lunes, 5 de noviembre de 2018

VIAJE AL REINO DE LA NOCHE: CAPITULO XXXI

Sonríe, nunca sabrás cuando alguien se enamore de tu sonrisa.

Cuando entré a mi habitación, encontré a Gaia y Ana sentadas al lado de Celeste, ella había comido, Ana también comió.
- Es tarde - dije - A partir de ahora te encargarás de cuidar de esta niña, verás que se alimente a sus horas, que vista bien y se eduque, si necesitas algo, se lo pedirás a Gaia, ahora vayan a su habitación, a primer hora pidan al sastre que venga para que les hagan unos vestidos.
Gaia las acompañó. Mire a mi alrededor, la niña habia hecho travesuras en mi ausencia, movió varioa libros, suspiré, me quede sin moverme de donde estaba parada hasta que Gaia volvió, cuando entró, se puso a ordenar todo.
- Necesito darme un baño - dije.
- A esta hora - dijo Gaia - ya no es posible.
- Quiero ver a Gilgam - dije.
- ¿Para que? - dijo, entonces la mire enojada - disculpe, veré si ya llego.
Gaia salió y volvio al instante.
- El señor Gilgam acaba de llegar, entró a su habitación.
- No quiero que nos interrumpan por el resto de la noche - dije saliendo de mi habitación.
Me paré al frente de la puerta de su habitación, las manos me temblaban, suspiré, golpeé la puerta suavemente y empuje para entrar, Gilgam se habia dado la vuelta y me miro asustado, estaba con el pecho descubierto, se quedo en una pieza. Cerre la puerta, le puse en seguro, me apoye en la puerta y mire al piso.
- ¿Le puedo servir en algo? Señora.
- Jade - dije.
- ¿Como dice?
- Mi nombre humano, es Jade.
- Nunca lo supe - dijo.
- Puedes decirme Jade - dije - pero solo cuando estemos solos.
- ¿Por que me dices esto?
- Beltrán, es representante del rey, en su nombre me juzgará por la muerte de Kaneki.
- No lo entiendo, ¿Por que?
- Fue una trampa, Beltrán sabia que el no pasaría aquí mucho tiempo y con su muerte tiene una excusa para acusarme, encerrarme, mutilarme o matarme; utilizando el nombre del rey.
- Tienes que huir.
- Ya pensé en eso.
- ¿Que esperas?
- Beltrán los torturara a Gaia y a ti hasta hacerme volver si huyo.
Empecé a caminar en circulos y me detuve delante de Gilgam dandole la espa.
- No puedo ponerlos peligro.
Gilgam me abrazó por la espalda, respiró a través de mi pelo, me hizo girar suavemente.
- Puedes huir conmigo - dijo Gilgam - en otro país, donde este rey no gobierne, tengo una casita, la casa de mis padres, aunque la abandoné, sigue siendo mi casa.
Mire a Gilgam de cerca, levantando la cabeza, a pesar de los zapatos el me pasaba yo a penas le llegaba al pecho, me refugie en sus brazos y me puse a llorar, lloré como nunca antes lo había hecho y él solo me abrazaba, cuando terminé de llorar levanté la cabeza y lo mire, el me limpió las lagrimas y me miraba en silencio.
- Tengo miedo - dije con la voz quebrada.
- Yo te voy a cuidar siempre - dijo.
Me quedé en silencio, aprete los labios, sentía una opresion en la garganta, en el pecho, en el estómago.
- No puedo creer que estoy pensando en esto - dije.
Gilgam estaba en silencio agachado mirándome, estiré el cuerpo, el cuello y a penas pude rozar sus labios con los míos y él se quedo inmóvil, cerró los ojos, me sujetó con fuerza pero con delicadeza, me levanto de la cintura y me besó.
- Esto no es correcto - dije para seguir luego pensándolo.
- Ya lo sé - respondió entre beso y beso.
Sus manos se movían rápidamente en mi espalda, no podía desatar el vestido, entonces lo agarró desde el cuello y lo desgarro hasta la falda. El vestido cayo al piso, me quite el resto de la prenda.
- ¿Desde cuando dejaste el miriñaque?
- No lo recuerdo - dije.
Rodee su cintura con mis piernas quitándome los zapatos como pude, puse mis brazos encima de sus hombros y después de romper mis calzones, el corsé terminó hecho trizas en el piso, una descompresión se sintió liberadora en mi cuerpo, Gilgam empezó a recorre mi cuerpo con sus labios, lamiendo y mordiendo por donde podía y me gustaba, pronto nos dimos cuenta que estabamos desnudos en la cama, lo besaba suavemente, con fuerza, mis manos no se quedaban quietas en ningún momento.
- Esto es pecado - dije mirándolo fijamente.
El sonrio y me besó.
- Solo los vivos pecan - respondió.
- No sé que me pasa, se que esto esta mal, pero no puedo detenerme.
- No lo hagas - dijo él - los dos lo queremos.
Me eché en su cama y el se puso encima de mi, lo sujete del cuello.
