No le cuentes tus problemas a la gente, a nadie le importa.
La habitación, tan silenciosa, la soledad me hacía concentrarme más, cerrando los ojos, buscándola, Dama Oscura, donde estas, te estoy buscando.
Celeste entró a la habitación, me miró con una sonrisa burlesca, pude escucharla.
- Te pondré en un ataúd - dijo.
Levanté la cabeza sin decir palabra, a penas podía mantenerme despierto.
- Si te tengo aquí por mucho mas tiempo - continuó - terminarás momificado y no quiero eso - suspirando - reposaras un tiempo creo que no puedes moverte, te pondré en un ataúd y cuando creas que la encontraste saldrás y la buscarás tu mismo, a diferencia de ti, y soy un tanto mortal.
Me miraba mientras sus alumnas me bajaban con cuidado, me metieron a un sarcófago y me levantaron ahí encerrado, el ataúd se calentó un poco, puede que sea de día, se enfrió de nuevo, lo depositaron en el piso, levantaron la tapa, mire a Celeste y a sus estudiantes observándome fijamente.
- Esta habitación es secreta, está hechizada, en cuanto salgas de aquí, no podrás entrar de nuevo así que cuando salgas, procura que sea de noche.
- Tú - murmure.
- Me voy - dijo - mis estudiantes y yo nos vamos de aquí, esta casa quedará cerrada, recuerda lo que te estoy diciendo, ningún humano ni vampiro podrá entrar, en cuanto tu salgas de aquí, tampoco podrás volver así que asegúrate de saber a dónde irás si sales de aquí.
Cerré los ojos, me acomodaron los brazos.
- Duerme, pero duerme pensando en ella, así podrás encontrarla.
Cerré los ojos, ellas cerraron el ataúd, en la oscuridad de mi nuevo mundo me dormí...
*****
"Gilgam"
Te estoy escuchando, amada mía, ¿Donde estas?
"Gilgam, ayúdame"
- Dama Oscura - murmure.
Abrí los ojos, aun estaba en mi ataúd, levanté la tapa.
Estaba en la misma habitación en la que me habían dejado, habían ratas desangradas dentro de mi ataúd, habían entrado haciendo un hueco en la madera, las mate en mi sueño.
Siempre pensé que mientras dormía estaría indefenso, pero me di cuenta que estaba por demás, bien alimentado.
Me levanté, miré afuera de la habitación donde me encontraba, la luz iluminaba el ambiente, pero no ingresaba a donde yo estaba, el bosque había reclamado el territorio y la casa había caído, no podía entender como era que esta habitación seguía en pie cuando todo lo demás estaba en ruinas.
Tuve que esperar a que salga la luna, "Una vez que salgas de aquí no podrás regresar" fueron sus palabras, observe que nadie estaba cerca, me acerque a la puerta y salí, me di vuelta para mirar que había dejado atrás, y solo había un gran árbol atrapado en una enredadera, "La magia es muy interesante" pensé, empecé a caminar hasta que encontré el río, pero no era como yo lo recordaba, el borde estaba cubierto de una tierra muy dura y había un puente de la misma tierra que pasaba por encima de él, me limpié en el río, había un camino iluminado con unas antorchas de luces que no eran fuego, se unían entre si con unas cuerdas que no eran de tela, camine por el sendero hasta llegar a la ciudad, nada era como recordaba, una mujer se acerco a mi y se colgó de mi brazo.
- ¿A dónde vas cariño? - me sonreía ignorando mi existencia, paso sus manos por mi cuerpo - que fría tu piel - dijo sonriendo - ven conmigo, yo te calentaré, estas helado.
Me jaló y entramos a una habitación, me quedé mirando todo a mi alrededor, sorprendido por lo que veía, el ambiente iluminado por velas que no estaban hechas de fuego.
- ¿Te gustan las bombillas? - dijo.
Me di la vuelta y ahi estaba ella, desnuda, por completo, se acercó a mi, me empujo a la cama y trato de quitarme la ropa.
- ¿Que es eso de bombilla? - dije mirándola y tocándo su desnudo cuerpo.
- Una novedad del siglo diecinueve, todas las casas se alumbran con bombilla electricas, son mas seguras que las velas y candelabros, eso dijeron.
- Dormí por un siglo.
- ¿Que dices cariño?
Sujete a la mujer que estaba encima de mí, la tire a la cama y la bese, besé sus labios, su cuello y sus pechos, hasta que la ultima gota de sangre salió de su cuerpo, se quedó tiesa en la cama, habia olvidado lo que era beber la sangre de un humano.
La tiré al piso, cerré las ventanas para que nada ingrese, sellé la habitación totalmente con lo que encontré y me tapé con la manta más gruesa que encontré, a penas se oculte el sol saldré a buscarla, también debo cambiarme la ropa.
Memorias de Gilgam
Dama Oscura
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