lunes, 10 de febrero de 2020

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPITULO XXVIII

Abrí los ojos, Imara y Griselda estaban cerca mio, mirándome asustada, yo estaba en el piso.
- ¿Que paso? - dije incredula, ellas me miraban asustadas, me levante y mi ropa cayo al piso.
Me mire las pequeñas manitas que ahora poseía, mire a Imara, yo estaba parada y ella sentada y estaba a su altura, estire la mano y toque la cara de Imara.
Reaccione asustada, mire mis pechos ahora planos, frunci las cejas, no podia creer lo que veia, me tape la cara.
- Es un mal sueño - murmure.
Saque las manos de mi cara y las vi de nuevo, ellas me miraban en silencio, empece a hiperventilar, estaba entrando en pánico, camine descalza dando vueltas.
- ¡Pero que paso! - grite, seguí caminando, mire a Griselda - ¡Tu! - grite - ¡Tienes que explicar que me paso!
Griselda abrió la boca sin pronunciar palabra, estaba tan o mas impresionada que yo.
- Esto tiene que ser una broma de mal gusto - enojada, casi desesperada.
Griselda se acerco a mi y me abrazo, empece a llorar desconsoladamente, yo no sabia por que estaba llorando, pero lo hacia y eso me hacia sentir mucho mejor, las flemas se se chorrearon por la nariz.
- Todo va a mejorar, ya veras - dijo Griselda sujetándome.
- No eres tu la que luce como de seis años - empece a llorar mas fuerte - ¿Que me paso? - aspirando las flemas.
Griselda apretó los labios, miro a Imara.
- Te dije que no sabiamos que resultados pueda tener, el resultado es diferente en cada persona.
- ¡Tiene que haber un error!
- No hay error, la magia te da lo que necesitas, esto es el resultado de tus poderes.
- ¡Que haré con el cuerpo de una niña! - dije desesperada.
- Crecerás - respondió Griselda tratando de tranquilizarme - tienes muchos más años para aprender muchas cosas más y utilizarás menos este ritual.
Salí de la habitación enojada, me senté cruzando los brazos y empecé a llorar.
Griselda se acerco y me abrazo.
- ¿Por qué lloras? Mi niña.
- ¡No lo sé!
*****
Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses, los meses se convirtieron en años, vi a Imara envejecer en esa casa, mientras fui niña, ella me atendió, jugó conmigo, me enseñó lo que había aprendido en su pueblo, me había convertido en una mujer cuando Imara estaba ya en cama, envejecida por los años.
- Griselda - dije llorando - haz algo por favor.
- Mi niña, solo las iluminadas pueden hacer el ritual de renacimiento.
- Por favor, Griselda, tiene que haber algo que puedas hacer - continúe llorando - no puedes permitir que ella... Ella... Griselda, si ella se... - ahogandome con las lágrimas - no puedo ni siquiera decirlo.
- Es el destino de los mortales, querida.
- Beltrán - murmuré - ¡Beltrán! - grité, el entro a la habitación, estaba solo con un taparabo hecho con piel de zorro - haz algo, tu puedes... Lo hiciste con Rhonda - lloré.
- Señora, Imara no desea la eternidad.
- ¡No me importa! - tirandome al piso - no puedo perderla a ella, ya mis padres están muertos, nunca más vi a mis hijos, Dolores es ahora una bebedora de sangre... Claudio...
Baje hasta donde estaba la habitación de Claudio.
- Por favor, por favor, tienes que hacerlo - mis lágrimas disminuían cada vez más.
Abrí el sarcófago de piedra donde se encontraba Claudio, el estaba echado ahí, inerte, esta durmiendo ya por más de veinte años.
- Claudio - murmuré - se que la última vez que conversamos, estaba enojada contigo, pero, te necesito ahora, eres el único que puede ayudarme, yo sé, que tu habrías transformado a Imara hace muchos años, pero aún no es tarde.
No me atreví a tocar su cuerpo por miedo a que reaccione bruscamente y me degolle ahí mismo.
- Claudio abre los ojos - me pare apretando los labios - ¡Despierta! - grite - ¡Dijiste que cuidarías de mi siempre! - grite cada vez más enojada - ¡¿Qué estás haciendo ahora?! ¡Despierta! - me arrodille ante el sarcófago - te lo suplico.
Me acosté llorando, en la celda de Claudio, el no se movió, cuando me canse de mis lágrimas, subí, Griselda me estaba esperando.
- Ella desea hablarte.
Entre a la habitación de Imara, su piel totalmente arrugada, su pelo blanco, su voz suave, me senté a su lado y tomé su mano.
- Tienes que resistir - murmuré - Claudio despertara pronto.
- No - murmuró Imara - Mi ama, mi tiempo se ha terminado, este es mi destino.
- No, por favor, no hables, guarda tus fuerzas.
- Ama - dijo Imara jadeando - cuando fui capturada y arrancada de mi pueblo, le rogué a los dioses que me cuiden, mientras caminaba hacia el coliseo romano, después de casi dos días de caminar por el desierto hasta la ciudad, miraba a todas las personas, las mujeres me miraban con desdén, los hombres con lascivia, y yo rogaba a los dioses, que si alguien me compraba, que sea alguien que realmente me necesite.
- Imara, yo te vi caminando hacia el coliseo.
