A través de los siglos, logré hacer un rastreo de mi descendencia gracias a Dolores que no les perdía el rastro a nadie. Un día Dolores me escribió informando que uno de ellos decidió viajar al nuevo mundo con sus dos hijos, que ella los acompañaría ya que debía saber donde estaba, que volvería en algunos años.
Deje de recibir cartas de Dolores por cerca de casi una década cuando me llegó un mensaje diciendo que habían llegado a una ciudad que llamaron Lima, una ciudad nublada que era propicia para que ella no sea descubierta, quien ella llamó, para si, El Reino de la Noche, ya que difícilmente se veía el sol.
Me informó que el Rey de España había decidido hacer una colonia ahí. Después de mucho pensarlo, decidí ir con Beltrán y Rhonda allá, en nuestro viaje, nos encontramos con que había un clan de hombres lobo, Beltrán y Rhonda se unieron a ellos, yo tuve que quedarme en la ciudad con Griselda, tiempo después me enteré que Beltrán había tomado el control del clan.
Uno de mis descendiente se ganó el título de Conde de la Noche, otorgado por el virrey, tuvo dos hijos y el mayor heredó el título al casarse y un hermoso palacete, yo vivía alejada de ellos. Entonces vi que nació Jade, hija de una mujer muy ambiciosa, su padre había sido seleccionado por Dolores, pero murió por causa de su mujer entonces ella vino y me habló de la niña, de sus planes con ella me pareció que estaba emocionada, me mostró una foto de ella, era idéntica a mi madre.
Cuando Dolores llegó, ella ya no estaba, si madre la había casado con un conocido bebedor de sangre que tenía costumbre de robar títulos y fortunas. Pronto Dolores recibió un mensaje de él, a cambio de su existencia, ella era el reflejo de mi madre, así que investigamos un poco y descubrimos algo en el pasado de este bebedor de sangre, después de algunas cartas, su sentencia de muerte estaba firmada. Algo que no me había pasado antes me embargo, un sentimiento de angustia y pesar.
- Claudio, iré a conocerla.
- ¿A quien?
- A Dama Oscura, esta cerca de este pueblo, necesito que me acompañes.
- Iremos a donde quieras.
De esta forma emprendimos nuestro viaje.
Llegamos a la ciudad e investigamos un poco, no fue difícil.
Pronto los humanos notaron lo "extraño" que era Claudio una horda empezó a seguirnos una noche, Claudio me alzó en brazos y empezó a correr.
- Debemos ir a la jauría - chille - Beltrán nos ayudará.
- No puedo ir allá.
Pronto pasamos por los terrenos de Dama Oscura, su imponente castillo en medio del bosque era muy visible. El se acerco al castillo y me bajo.
- Ella te cuidará.
- ¡No Claudio! - murmure - no sabemos como va a reaccionar.
- Debo irme.
Claudio se fue, me quedé en aquel imponente salón, sola.
"Debo tomar la poción" pensé, busque entre mis cosas y uno de los frascos se me cayó rompiéndose en el piso inmediatamente, una poción de liberación de amor, la desesperación me hizo actuar sin pensarlo dos veces, encontré la poción que buscaba y me la tome, me fui a un rincón y la poción hizo efecto. La había tomado tantas veces que el cambio ya no me afectaba tanto, escondí el vestido y me puse uno de niña, me escondí en un rincón.
*****
- Lleva a tu amigo con Ladyblue a partir de ahora trabajara cuidando los esclavos, que Ladyblue le enseñe a pelear y que le de ropa decente - Era ella, era Jade, mi pequeña Dama Oscura.
Un hombre y una mujer que la acompañaban se fueron, ella entró sola, yo estaba en la sala acurrucada en un rincón, estaba temerosa encogida sobre mi misma sujetando mis piernas con mis brazos y escondiendo la cara, lloraba del miedo y pánico que sentía, ella podría matarme sin pensarlo dos veces.
Se acerco a mí muy tranquila.
- Hola hermosa - dijo sonriendo - ¿cómo llegaste aquí?
- Mi dada - dije, fingi la voz para que no note que estaba fingiendo - mi dada me dajo.
- ¿Te refieres a tu padre? - preguntó intrigada.
- Chi - dije y seguí llorando.
- ¿Que edad tienes?
- Tes años.
- Y tu padre - dijo, se oía preocupada - ¿Volverá pronto?
- No che - respondi - Tengo mucha hambe.
- Tienes - murmuró - hambre, si. En seguida te traeran comida - sonriendo.
Levante la mirada, ella estaba buscando a su alrededor quizá alguien cerca, me miro nuevamente.
- ¿Como te llamas?
- Cedeste - respondí y me arrepentí de lo torpe que fui.
- Así que Celeste - dijo pensativa - muy bien Celeste, vamos a buscar la cocina - sonrió.
Caminamos lentamente abriendo cada puerta que encontrábamos, incluso en el sótano, sin exito, en ese castillo no había una cocina, bostece.
- Tengo sueño - dije.
Miro a sí alrededor nuevamente, como buscando a alguien, entonces me llevó a una habitación, apenas entramos la mujer con la que estaba antes apareció.
- ¿Donde están todos? - dijo enojada.
- Raven salio a penas se oculto el sol, Gilgam se fue a cazar y yo estoy aquí - respondió automáticamente, era una especie de subordinada.
- Los sirvientes - gruñó.
