lunes, 12 de noviembre de 2018

VIAJE AL REINO DE LA NOCHE: CAPÍTULO XXXII

No todo lo que brilla es oro.

Una garganta aclarandose nos interrumpió, Ladyblue nos observaba.
- Lamento ser inoportuna - dijo sin inmutarse - Los soldados que inicialmente  cuidaban la puerta ayer, desaparecieron totalmente, se evaporaron, solo quedó su armamento.
- ¿Como? - dije confundida.
Entonces recordé a la niña que había encontrado y recordé una leyenda que me contaba mi nana cuando niña, sobre las mujeres de pelo rojo.
- No puede ser - me alteré.
Fuí a la habitación de Celeste, Ladyblue me siguió.
- Salgan todos, dejenme con la niña.
Los sastres y Ana salieron de la habitación, no permití que nadie ingrese, cerré la puerta con seguro, miré a Celeste, ella me miró y sonrió.
- Sé que no eres una niña - dije - muestra tu verdadera forma.
Ella se quedo mirándome, sorprendida, la sujete y empezo a llorar.
- Yo se que las brujas tienen el pelo rojo - y le mostré los dientes, cuando iba a morderla se soltó de golpe.
- Esta bien - dijo - creí que duraría mas antes de que me atrapen.
- No ofendas con mi inteligencia - gruñí.
- No pretendo - aclarando su garganta - ofenderte.
La pequeña niña no tenia actitudes de niña, sus expresiones, hablar y movimientos eran de una mujer adulta.
- Soy Celeste, la hechicera inmortal - dijo.
- ¿Que quieres aquí?
- Unos hombres lobo me atacaron - explicó - pelee contra ellos, tus soldados estaban cerca, utilicé un hechizo para atraerlos y peleen por mí, murieron en la pelea, yo aproveche en huir, estaba cansada, agotada, mal herida y entré a tu palacete, intuí que los hombres lobo no entrarían aquí asi que con un hechizo me reduje a esta forma.
- ¿Por que te seguían los licantropos?
- Necesitaba un poco de sangre asi que capture a una joven y cuando extraía su sangre me encontraron, lamentablemente decidi extraer la sangre de la hija del lider.
- ¿¿Hana??
- Asi se llamaba, los poderes curativos de un hombre lobo son muy buenos.
- Esto es una broma, primero Kaneki y ahora Hana, Beltrán tendra muchas razones para exponerme al sol.
- ¿Como estuvo tu dia?
- ¿Que?
- Se me cayó una poción de amor real, cuando ingresé y escondi mis cosas, fue un accidente, pero seguro que haría efecto.
- Una poción, ¿De que?
En la entrada, habia tocado con los dedos un liquido derramado que no me resulto importante... al menos en ese momento.
- De amor real, ayuda a descubrir a la persona que amas.
- ¡Estas loca! - grité.
- Ya veo - dijo pensativa - Ya paso el efecto.
- No puede ser, no puede ser - repetí varias veces - esto tiene que ser una broma.
- Tranquila, si te sientes tan culpable, casate con el.
La mire enojada.
- No quiero que nadie se entere de tu verdadera persona.
-  Por mi esta bien - sonriendo.
- ¿Y puedes hacer que cualquier persona haga lo que quieras?
- No puedo hacer que te declaren inocente en el juicio.
- Lo que me faltaba - renegué.
- Pero si dictan que eres culpable puedo evitarte la muerte.
- Ya hablaremos, sigue comportandote como niña.
- Chi.
Salí de la habitación vi a Ladyblue, volví a entrar y a cerrar la puerta.
- Lo que paso con Gilgam.
- Hasta hace un momento eras feliz, la única verdad es que lo amas, pero los perjuicios, tu crianza y la sociedad, no te dejaron verlo.
- ¿Que mas puedes hacer?
- Cualquier tipo de hechizo que usted quiera.
- ¿Que edad tienes?
- Ciento tres años, soy inmortal - dijo sonriendo - mi cuerpo se desarrollará en cronología humana, nuevamente.