- Fue cuando mire hacia las ventanas de la casa y te vi, estabas mirandonos pasar, te vi y supe inmediatamente que eras tu quien debía comprarme y te lo rogué con los ojos, yo no sabia si me habías entendido, cuando llegamos al coliseo nos dieron agua para limpiarnos y al día siguiente nos vendieron al mejor postor, cuando tu padre me compró, estaba muy asustada, pero entonces me trajeron a esta casa y me trajeron hasta ti, tu estabas pálida, parecías enferma y después de no contarme lo que te pasaba, sabía que me necesitabas, sabía que desde ese momento yo te pertenecía y desde ese momento dedique toda mi vida a hacerte feliz...
Imara empezó a tocer, muy despacio, aspiro aire con fuerza y luego suspiro.
- Te he amado desde el momento en el que te vi, siempre te he amado, siempre te he cuidado y todo lo que hice fue para hacerte feliz.
- Imara, por favor...
- Ahora, en mi lecho de muerte, debo confesarte...
- No tienes nada que confesar.
- Si, tengo que... Es importante, solo así podré descansar tranquila.
- Imara por favor...
- Yo nací, con una condición muy extraña, debieron matarme cuando nací, pero mi madre le rogó a mi padre que no lo hiciera, porque no podría tener más hijos, después de tres abortos, yo era su última oportunidad.
- Imara - reprimiendo mis lágrimas.
- Yo nací con un pene y una vagina - concluyó.
Mire hacia el vientre de Imara.
- Me extirparon el pene cuando tenía cinco años, para ser como una mujer normal, la operación fue muy dolorosa, no lo recuerdo muy bien, pero me dijeron que nunca podría tener hijos, cuando me capturaron los soldados me volaron varias veces durante los dos meses que estuve capturada y nunca concebi en mi vientre.
- ¿Por qué? - la impresión estaba disminuyendo gradualmente - ¿Por qué nunca me dijiste nada?
- No sabía como ibas a reaccionar, pero, mi instinto de hombre siempre estuvo presente y aunque nunca pudiste ser mía, el tenerte cerca, el tocar tu piel, el ayudarte a ser feliz, el lograr que en esta segunda vida, seas totalmente plena, me bastaba.
- Imara, he sido feliz contigo a mi lado todos estos años.
- Este es mi gran secreto, por favor, perdóneme por ocultarselo toda mi vida, este secreto, entre mis piernas, me ha torturado toda mi vida, muchas veces quise decírtelo pero no me atreví por miedo, pero ahora, si usted me perdona, yo podré descansar tranquila.
- Imara - empecé a llorar nuevamente - no tengo nada que perdonar, los dioses te enviaron así por alguna razón extraña, yo, te quiero mucho, siempre fuiste mi amiga.
- Yo la amo, seño...
Imara dejo de apretar mi mano y su cabeza se inclino hacia un lado.
- Imara - dije asustada - no, no, no, no - sacudi su mano - ¡Imara! - grite.
Griselda entró a la habitación.
- Beltrán, saca a la niña.
Beltrán ingreso a la habitación, me levanto en sus brazos y me saco de ahí.
Griselda cantó y danzo alrededor de la cama de Imara.
Rhonda se sentó a mi lado, ella permanecía joven pese a los años, la abrace, nunca fui tan cercana a ella, nunca lo seré en realidad.
*****
Los años siguieron pasando y el recuerdo de Imara se desvaneció en el tiempo, mis lágrimas se secaron y un día me levante decidida a conocer a mi descendencia.
Me acerque a la ciudad para conocer a mis nietos, fui a la casa que había sido mía, la casa donde deje a mi hijo, no me acerque.
Una joven de cabellos rubios abrazaba a un hombre bastante mayor, anochecio, Beltrán me había acompañado todo aquel día, Dolores salió a mi encuentro.
- Hola - sonreí - te ves... Muy bien.
- Tu hijo hace mucho que falleció, tuvo siete hijos, uno de ellos, lo transforme para mi, tienes diez y nueve bisnietos, convertiré a uno de ellos también, después de que tenga hijos.
- Dolores - murmure - gracias por cuidar de él y darle la vida que quizá yo no había podido darle - sonreí.
- El fue feliz, tuvo una hermosa esposa, la hija de Cristina y yo aprendí a vivir en mi condición.
- Imara falleció.
- Lo imaginé.
- La extraño a veces, su recuerdo es cada vez menos recurrente.
- ¿Ahora que sigue?
- Iré a Egipto - sonreí.
- Hermosa ciudad ¿Claudio?
- Iré con todos, Griselda, Rhonda, Beltrán y yo.
- Hay que mantenernos en contacto.
- Claro que sí, cuéntame de mi descendencia.
Me quede conversando con Dolores por varias horas, su voz seguía siendo dulce y aguda como siempre, se veía más hermosa.
Cuando terminamos de conversar, casi al amanecer, Beltrán me levanto en sus brazos y empezó a correr llevándome nuevamente a la casa donde vivíamos.
- La ciudad ha crecido mucho, pronto no habrá espacio para tanta gente - sonreí.
- Con tantas guerras y tantas tierras que conquistar, no creo que logren llenar la tierra.
Cuando llegamos a la casa, Claudio había despertado nuevamente.
Beltrán me soltó, yo camine hacia Claudio, luego corrí, finalmente salté, el me atrapó en sus brazos y dio una vuelta sobre si, lo besé.

Dama Oscura

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