lunes, 26 de agosto de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XVIII

Amaneció otra vez, me gustaría tanto que los días pasen más rápido en este momento, Rhonda estaba parada a mi lado, me ayudo a vestirme, la casa se sentía tan vacía sin Horacio.
- Debe ir al senado, señora, debe ir a declarar.
- Deseo verme el rostro - murmure.
Rhonda acerco un espejo de mano y me vi la cara. Mi ojo izquierdo se veía más caído y podía ver la cicatriz en mi cabeza que iba por atrás de mi oreja, mi garganta también tenia señal de haber sido cortada.
- ¿Que me paso? - dije empezando a llorar.
- El dominus estalló en celos aquel día y no contento con golpearla hasta dejarla inconsciente, tomo una taza y la rompió en su cabeza, la golpeó varias veces, cuando vio la sangre se asusto, empezó a llorar pues usted no reaccionaba y llamaron a Griselda, el estaba arrepentido, Griselda le corto el pelo y le cosio la cabeza, le hizo beber una de sus pociones que ella llamó "La súplica a los dioses" y solo esperamos a que su corazón volviera a latir, esperamos por un día entero a que usted reviva.
- Estuve muerta un día entero - dije asustada.
- Así es, pero al día siguiente usted respiraba nuevamente y Griselda me explico que esa poción detenía tu alma en la puerta del más allá, no te permitía pasar y si un dios te veía podrías conversar con él y tener una nueva oportunidad de vivir.
- Así que eso fue.
- Estuve conversando con Beltrán - dijo - más allá de los mares, existe un país, un reino nuevo al cual los inmortales llamamos El reino de la noche.
- Si usted ahora es inmortal, Beltrán puede ir con nosotros.
- ¿Y que hay allá?
- Libertad - respondió, y se quedó callada.
- Ya soy libre.
- Cuando las décadas pasen y los humanos vean que usted no envejece, no será tan libre, mirese, usted se está recuperando rápidamente al paso que un mortal no puede, ya se que Beltrán le otorgó su voluntad, estas cosas los humanos no pueden hacerlas por si mismas, debemos aceptar que no somos más humanos.
- Pero yo no soy una bestia.
- No se que sea usted, Señora, pero si algo se, es que no morirá pronto.
- Conversaremos de esto en otro momento Rhonda.
- Por mi esta bien.
- Debo salir.
Salí de mi casa, acompañada de Imara, me dirigí a la Curia, me habia tapado la cabeza con una manta, para que las personas que habitaban la ciudad no vean mi deformidad.
Cuando llegue a mi destino, el guardia ni se inmutó, entre y fui a la sala de reunión, al menos unos 200 ancianos ahí reunidos, mis padre hablo primero, sobre cómo me encontró inconsciente en la cama con el rostro destrozado y a la curandera cuidando de mi, habló también de como encontró a Horacio estaba implorando perdón, que creyó que perdería a su única hija, luego habló mi madre, ella mencionó que desde pequeña me encomendó al cuidado de Griselda, que ella vio todos mis malestares, luego hablo Griselda, que. Hola dijo que me encontró en un estado crítico y a Horacio con la ropa ensangrentada y ella hizo todo lo posible por mantenerme con vida, mire a mi alrededor, en una esquina había un tipo con un traje largo que le tapaba totalmente el rostro, por un momento tuve la impresión de que era Claudio quien me observaba.
De pronto escuche mi nombre entre los ancianos. Me levante.
- Sáquese ese trapo de la cabeza - dijo uno de los ancianos.
Mire a todos a mi alrededor avergonzada, mire a mi padre quien asintió con la cabeza, me quite el pañuelo y las expresiones de horror se dejaron escuchar. Un anciano se acerco a mí y me miro de cerca.
- Tu marido de golpeó muy duro esta vez - dijo - podría decir que vives de milagro.
- Fue la gracia de los dioses - murmure.
- ¿Te golpea siempre?
- No - dije.
- ¿Te sustenta económicamente?
- Si, me da más dinero del que puedo gastar.
- ¿Te ha tratado como esclava?
- No, eso creo.
- Entonces por única vez el ha sido cruel contigo, dime jovencita, ¿que hiciste para que tu marido te golpee hasta casi matarte?
- No entiendo la pregunta.
- ¿Que le hiciste a tu marido? - insistió - ¿le gritaste?
- No.
- ¿Le atendiste en tu deber de esposa?
- El podía tenerme siempre que quisiera aún en contra de mi voluntad.
- En contra de tu voluntad, las mujeres siempre dicen no estar listas para el acto, uno siempre debe ser un poco rudo pero al final si quieren.
