- Horacio - dijo mi padre - tengo excelentes noticias, las mejores.
- Padre - dije molesto - sigues buscándo esposa para mi.
- Ven acá, toma un trago con tu padre.
Me acerque a donde el estaba sentado y me serví del vino que estaba sobre la mesa mezclandolo con agua.
- Esta pronta a cumplir diez y seis años así que su padre pagará una gran fortuna por ella.
- Padre, me hablas de una vieja, no podrá darme hijos.
- Ya te han repudiado tres esposas - grito mi padre - y ninguna te dio hijos, me traerás un heredero con esta muchacha o te quito mi nombre.
- Soy tu único hijo - grite - si me quitas el apellido nadie te cuidara cuando estés viejo.
- Estas abusando de tu suerte muchacho.
- No entiendo el apuro de que me case - murmuré - me siento muy bien libre.
- Como que me llamo Caius Antonio Sexto Filius Aurelius, te vas a casar con esa muchacha y me traerás un heredero.
- Dijiste tu nombre completo.
- Irás y cumplirás tu deber.
- Quiero las tierras del norte y los gladiadores que dejó el hermano de mi madre
- Gladiadores dijiste.
- Mi tío, murió sin herederos, esas tierras las heredó mi madre y ella al morir me las heredó a mi, me corresponden por derecho.
- Eres un insolente.
- Dejaré la milicia y me dedicaré al negocio de mi tío.
- ¿Y que sabes tu de las luchas? - gritó.
- Mucho más que usted padre, si usted desea que me case con esa muchacha, es lo que deseo.
- Esta bien - dijo acabando se el vino - te daré esas propiedades, pero si esa muchacha te repudia, tendrás un accidente en las afueras de la ciudad y nadie encontrará tu cuerpo.
Me levanté y deje a mi padre, fui a los baños públicos a disfrutar de Crispina, aquella mujer me había robado el corazón hacia muchos años, pero era una prostituta de la cual al menos la mitad de los hombres de la ciudad habían disfrutado ya, no podía tomarla por esposa, pero si podía pagar para disfrutar por unas horas del dulce néctar de su piel.
Crispina, mi amor, si yo no tuviera apellido, si tu no fueras una perdida, te raptaria y te haría mi mujer, Crispina, debo despedirme de ti porque volveré a casarme con alguna hija de un militar del Reino, alguna niña engreída que tendré que soportar hasta que me de un hijo para mi padre...
- No me interesa el matrimonio - dijo ella interrumpiendo mis pensamientos.
- Que dices mujer, todas quieren casarse.
- Yo no - sonriendo - yo quiero disfrutar de todos los placeres que los hombres puedan darme, placeres que aún no he conocido y que un solo hombre no puede enseñarme, quiero que mi piel se funda con el de mi acompañante de turno de tanto placer que sentiremos y cuando terminemos cobrar una buena propina con la que me comprare joyas.
- Si fueras mi esposa, no te faltarían joyas.
- Si fuera tu esposa no podría hacer esto - dijo bajando la cabeza encontrando el punto exacto.
- Ahh, Crispina - dije del placer que me hacía sentir, agarrando la fuertemente del pelo la levante y ella me miro con esa cara rabiosa que solo ella podía tener - date la vuelta - le dije torciendole el brazo y sentandola sobre mi.
- ¿Acaso piensas hacer esto con tu nueva esposa?
- No - dije sin dejar de concentrarme - ella es pura y debo tratarla con delicadeza.
- Pobre hombre - dijo riendo - no sabes lo que te pierdes.
Su delgado cuerpo se movía como las olas del mar que en algún momento vi, podría embriagarme en el perfume de su piel por el placer que sentía, ella tomaba mis manos y las colocaba sobre sus piernas haciendo que la empuje más fuerte causando que mis piernas se contraigan al presionarla contra mi y cuando estaba a punto de entregarle toda esta pasión contenida empezó a moverse en círculos haciendo que me encoja sobre ella. Bese su desnuda espalda y ella siguió moviéndose como queriendo extraer más de lo que podía darle y cuando me encogi del todo se levantó sin más.
Me quedé en la tina con las piernas adolorida sin poder moverme por algunas horas, Crispina, mi amor, algún día te compraré y llevaré a mi casa para que nadie más pueda poseer tu cuerpo, solo yo, nadie más que yo.
Cuando salí de los baños públicos ya había anochecido, camine rápidamente por las calles de la ciudad hasta llegar a la casa de mis padres, entre por la puerta del servicio para no hacer ruido y sigilosamente subí a mi alcoba.
- Amo - dijo la voz de una esclava en mi habitación.
- Clotilde - dije asustado - no me sorprendas así.
- Estuvo en los baños con esa.
- Ven duerme conmigo.
Clotilde se quito el vestido dejándome ver su piel morena.
- ¿Cuantos años ya tienes? - dije metiendo in dedo en mi boca para explorar en ella.
- El próximo mes cumplo trece amo.
- ¿Mi padre te ha tocado?
- No, amo - dijo doblando la rodilla.
- ¿Alguien afuera o adentro de la casa ha intentado tocarte?
- No amo - dijo apretando los labios.
Saque mi mano y la besé.
- Cuando sangres, yo seré el primero, ¿te quedo claro?
- Es lo que más deseo.
Estire mi brazo y ella se acomodo en mi cuerpo bajando su mano, la sujete.
- No - dije - aún no estas lista.
Ella me miró triste, confundida.
- Si nos apresuramos, podrías quedar lastimada y no podrás tener hijos, no quiero eso, quiero que un día tus hijos crezcan junto a los hijos de mi esposa.
Ella se sentó asustada.
