de mi casa y salió volando golpeando contá el muro del frente como si una fuerza sobrehumana lo hubiera empujado.
- ¿El sol estaba en el cielo?
- Fue después de la sentencia de Horacio, ya estaban las estrellas en el cielo.
- Es un ser de la noche entonces.
- ¿Es una bestia?
- No, no es como Rhonda o Beltrán.
- ¿Entonces como es el?
- El es parte de otros seres que permanecen congelados en el tiempo, nunca envejecen y tampoco se alimentan.
- Y... ¿De qué viven?
- De tu último aliento de vida.
- No te entiendo.
- El necesita beber la sangre caliente de otros seres vivos hasta arrancarle a el último aliento de vida. ¿Que quería?
- No me lo dijo.
- Tienes mucho tiempo para averiguarlo, tranquila, los inmortales como Rhonda y Claudio, nunca olvidan pese a los años.
- Le diré que venga mañana en la mañana.
- No vendrá, es un ser de la noche así que debes buscarlo cuando la luna ilumine el cielo.
- Domina - dijo Imara entrando a la habitación - la señora Dolores requiere verla.
Me despedí de Griselda pidiéndole que vuelva a visitarme la próxima semana.
Salí de mi habitación y me fui a la de Dolores.
- ¿Me buscabas?
Dolores se probaba un vestido nuevo, y me señaló su cama.
- No quisiste ir al mercado así que fui por las dos, ponte eso, iremos a una fiesta.
- Hermana - suspire - mira esta enorme cicatriz que tengo en la cabeza, no quiero ser vista así.
- Nadie te verá - sonriendo.
Dolores dio dos palmadas y trajeron unos antifaces.
- Ni siquiera sabrán que fuimos.
- Está bien - sonreí - le diré a mi hermano que iremos.
- ¡No! - dijo asustada - hermana mía, solo tu y yo - sonrió para luego guiñar un ojo.
- ¿Mi hermano te dio permiso para esto?
- Tu hermano y yo estamos bien - dijo agarrandome de los brazos - somos muy felices juntos - dijo haciendo no con la cabeza - el y yo nos comprendemos totalmente - me dio un beso en la mejilla - alistate porque debemos ir a esa fiesta, y el camino estará lleno de gente si no nos apuramos.
- Esta bien - dije tomando el antifaz.
Me fui a mi habitación, Imara ya había preparado mi baño.
- Yo lo pedí eso - dije mirando extrañada.
- La señora Dolores lo pidió para usted.
Voltee los ojos cuando Imara la menciono, se acerco a mí para ayudarme con la ropa.
- Imara - murmure - por favor observa a Dolores.
- ¿Observarla?
- Si - dije - tu mira que hace, como se comporta, como trata a mi hermano, observala.
- ¿Y que haré luego?
- Tu sabrás que hacer - dije - yo terminaré con esto, dile a Rhonda que se bañe para que me acompañe.
- Si domina.
- Imara - levante la voz - ¿como se llama la sirvienta de Dolores?
- Es Carolina, una mujer romana que sus padres fallecieron.
- Puedes irte - finalice.
Termine de bañarme y me vestí, me vi al espejo, la fina tela encajaba perfectamente en mi cuerpo, me puse un collar y pendientes que hicieran juego.
En ese momento me di cuenta que mientras había vivido con Horacio, el nunca me había llevado a ninguna reunión, ni fiesta social, empecé a llorar por la amargura que sentía hasta que Dolores entró a mi habitación.
- Pero - renegando - no, por favor ¿por que lloras?
La voz dulce y aguda de Dolores era a veces estresante.
- Por nada - dije - una idiotez.
- Una idiotez - apretó los labios - ¿Un idiota tal vez?
La mire y me limpie los ojos.
- Vamos a esa mascarada - sonreí.

Dama Oscura

lunes, 2 de septiembre de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XIX

Al tocar la piel de Claudio, me di cuenta que estaba congelandose, pero no hacía tanto frío en la ciudad como para que el tenga esa temperatura.