- El me tomó una y otra vez a la fuerza, desde el día que nos casamos, incluso cuando yo sangraba, incluso cuando estaba enferma, cada noche el me tomaba sin falta hasta que un hijo suyo quedó impregnado en mi vientre, cuando nuestro hijo nació muerto, el me tomó desde esa misma noche aún con el vientre débil y aún con la sangre manchando mis piernas el me utilizo incluso de formas en las que no podríamos tener hijos, el nunca me dio un beso, nunca tuvo un gesto de cariño hacia mi, nunca me dio signo de tener algún sentimiento hacia mi que no sea desprecio...
- Las mujeres siempre esperando cursilerias románticas, estas cosas no son importantes, no tengo más preguntas por ahora.
Mi padre se acerco a mi.
- ¿Donde estabas cuando sucedió la agresión?
- En mi habitación, con mis esclavas.
- ¿Que hacías en ese momento?
- No lo recuerdo exactamente. Creo que ne vestía y se me informo que tenía visita de un hombre.
- ¿Quien?
- Mi anterior prometido, Claudio.
- ¿Y tenías intención de verlo?
- No lo he visto desde que se fue a la batalla contra los Hunos, luego desapareció sin dejar rastro alguno, la verdad es que no sabría decir si quería verlo o no.
- Ya veo, que paso luego.
- Entró mi esposo furioso, me insulto y empezo a golpearme con ambas manos, me ahorcó y perdí el conocimiento.
- Como verán - dijo mi padre - esta mujer, en el momento de la agresión, aún no había siquiera decidido hacer algo, aún ahora, no sabe lo que pudo haber hecho en ese momento, porque no tenía intención alguna de faltar a la casa de su esposo.
- Pero ese hombre ¿qué intención tenía al buscar a una mujer casada? - dijo uno de los ancianos.
- No podemos juzgar a una persona por los actos de los demás - respondió mi padre - y es eso exactamente lo que su esposo hizo, la juzgo mucho antes que ella hiciera algo, quizá no haría nada y sólo mandaba a que lo echen, pero su marido tomó la decisión, la juzgo y la castigo, pudo haberla matado sin que ella hiciese nada para merecerlo y en este momento no estaríamos hablando de una agresión física sino de un asesinato.
Mi padre miro a los ancianos orgulloso de lo que estaba diciendo.
- Por estas cosas, solicito se dicte la pena maxima para el esposo de mi hija, Horacio y sea ejecutado y ella no pierda los bienes que posee sino que ella contraiga matrimonio con otro hombre que la quiera bien y su fortuna quede para sus hijos.
- ¡No! - grite - papá - tapandome la boca - Horacio es mi esposo - dije - si, tiene mal carácter y ha abusado de mi de formas que no puedo repetir, pero es el esposo que escogiste para mi y yo no quiero ser viuda, mírame, padre, tengo el rostro desfigurado, no se si vuelva a ser como antes, yo no quiero ir por la calle y ser apuntada como la mujer que pidió la horca para su marido, ¿quien querría casarse con una mujer así? Yo no quiero que mi esposo muera, solo quiero el divorcio.
El silencio se hizo en la sala, hasta que mi padre se acerco a mí.
- ¿Que estas diciendo? Si se divorcian los bienes serán divididos, en cambio si el muere todo quedará para ti.
- No me importa el mugroso dinero - respondí - solo quiero que no pueda lastimarme más.
- ¿Esta segura de lo que estas pidiendo? - dijo uno de los ancianos.
- Si, estoy segura - respondí - solo quiero que mis esclavas Rhonda e Imara permanezcan conmigo ya que ellas no me fueron otorgadas por mi esposo sino que fueron un regalo de mi padre y de mi suegro.
Los ancianos se pusieron a conversar entre ellos murmurando, por largos minutos, se miraban los unos a los otros asintiendo con la cabeza y uno de ellos habló.
- Debido a que consideramos que la unión ya no tiene propósito, se le concede el divorcio, a demás, la casa donde vivian, los esclavos y toda posesión que se haya adquirido durante el matrimonio quedan a disposición de la señora Celeste, su padre será quien maneje las finanzas para que no se pierdan los bienes, a demás, su esposo, Horacio, tiene prohibido acercarse a la señora Celeste por ningún motivo, de ser así, será ejecutado y tendrá que alcanzar a su ahora ex esposa una cantidad de dinero mensualmente para que ella siga manteniendo la vida que tuvo durante el matrimonio hasta que ella se case nuevamente con otro hombre, todo esto como compensación por el daño que se le ha causado.
Mire a Horacio, quien se tocaba el cuello, se salvo de la muerte por poco, mi padre me abrazó, felicitandome, me tape la cabeza con mi pañuelo y salí de la sala rápidamente con mi esclava.
El sol se estaba ocultando y las primeras estrellas se dejaban ver. Un hombre me alcanzó entre la multitud, su mano fría me toco, me di vuelta, Imara se puso entre el y yo.