- ¿Su esposa? - sonaba confundida.
- Me casare en unos días.
- Pero...
- Tranquila, solo dormiré con ella hasta dejar mi semilla y si me da un varón, no volveré a su habitación y tu dormiras a mi lado.
Ella empezó a mirar por toda la habitación, se tocó la cabeza con una mano.
- Ey, ¿que pasa?
- Es que... Yo...
- Tu, tu... No eres romana, tus hijos no tendrán los mismos derechos que los hijos de una mujer del imperio, no tienes dote, eres una esclava que compre para mi disfrute.
Ella se tapo la cara y empezó a llorar.
- Deja de llorar o te mandaré a azotar.
Se limpió la cara y me hizo puchero.
- Duerme conmigo.
Ella se acomodo a mi lado tapando su cara en mi cuerpo abrazándome fuertemente empezó a llorar. Su delgado cuerpo a mi lado, su cuerpo de niña, no me causaba ninguna sensación de placer, aún así, esperaba pacientemente la edad propicia para hacerla mía, la abrace y levante su cabeza.
- No te preocupes, cuando me case te daré a mi esposa como acompañante y ella te cubrirá de hermosos vestidos y joyas, no harás más trabajo pesado y te enseñará algún arte para que se entretenga contigo.
Ella se acerco a mi y me beso, sus labios estaban salados por sus lágrimas, la sujete de la cintura tape mis piernas con las sábanas y la senté encima, ella me atrapó con sus piernas mi cintura y me beso con una pasión inocente que la caracterizaba.
Nos acostamos en la cama y puse mi brazo encima de ella, nos dormimos.
Cuando desperté ella no estaba, tenía la costumbre de ir a la cocina temprano para traer mi desayuno.
La puerta se abrió pero no fue Clotilde la que entró sino mi padre.
- Vístete, debemos salir.
Salió rápido de mi habitación, salté de la cama me vestí y salí de la casa, mi padre ya había avanzado dejándome atrás. Camine presuroso hasta alcanzarlo.
- ¿A donde vamos? - dije intrigado.
- Conocerás tu nueva casa, te mudará con tu esposa cuando se casen.
- ¿Esta lista tan pronto?
- Trabajan diez y seis horas al día, quiero que se ordene todo para que tu nueva esposa no tenga quejas.
Caminamos en silencio el resto del camino hasta llegar a la casa.
- Esta es la sala principal - dijo mi padre - camina - dijo sin mirarme - por allá esta la cocina, y allá están las habitaciones, hay ocho habitaciones, la más grande está siendo preparada para ustedes, escuchame, si vas a tener una de tus putas aquí, no uses la cama de tu esposa.
- Ya lo se padre.
- Sígueme - dijo caminando - aquí pueden sembrar plantas, te mandare al hijo del jardinero para que mantenga esta parte, también puedes quedarte con Clotilde, se que es tu favorita, allá están las habitaciones de las esclavas que tendrás, tu futura esposa tiene una sirvienta personal, mande a preparar una habitación que se une a la de ustedes para que pueda tener cuatro esclavas personales, seria bueno que le entregues a Clotilde, así ella dormirá mejor.
- ¿Desde cuando lo sabes?
- Soy tu padre - dijo deteniéndose en seco - te amo a pesar de que me llenaste la vida de amarguras, solo tienes que darme un nieto varón y hacer feliz a esa muchacha, yo también ame a una esclava pero mi padre la mando a las minas de sal, no permitas que tu esposa sufra y tu esclava preferida estará bien.
- Entonces debo dejarla en la cocina.
- Si la dejas en la cocina eventualmente sufrirá algún accidente que la marcará, en cambio cerca de tu esposa hará labores fáciles que no implicarán ningún riesgo, estuve averiguando sobre tu esposa, tenía un prometido y por una situación fortuita no se caso, todos dicen que fue repudiada.
- No puede ser, entonces ¿otro hombre ya la tocó?
- No podemos asegurarlo, pero si la noche de bodas ella no sangra, estas en tu derecho de repudiar la y la devolvemos con sus padres, de esta manera no tendré que devolver su dote y te quedaras con esta casa a vivir con tu esclava... - mirando alrededor - o cualquier otra puta que quieras tener.
- Lo acepto, seguro que ya no tiene honor y saldré ganando en esto.
- Por allá están las barracas, y allá están los cuarteles, hay diez esclavos domésticos, tienes cuatro guardaespaldas, dos cocineros, tres de limpieza y uno para los mandados, es el más joven, el de allá, luego te arreglas con ellos, ven por acá esta, esta puerta debe estar siempre cerrada, es la entrada al ludus.
- Era lo que me importaba más.
- Hay seis.
- ¿Solo seis?
- Fui al mercado a ver lo que trajeron y compré los que me parecían en mejores condiciones y el es tu doctore, se llama Beltrán, se lo compre a un buen amigo mio, el se encargara de todo, tu solo debes asegurarte de ganar y comprar mejores hombres en las subastas.
- Supongo que puedo empezar con esto.
- El único que puede salir de aquí es Beltrán los demás solo salen para pelear en el coliseo, tu esposa podrá venir a verte cuando desee, hay unas escaleras que llevan al balcón de allá, no podrá bajar, ni ellos podrán subir así que estarán seguros.
Mi padre se volteo a mirarme.
- ¿Que te parece?
- Te lo agradezco, padre.
- Si querías dejar la milicia debiste decírme hace mucho, yo lo comprendería.
- Lamento no haber sido sincero con usted antes.
- No te preocupes, volvamos a la casa, en unos días te casaras, debemos medirte el uniforme, te ves más delgado.
Dama Oscura
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