- Vamos a mi casa - dije sonriendo, sujete su mano y el camino a mi lado.
Imara camino detrás de nosotros atenta, sin apartarse demasiado, camine con Claudio por toda la ciudad, hasta que llegamos a mi casa, entre y el se quedo en el portón. 
- ¿Quieres una bebida? - dije sonriendo.
Me di la vuelta y vi que no había entrado. 
- ¿Te ocurre algo? - dije.
- ¿Puedo pasar? - dijo el en voz baja.
- Claro que si, puedes pasar - sonreí.
Claudio camino entrando a la casa, sonrió, Imara había desaparecido de repente, Rhonda apareció, con su daga. 
- Apartese de mi señora - gruño amenazando a Claudio. 
- Rhonda - sonreí - no trates así a mi invitado. 
- No es un humano - respondió rápidamente sin darme tiempo de decir nada más se abalanzó sobre Claudio, haciéndole una herida en el rostro. 
Claudio sujeto a Rhonda y le mostró los dientes, estos eran largos y afilados, grité. 
- ¡Detente! - dije - no lastimes a mi esclava. 
Claudio me miro, entre cerro los ojos, la soltó. 
- Rhonda, lo que me pase ahora, será únicamente mi responsabilidad. 
- No la dejaré sola aunque me castigue por ello. 
- Entonces no intervengas a menos que mi vida corra peligro. 
- Lo siento mucho - dijo Claudio - intente volver, intente decírtelo, pero no podía acercarme a ti porque nunca salias de casa y yo no podía entrar. 
- ¿Que te pasó? - dije secando mis lágrimas qué empezaban a salir sin que pueda controlarlo. 
- No se explicarlo bien, fue una mujer, era hermosa, tenía la voz dulce y aguda, me hipnotizó, me dijo que la tome como su mujer y cuando me di cuenta me había mordido por todos lados, estaba muriendo y ella de pronto me dio su sangre, no pude volver a mirar el sol desde entonces. 
- Eres una bestia, entonces - murmuré.
- Te he buscado todo este tiempo - dijo estirando su brazo hasta casi tocar - pero temo lastimarte - se dio la vuelta.
- Vete - dije.
- ¿Que dices?
- Que te vayas - dije levantando la voz.
- Pero Celeste yo...
- Tu no eres más un humano - respire - ¡Fuera de mi casa!
En ese momento Claudio salió de mi casa como si una fuerza invisible lo hubiera golpeado hasta golpear la pared del otro lado de la calle.
- ¡Celeste! - grito Claudio - por favor, dejame explicarte.
- Rhonda - dije - mañana a primera hora ve a buscar a Griselda.
- Si, señora.
- Cierra la puerta - dije suspirando - Que Clotilde me prepare el baño.
- Señora, la niña Clotilde...
- ¿Y como se encuentra Crispina? - dije interrumpiendola - quiero verla y a Tania también, debe ser una bebe hermosa.
- Señora Clotilde se fue de la casa.
- ¿Se fue? 
- Se fue con Horacio.
- Está bien - dije - hablaré con mi padre respecto a ella, ¿hay alguna otra cosa que deba yo saber?
- El doctore, Beltrán, como el señor Horacio no está, pues pregunta quien se hará cargo del ludus.
- Mi padre seguramente, aunque mi hermano Diego quería ser lanista - pensativa - que venga Cristina y la bebe, quiero conocerla, mandalas a mi habitación.
- Si señora - dijo Rhonda agachando la cabeza.
- Y ya que Clotilde no esta - agregue - preparame un baño.
- Si señora - dijo y se fue.
Camine por mi casa, me di cuenta que era muy grande y estaba yo sola, con una gran cantidad de esclavos, por un momento me sentí triste, entre a mi habitación, y encontré a Crispina ahí la bebe estaba en una cesta envuelta en mantas.
Levante a la niña con cuidado, estaba caliente, la observe por un rato, respire sobre ella.