- No se acerque a mi señora - dijo Imara asustada - señora, corra lo más rápido que pueda.
- Imara, no necesito correr - dije.
Aquel hombre era el mismo que había visto horas antes con un traje largo que le tapaba el rostro, era Claudio.
- Lamento haber llegado tan tarde - dijo - pude haberte evitado todo este sufrimiento.
- Lo único que importa - dije abalanzandome sobre él - es que estas aquí ahora.

Dama Oscura

lunes, 19 de agosto de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XVII

El dolor en mi cabeza de hizo intenso, una punzada aguda como si un bicho me clavara su aguijón, me lleve la mano a la cabeza entonces note que algo estaba mal, no tenía pelo.
Toque toda mi cabeza con ambas manos y no había rastro de mi hermoso pelo rojizo, grité, o al menos lo intenté, la voz no salía de mi garganta, me toque el cuerpo, estaba mucho más delgada de lo que recordaba, intente levantarme de la cama y caí al piso, tumbando una banca que estaba a mi lado.
En ese momento ingreso Griselda.
- Ya despertaste - dijo sin inmutarse de que estuviera en el suelo, me miro y sonrió - ¡Imara! - dijo levantando la voz - no te imaginas todo lo que tuve que hacer para mantenerte con vida - sonrió - eres mi máxima creación.
La mire horrorizada, empecé a tocarme todo el cuerpo, Imara ingreso a la habitación, Ronda la acompañaba y me levantaron de nuevo a la cama. Me toque la cabeza.
- Lo siento mi niña - dijo Griselda - no podíamos moverte de la cama y mantener tu pelo atraería piojos, preferí quitarte el pelo de la cabeza para que sea más fácil limpiarte.
Me toque la garganta y el cuerpo.
- Estuviste dormida por un mes querida - continuó - me traslade a tu casa a pedido de tu madre para poder cuidar de ti todo el día, tuve que hacer una operación de emergencia ya que tu marido casi te mata a golpes, no puedes hablar porque te tuve que extirpar las amígdalas, pero en un par de semanas quedaras como nueva, un poco más ronca pero podrás hablar, solo podíamos darte agua con miel y con eso te mantuvimos viva.
Empecé a llorar.
- No, no, por favor mi niña, esta es tu nueva oportunidad de vida, pero tengo que preguntarte, ¿que hay del otro lado?
La mire incrédula.
- ¿Hay algo en particular? ¿Hay alguien esperándonos? - asentí con la cabeza - ¿es un dios o una diosa? - volví a mover la cabeza afirmativamente - y ¿que te dijo? - me encogí de hombros, me volví a echar - bueno, si no quieres contarme ahora, será en otro momento - sonrió - estuviste muerta por quince minutos - continuó - tu padre se entero y armo un alboroto en el senado, capturaron a tu marido y lo van a enjuiciar por intento de asesinato, quizá sea sentenciado a muerte.
Me senté de golpe, moviendo la cabeza haciendo no.
- Tranquila, tu heredarás todo, nada se te va a pasar quitar después de su muerte - volví a mover la cabeza diciendo no - el esta encarcelado, ahora que despertaste, esperarán a escuchar tu versión de los hechos y luego lo van a sentenciar.
Mire a todos lados preocupada, empecé a llorar.
-Pero no tienes porque sentirte así mi niña, el no puede hacerte más daño.
Levante los brazos volteando los ojos.
Me recosté en la cama, mirando hacia un costado.
- Mira - dijo Griselda - te prepare el almuerzo, es un delicioso puré de... En realidad no quieres saber, pero te recuperaras más rápido si te lo comes todo, vamos, a comer.
Griselda acerco el tazón a mi boca y probé lo que me daba, era un insipido medio agrio, saque la lengua al probar.
- Tienes que comerlo todo de lo contrario no vas a recuperar fuerzas - dijo.
Estuve comiendo los purés amargos de Griselda por casi dos semanas antes de poder articular palabra alguna, lo primero que hice fue preguntar por Crispina, por el bebé de Crispina.
- Se llama Tania - dijo Imara - es una niña preciosa, no es hija del Dominus, ¿recuerdas a Nathan? Pues resulta que Crispina y el tenían un amorío y ella tuvo un hijo suyo, no lo supo hasta que el niño nació.
Me sonreí.
- Yo también me alegre cuando lo supe - continuó Imara - quien lo diría de nuestra Crispina, bueno, a mi no me sorprende, pero siempre creí que le daría un hijo a Dominus.
- Y Horacio.
- El Dominus está bien - continuó - Clotilde le lleva comida todos los días, dos veces al día, le lleva ropa limpia, no se ha descuidado de él, señora, ¿Usted va a declarar en su contra?
- En Roma las mujeres no valemos tanto para que nuestra opinión cuente.
