lunes, 28 de enero de 2019

VIAJE AL REINO DE LA NOCHE: CAPÍTULO XLIII

- Tienes que estar aquí - dije para mi mientras con una pala hacia un agujero en la tierra - no puedo equivocarme de nuevo - gruñí - no me detendré hasta encontrarte.
Ya había profanado al menos quince tumbas, sin éxito, había matado humanos en sus casas para poder revisar debajo del piso por si estaba oculta ahí, pero nada había servido, ella no estaba por ningún lado, estuve vagabundeando por todo Reino de la Noche buscándola, el reino era mas grande, los antiguos castillos habían sido derrumbados, ya no habían monarcas, ya no habían reyes, ahora habían mercaderes y comerciantes bien posicionados, los de la monarquía aún mantiene títulos, en su mayoría habían desaparecido, la ciudad no era como la había conocido, llegué al sarcófago la madera estaba pulida y era fina, seguro que era ella. Levanté la tapa.
No podía creer lo que mis ojos veían, había buscado por casi dos años y un luz de esperanza se encontraba delante se mi, había encontrado a Gaia.
La toqué con mis dedos, estaba delgada, su pelo castaño se había vuelto blanco, sus colmillos sobresalían, el rostro tan delgado que los ojos se salían de sus órbitas, yo la conocía hermosa y ahora parecía una anciana, pero aun así la reconocí, la conexión que teníamos era tal que la encontré a ella.
La levanté en mis brazos y la lleve a la casa que estaba ocupando desde hace un mes, la acomodé en la cama, el cuarto estaba ya preparado para que ningún rayo de luz ingrese, el sol casi salia así que me quede en la habitación, dormí en uno de los muebles.
Cuando desperté, creí que todo había sido un sueño, que lo había imaginado, pero no, ella estaba ahí.
Salí y encontré a un hombre, estaba ebrio desmayado en la calle, lo lleve a mi guarida, me di cuenta que ella no podría beberse la sangre de aquel tipo, entonces lo amarre, y le corte el cuello con un cuchillo haciéndolo desangrar hasta la ultima gota, deje que su sangre cayera en una taza, mire a Gaia, aun así no podría darle la sangre, me senté a su lado con la taza, estaba tan delgada, lleve la taza a mi boca, absorbí un poco de sangre, levante la cabeza de Gaia y presione mis labios con los suyos, dejando que la sangre ingrese por su boca a su garganta, repetí lo mismo varias veces hasta que las escuche, era un quejido, o un gemido, no sabría asegurarlo.
Espere un momento, pero no sucedió nada mas, así que fui a la ciudad a buscar otro humano, cuando termine con este fui por otro mas, luego por otro, entonces abrió los ojos.
- Gaia - dije sonriendo - ¿Me reconoces?
- Gilgam - murmuro.
- Aquí estoy.
Gaia sonrió, cerro los ojos y volvió a dormir, me senté en el piso, al lado del cuerpo muerto de aquel ebrio que fue mi víctima, y me dormí, me dormí con ella.
Cuando desperté, ella todavía estaba ahí, echada, había girado la cabeza y me observaba, sus ojos no reflejaban vida.
Me levanté, me acerqué a ella, acaricie su rostro y movió la cabeza, salí a la calle, a penas había oscurecido, todavía habían muchos humanos en la calle, una mujer se acercó a mi.
- Buenas noches vecino - dijo sonriendo, un apestoso olor emanaba de ella, fruncí el ceño.
- Buenas noches - dije tratando de evadirla, me di la vuelta.
- ¿Se enteró de las ultimas noticias?
- Lo siento, no escuche nada.
- Hay vampiros en la ciudad.
- Vampiros dijo.
- Así es, debemos llevar un collar de ajos para protegernos, lo ve - me mostró lo que ocultaba bajo la chalina, tenia un collar de cabezas de ajo, de donde provenía el olor.
- ¿Y es efectivo? - dije mirando alrededor tratando de comprobar que nadie nos observe.
- Por supuesto que si, los vampiros odian el olor del ajo.
- Tengo algo de prisa.
- Yo venia a buscar Mercedes.
- Mercedes - dije dudando, entonces supuse que la mujer que me habia llevado a la casa se llamaba así - está enferma - continué - desea verla.
