Amada mía,
Se que mi ausencia en todo este tiempo te habrá resultado angustiante, no tengo excusas que darte, pues yo mismo tenia miedo de lo que una vida como esposos conlleva, pero lo pensé mucho y me decidí, cumpliré mi deber como tu prometido y en cuanto llegue nos casaremos. Lamento haberte fallado y no regresar inmediatamente después de la batalla victoriosa contra los Hunos, me reivindicare el resto de mi vida, te llenare de tanto amor que olvidaras este periodo seguramente amargo que te hice pasar.
Esperame,
Sixtus Claudio Filius Aurelius
Después de leer el mensaje mire a mi madre quien se encontraba sentada en mi cama mirándome fijamente en silencio, mientras las lágrimas recorrían mi rostro.
- ¿Cuando recibiste esta carta?
- Hace tres días.
- Está carta se escribió antes de mi matrimonio con Horacio.
- Trata de estar tranquila hija.
- Estoy tranquila - murmure.
- Tu padre encontrará una solución a todo esto.
- ¿Lo sabe?
- El recibió la misiva primero y la leyó, no quería que te enteres, pero lo convencí.
- Quiero estar sola.
Diciendo esto me di vuelta, dando la espalda a mi madre, conteniendo mis ganas de llorar.
- Señora Celeste - Imara me hablaba suavemente.
- Estoy durmiendo - dije sin abrir los ojos.
- Su madre viene a verla todos los días y usted se niega a recibirla.
- No opines sobre lo que no sabes, Imara.
- Yo no veo a mi madre desde que me capturaron, ni siquiera se si sigue con vida.
Abrí los ojos y la mire.
- Señora, sus ojos están hinchados, ha llorado nuevamente.
- Quiero sentarme - estirando el brazo.
Imara se acerco a mi y me ayudo acomodandome en la cama.
- Su barriga le causa muchos problemas, señora - dijo sonriendo - no es muy grande, he visto barrigas más grandes.
- ¿Que crees que sea?
- Ruego a los dioses que sea un varón.
- Si es varón, Horacio no volverá a dormir en esta cama.
- ¿Usted desea que sea mujer?
- Si es mujer, Horacio volverá a abusar de mi cada noche hasta que pueda darle un varón.
Mi madre entró a la habitación.
- Dime que tienes buenas noticias.
- Tu hijo o hija esta próximo a nacer, debes dejar de pensar en él.
- No puedo mamá - murmure - lo amo con toda mi vida.
- Llevas el hijo de otro dentro de ti.
- Un hombre que no me ama y se revuelca con mi esclava desde que supo de mi embarazo, no ha vuelto a mi habitación desde entonces.
- Te han crecido los pechos - observó.
- Mi corazón anhela tanto estar en los brazos de Claudio, se que el aceptará mi situación, en cuanto me divorcie de Horacio podremos casarnos.
- Tu padre no lo permitirá.
- ¿Por qué no habría de permitirlo?
- Tu padre apoyo a tu suegro en su elección al senado, ahora tu padre ganó mucha influencia gracias al acuerdo que tiene con tu suegro y si te divorcias ese acuerdo se verá afectado.
- ¿Es que acaso es todo lo que cuenta para el? ¿Soy una moneda de cambio para que el escale? ¿Mi felicidad no le importa?
- Debes resignarte, hija mía, tu única salida es la viudez.
- La viudez, madre te das cuenta de lo que me dices.
- Si hija.
- Horacio tiene casi mi edad, un poco más, los hombres viven más que las mujeres, yo misma puedo morir en cuanto esté bebé mire la luz.
Mi madre me miro entristecido, me acerco a mi acomodando mi cabeza en su pierna y pasando sus dedos en mi cabeza a través de mi pelo canto aquella canción que me reconfortaba cuando niña estaba triste.
Horacio entró a la habitación y se quedó observando la escena en silencio, hasta que aclarando su garganta se paro delante de nosotras.
- ¿Como se encuentra mi hijo? ¿Ya quiere ver el mundo?
Lo mire enojada, mientras el cínicamente sonreía, se acerco a mi para poner su mano encima de mi barriga.
- No me toques - gruñi - vete - ordené.
- ¿Que te pasa? - dijo sonriendo nerviosamente.
Me sente en la cama.
- ¿Que me pasa? - empecé a hiperventilar - osas preguntar ¿que me pasa? - sujetando una almohada y lanzándola a su cara - ¡todo este tiempo no me haz visitado! - grite! - ¡me humillas con mi propia sirvienta! - las plumas de la almohada se habían dispersado por el aire - Crispina nunca viene aquí Clotilde a penas si entra, ¡no puedo soportar esto mas! - agitada me levante de la cama - ¡eres tan desvergonzado que me preguntas que me pasa! ¡CÍNICO! - grité, avance hacia el dos pasos, los pies los tenía hinchados, se me torció el tobillo y caí para un costado gritando de dolor.