- Descansando - respondió dudosa.
- Quiero una mucama - dijo Dama Oscura.
- Aqui estoy - dijo.
- No para mi.
En ese momento bostece con fuerza sin querer, la mujer se dio cuenta de mi presencia.
- ¿De donde salió? - dijo asustada.
- Estaba en la sala cuando entré - respondió Dama Oscura.
- Señora no debería dejar que una humana este tan cerca de usted.
- Es una niña, Gaia.
- Yo iba a traer una hija para usted.
En ese momento me quedé dormida.
Desde aquella noche, Jade, más conocida como Dama Oscura, me adoptó como su hija, pero esa, esa es otra historia.
Dama Oscura
lunes, 17 de febrero de 2020
lunes, 10 de febrero de 2020
EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPITULO XXVIII
Abrí los ojos, Imara y Griselda estaban cerca mio, mirándome asustada, yo estaba en el piso.
- ¿Que paso? - dije incredula, ellas me miraban asustadas, me levante y mi ropa cayo al piso.
Me mire las pequeñas manitas que ahora poseía, mire a Imara, yo estaba parada y ella sentada y estaba a su altura, estire la mano y toque la cara de Imara.
Reaccione asustada, mire mis pechos ahora planos, frunci las cejas, no podia creer lo que veia, me tape la cara.
- Es un mal sueño - murmure.
Saque las manos de mi cara y las vi de nuevo, ellas me miraban en silencio, empece a hiperventilar, estaba entrando en pánico, camine descalza dando vueltas.
- ¡Pero que paso! - grite, seguí caminando, mire a Griselda - ¡Tu! - grite - ¡Tienes que explicar que me paso!
Griselda abrió la boca sin pronunciar palabra, estaba tan o mas impresionada que yo.
- Esto tiene que ser una broma de mal gusto - enojada, casi desesperada.
Griselda se acerco a mi y me abrazo, empece a llorar desconsoladamente, yo no sabia por que estaba llorando, pero lo hacia y eso me hacia sentir mucho mejor, las flemas se se chorrearon por la nariz.
- Todo va a mejorar, ya veras - dijo Griselda sujetándome.
- No eres tu la que luce como de seis años - empece a llorar mas fuerte - ¿Que me paso? - aspirando las flemas.
Griselda apretó los labios, miro a Imara.
- Te dije que no sabiamos que resultados pueda tener, el resultado es diferente en cada persona.
- ¡Tiene que haber un error!
- No hay error, la magia te da lo que necesitas, esto es el resultado de tus poderes.
- ¡Que haré con el cuerpo de una niña! - dije desesperada.
- Crecerás - respondió Griselda tratando de tranquilizarme - tienes muchos más años para aprender muchas cosas más y utilizarás menos este ritual.
Salí de la habitación enojada, me senté cruzando los brazos y empecé a llorar.
Griselda se acerco y me abrazo.
- ¿Por qué lloras? Mi niña.
- ¡No lo sé!
*****
Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses, los meses se convirtieron en años, vi a Imara envejecer en esa casa, mientras fui niña, ella me atendió, jugó conmigo, me enseñó lo que había aprendido en su pueblo, me había convertido en una mujer cuando Imara estaba ya en cama, envejecida por los años.
- Griselda - dije llorando - haz algo por favor.
- Mi niña, solo las iluminadas pueden hacer el ritual de renacimiento.
- Por favor, Griselda, tiene que haber algo que puedas hacer - continúe llorando - no puedes permitir que ella... Ella... Griselda, si ella se... - ahogandome con las lágrimas - no puedo ni siquiera decirlo.
- Es el destino de los mortales, querida.
- Beltrán - murmuré - ¡Beltrán! - grité, el entro a la habitación, estaba solo con un taparabo hecho con piel de zorro - haz algo, tu puedes... Lo hiciste con Rhonda - lloré.
- Señora, Imara no desea la eternidad.
- ¡No me importa! - tirandome al piso - no puedo perderla a ella, ya mis padres están muertos, nunca más vi a mis hijos, Dolores es ahora una bebedora de sangre... Claudio...
Baje hasta donde estaba la habitación de Claudio.
- Por favor, por favor, tienes que hacerlo - mis lágrimas disminuían cada vez más.
Abrí el sarcófago de piedra donde se encontraba Claudio, el estaba echado ahí, inerte, esta durmiendo ya por más de veinte años.
- Claudio - murmuré - se que la última vez que conversamos, estaba enojada contigo, pero, te necesito ahora, eres el único que puede ayudarme, yo sé, que tu habrías transformado a Imara hace muchos años, pero aún no es tarde.
No me atreví a tocar su cuerpo por miedo a que reaccione bruscamente y me degolle ahí mismo.
- Claudio abre los ojos - me pare apretando los labios - ¡Despierta! - grite - ¡Dijiste que cuidarías de mi siempre! - grite cada vez más enojada - ¡¿Qué estás haciendo ahora?! ¡Despierta! - me arrodille ante el sarcófago - te lo suplico.
Me acosté llorando, en la celda de Claudio, el no se movió, cuando me canse de mis lágrimas, subí, Griselda me estaba esperando.
- Ella desea hablarte.
Entre a la habitación de Imara, su piel totalmente arrugada, su pelo blanco, su voz suave, me senté a su lado y tomé su mano.
- Tienes que resistir - murmuré - Claudio despertara pronto.