- La esposa del nuevo rey es una mujer muy inteligente, dicen que los reyes son Etruscos, han hecho que las mujeres romanas tengan los mismos derechos que los hombres, han escrito nuevas leyes para mantener el orden, ahora las mujeres romanas no pueden ser maltratadas por su marido, cuando se enteraron de su caso, ya que su padre armo un alboroto en el senado, se tomaron el asunto muy en serio, la reina ha exigido que se haga conforme a las leyes, sólo tiene usted que declarar y decir lo que yo ya explique, que su esposo vino y la agredió estando usted convaleciente hasta que perdió la conciencia.
- No - murmuré.
- No creo que haya salvación para el - dijo Imara - se hizo una investigación y se sabe que usted perdió un hijo del Dominus, que el le fue infiel con cuanta mujer pudo y que la violo cuando usted estaba indispuesta para poder tener un hijo suyo, todo esto se entero su padre y exige un severo castigo.
- Quiero levantarme de aquí - dije, me pase la mano por la cabeza, el pelo me estaba creciendo nuevamente - quiero verme la cara - dije.
- Señora - dijo Imara alejándose de mi, asustada - no es el momento adecuado para que usted se vea, yo... Usted... - nerviosa.
- Estoy así de fea - sonreí tristemente.
- Oh, no, para nada, señora, Griselda le hizo una reconstrucción en el rostro impecable, pero me temo que usted no se va a reconocer.
La noche se dejaba ver con la luna redonda y grande en el cielo. Baje a las celdas y vi a Rhonda pasar por aquella metamorfosis que la convertía en esa bestia enorme que no le permitía reconocer a sus conocidos.
Abrí la celda y entre, ella me gruño, pero no se acerco a mi. Estire el brazo y ella camino hacia mi lentamente, sujete su cabeza y la coloque encima de mi hombro, abrazandola, me quede así por toda la noche hasta que amaneció.
Rhonda yacía en mis brazos desnuda, abrazada a mi, nos habíamos quedado dormidas en aquella celda donde la encerrabamos cada vez que ella estaba indispuesta.
- Domina - murmuró Rhonda asustada al verme a su lado - pude haberla lastimado.
- Claro que no - dije, tranquilizandola - definitivamente no.
Salimos de la celda, Beltrán estaba en otra celda más allá, lo mire fijamente sin expresar ninguna emoción, Rhonda desfiló desnuda hasta su habitación y se vistió, yo me quedé frente a la celda de Beltrán, mirándolo sin decir nada.
- Se lo que es usted - dijo finalmente rompiendo el silencio.
- ¿Y que soy? - murmure.
- La eternidad le resultará aburrida eventualmente - continuó sin responder mi pregunta - cuando se de cuenta se pondrá en situaciones para lograr la muerte pero la muerte le evadira.
- ¿Y que harás?
- No se porque hago esto, usted no me agradaba antes pero tengo un impulso dentro de mi qué me obliga.
Lo mire fijamente sin decir nada, Beltrán se arrodillo ante mi.
- Le otorgó mi vida, mi fuerza y mi voluntad, todo lo que usted desee de mi y este en mi poder hacerlo lo obtendrá.
- Lo permito - respondí.
Beltrán se levantó y me miro horrorizado.
- ¿Que pasa? - dije sin comprender bien lo que había ocurrido.
- Siento un inmenso poder dentro de usted, un poder que no puede controlar usted sola, busque ayuda.
- Lo haré - dije - ¿Sabes quien puede ayudarme?
- Si usted obtuvo la voluntad de un dios, debe pedir ayuda a alguien que haya obtenido la voluntad de un dios.
- ¿Conoces a alguien así?
- Griselda - respondió torciendo la boca.
- Ella tuvo un amorío con su dios.
- Los dioses tienen nombres diferentes en cada cultura, pero siguen siendo los mismos dioses, si, ella es igual que tu, puede dominar a las bestias, me es imposible desobedecer su voluntad, al igual que contigo, ella te podrá ayudar.
Me quede en silencio observando a Beltrán, en ese momento Llengardaix apareció sonriente y abrió la celda de Beltrán.
- ¡Buenos días! Doctore - dijo en forma burlesca - ¿Como amaneció?
Beltrán salió sin decir palabra alguna, se paro delante de mi, se inclino y se fue.
Subí, encontré a Griselda en mi habitación.
- Parece que mi niña esta descubriendo sus nuevas habilidades.
- ¿Que me está pasando? - dije.
- Tranquila, te acostumbraras, ¿viste a un hombre o a una mujer?
- Era mujer - dije - te refieres a...
- Si niña, me refiero a cuando estabas muerta.
- Una mujer, una diosa.
- ¿Te dijo que diosa era?
- Era la diosa Venus, la diosa del amor y la fertilidad.