- ¿Que pasa?
- Nada - respondí.
- ¿No quieres hacerlo?
- No lo sé, no sé que me pasa, nunca sentí esto antes.
Gilgam se soltó de mis manos que lo sujetaban, me beso de nuevo, con una mano tocaba mis pechos y con la otra me sujetaba de la espalda.
- ¿Me detengo?
- No - gemí.
Me abalance sobre él, sentándose él se echó en la cama, entonces lo introduje en mí, sujetando mi cintura, nuestros cuerpos se movian al mismo compás, su cuerpo se confundió con el mío, empecé a sentir sed, lo mordí y su sangre hacia que mi cuerpo ardiera de pasión, me dejé dominar y cambiamos de posicion, a pesar de lo enorme de su cuerpo, no posaba su peso sobre mí.
Nos dormimos acurrucados abrazados, sus sábanas eran un bulto a nuestros pies, el colchón se había roto dejando la paja expuesta.
Cuando me desperté, el había desaparecido, Gaia estaba en la habitación, trajo una tina con agua, me bañé, una sonrisa se dibujaba en mi rostro, cada parte de mi cuerpo me recordaba lo que habiamos hecho. Me sentía con una alegria que no podia expresar, sonreía en todo momento.
Gaia me vistió.
Cuando trajo el corsé le dije que no quería usarlo más, así que solo me puse el camisón, los calzones, las medias y el vestido.
Mire a Gaia sonriente, ella me devolvió la sonrisa.
- Que cambien el colchón de la cama - dije.
- Si, señora.
- ¿Donde estan Celeste y Ana?
- En la habitación de la niña, los sastres estan haciendole probar vestidos a la niña.
- Vamos a verlas - dije.
Salimos de la habitación y me encontre con la mirada inquisidora de Raven.
- Eres una desvergonzada - dijo furiosa - no es correcto lo que hiciste.
- ¿Quién dice? - respondí, mientras caminaba, Raven me siguió.
- Él no es tu esposo, ni siquiera es de nuestra clase.
- Tiene dos ojos, una nariz, labios y uf.
- Uf, ¿Que quieres decir con uf, señorita?
- Fue una noche mágica - dije suspirando mientras di una vuelta sobre mí.
- No puedo creerlo.
- Creo que me enamoré - dije sonriendo.
Agarre la mano a Raven, me deslice - Soy muy feliz, deberias intentarlo.
- Yo soy una señorita decente - dijo enojada - no me entregare a cualquier hombre.
- Y que hombre - dije suspirando.
- No puede ser.
- Esta bien equipado.
- No puedes comparar, solo tuviste a Mago Oscuro.
- Y que diferencia, él no me hacía vibrar así.
- Soy una mujer decente, no quiero escuchar esto.
- Estas amargada porque ningún hombre te toca.
Raven se soltó de mi mano y me propinó un golpe en el rostro.
- Me haz decepcionado - dijo - mientras tengas este comportamiento indecente, no hablaré contigo.
- También puedes irte de mi casa - dije - no vayas a ensuciar tu imagen por vivir en casa de una inmoral.
- ¿Qué te hizo ese sujeto?
- Raven, estamos muertos, las reglas de los vivos, se aplican solo a los vivos.
Raven se tapo la boca con la mano y se fue.
- Yo estoy feliz por usted - dijo Gaia.
- Verdad que sí - dije sonriendo.
Entramos a la habitación de Celeste, ella estaba parada sobre un banquito mientras probaban, median y ajustaban los vestidos.
- Ana - dije - que te preparen unos vestidos a ti también no te quiero en mi casa con esos andrajos, Gaia, que te tomen las medidas.
- Si, señora - dijo Ana timidamente.
- Hola hermosa - dije mirando a Celeste - ¿Como pasaste tu dia?
- Sadi con Ana a pasead en da manana, fuimos a caminad, duego vinedon etoj chenores y me tajedon dopa y ejtoy aquí chin movejme.
- No te preocupes - dije - no demoraras mucho - mire a Ana - Gaia - dije - contrata una institutriz para que enseñen a leer y escribir a las tres.
- A las tres - respondió.
- Tu tambien aprenderás - sonreí.
- Muchas gracias, señora.
Salimos de la habitación, Gilgam nos encontró en el pasillo, se acercó a mi y me abrazó.
- Tengo algo para ti - dijo - ven al salón.
Me colgué de su brazo y caminamos juntos hasta el salón, me senté y el a mi lado, saco una bolsita de cuero, me la entregó.
- Cuando humano algunos trabajos los pagaban con piedras preciosas, asi que fui al joyero de la ciudad y pedí que hagan esto para ti, yo dibujé el diseño.
Saqué lo que había dentro, una piedra verde con blanco se dejo ver era el dije de una cadeneta de oro.
- Es un jade - sonreí.
- Nunca olvidaras tu nombre.
Me recogí el pelo y Gilgam me lo puso.
- Es hermoso, gracias.
Se acercó a mi y presionó sus labios con los mios, sonreí

Dama Oscura

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