- ¡Hija! - dijo mi madre asustada - levantala Horacio - empecé a quejarme del dolor mientras Horacio me levantaba en sus brazos y me colocaba nuevamente sobre la cama.
- ¡Imara! - grito mi madre, la esclava entró casi inmediatamente a la habitación - ¡Ve por Griselda ahora mismo! - Imara entendió la situación casi instantáneamente y salió corriendo.
- Mi bebe - murmure sujetando mi enorme barriga.
- Tranquila hija ya viene la ayuda - dijo mi madre.
Horacio se quedo inmóvil al costado de la cama con la ropa manchada con mi sangre, lo mire y me asusté, fue en ese preciso momento en el que sentí una punzada fuerte, una opresión en mi barriga, y grite, la vida se me escapaba entre las piernas, el cuerpo agotaba sus fuerzas.
- Tranquila hija mía - dijo mi madre - ¡Clotilde! - grito - ¡Rhonda! - dijo nuevamente - ¡Crispina!
Las sirvientas ingresaron a la habitación y viendo el espectral ambiente se pusieron manos a trabajar, habían para entonces traído una tina redonda donde yo podría tener a mi bebé, la pusieron a un costado de la habitación, la llenaron de agua y mientras mi madre rompía mi ropa que se había manchado con la sangre negruzca que salía de entre mis piernas, un olor fétido empezó a contaminar la habitación, abrieron la ventana y la puerta de par en par, una vez totalmente desnuda, Rhonda me levanto en sus brazos y me acomodo en la tina, para ese momento mi madre ya había expulsado a Horacio de la habitación, Crispina estaba extrañamente más gorda de lo habitual y junto a Clotilde me sujetaba cada una, una mano.
Me decían tratando de calmarme que no puje, que debíamos esperar a Griselda, los dolores, las punzadas eran cada vez más fuertes y más seguidas...
- Ya no aguanto - dije.
Sentada en la tina sentí como toda yo me abrirá totalmente para dejar salir aquel pequeño cuerpo que habitaba dentro de mi, mi madre se había puesto delante de mi para recibirlo dándome indicaciones a cada segundo de que hacer, cuando sentí que me rompía por dentro traté de respirar dejando de hacer fuerza, Crispina me presiono la barriga hacia abajo y el cuerpo que estaba a medio camino salió totalmente. Ellas se miraron y me miraron sonrientes.
Me desmaye.
Dama Oscura
Esperame,
Sixtus Claudio Filius Aurelius
Después de leer el mensaje mire a mi madre quien se encontraba sentada en mi cama mirándome fijamente en silencio, mientras las lágrimas recorrían mi rostro.
- ¿Cuando recibiste esta carta?
- Hace tres días.
- Está carta se escribió antes de mi matrimonio con Horacio.
- Trata de estar tranquila hija.
- Estoy tranquila - murmure.
- Tu padre encontrará una solución a todo esto.
- ¿Lo sabe?
- El recibió la misiva primero y la leyó, no quería que te enteres, pero lo convencí.
- Quiero estar sola.
Diciendo esto me di vuelta, dando la espalda a mi madre, conteniendo mis ganas de llorar.
- Señora Celeste - Imara me hablaba suavemente.
- Estoy durmiendo - dije sin abrir los ojos.
- Su madre viene a verla todos los días y usted se niega a recibirla.
- No opines sobre lo que no sabes, Imara.
- Yo no veo a mi madre desde que me capturaron, ni siquiera se si sigue con vida.
Abrí los ojos y la mire.
- Señora, sus ojos están hinchados, ha llorado nuevamente.
- Quiero sentarme - estirando el brazo.
Imara se acerco a mi y me ayudo acomodandome en la cama.
- Su barriga le causa muchos problemas, señora - dijo sonriendo - no es muy grande, he visto barrigas más grandes.
- ¿Que crees que sea?
- Ruego a los dioses que sea un varón.
- Si es varón, Horacio no volverá a dormir en esta cama.
- ¿Usted desea que sea mujer?
- Si es mujer, Horacio volverá a abusar de mi cada noche hasta que pueda darle un varón.
Mi madre entró a la habitación.
- Dime que tienes buenas noticias.
- Tu hijo o hija esta próximo a nacer, debes dejar de pensar en él.
- No puedo mamá - murmure - lo amo con toda mi vida.
- Llevas el hijo de otro dentro de ti.
- Un hombre que no me ama y se revuelca con mi esclava desde que supo de mi embarazo, no ha vuelto a mi habitación desde entonces.