- En mi cultura se llama Freya - respondió instantáneamente.
- ¿Estas segura que se trata de la misma diosa?
- Los dioses son los mismos en todo el mundo, solo cambian de nombre, porque es el nombre que le dimos los humanos, la mujer a la que viste era una mujer joven y pelirroja.
- Si, ella es Venus.
- Mira - dijo sacando un dibujo donde se veía a una mujer joven, pelirroja, desnuda.
- Ella es Venus - dije.
- Ella es Freya - respondió Griselda - los dioses y las diosas, como ya te dije, son los mismos en todo el mundo, solo cambian de nombre porque es el nombre que les dan en cada país. Freya es la diosa de la fertilidad.
- Me estás confundiendo.
- Bueno, no intento que te confundas, dime, ¿te dio un don?
- Si, me pidió algo y me dio algo a cambio.
- No preguntaré que pediste, eso debe ser únicamente tu secreto.
En ese momento entró mi madre a mi habitación, me miro y corrió a abrazarme.
- Hija mía, estaba tan preocupada por ti.
- Estoy bien, mamá.
- Tienes que saber que el senado espera por ti para que declares y se decida el destino de Horacio, no temas decir la verdad, aunque el muera todos sus bienes te serán otorgados y podrás mantenerlos si te casas con otro varón romano al cabo de un año.
- No quiero casarme con otro hombre - dije.
- Ya pensaremos en eso, la reina está muy interesada en tu caso y ordenó que se de una solución, en cuanto te sientas en la capacidad de ir a declarar, iremos y esto finalizará.
- Mamá - dije - no se si quiero ir a declarar.
- Pero que dices hija, tu padre exigió justicia porque pudiste morir en manos de Horacio, las leyes están cambiando y están mejorando, no desaproveches esta oportunidad.
Mire a mi madre en silencio mientras hablaba, en Roma las mujeres no validamos casi nada, podíamos ser golpeadas, azotadas, matadas, vendidas por nuestro esposo y nadie se inmutaba, fueron los nuevos reyes quienes impulsaron los derechos de las mujeres, la reina sobre todo, la reina que tenía la voluntad de su marido en sus manos y que este no tomaba una decisión sin primero consultarle a ella su opinión.
- Está bien mamá, iré al juicio.

Dama Oscura

lunes, 12 de agosto de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPITULO XVI

- ¡Sueltame! - grité - ¡Horacio!
- Eres mi mujer - dijo mientras forcejeabamos.
- Todavía sigo sangrando - dije empujando, tratando de zafarme de él.
Horacio se ponía cada día más brusco conmigo, no había dejado de sangrar desde que perdí a nuestro bebé, el me hizo suya cada día a la fuerza, a la mala, desde entonces.
- ¡Horacio! - gemí sintiendo que entra en mi, seca, sangrante, bruscamente - ¡No! - empecé a llorar.
Cuando deje de forcejear con el, dejó de presionarme, estábamos en el piso, se había puesto sobre mi para dominarme con su cuerpo.
Lo abracé.
Mientras el se movía lentamente encima de mi, presionando con fuerza mis piernas, procure no dificultar más el momento, esperaba que termine rápido para que me suelte.
- ¿Te gusta?
No respondí, las lágrimas habían llenado mis ojos y mi nariz estaba totalmente constipada.
- Dime que te gusta tenerme dentro de ti - exigió.
- Me lastimas - murmuré.
Horacio continuó con lo suyo, me rompió la ropa para poder tener mi cuerpo desnudo, empezó a pasar su lengua por mi cuerpo.
- No me he bañado en dos días - dije mirando hacia la pared - antes no me tocabas si no estaba muy aseada.
- No importa - dijo - ahora no importa si estas sucia, cada día ardo en deseos de tenerte.
Me miro, me sujeto la cara y me beso, sentí su lengua hasta mi garganta, me dio ganas de vomitar, en ese momento terminó.
- No vamos a tener otro hijo si no dejas que me recupere.
- Crispina tendrá mi hijo pronto - respondió rápidamente - lo vamos a tomar y registraremos como nuestro, por eso no la dejas salir de la casa, verdad.
- Horacio, ella es una mujer romana, un hijo con ella es igual que un hijo conmigo.
- Ella es una ramera - gruñó - su hijo bastado tendrá derecho de ir al ejército, mi hijo contigo, el que tendremos en cuanto dejes de sangrar, ira a la universidad.
Horacio se levantó, me levanto en sus brazos y me llevó al baño, me hizo sentar en la tina.
- Le diré a Imara que venga a limpiarte - murmuró y se fue.
Me acomode en la tina, Imara entró después de varios minutos.
- Domina - murmuró.
- No me digas domina.
- Lo siento, señora, lo que pasa es que llego una visita para usted.
- ¿Es mi madre?
