- Debes ir a la comisaría - dijo Tatiana para convencerme - si no lo enfrentas ahora, no recuperarás a tus hijos nunca.
- Tengo miedo, él... me dijo que se los llevará lejos si intento hacer algo.
- Yo tengo un amigo, que puede impedir eso - sonrió.
Tatiana sacó el celular y empezó a enviar mensajes de texto.
- Si vamos a la comisaría ahora, podrás tener a tus hijos cuando terminemos.
*****
- Déjeme entender esto - dijo el oficial - haz vivido todo este tiempo con un proxeneta, ¿y no lo denunciaste sino hasta ahora?
- Como le dije, yo no sabía a que se dedicaba el, lo veía salir, me decía que tenía negocios, yo no lo supe hasta que me lo dijeron.
- ¿Y por qué no denuncio cuando se enteró?
- Él me encontró en su local, me encerró en mi habitación en el segundo piso de la casa y no pude salir de nuevo.
- Pero tuviste un hijo, ¿por qué no se lo dijiste a la asistenta social?
- Tenía miedo.
- ¿De qué? Era su oportunidad.
- ¿Por qué me acusa? Yo soy la denunciante y la mayor afectada, viví todos estos años en una burbuja de mentiras, descubrí que mi marido no era quien dijo ser, fui golpeada, violada, estuve secuestrada en mi propia casa y vivía bajo la amenaza de perder a mis hijos si decía algo aún ahora, mientras hablo con usted, el podría estar llevándolos lejos.
- Mientras usted habla conmigo, estamos realizando dos operativos para capturar a todos los socios de su marido en la dirección que dio y estamos buscando a su marido en la casa, sus hijos fueron entregados alguna asistentas social y le serán entregados en un par de días, todos los bienes del señor serán incautados.
- ¿Capturaron a Derek?
- Lamentablemente, llegamos primero a su local y le avisaron del operativo, él huyó de la ciudad.
- Vivimos en una isla, no hay carreteras.
- Tenía un helicóptero esperándolo en el viejo aeropuerto, fue rápido, en cuestión de una hora ya estaba fuera de la ciudad, ¿sabe a dónde pudo ir?
- La verdad no.
- Pues entonces señora, es todo por ahora.
- ¿Y mis hijos?
- Pasaran con un psicólogo y luego se encontrarán.
*****
Cuando me entregaron a mis hijos, los llevé a nuestra nueva casa.
Con el tiempo, con el trabajo que tenía, fui comprando las cosas que necesitábamos, mi hija mayor me ayudaba a cuidar a sus hermanos, procuraba salir cuando todos estuvieran dormidos, ninguno sabia a que me dedicaba, aún ahora no lo saben.
*****
Lleve a mis hijos al hospital regional para que pasen consulta médica.
- Hola, ¿como te llamas?
- Soy María Rosa.
- ¿Son tus hijos?
- Si, todos ellos.
- Eres muy hermosa, tu esposo es muy afortunado.
- No tengo esposo el... se fue.
- ¿Los dejo?
- Algo así - sonreí.
- Debo irme, me gustaría hablar contigo otro día.
- Yo... no lo creo, no.
- ¿Por qué?
- Yo... soy dama de compañía.
- ¿Por qué haces eso?
- Cuando el padre de mis hijos se fue, estaba desesperada, nadie me daba trabajo y una amiga me dio la idea, no me quedó de otra.
- Aún así, dame tu número.
- ¿Para qué?
- Para conversar, salir, o contratarte.
- Esta bien... toma.
- Me llamo George, por cierto.
Se fue, cuando salí del hospital, recibí un mensaje de él.
Empezamos a conversar cada día durante un año, por mensajes de texto y llamadas.
George trabajaba en la Plus Petrol, cuando llegaba a la ciudad salíamos.
Durante un año, nunca me tocó, ni siquiera me besó, pero me confesó su amor.
Yo ya estaba muy insegura después de todo lo que me pasó con Derek, pero George me hizo perder el miedo y volví a confiar que podría encontrar el amor, con él, volví que sentir que mi vida cobraba sentido.
Esta historia, continuará...
Dama Oscura
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