- Te han crecido los pechos - observó.
- Mi corazón anhela tanto estar en los brazos de Claudio, se que el aceptará mi situación, en cuanto me divorcie de Horacio podremos casarnos.
- Tu padre no lo permitirá.
- ¿Por qué no habría de permitirlo?
- Tu padre apoyo a tu suegro en su elección al senado, ahora tu padre ganó mucha influencia gracias al acuerdo que tiene con tu suegro y si te divorcias ese acuerdo se verá afectado.
- ¿Es que acaso es todo lo que cuenta para el? ¿Soy una moneda de cambio para que el escale? ¿Mi felicidad no le importa?
- Debes resignarte, hija mía, tu única salida es la viudez.
- La viudez, madre te das cuenta de lo que me dices.
- Si hija.
- Horacio tiene casi mi edad, un poco más, los hombres viven más que las mujeres, yo misma puedo morir en cuanto esté bebé mire la luz.
Mi madre me miro entristecido, me acerco a mi acomodando mi cabeza en su pierna y pasando sus dedos en mi cabeza a través de mi pelo canto aquella canción que me reconfortaba cuando niña estaba triste.
Horacio entró a la habitación y se quedó observando la escena en silencio, hasta que aclarando su garganta se paro delante de nosotras.
- ¿Como se encuentra mi hijo? ¿Ya quiere ver el mundo?
Lo mire enojada, mientras el cínicamente sonreía, se acerco a mi para poner su mano encima de mi barriga.
- No me toques - gruñi - vete - ordené.
- ¿Que te pasa? - dijo sonriendo nerviosamente.
Me sente en la cama.
- ¿Que me pasa? - empecé a hiperventilar - osas preguntar ¿que me pasa? - sujetando una almohada y lanzándola a su cara - ¡todo este tiempo no me haz visitado! - grite! - ¡me humillas con mi propia sirvienta! - las plumas de la almohada se habían dispersado por el aire - Crispina nunca viene aquí Clotilde a penas si entra, ¡no puedo soportar esto mas! - agitada me levante de la cama - ¡eres tan desvergonzado que me preguntas que me pasa! ¡CÍNICO! - grité, avance hacia el dos pasos, los pies los tenía hinchados, se me torció el tobillo y caí para un costado gritando de dolor.
- ¡Hija! - dijo mi madre asustada - levantala Horacio - empecé a quejarme del dolor mientras Horacio me levantaba en sus brazos y me colocaba nuevamente sobre la cama.
- ¡Imara! - grito mi madre, la esclava entró casi inmediatamente a la habitación - ¡Ve por Griselda ahora mismo! - Imara entendió la situación casi instantáneamente y salió corriendo.
- Mi bebe - murmure sujetando mi enorme barriga.
- Tranquila hija ya viene la ayuda - dijo mi madre.
Horacio se quedo inmóvil al costado de la cama con la ropa manchada con mi sangre, lo mire y me asusté, fue en ese preciso momento en el que sentí una punzada fuerte, una opresión en mi barriga, y grite, la vida se me escapaba entre las piernas, el cuerpo agotaba sus fuerzas.
- Tranquila hija mía - dijo mi madre - ¡Clotilde! - grito - ¡Rhonda! - dijo nuevamente - ¡Crispina!
Las sirvientas ingresaron a la habitación y viendo el espectral ambiente se pusieron manos a trabajar, habían para entonces traído una tina redonda donde yo podría tener a mi bebé, la pusieron a un costado de la habitación, la llenaron de agua y mientras mi madre rompía mi ropa que se había manchado con la sangre negruzca que salía de entre mis piernas, un olor fétido empezó a contaminar la habitación, abrieron la ventana y la puerta de par en par, una vez totalmente desnuda, Rhonda me levanto en sus brazos y me acomodo en la tina, para ese momento mi madre ya había expulsado a Horacio de la habitación, Crispina estaba extrañamente más gorda de lo habitual y junto a Clotilde me sujetaba cada una, una mano.
Me decían tratando de calmarme que no puje, que debíamos esperar a Griselda, los dolores, las punzadas eran cada vez más fuertes y más seguidas...
- Ya no aguanto - dije.
Sentada en la tina sentí como toda yo me abrirá totalmente para dejar salir aquel pequeño cuerpo que habitaba dentro de mi, mi madre se había puesto delante de mi para recibirlo dándome indicaciones a cada segundo de que hacer, cuando sentí que me rompía por dentro traté de respirar dejando de hacer fuerza, Crispina me presiono la barriga hacia abajo y el cuerpo que estaba a medio camino salió totalmente. Ellas se miraron y me miraron sonrientes.
Me desmaye.
Dama Oscura