- No - murmuró Imara - Mi ama, mi tiempo se ha terminado, este es mi destino.
- No, por favor, no hables, guarda tus fuerzas.
- Ama - dijo Imara jadeando - cuando fui capturada y arrancada de mi pueblo, le rogué a los dioses que me cuiden, mientras caminaba hacia el coliseo romano, después de casi dos días de caminar por el desierto hasta la ciudad, miraba a todas las personas, las mujeres me miraban con desdén, los hombres con lascivia, y yo rogaba a los dioses, que si alguien me compraba, que sea alguien que realmente me necesite.
- Imara, yo te vi caminando hacia el coliseo.
- Fue cuando mire hacia las ventanas de la casa y te vi, estabas mirandonos pasar, te vi y supe inmediatamente que eras tu quien debía comprarme y te lo rogué con los ojos, yo no sabia si me habías entendido, cuando llegamos al coliseo nos dieron agua para limpiarnos y al día siguiente nos vendieron al mejor postor, cuando tu padre me compró, estaba muy asustada, pero entonces me trajeron a esta casa y me trajeron hasta ti, tu estabas pálida, parecías enferma y después de no contarme lo que te pasaba, sabía que me necesitabas, sabía que desde ese momento yo te pertenecía y desde ese momento dedique toda mi vida a hacerte feliz...
Imara empezó a tocer, muy despacio, aspiro aire con fuerza y luego suspiro.
- Te he amado desde el momento en el que te vi, siempre te he amado, siempre te he cuidado y todo lo que hice fue para hacerte feliz.
- Imara, por favor...
- Ahora, en mi lecho de muerte, debo confesarte...
- No tienes nada que confesar.
- Si, tengo que... Es importante, solo así podré descansar tranquila.
- Imara por favor...
- Yo nací, con una condición muy extraña, debieron matarme cuando nací, pero mi madre le rogó a mi padre que no lo hiciera, porque no podría tener más hijos, después de tres abortos, yo era su última oportunidad.
- Imara - reprimiendo mis lágrimas.
- Yo nací con un pene y una vagina - concluyó.
Mire hacia el vientre de Imara.
- Me extirparon el pene cuando tenía cinco años, para ser como una mujer normal, la operación fue muy dolorosa, no lo recuerdo muy bien, pero me dijeron que nunca podría tener hijos, cuando me capturaron los soldados me volaron varias veces durante los dos meses que estuve capturada y nunca concebi en mi vientre.
- ¿Por qué? - la impresión estaba disminuyendo gradualmente - ¿Por qué nunca me dijiste nada?
- No sabía como ibas a reaccionar, pero, mi instinto de hombre siempre estuvo presente y aunque nunca pudiste ser mía, el tenerte cerca, el tocar tu piel, el ayudarte a ser feliz, el lograr que en esta segunda vida, seas totalmente plena, me bastaba.
- Imara, he sido feliz contigo a mi lado todos estos años.
- Este es mi gran secreto, por favor, perdóneme por ocultarselo toda mi vida, este secreto, entre mis piernas, me ha torturado toda mi vida, muchas veces quise decírtelo pero no me atreví por miedo, pero ahora, si usted me perdona, yo podré descansar tranquila.
- Imara - empecé a llorar nuevamente - no tengo nada que perdonar, los dioses te enviaron así por alguna razón extraña, yo, te quiero mucho, siempre fuiste mi amiga.
- Yo la amo, seño...
Imara dejo de apretar mi mano y su cabeza se inclino hacia un lado.
- Imara - dije asustada - no, no, no, no - sacudi su mano - ¡Imara! - grite.
Griselda entró a la habitación.
- Beltrán, saca a la niña.
Beltrán ingreso a la habitación, me levanto en sus brazos y me saco de ahí.
Griselda cantó y danzo alrededor de la cama de Imara.
Rhonda se sentó a mi lado, ella permanecía joven pese a los años, la abrace, nunca fui tan cercana a ella, nunca lo seré en realidad.
*****
Los años siguieron pasando y el recuerdo de Imara se desvaneció en el tiempo, mis lágrimas se secaron y un día me levante decidida a conocer a mi descendencia.
Me acerque a la ciudad para conocer a mis nietos, fui a la casa que había sido mía, la casa donde deje a mi hijo, no me acerque.
Una joven de cabellos rubios abrazaba a un hombre bastante mayor, anochecio, Beltrán me había acompañado todo aquel día, Dolores salió a mi encuentro.
- Hola - sonreí - te ves... Muy bien.
- Tu hijo hace mucho que falleció, tuvo siete hijos, uno de ellos, lo transforme para mi, tienes diez y nueve bisnietos, convertiré a uno de ellos también, después de que tenga hijos.
- Dolores - murmure - gracias por cuidar de él y darle la vida que quizá yo no había podido darle - sonreí.
- El fue feliz, tuvo una hermosa esposa, la hija de Cristina y yo aprendí a vivir en mi condición.
- Imara falleció.
- Lo imaginé.
- La extraño a veces, su recuerdo es cada vez menos recurrente.
- ¿Ahora que sigue?
- Iré a Egipto - sonreí.
- Hermosa ciudad ¿Claudio?
- Iré con todos, Griselda, Rhonda, Beltrán y yo.
- Hay que mantenernos en contacto.
- Claro que sí, cuéntame de mi descendencia.