- Hay un laboratorio en el sótano, puedes hacer tus cosas ahí.
- Puedo quedarme entonces.
- Pero... no  vuelvas a hechizarme.
Salí de la habitación, Ana entro rápidamente y abrazó a Celeste.
- ¿Que pasó? - dijo Ladyblue - te encerraste ahí.
- Los hombres lobos atacaron y fueron perseguidos por tus soldados, los tres murieron.
- Tendré que reforzar la entrada.
Gilgam nos había seguido, me ofreció el brazo, le agarré.
- Lamento esta pérdida Ladyblue - dije mientras caminaba - Mandaré a comprar mas esclavos para tu colección.
- Eso me agradaría - dijo mirandome intrigada por la escena.
Ladyblue nos rebasó y se fué, miré a Gilgam y sentía un calor que nacia de mi vientre y se extendía por todo mi cuerpo.
Me quede en silencio por un rato mirando a Gilgam, si era como la bruja me dijo, entonces yo realmente amaba a este hombre, el sonreía al verme y suspiraba, su presencia en realidad no era muy desagradable como yo pensaba, era alto, a mi me gustan los tipos altos, bastante corpulento, lo que era indicio que en su vida mortal había hecho ejercicios, el pelo ondulado, lo único que en realidad me resultaba molesto de él, era su poca educación y la brusquedad con la que me trataba en ocasiones, pero antes, en su habitación, no habia sido brusco conmigo, había sido muy delicado.
- Señora - dijo Gaia - la habitación del señor Gilgam esta lista.
- Gracias - respondí sin prestarle más atención, estiré la mano y agarré a Gilgam - vamos.
- ¿Otra vez?
- No se que pasará conmigo en un par de dias, asi que haré lo que me de la gana mientras siga viva, si es que aun estpy viva.
Nos levantamos y fuimos a la habitación de Gilgam, me paré frente a la cama, habían puesto un colchón de plumas y sábanas de seda, me desaté el vestido, me quité los zapatos y me subí a la cama, miré a Gilgam y él se había desvestido totalmente y estaba preparado para la acción.
- Ay - dije tapandome la cara avergonzada.
- ¿Qué pasa? - dijo acercándose.
- Es que tú - me besó, me eche en la cama a su lado y terminó rompiendo mi camisón, nuevamente.
- Me dejarás sin vestimenta - reclamé.
- Ayer no te fijaste en eso - respondió.
- Es que - me beso de nuevo, abrazandome.
Sus besos eran cálidos, apasionados, a pesar de que estamos fríos, él me hacía sentir viva, me dejé llevar por él, sus besos, sus caricias, entonces pude confirmar lo que Celeste me habia dicho, yo estaba enamorada de Gilgam, lo amaba con todas mis fuerzas, al punto de romper todas las reglas morales con las que había sido criada, pero no lo habia notado por los mismos perjuicios morales con los que vivía cada día, con el me sentía libre, libre por completo.
Terminamos acostados uno al lado del otro, jugueteaba con mi mano en su cuerpo mientras él me abrazaba, lo miré y el me besó.
- No sabes cuanto tiempo soñé con esto - dijo.
- No lo sé - respondí y seguido me dormí.
Gaia tenia mi baño listo, Gilgam la miró y se tapó, me baje de la cama y me metí a la tina, Gilgam agarró las sabanas y se dio la vuelta.
- Nunca me acostumbrare a que mi vida intima sea tan pública - dijo Gilgam renegando.
Me reí mientras Gaia me bañaba.
- Esta es mi vida, al menos yo tengo solo una mucama, hay quienes tienen hasta diez.
- Eso es demasiado para mi gusto.
- Uno nunca sabe que utilidad le puede dar a una sirvienta, hasta que lo descubre.
Me vestí y salí con Gaia.

Dama Oscura

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