- Celeste - escuche la voz de mi madre en mis sueños - despierta hija - sentí su mano tocándome y soltó un grito de susto - ¡Naunet ven rápido!
La sirvienta entro a mi habitación presurosa asustada por el grito de mi madre.
- ¿Si domina?
- ¡Ayúdame! - continuó gritando mi madre - mi hija esta volando en fiebre.
- Hay que darle un baño - dijo Naunet.
- ¡¡Muévete muchacha!!
Mi madre quito la frazada que me cubría, encontrando mi cama llena de sangre que yo había estado expulsando entre mis piernas, toda la noche, me quito la ropa, y me cargo en sus brazos hasta el cuarto de baño.
- Naunet - dijo mi madre con la voz quebrada - ve a la cabaña de Griselda y dile que venga lo mas rápido posible.
- A la bruja Germana, domina.
- Si, a la Germana - continuo mi madre gritando sin darse cuenta de lo que Naunet dijo después - Dile que Celeste se está desangrando por entre las piernas.
- Pero señora mejor llamemos al señor Aurelio, el sabe de medicina quizá pueda ayudarnos.
Mi madre volteó a mirar a Naunet, quien ya estaba muy asustada.
- Ve por Griselda - dijo desafiante - si entras por esta puerta con mi esposo, o con alguna otra persona que no sea Griselda, no importa lo que pase, te azotare hasta que te mueras.
Naunet se asustó tanto que los ojos se le llenaron de lágrimas, salió corriendo de la habitación, mi madre me metió a la tina.
- Nooo - me queje con mi débil voz, con las pocas fuerzas que tenía - mamá, tengo frío - continué.
- No hija - me respondió mi madre, acariciando mi cabeza - el agua esta tibia, tu estas muy caliente, por eso tienes frío.
- No mamá - dije tratando de salir de la tina - está helada - mi voz se escuchaba cada vez mas débil.
Mi madre me retuvo mientras mojaba mi cabeza - tengo que enfriar tu cuerpo - dijo - eres demasiado joven para que te me vayas.
- Mamá - me queje - me duele mucho.
Entro por la puerta Griselda con una bolsa tejida que tenía yerbas, Naunet se quedo atrás de ella mirando nerviosa, se la notaba asustada.
Griselda le dijo a mi madre que se aparte de mi lado, saco de su bolsa varias yerbas con un olor fuerte, algunas olían dulce, otras apestaban, ordenó que cambien el agua de la tina, pues yo seguía sangrando, entré a la tina nuevamente donde esta vez habían yerbas qué Griselda puso, tambaleante, y débil, casi inconsciente, ya no tenía frío, Griselda empezó a cantar guturalmente, me dio de beber un liquido flemoso, con sabor amargo, sentí mi cuerpo entumecerse, me quedé profundamente dormida.
Escuche a los pajaritos trinar por mi ventana, hacia mucho que no escuchaba a los animales tan cerca de mi, los ojos me resultaban muy pesados para poder moverlos, con mucho esfuerzo logré abrirlos, mi madre se había quedado dormida al lado mío.
- Mamá - dije, mi voz estaba ronca, me aclare la garganta - mami - volví a decir, levante la mano con dificultad y le acaricie el pelo.
Ella abrió los ojos, sonrió débilmente.
- Me siento cansada - dije estirándome.
- Dormiste por tres días, tu padre casi me mata de tantos golpes que me dió, Griselda le dijo que atrapaste un bicho y te estaba comiendo por dentro, pero que ella ya lo expulsó...
- Todo esto es mi culpa - dije frotándome los ojos porque veía nublado.
- Tu hermano, Diego, vino de la universidad a verte, te trajo un vestido, es seda fina, te la mostrare luego - dijo sin escucharme - tu hermano Fermín no se entero porque aun esta al frente de la batalla, tu padre decidió no decirle nada, porque debe dirigir la batalla, están a punto de pelear contra otra ciudad egipcia.
Acaricie el pelo de mi madre, ella aparto mi mano.
- Las medicinas que te dio Griselda hicieron que dejaras de sangrar, después de batallar la primera noche contra la fiebre, todo fue mas fácil.
- Lamento mucho hacer que te preocupes por mí, madre.
- Tu padre consiguió un pretendiente para ti - dijo - se llama Horacio.
- ¿Ya pidió mi mano?
- Todavía no - dijo suspirando - tu padre volvió y lo trajo, es el hijo del Gobernador en África, es muy respetado, tiene una gran cantidad de tierras y dinero, vivirás bien con él, a demás hemos preparado tu dote desde el día que naciste, su padre le heredará varias propiedades esclavos y desea que su hijo se case pronto contigo.
- Entonces los padres de Horacio están de acuerdo - murmuré.
- Claro que están de acuerdo, eres la hija de un general muy honorable, a demás esta unión te hará muy rica.
- ¿ Cuantos años tiene Horacio?
- Veinte años.
- Mamá, es un viejo - dije sorprendida.
- No es tan viejo, a demás casi cumples diez y seis años, debiste casarte hace ya varios años.
- No puedo creer que estés tan desesperada porque me vaya de la casa.
- Hija, hay algo que debo decirte - dijo cambiando el tono de su voz.
- Que no sean malas noticias, por favor.
- Las yerbas de Griselda causaron un pequeño cambio en ti.
- ¿Estoy deforme? - dije tocándome la cara con las manos.
- Nada malo.
Trajo un cristal y me vi la cara, mi pelo antes rubio cenizo era rubio dorado.
- ¿Como paso esto? - dije sorprendida - mi pelo, mamá, ¿volverá a su tono natural?
- Griselda cree que se volverá mas rojo con el tiempo.
- ¡Esa bruja! - grité - yo no quería que ella me atienda.
- Estas bien ahora - dijo mi madre - podrás casarte en el solsticio de verano. para entonces te habrás recuperado totalmente.
- ¡Mamá! - me quejé - ¿por que me haces esto?
- Debemos actuar rápido, si vuelve Claudio y abre la boca, estarás perdida.
- Mamá, esto no me gusta - dije sollozando.
- Estoy tratando de ayudarte - dijo - tengo una sorpresa para ti - dijo - Pasa muchacha - gritó.
- Aquella niña, a quien yo había visto pasar abajo de mi ventana, entraba por la puerta de mi habitación, estaba encadenada, se paro al lado de mi cama.
- Levanta la cabeza - dije acercando mi cuerpo a ella.
Ella levanto la cabeza y sus penetrantes ojos purpura se clavaron con odio en mi.
- Es ella - dije, me sentí mareada - por favor, dile a Naunet que la bañe, la quiero impecable, mire a la niña, ¿Como te llamas?
- Imara - dijo tímidamente.
- Lindo nombre, Imara - sonreí.
- Tu padre la trajo para ti, es un regalo por tu próximo cumpleaños y tu boda con Horacio.
- Mamá - me queje - ¿Por que me haces esto?
- Por favor, descansa porque pronto será la ceremonia.
- ¡Mamá! - dije.
Ella se acerco, me dio un beso en la frente y salio.
La esclava salio detrás de ella, me quedé en mi habitación sola, me eche nuevamente, me sentía mas ligera, miré al techo, sonreí, los pajaritos trinaban afuera de mi ventana, hacía mucho que no escuchaba su dulce canto tan cerca de mi.
Dama Oscura
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