Me quede conversando con Dolores por varias horas, su voz seguía siendo dulce y aguda como siempre, se veía más hermosa.
Cuando terminamos de conversar, casi al amanecer, Beltrán me levanto en sus brazos y empezó a correr llevándome nuevamente a la casa donde vivíamos.
- La ciudad ha crecido mucho, pronto no habrá espacio para tanta gente - sonreí.
- Con tantas guerras y tantas tierras que conquistar, no creo que logren llenar la tierra.
Cuando llegamos a la casa, Claudio había despertado nuevamente.
Beltrán me soltó, yo camine hacia Claudio, luego corrí, finalmente salté, el me atrapó en sus brazos y dio una vuelta sobre si, lo besé.
Dama Oscura
- ¿Que paso? - dije incredula, ellas me miraban asustadas, me levante y mi ropa cayo al piso.
Me mire las pequeñas manitas que ahora poseía, mire a Imara, yo estaba parada y ella sentada y estaba a su altura, estire la mano y toque la cara de Imara.
Reaccione asustada, mire mis pechos ahora planos, frunci las cejas, no podia creer lo que veia, me tape la cara.
- Es un mal sueño - murmure.
Saque las manos de mi cara y las vi de nuevo, ellas me miraban en silencio, empece a hiperventilar, estaba entrando en pánico, camine descalza dando vueltas.
- ¡Pero que paso! - grite, seguí caminando, mire a Griselda - ¡Tu! - grite - ¡Tienes que explicar que me paso!
Griselda abrió la boca sin pronunciar palabra, estaba tan o mas impresionada que yo.
- Esto tiene que ser una broma de mal gusto - enojada, casi desesperada.
Griselda se acerco a mi y me abrazo, empece a llorar desconsoladamente, yo no sabia por que estaba llorando, pero lo hacia y eso me hacia sentir mucho mejor, las flemas se se chorrearon por la nariz.
- Todo va a mejorar, ya veras - dijo Griselda sujetándome.
- No eres tu la que luce como de seis años - empece a llorar mas fuerte - ¿Que me paso? - aspirando las flemas.
Griselda apretó los labios, miro a Imara.
- Te dije que no sabiamos que resultados pueda tener, el resultado es diferente en cada persona.
- ¡Tiene que haber un error!
- No hay error, la magia te da lo que necesitas, esto es el resultado de tus poderes.
- ¡Que haré con el cuerpo de una niña! - dije desesperada.
- Crecerás - respondió Griselda tratando de tranquilizarme - tienes muchos más años para aprender muchas cosas más y utilizarás menos este ritual.
Salí de la habitación enojada, me senté cruzando los brazos y empecé a llorar.
Griselda se acerco y me abrazo.
- ¿Por qué lloras? Mi niña.
- ¡No lo sé!
*****
Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses, los meses se convirtieron en años, vi a Imara envejecer en esa casa, mientras fui niña, ella me atendió, jugó conmigo, me enseñó lo que había aprendido en su pueblo, me había convertido en una mujer cuando Imara estaba ya en cama, envejecida por los años.
- Griselda - dije llorando - haz algo por favor.
- Mi niña, solo las iluminadas pueden hacer el ritual de renacimiento.
- Por favor, Griselda, tiene que haber algo que puedas hacer - continúe llorando - no puedes permitir que ella... Ella... Griselda, si ella se... - ahogandome con las lágrimas - no puedo ni siquiera decirlo.
- Es el destino de los mortales, querida.
- Beltrán - murmuré - ¡Beltrán! - grité, el entro a la habitación, estaba solo con un taparabo hecho con piel de zorro - haz algo, tu puedes... Lo hiciste con Rhonda - lloré.
- Señora, Imara no desea la eternidad.
- ¡No me importa! - tirandome al piso - no puedo perderla a ella, ya mis padres están muertos, nunca más vi a mis hijos, Dolores es ahora una bebedora de sangre... Claudio...
Baje hasta donde estaba la habitación de Claudio.
- Por favor, por favor, tienes que hacerlo - mis lágrimas disminuían cada vez más.
Abrí el sarcófago de piedra donde se encontraba Claudio, el estaba echado ahí, inerte, esta durmiendo ya por más de veinte años.
- Claudio - murmuré - se que la última vez que conversamos, estaba enojada contigo, pero, te necesito ahora, eres el único que puede ayudarme, yo sé, que tu habrías transformado a Imara hace muchos años, pero aún no es tarde.
No me atreví a tocar su cuerpo por miedo a que reaccione bruscamente y me degolle ahí mismo.
- Claudio abre los ojos - me pare apretando los labios - ¡Despierta! - grite - ¡Dijiste que cuidarías de mi siempre! - grite cada vez más enojada - ¡¿Qué estás haciendo ahora?! ¡Despierta! - me arrodille ante el sarcófago - te lo suplico.
Me acosté llorando, en la celda de Claudio, el no se movió, cuando me canse de mis lágrimas, subí, Griselda me estaba esperando.
- Ella desea hablarte.
Entre a la habitación de Imara, su piel totalmente arrugada, su pelo blanco, su voz suave, me senté a su lado y tomé su mano.
- Tienes que resistir - murmuré - Claudio despertara pronto.
- No - murmuró Imara - Mi ama, mi tiempo se ha terminado, este es mi destino.
- No, por favor, no hables, guarda tus fuerzas.