- Es un hombre, señora.
- Mi padre o quizá alguno de sus hijos.
Imara, después de ayudarme con el baño me ayudó a vestir y me acomodo en la cama.
En ese momento entró Horacio a la habitación.
- ¡Eres una mujerzuela! - grito golpeandome.
Grite tratando de defenderme, el me dió al menos veinte bofetadas con ambas manos, se había puesto encima de mi utilizando su peso para inmovilizar me mientras me agredia.
Cuando se cansó de golpearme respiro, Imara gritó.
- Dominus, la ha matado - llorando - mire como la ha dejado.
- Se merece eso y más - murmuró, me jalo de los pelos y hablo a mi oído - Si Claudio vuelve a venir por acá, me encargaré de que no pueda amarte - me soltó.
Pero yo ya no escuchaba, estaba perdida en mis pensamientos, el dolor se había convertido en lágrimas, las lágrimas en deseo de escapar y mi deseo en realidad.
Todo a mi alrededor estaba oscuro, la voz de Imara desesperada llamando a Rhonda y Clotilde para que la ayuden.
- Iré a llamar a la señora Griselda - dijo Clotilde mientras su voz se perdía a lo lejos.
***
Voces en la oscuridad, están hablando de mi, alguien está llorando, esta desconsolada esa mujer, creo que es mi madre, se lamenta como estoy, me agarra la mano, las voces se alejan...
***
- Miren a esa pequeña mortal, niña, hola, holaaaa, es una dulce y tierna mortal...
Mire a mi alrededor, la oscuridad me rodeaba, pero había un rayo de luz iluminando mi cuerpo desnudo, no podía observar más allá en la oscuridad, mire alrededor mio buscando aquella voz...
- ¿Quien esta ahí? - dije dudando que alguien responda.
- Estoy aquí - dijo riendo - mírame, pequeña mortal - mire por todos lados, la voz se escuchaba lejos y cerca a la vez, como un eco - mira bien, con atención - dijo nuevamente - presta más atención - siguió diciendo - mira atentamente - continuó...
Me puse a mirar por todos lados, buscando, mire arriba, abajo, a ambos lados, atrás, entonces me quede mirando fijamente al frente, con atención, inmóvil.
- ¿Me ves? - dijo de nuevo.
Entrecerre los ojos tratando de ver en la oscuridad, en ese momento se materializó el delgado cuerpo de una mujer, de pelo rojo, ojos miel y piel blanca muy pálida.
- ¡Bu! - grito poniendo sus manos abiertas al lado de su cara - ja, ja, ja, ji, ji, je, ju, ja...
Empezó a retorcer de risa en el piso.
- ¿Quién eres tú? - pregunté.
- ¿Quién eres tú? - respondió ella devolviendo la pregunta - ¡ihh! - dijo abriendo los ojos - ¡Que hermoso pelo fuego! - dijo emocionada, continuó riendo.
- Debo estar soñando - murmure.
- Debes estar soñando - dijo riendo nuevamente.
- Estoy confundida - dije ignorando lo que decía.
- ¡Está confundida! - dijo con euforia.
- Horacio me golpeó - dije tocando mi cara.
- ¿Quien es Horacio? - dijo intrigada.
En ese momento me di cuenta que ella levitaba frente a mi, estaba como en un gran almohadón de plumas, se movía suavemente.
- Es... Estas - dije tartamudeando - estas - la impresión no me dejaba terminar lo que quería decir.
- ¿Estoy? ¡Si! ¡Aquí estoy!
- ¡Estas volando! - grité.
- ¿Volando? - miró a su alrededor - No estoy volando.
Pase mi mano por debajo de ella y toque el piso, mientras la miraba fijamente.
- ¡No puede ser! - dijo asustada - ¡Estoy volando! - en ese momento empezó a reír nuevamente.
Me quedé observándola en silencio.
- ¿Estas triste? - inquirió dejando de reír.
- Que hermosa eres - murmure, estire el brazo para tocarla y ella se alejo.
- Los mortales no deben tocar a los dioses - dijo ella.
- Eres una diosa - sonreí - ¡lo sabia!
- Vine a ayudarte - sonrió.
- ¿A mi?
- ¡Claro que si! - respondió - mira alrededor tuyo.
- ¿Quién eres?
- Como todos los dioses tengo muchos nombres, pero en tu cultura me conocen como la diosa de la fertilidad y la belleza.
En ese momento me arrodille ante ella mirando al piso.
- Su divinidad, no soy digna de estar ante su presencia.
- Tranquila, de todas maneras estas muriendo, en un par de horas más, no servirá de nada.
- ¿Me moriré?
- Eso dependerá de ti.
Me quede en silencio mirándola, era realmente hermosa, era como una jovencita a punto de convertirse en mujer, en pleno desarrollo.