- Es hija de Nathan - dijo Crispina con nervios - yo no sabía de quien era hasta que nació - continuó - y resultó que la niña es de Nathan por las fechas.
- Tranquila - dije - los dioses lo quisieron así.
Deje a la niña en la cesta y mire a Crispina.
- Debes trabajar aunque sea con la niña cerca, te dedicarás a hacer la limpieza de la casa, así no estarás cerca del fuego.
- Si domina.
- Ya puedes irte.
Rhonda había terminado de alistar mi baño, fui y cuando termine me metí en la cama. Esta noche no tendría a Horacio sobre mi, esta noche dormiría tranquila.
Cuando amaneció, fui al comedor hacia mucho que no comía ahí, desayune sola, la casa se veía tan callada.
- Dile a Llengardaix que traiga a Beltrán - dije interrumpiendo el silencio.
Imara asintió con la cabeza y se fue, me quedé sola en el comedor, Crispina entró.
- Su padre Domina - dijo.
En ese momento mi padre entró al comedor, acompañado de mi hermano Diego.
- Hija mía - dijo - no puedo permitir que vivas sola en esta casa.
- Padre - dije levantándome - que bueno que haya sido venido.
Me acerque a mi padre lo abrace y lo bese en ambas mejillas, me acerque a mi hermano y sonreí, el me abrazo aparentando los labios, triste.
- Vine a acompañarte - dijo Diego - viviré contigo y con mi esposa.
- ¿Aquí en mi casa? 
- Es lo mejor - dijo mi padre - estas divorciada y debes tener compañía.
- ¿Con quien te casaste? - pregunte intrigada.
- Con Dolores.
- ¡Dolores! - sonreí de alegría - pero ¿como? ¿Cuando fue?
- Estabas inconsciente y no sabíamos si despertarías así que nos casamos, Dplores pidió a la Diosa Venus que te ayude.
- Ya veo - dije cambiando la expresión poniendome seria - ¿Cuando vienen a vivir conmigo?
- Hoy mismo - dijo una voz dulce y aguda desde la puerta.
El delgado cuerpo de Dolores, con su pelo rojo se dejaba ver.
- ¡Amiga! - grité corriendo.
- Nos mudamos hoy mismo, tenía tantas ganas de verte - dijo Dolores abrazandome - tenemos que darle sabor a tu vida, no te aburriras conmigo.
- Yo se que no.
Rhonda entro con Beltrán, la mire y abrí moví los ojos mirando hacia una puerta que daba a otro ambiente, ella lo llevó allá.
- ¿Cuantos esclavos tienes? - dije.
- Todavía no tenemos esclavos - dijo Diego - pero tu vecina tiene un esclavo que es excelente haciendo pan y pensé en comprarlo.
- No tienen esclavos.
- Tenemos mi dote - sonrió Dolores - Diego administrará y tus bienes, viviremos muy bien.
- Bueno yo - mirándolos extrañada.
- Tranquila, hermana, papá te buscará otro esposo y cuando te cases de nuevo me mudare con mi esposa.
- No - dije enojada - yo no voy a casarme de nuevo.
Me aleje de ellos.
- Calmate hija, no será ahora ni el próximo año, te vas a recuperar de todo... Esto - dijo mirándome de arriba abajo - luego Dolores te presentará a sus amigos solteros y tendrás oportunidad de escoger, a un hombre con una gran fortuna, con tu dote multiplicada por los bienes que te dejo tu e, que esposo, serás la más requerida.
- Yo no quiero casarme con alguien que no me ama.
- Eso no volverá a pasar - dijo mi hermano - yo me asegurare de que nuestro padre no vuelva a forzarte a hacer algo que no quieres.
- Bueno, yo... Tengo algo que hacer. ¡Imara! - grité, ella entro a la habitación con paso veloz - encarga he ayuden a mi hermano y su esposa en una habitación, que venga Llengsrdaix y Nathan a mover las cosas, padre - dije - mi esclava Clotilde se fue con Horacio, escapando se de la casa.