- Ama - dijo Imara jadeando - cuando fui capturada y arrancada de mi pueblo, le rogué a los dioses que me cuiden, mientras caminaba hacia el coliseo romano, después de casi dos días de caminar por el desierto hasta la ciudad, miraba a todas las personas, las mujeres me miraban con desdén, los hombres con lascivia, y yo rogaba a los dioses, que si alguien me compraba, que sea alguien que realmente me necesite.
- Imara, yo te vi caminando hacia el coliseo.
- Fue cuando mire hacia las ventanas de la casa y te vi, estabas mirandonos pasar, te vi y supe inmediatamente que eras tu quien debía comprarme y te lo rogué con los ojos, yo no sabia si me habías entendido, cuando llegamos al coliseo nos dieron agua para limpiarnos y al día siguiente nos vendieron al mejor postor, cuando tu padre me compró, estaba muy asustada, pero entonces me trajeron a esta casa y me trajeron hasta ti, tu estabas pálida, parecías enferma y después de no contarme lo que te pasaba, sabía que me necesitabas, sabía que desde ese momento yo te pertenecía y desde ese momento dedique toda mi vida a hacerte feliz...
Imara empezó a tocer, muy despacio, aspiro aire con fuerza y luego suspiro.
- Te he amado desde el momento en el que te vi, siempre te he amado, siempre te he cuidado y todo lo que hice fue para hacerte feliz.
- Imara, por favor...
- Ahora, en mi lecho de muerte, debo confesarte...
- No tienes nada que confesar.
- Si, tengo que... Es importante, solo así podré descansar tranquila.
- Imara por favor...
- Yo nací, con una condición muy extraña, debieron matarme cuando nací, pero mi madre le rogó a mi padre que no lo hiciera, porque no podría tener más hijos, después de tres abortos, yo era su última oportunidad.
- Imara - reprimiendo mis lágrimas.
- Yo nací con un pene y una vagina - concluyó.
Mire hacia el vientre de Imara.
- Me extirparon el pene cuando tenía cinco años, para ser como una mujer normal, la operación fue muy dolorosa, no lo recuerdo muy bien, pero me dijeron que nunca podría tener hijos, cuando me capturaron los soldados me volaron varias veces durante los dos meses que estuve capturada y nunca concebi en mi vientre.
- ¿Por qué? - la impresión estaba disminuyendo gradualmente - ¿Por qué nunca me dijiste nada?
- No sabía como ibas a reaccionar, pero, mi instinto de hombre siempre estuvo presente y aunque nunca pudiste ser mía, el tenerte cerca, el tocar tu piel, el ayudarte a ser feliz, el lograr que en esta segunda vida, seas totalmente plena, me bastaba.
- Imara, he sido feliz contigo a mi lado todos estos años.
- Este es mi gran secreto, por favor, perdóneme por ocultarselo toda mi vida, este secreto, entre mis piernas, me ha torturado toda mi vida, muchas veces quise decírtelo pero no me atreví por miedo, pero ahora, si usted me perdona, yo podré descansar tranquila.
- Imara - empecé a llorar nuevamente - no tengo nada que perdonar, los dioses te enviaron así por alguna razón extraña, yo, te quiero mucho, siempre fuiste mi amiga.
- Yo la amo, seño...
Imara dejo de apretar mi mano y su cabeza se inclino hacia un lado.
- Imara - dije asustada - no, no, no, no - sacudi su mano - ¡Imara! - grite.
Griselda entró a la habitación.
- Beltrán, saca a la niña.
Beltrán ingreso a la habitación, me levanto en sus brazos y me saco de ahí.
Griselda cantó y danzo alrededor de la cama de Imara.
Rhonda se sentó a mi lado, ella permanecía joven pese a los años, la abrace, nunca fui tan cercana a ella, nunca lo seré en realidad.
*****
Los años siguieron pasando y el recuerdo de Imara se desvaneció en el tiempo, mis lágrimas se secaron y un día me levante decidida a conocer a mi descendencia.
Me acerque a la ciudad para conocer a mis nietos, fui a la casa que había sido mía, la casa donde deje a mi hijo, no me acerque.
Una joven de cabellos rubios abrazaba a un hombre bastante mayor, anochecio, Beltrán me había acompañado todo aquel día, Dolores salió a mi encuentro.
- Hola - sonreí - te ves... Muy bien.
- Tu hijo hace mucho que falleció, tuvo siete hijos, uno de ellos, lo transforme para mi, tienes diez y nueve bisnietos, convertiré a uno de ellos también, después de que tenga hijos.
- Dolores - murmure - gracias por cuidar de él y darle la vida que quizá yo no había podido darle - sonreí.
- El fue feliz, tuvo una hermosa esposa, la hija de Cristina y yo aprendí a vivir en mi condición.
- Imara falleció.
- Lo imaginé.
- La extraño a veces, su recuerdo es cada vez menos recurrente.
- ¿Ahora que sigue?
- Iré a Egipto - sonreí.
- Hermosa ciudad ¿Claudio?
- Iré con todos, Griselda, Rhonda, Beltrán y yo.
- Hay que mantenernos en contacto.
- Claro que sí, cuéntame de mi descendencia.
Me quede conversando con Dolores por varias horas, su voz seguía siendo dulce y aguda como siempre, se veía más hermosa.
Cuando terminamos de conversar, casi al amanecer, Beltrán me levanto en sus brazos y empezó a correr llevándome nuevamente a la casa donde vivíamos.