- ¿Y que deseas de mi?
- Deseo tus lunas, cada noche de esta vida durante los próximos años hasta el día de tu muerte.
- Entonces, ¿no sabré lo que sucede conmigo durante las noches?
- Si lo sabrás, tu conciencia será pero seré yo quien hable y se mueva en vez de ti.
- ¿Y que recibiré a cambio?
- Lo que desees y este en mis poderes otorgar.
- Deseo, que cada hombre y cada mujer en esta tierra al verme quede enamorado de mi al punto de dar su vida por mi.
- ¿Estas segura de que deseas eso?
- Estoy segura.
- Pequeña mortal - sonrió - no pidas todo lo que deseas, te lo pueden conceder.
Ella desapareció despues de decir estas palabras, su voz se escucho como un sonido sordo en la oscuridad, la luz que estaba sobre mi fue desapareciendo y quede en la oscuridad completa.

Dama Oscura







lunes, 5 de agosto de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO XV

- No lo escucho - murmuré - mamá - desvariando - no esta llorando...
Cuando desperté, Griselda estaba cuidando de mi.
- ¿Como te sientes? mi niña - dijo con voz triste, con una leve sonrisa.
- Mi bebe - murmure agitada.
- Lamentablemente, el niño nació muerto - dijo sin mirarme y apretando mi mano.
Empecé a llorar, lloré desconsolada hasta ahogarme con mis lágrimas.
- ¿Era un varón?
- Eso no tiene importancia mi niña, debes descansar para recuperarte...
- Era un niño, blanco, regordete, pelo ensortijado, ojos claros, muy parecido a su padre - dijo mi madre quien estaba sentada cerca de la puerta de mi habitación.
Continué llorando, lamentando mi infortunio.
- No lo entiendo - dije entre lágrimas - todas cuidaron de mi - me limpie la cara con un pañuelo - estuve en cama todo el tiempo y cuide mi alimentación - mis lágrimas salían aun más rápido y no podía detenerlas.
- Los dioses saben porque suceden las cosas mi niña.
- No le mientas - grito mi madre - el niño se ahogó en su vientre ya que ella se cayó, el embarazo dio fin antes de fecha, faltaba un mes, todo esto es culpa de su marido, si el no fuera, ¡tan imprudente!
- Su marido, el que ustedes escogieron para ella - agregó Griselda.
Mi madre se acercó a mi.
- Tranquila, te vas a recuperar de esto y podrás tener otro hijo para Horacio.
- Otro hijo, mamá - dije enojada - ¿otro hijo dices?
- Y en cuanto menos lo imagines, todo esto quedará en el pasado, solo un mal recuerdo.
- ¿Es eso lo único que importa? ¿Que le de un varón a Horacio? ¿Y yo? Pude haber muerto, sabes.
- No seas tan dramática, Celeste, todas las mujeres pasamos por esto.
En ese momento entró Crispina, trayendo mi comida.
- Crispina - murmuré - déjame verte.
Crispina levantó la cabeza y me miro avergonzada, su enorme barriga no le permitia esconder lo evidente.
- ¿Cuántos meses?
- Seis meses, domina.
- Seis meses - sonreí.
- Y una semana.
- ¿Es de él?
- Si, domina.
Me eche en la cama y sonreí.
- No trabajarás más, hasta que ese niño vea la luz - murmuré - quiero que descanses y te cuides, alimentate bien, y quiero que estés tranquila, dedicate a tener un buen embarazo - me toque la cabeza y sonreí - Clotilde te ayudará estos meses y tienes prohibido salir de la casa.
- Yo estoy bien domina, es mi cuarto hijo, yo se como se hace.
- Tu cuarto hijo - me quede pensativa - vete - ordene.
Crispina salió de la habitación y me quedé con Griselda y mi madre, estaban en silencio.
- Ustedes dos - sonreí - no le dirán a nadie que perdí a mi hijo.
- ¿Que tienes en la cabeza? Muchacha - dijo Griselda sorprendida.
- Tengo una esclava romana, que curiosamente esta embarazada de mi marido, le daré buen uso.
- ¿Te haz vuelto loca?
- Si mamá - dije moviendo la cabeza - me volví loca - sonriendo - me volví loca el día que decidiste qué coser mi vientre era lo mejor para conseguir un buen marido, y me volví aun más loca cuando me obligaste a casar con un hombre que no conocía y que definitivamente no me ama.
- ¿Quien dice que no te amo? - Horacio estaba parado en la puerta de mi habitación.
- No es lo que tu piensas Horacio - dijo mi madre asustada.
- ¿Que cosa no es lo que pienso? Yo se tanto como ustedes que Celeste no era doncella cuando se casó conmigo.
- ¿Lo sabías?
- Claro que lo sabía, no soy estúpido.