- ¡Oh! - dijo asustada y con curiosidad - no sabemos si lo que tiene es contagioso - dijo mirando adentro de la casa - por eso no la vi en los últimos días.
- Tengo algo de prisa.
- Vendré en la mañana a verla - agregó.
- Yo no estaré.
- ¿Y quien estará?
La sujete del hombro con furia.
- Tengo prisa - gruñí - vete a tu casa, sacate el collar de ajos y duérmete, no vuelvas en la mañana o te mataré, ¿Entendiste?
Su rostro perdió expresión, miraba a la nada, perdió el interés en la conversación, se dio la vuelta y se fue a su casa, me asusté, la seguí, me detuve en la puerta de su casa.
- ¿Mamá? - una doncella le hablaba - ¿Que te dijo la señora Mercedes?
Ella no le hizo caso, paso de largo.
- ¿Mamá?
Se quedó mirándola sin entender que pasaba.
Me di la vuelta, las personas ya se estaban metiendo en sus casas, me dirigí al bar.
El cantinero me miró fijamente de arriba abajo, me senté en una mesa, una mujer con loa vestidos muy pequeños se acercó a mí.
- ¿Que va a tomar?
- No tengo sed.
- No vendemos comida.
- No comeré.
- Debe consumir para estar aquí.
La miré, no debía hacerme notar si quería conseguir una presa aquella noche.
- ¿Que tienen para tomar?
- Cerveza.
- Sirveme eso.
La mujer se alejo, en ese momento dos sujetos casi arrastrándose de la borrachera salieron abrazados, me levante y los seguí, la mujer venia con una jarra de cerveza en la mano y se quedó mirándome salir.
Seguí a los hombres, iban cantando en a todo pulmón y caminando en zigzag, uno de ellos entro a una casa y se despidió de su amigo, el otro siguió caminando, se metió por un callejón, lo seguí, se había detenido a orinar, cuando se dio la vuelta se encontró conmigo.
- ¡Hey! «hic» ¡Amigo! «hic» ¿Que haces tan tarde caminando en la calle? «hic» ¡Hay vampiros!
- No me digas - respondí.
- Ya sé - dijo tambaleándose - te acompañare a tu casa, así llegarás seguro.
- Me harías un enorme favor.
Se acerco a mí, me abrazó y empezó a cantar.
Lo lleve a la casa dónde me estaba quedando.
- ¡Hey! - dijo alegre - es la casa de la puta de Mercedes, no la vi en días.
- Me quedo aquí provisionalmente.
- Haré que me la chupe.
Apenas abrí la puerta, el me apartó y entró.
- ¡Mercedes! - Grito - ¿Quien eres tú? - dijo asustado - No importa, ven a conocer un hombre de verdad - silencio.
Gaia salió de la casa limpiándose la cara, llevaba otro vestido, me sonrió.
- No sabia si debía entrar - dije.
- Debemos irnos - respondió y empezamos a caminar.
- ¿A dónde?
- Enterraron a Dama Oscura en la iglesia.
- No lo entiendo.
- Cuando me enterraron, Dolores me lo dijo.
- ¿Por qué lo haría?
- Ella sabia que quien estaba en tu sarcófago no eras tu, así que me dijo que cuando me encuentres, debemos buscarla en la iglesia.
- Hay muchas tumbas en la iglesia - dije.
- Pero hay menos de cincuenta tumbas de los señores de la corte, solo debemos abrir una tumba.
- Donde nos esconderemos.
- Hay cuatro criptas familiares, entraremos a una y nos ocultaremos ahí durante el día, en una de las tumbas.
Llegamos a la iglesia, la rodeamos.
El cementerio las familias importantes estaban abajo de la instrucción, encontramos una ventana abierta, Gaia entro y me abrió la puerta, entré, cerramos la puerta.
Bajamos a las criptas, habían seis no cuatro. Una de ellas estaba cerrada con candados y cruces.
- Es esta cripta - dijo - de un golpe rompió las cadenas.
Nos metimos a la cripta Gaia me miró.
- ¿Como se llamaba tu esposa?
- Jade - murmure.
- Mira.
«Aqui descansa Jade Mors, Condesa de la Noche, obediente esposa, amorosa madre, respetuosa hija»
- Saquemosla de ahí - dije.
- Casi amanece - dijo Gaia deteniéndome - debemos esperar a mañana, abrimos la tumba mas vieja de la cripta y nos metimos ahí a esperar que pase otro día, sabíamos que nadie entraría ya que no había familiares vivos.

Memorias de Gilgam

Dama Oscura

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