- La ciudad ha crecido mucho, pronto no habrá espacio para tanta gente - sonreí.
- Con tantas guerras y tantas tierras que conquistar, no creo que logren llenar la tierra.
Cuando llegamos a la casa, Claudio había despertado nuevamente.
Beltrán me soltó, yo camine hacia Claudio, luego corrí, finalmente salté, el me atrapó en sus brazos y dio una vuelta sobre si, lo besé.
Dama Oscura
lunes, 3 de febrero de 2020
EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPITULO XXVII
- Tienes un poco de calentura - la voz de Griselda era reconfortante, moví la cabeza buscándola - tranquila, pronto te sentirás mejor, las yerbas que te di que pueden hacer sentir un poco mareada.
- Tuve un sueño extraño - dije frotándome los ojos.
- Te dio una impresión fuerte, pero estarás bien.
Ella se movía y no podía visualizarla bien, mis cansados ojos veían todo nublado.
- No recuerdo que soñé - dije entre cerrando los ojos tratando de verla, la habitación estaba haciéndose cada vez mas oscura.
- No te preocupes por eso - dijo tocando mi frente - descansa un poco más y cuando te recuperes...
- Si, ya hablaremos - sonreí.
Me volví a dormir.
- Celeste - la voz de Claudio hablándome se hacía cada vez más fuerte.
- Estoy cansada - murmuré.
- Te estas endurando por lo poco que te mueves - dijo Claudio.
- Dejame - renegue.
Me di la vuelta, bostece, la mordida de Claudio sobre mi cuello me hizo reaccionar, grite, lo empuje.
- ¡Por todos los dioses! - dije enojada - ¿Intentas acaso matarme? - pase mi mano por mi cuello y la herida estaba cerrada.
Claudio yacía en el piso tieso.
- Eres masoquista - dije tocando mi frente.
Me levante de la cama, me puse algo se ropa ya que hacía más frio de lo normal, salí de la habitación y entre a la de Griselda, la cabaña que Beltrán había construido constaba de 4 habitaciones, en una dormía Beltran, en la otra Imara y Rhonda, en la tercera habitación Griselda y en la cuarta yo, pero Rhonda se había trasladado a la habitación de Beltran e Imara a la habitación de Griselda para que Claudio pueda quedarse ahí, ya que teníamos que acoplar a sus necesidades.
Claudio había tomado la costumbre de beber la sangre de los animales que habían en el bosque y una vez muertos los traía y nosotros cocinabamos la carne, bueno Imara lo hacía, Rhonda aprendía con Beltran los secretos de sus poderes y Griselda me enseñaba a mí, así pasaban los días, pero Claudio, a veces se hartaba de la sangre de los animales y bebía del brazo de Imara, ella era bastante fuerte y desde que Claudio empezó a beber de ella, ella empezó a comer el doble.
- Claudio me mordió de nuevo - dije entrando a la habitación de Griselda.
Griselda, no era aquella mujer vieja que yo había visto durante mi adolescencia, ahora Lucía mucho más joven que yo, su cuerpo firme, su pelo rojo, sin arrugas, me quedé mirándola, entonces recordé lo que había pasado días anteriores en mi habitación.
- No era un sueño - asustada, quizá más sorprendida que asustada - tu... Realmente...
Griselda se acerco a mi.
- Estoy tratando de explicarte.
- No te acerques a mi - dije - disculpa - tratando de calmarme - no se por que me asusto, yo veo un hombre que bebe sangre, Rhonda y Beltrán se transforman en unos enormes perros, pero esto es... No lo sé... - respirando - Claudio bebió mi sangre - dije moviendo la cabeza - esta en mi habitación.
- Imara - dijo Griselda - que Beltrán lo ayude - mirándome - ¿se durmió de nuevo?
- Si, en mi habitación.
Imara salió, de la habitación dejándome sola con Griselda, ella intentó agarrar mi mano y yo la retiré.
- No entiendo, disculpa, yo no puedo... - agarrando mi mano - esto es tan raro.
- Entonces, para ti es normal un hombre que bebe sangre y hombre que se transforma en lobo, mas no es normal una mujer que rejuvenece.
- Mi vida era muy normal, antes, mucho antes de... - pensando detenidamente - antes de entrar por primera vez a su casa, antes de conocerla.
- ¿Por qué tienes tal percepción?
- Usted a alterado toda mi vida, usted es la causante de todas mis desgracias desde que - tocando mi vientre - usted me hizo eso...
- Querida, eso es un secreto que debemos callar.
- Pude haber muerto aquel día, o los días venideros.
- Tengo algo que enseñarte.
- Es un ritual, un hechizo, una poción...
- Es una poción, muy poderosa, con la cual llegaras a la eternidad.
La mire en silencio por unos minutos.
- Lo que tu tomaste.
- La he perfeccionado, pero no se, que resultados tendrá en ti.
- Entonces los efectos son variables.
- Seguramente resultará algo bueno.
Salí de la habitación, camine lo más rápido que pude, me acerque al río, y remoje mis pies en el, empecé a llorar...
Despues de un rato, me quedé dormida en la orilla del río.
Al despertar, estaba de nuevo en mi cama, me senté.
No salí de mi habitación por varios meses...
Imara ingreso a entregarme el desayuno como todos los días, yo no había articulado palabra en todo ese tiempo.