- Necesito hablar a solas con mi esposa - dije.
- No Celeste, no es el momento.
- Es mi casa y las quiero fuera a las dos - gruñí.
Mi madre y Griselda salieron de la habitación, Griselda agarro a mi madre y la jalo afuera mientras ella se resistía, pero finalmente se fueron. Mercedes lloraba.
- ¿Por qué te casaste conmigo?
- ¿Nunca te dije como encontré a Clotilde?
- ¿Que tiene que ver Clotilde en todo esto?
- Tiene mucho que ver - refutó instantáneamente - Clotilde es de una tribu barbara, igual que Griselda, la legión de Claudio atacó su tribu y mataron a todos los hombres y ancianos, todas la mujeres y los niños fueron capturados como prisioneros, mi legión estaba repasando los cuerpos cuando la encontré, habían volado a su madre tantas veces que casi no se movía y ella estaba oculta en una trampilla bajo tierra, estaba muy temerosa, acurrucada entre unos trapos sucios, era a penas un niña, cuando llegue escuche su lastimero llanto, cuando descubrí la trampilla y la saqué los hombres quisieron tomarla para si mismos y me opuse a ellos, en eso llegó Claudio, sin saber por que discutía con aquellos hombres me ayudo a enfrentarlos y quede mal herido. Claudio me ayudo. Entonces me llevo al campamento de mi padre quien decreto que yo era inútil para la guerra y en agradecimiento a tu prometido le ofreció lo que el quisiera y el pidió ser ascendido, con su ascenso fue enviado a otras batallas mucho más lejanas y mi padre me acompaño de vuelta a nuestra casa, cuando me recupere volvimos a reunirnos con Claudio quien hablo muy bien de su prometida, con quien se casaría pronto, entre tragos y tragos mi padre convenció a Claudio que para asegurar que no te casarás con otro hombre debía tomarte por mujer, el fue y lo hizo, tiempo después fue enviado a otra batalla y cuando la ganaron se le dio a escoger entre conquistar nuevos territorios o jubilarse y el decidió que dos batallas más le darían suficiente fortuna para darte una buena vida, entonces fue enviado a nuevas batallas, para entonces mi padre había averiguado quien era la rica heredera prometida de Claudio y decidió que tu dote estaría mejor conmigo que con un simple soldado. Me extorsiono primero, luego me soborno para casarme contigo así el podría adquirir más poder ante el senado y el Cesar.
- Esto es enfermo.
- No es enfermo querida, es la búsqueda del poder lo que nos mueve.
Se acerco a mi y me quito la fuente de comida.
- Tu hijo murió - dijo sonriendo.
Se acerco a mi y empezó a romper mi ropa.
- Horacio, noo - chille - ¿Qué haces?
Sin escuchar, me tomo de la cintura y entro en mi, con fuerza.
- ¡Horacio! - grite - ¡Me lastimas!
- ¡Callate! - dijo poniendo su mano en mi cuello empezando a ahorcarme moviéndose con más fuerza.
- Hora - dije casi sin aliento.
En ese momento el se movió más rápido hasta terminar dentro de mi. Me soltó, empecé a llorar, cuando me soltó me caí de la cama, las piernas me temblaban y no podía moverme por el dolor. Horacio se limpio la sangre.
- Más te vale que te recuperes pronto porque pondré otro hijo dentro de ti.
- Horacio - dije entre lágrimas.
- Mira a tu alrededor mujer - gruño - tienes más dinero del que puedes gastar, por lo menos demuestra que sirves para algo y dame un hijo.
- Horacio - continué llorando.
- Y que este vez sea un niño vivo - se fue.
Me quede sin levantarme, en el piso, al lado de mi cama, llena de sangre, no se cuantos minutos pasaron antes de que Imara entre a mi habitación.
- ¡Domina! - gritó asustada - ¿Que le paso?
- Ayúdame, por favor - dije entre sollozos.
Imara se acerco a mi y puso mi brazo sobre sus hombros, me llevó al cuarto del baño.
- Tranquila Domina, yo la cuido.
Imara me ayudo a limpiarme de la sangre, luego me vistió y cambió las sábanas de mi cama y me ayudó a echarme nuevamente.
- Descanse, domina.
- Esto es un infierno - murmuré.
- No domina, el infierno es mucho peor, yo lo conozco en persona.
- No me digas domina - gruñí - odio mi vida.
- Usted tiene la posibilidad de cambiar su destino, domina.
Mire a Imara, en ese momento había recordado las palabras de Griselda aquella vez que me dijo que mi destino sería lo que yo quisiera que sea, puede ser que haya estado olvidando algo sin darme cuenta y la posibilidad de mejorar las cosas estaba al alcance de mis manos pero no lo he visto hasta ahora... Hasta ahora.

Dama Oscura