- Yo me encargaré de eso hija - respondió.
Salí del comedor y me dirigí a donde estaban Rhonda y Beltrán, cerré la habitación.
- Eres una bestia - dije intranquila.
- Un licántropo - Respondió Beltrán - un hombre lobo.
- Hace unos días dijiste que harías todo lo que quisiera, que estas a mis servicios eternamente.
- Lo hice.
- Ya eres mi esclavo, tienes que hacer lo que yo te diga.
- Si eres mortal - dijo - eventualmente morirás y yo seré vendido a otro lanista, quizá junte suficiente dinero y compre mi libertad y me vaya, pero si usted es inmortal... No tiene nada que ver con la esclavitud.
- ¿Entonces con que?
- Quiero cuidar de usted.
- ¿Por que?
- Porque es mi deber hacerlo.
- ¿Por qué?
- Porque usted es bruja - interrumpió Rhonda.
La mire enojada, volví a mirar a Beltrán.
- Las brujas tienen un don que llaman dominio de bestias.
- Te escucho - dije.
- Cualquier ser sobrenatural sentirá el deseo desesperado e innato de querer cuidar y proteger de ti.
- No veo ese deseo desesperado en Rhonda - interrumpí.
- Es por la diosa que yace en usted.
- La diosa Venus - dije.
- La diosa doncella - respondió Beltrán - esa diosa solo puede cautivar bestias que son varones, las mujeres no tienen ese sentimiento.
Mire a Rhonda.
- Pero yo igual la cuidare con mi vida, señora, porque es usted mi domina.
- Ve por Griselda - dije - quiero verla - mire a Beltrán - ¿Me cuidaras entonces?
- Aun a costo de mi vida.
- Ya hablaremos otro día - dije - vuelve al ludus.
Beltrán se fue, Rhonda salió de la casa, fui a la habitación que quedó asignada para mi hermano y su esposa.
- Espero que les agrade mi casa.
- ¡Es un lugar hermoso! - dijo Dolores sonriendo.
- Yo se que si.
- Iré al ludus - dijo Diego.
Dolores me sonrió con picardia.
- Vamos al mercado - dijo.
- Estoy esperando visitas - dije - será mañana.
- ¡Oh! - dijo entristecida - bueno, por mi esta bien.
- Disculpame, desde lo que me paso no salgo de esta casa.
- No puedes estar encerrada por siempre.
- Si puedo - respondi.
- Comprare al esclavo de tu vecina - dijo.
- Puedes hacerlo - respondi - pero necesitas sirvientas.
- ¿Cuantas tienes tu?
- Tengo cuatro, una escapó, pero son cuatro. Imara, Rhonda, Crispina y Clotilde la que escapó.
- ¿Que castigo le darás?
- Ninguno, es una niña.
- Tienes que darle un castigo ejemplar, para que no vuelva a escapar.
La mire en silencio, impresionada por sus palabras.
- Mi esclava, no será tocada por el látigo, porque es mi sirvienta personal, no quiero que vuelvas a opinar sobre el trato que le doy a mis sirvientas, esta es mi casa.
Dolores apretó los labios mientas me escuchaba.
- Lo lamento tanto, no pensé que te sentirías ofendida por lo que te dije, es que yo pensé que...
- No pienses mejor - interrumpí.
- Lo lamento.
Rhonda entro a la habitación y me miro en silencio.
- Debo atender a una visita, luego regreso para conversar.
- Iré a mirar a los gladiadores entrenar - dijo Dolores.
- Si te veré allá luego.
Salí de la habitación y me fui a la mía, estada Griselda esperándome ahi.
- ¿En que me convertí?
- En un ser de luz.
- Un ser - suspirando - Griselda no te entiendo.
- Nesecito que se siente mi niña, esta historia es larga de contar.
Nos sentamos en mi cama, Griselda empezó a contarme una historia que empezó mucho antes de que yo naciera.

Dama Oscura