- El día que la conocí - murmuró Imara - usted dijo que quería que sea su amiga - me miro por unos minutos sin obtener respuesta - yo la voy a servir hasta el día de mi muerte, señora, puedo escuchar lo que tenga que decir también.
- Tengo que aprender una poción - murmuré.
En la habitación, con Griselda, me dictaba los ingredientes para la poción.
- El colmillo de un bebedor de sangre, las garras de un hombre lobo... - cuando terminó de recitar la lista de ingredientes, me quedé intrigada por lo que dijo.
- ¿Como me sacare la sangre?
- Con un cuchillo, claro.
Claudio ingreso a la habitación, lo mire.
- Eres un bebedor de sangre - dije con frialdad.
Claudio se tapo la boca.
- Lo necesito - dije.
- Ya sabes que volverá a crecer te otro en cuestión de semanas - agregó Griselda.
- Aún así, es doloroso.
Hice llamar a Rhonda, quien había ingresado en ese momento.
- ¿Debe estar convertida?
- Las uñas de esta niña no te servirán.
- Ella se transforma en animal también.
- Pero no es nacida - respondió Griselda - debe ser un nacido, como Beltrán.
Hice llamar a Beltrán, no pude articular palabra, pero el ya lo sabía.
- Pelos y garras - murmuró estirando la mano.
- Gracias - sonreí.
Con todos los ingredientes listos, tome un cuchillo, me hice un corte en la muñeca y vacíe un poco en un cuenco, cuando saque suficiente me cubrí el corte con algodón.
Despues de preparar y hervir, me dispuse a beber la mezcla.
- Espero que todo salga bien - sonreí.
Diciendo esto llene una copa y la tome de un solo trago, la sangre se derramó un poco, una punzada en mi pecho hizo que cayera de rodillas.
- No me siento bien - empecé a temblar y a devolver todo lo que había bebido, todo a mi alrededor se oscureció, mi cuerpo empezó a helarse, mis ojos se cerraron sin que yo pudiera evitarlo.
- Por todos los dioses - dijo Griselda - ¡Imara! - grito.
Imara ingreso a la habitación, soltó un grito de susto.
- No se que pasó - dijo Griselda.
- Se supone que debías tenerlo controlado - dijo Imara acercándose a mi - señora - murmuró - me escucha...
Pero mi mente estaba mucho más lejos de este mundo...
*****
Oscuridad a mi alrededor, ya había estado aquí antes, aquí la conocí...
- Miren quien volvió aquí - sonriendo - hola, hermosa y bella niña.
- ¿Estoy muerta?
- Oh, por supuesto que no mi niña, tu solo haz jugado con el tiempo y el designio de los dioses.
- ¿Que toca ahora?
- Mira, hay dos caminos, solo debes seguir uno.
Me abrazo sonriendo.
- ¿Como te llamas?
- Soy la diosa madre - murmuró - ya sabes mi nombre.
Mire uno de los caminos y di unos pasos.
- ¿Tu seguiras conmigo?
- Claro que si - sonriendo - me divierto mucho contigo.
Dama Oscura
- Tuve un sueño extraño - dije frotándome los ojos.
- Te dio una impresión fuerte, pero estarás bien.
Ella se movía y no podía visualizarla bien, mis cansados ojos veían todo nublado.
- No recuerdo que soñé - dije entre cerrando los ojos tratando de verla, la habitación estaba haciéndose cada vez mas oscura.
- No te preocupes por eso - dijo tocando mi frente - descansa un poco más y cuando te recuperes...
- Si, ya hablaremos - sonreí.
Me volví a dormir.
- Celeste - la voz de Claudio hablándome se hacía cada vez más fuerte.
- Estoy cansada - murmuré.
- Te estas endurando por lo poco que te mueves - dijo Claudio.
- Dejame - renegue.
Me di la vuelta, bostece, la mordida de Claudio sobre mi cuello me hizo reaccionar, grite, lo empuje.
- ¡Por todos los dioses! - dije enojada - ¿Intentas acaso matarme? - pase mi mano por mi cuello y la herida estaba cerrada.
Claudio yacía en el piso tieso.
- Eres masoquista - dije tocando mi frente.
Me levante de la cama, me puse algo se ropa ya que hacía más frio de lo normal, salí de la habitación y entre a la de Griselda, la cabaña que Beltrán había construido constaba de 4 habitaciones, en una dormía Beltran, en la otra Imara y Rhonda, en la tercera habitación Griselda y en la cuarta yo, pero Rhonda se había trasladado a la habitación de Beltran e Imara a la habitación de Griselda para que Claudio pueda quedarse ahí, ya que teníamos que acoplar a sus necesidades.
Claudio había tomado la costumbre de beber la sangre de los animales que habían en el bosque y una vez muertos los traía y nosotros cocinabamos la carne, bueno Imara lo hacía, Rhonda aprendía con Beltran los secretos de sus poderes y Griselda me enseñaba a mí, así pasaban los días, pero Claudio, a veces se hartaba de la sangre de los animales y bebía del brazo de Imara, ella era bastante fuerte y desde que Claudio empezó a beber de ella, ella empezó a comer el doble.
- Claudio me mordió de nuevo - dije entrando a la habitación de Griselda.
Griselda, no era aquella mujer vieja que yo había visto durante mi adolescencia, ahora Lucía mucho más joven que yo, su cuerpo firme, su pelo rojo, sin arrugas, me quedé mirándola, entonces recordé lo que había pasado días anteriores en mi habitación.
- No era un sueño - asustada, quizá más sorprendida que asustada - tu... Realmente...
Griselda se acerco a mi.
- Estoy tratando de explicarte.
- No te acerques a mi - dije - disculpa - tratando de calmarme - no se por que me asusto, yo veo un hombre que bebe sangre, Rhonda y Beltrán se transforman en unos enormes perros, pero esto es... No lo sé... - respirando - Claudio bebió mi sangre - dije moviendo la cabeza - esta en mi habitación.
- Imara - dijo Griselda - que Beltrán lo ayude - mirándome - ¿se durmió de nuevo?
- Si, en mi habitación.
Imara salió, de la habitación dejándome sola con Griselda, ella intentó agarrar mi mano y yo la retiré.
- No entiendo, disculpa, yo no puedo... - agarrando mi mano - esto es tan raro.
- Entonces, para ti es normal un hombre que bebe sangre y hombre que se transforma en lobo, mas no es normal una mujer que rejuvenece.
- Mi vida era muy normal, antes, mucho antes de... - pensando detenidamente - antes de entrar por primera vez a su casa, antes de conocerla.
- ¿Por qué tienes tal percepción?
- Usted a alterado toda mi vida, usted es la causante de todas mis desgracias desde que - tocando mi vientre - usted me hizo eso...
- Querida, eso es un secreto que debemos callar.
- Pude haber muerto aquel día, o los días venideros.
- Tengo algo que enseñarte.
- Es un ritual, un hechizo, una poción...
- Es una poción, muy poderosa, con la cual llegaras a la eternidad.
La mire en silencio por unos minutos.
- Lo que tu tomaste.
- La he perfeccionado, pero no se, que resultados tendrá en ti.
- Entonces los efectos son variables.
- Seguramente resultará algo bueno.
Salí de la habitación, camine lo más rápido que pude, me acerque al río, y remoje mis pies en el, empecé a llorar...
Despues de un rato, me quedé dormida en la orilla del río.
Al despertar, estaba de nuevo en mi cama, me senté.
No salí de mi habitación por varios meses...
Imara ingreso a entregarme el desayuno como todos los días, yo no había articulado palabra en todo ese tiempo.
- El día que la conocí - murmuró Imara - usted dijo que quería que sea su amiga - me miro por unos minutos sin obtener respuesta - yo la voy a servir hasta el día de mi muerte, señora, puedo escuchar lo que tenga que decir también.
- Tengo que aprender una poción - murmuré.
En la habitación, con Griselda, me dictaba los ingredientes para la poción.
- El colmillo de un bebedor de sangre, las garras de un hombre lobo... - cuando terminó de recitar la lista de ingredientes, me quedé intrigada por lo que dijo.
- ¿Como me sacare la sangre?
- Con un cuchillo, claro.
Claudio ingreso a la habitación, lo mire.
- Eres un bebedor de sangre - dije con frialdad.
Claudio se tapo la boca.
- Lo necesito - dije.
- Ya sabes que volverá a crecer te otro en cuestión de semanas - agregó Griselda.
- Aún así, es doloroso.
Hice llamar a Rhonda, quien había ingresado en ese momento.
- ¿Debe estar convertida?
- Las uñas de esta niña no te servirán.
- Ella se transforma en animal también.
- Pero no es nacida - respondió Griselda - debe ser un nacido, como Beltrán.
Hice llamar a Beltrán, no pude articular palabra, pero el ya lo sabía.
- Pelos y garras - murmuró estirando la mano.
- Gracias - sonreí.
Con todos los ingredientes listos, tome un cuchillo, me hice un corte en la muñeca y vacíe un poco en un cuenco, cuando saque suficiente me cubrí el corte con algodón.
Despues de preparar y hervir, me dispuse a beber la mezcla.
- Espero que todo salga bien - sonreí.
Diciendo esto llene una copa y la tome de un solo trago, la sangre se derramó un poco, una punzada en mi pecho hizo que cayera de rodillas.
- No me siento bien - empecé a temblar y a devolver todo lo que había bebido, todo a mi alrededor se oscureció, mi cuerpo empezó a helarse, mis ojos se cerraron sin que yo pudiera evitarlo.
- Por todos los dioses - dijo Griselda - ¡Imara! - grito.
Imara ingreso a la habitación, soltó un grito de susto.
- No se que pasó - dijo Griselda.
- Se supone que debías tenerlo controlado - dijo Imara acercándose a mi - señora - murmuró - me escucha...
Pero mi mente estaba mucho más lejos de este mundo...
*****
Oscuridad a mi alrededor, ya había estado aquí antes, aquí la conocí...
- Miren quien volvió aquí - sonriendo - hola, hermosa y bella niña.
- ¿Estoy muerta?
- Oh, por supuesto que no mi niña, tu solo haz jugado con el tiempo y el designio de los dioses.
- ¿Que toca ahora?
- Mira, hay dos caminos, solo debes seguir uno.
Me abrazo sonriendo.
- ¿Como te llamas?
- Soy la diosa madre - murmuró - ya sabes mi nombre.
Mire uno de los caminos y di unos pasos.
- ¿Tu seguiras conmigo?
- Claro que si - sonriendo - me divierto mucho contigo.
Dama Oscura
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