lunes, 17 de junio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO VIII

Después de lavarme bien y procurar no tener ningún mal olor en el cuerpo, me vestí con un vestido de seda fina que había comprado para aquella cena. Crispina ingreso a la habitación y anuncio que todo estaba preparado para esa noche.
Termine de vestirme con ayuda de Imara y Clotilde, la noche se asomó y Horacio regresó, envié a Clotilde para que se encargue de él, me fui a donde estaba servida nuestra cena, quería sorprenderlo.
Horacio apareció un par de horas después, Crispina estaba enseñándome una danza que según ella me ayudaría a seducir a Horacio, el ingresó y me miro en silencio, yo no me di cuenta y seguía las instrucciones de Crispina quien con mucha paciencia me enseñaba, Crispina se detuvo e inclino la cabeza, me di vuelta y vi a Horacio mirándonos, sonreí.
- Prepare esta cena para nosotros - dije.
- Que sorpresa - dijo sin hacer ninguna expresión.
Nos sentamos y Clotilde trajo una fuente con comida, Horacio la miró.
- ¿Tu cocinaste esto?
- Con ayuda de Crispina - dijo tímidamente.
- Entonces seguramente estará delicioso.
Comimos en silencio, sonreí a Horacio, pero el no respondió.
- Mis muchachos pelearán este fin de semana, te separe un palco.
- ¿Cuantos gladiadores pelearán?
- Tres, pero no espero grandes resultados, meteré a pelear los más débiles, apostare a los contrincantes.
- ¿Apostarás en tu contra?
- Yo no, mis esclavos, yo apostare a favor de nuestros peleadores, pero no apostare mucho porque deseo ganar.
- ¿Y si tus hombres ganan?
- La apuesta es seis a uno, espero que mueran.
- Iré a ver las peleas, me divertirá.
- La cena estuvo deliciosa, Clotilde sabe exactamente como me gusta la comida, vamos a la habitación.
Horacio subió, me quede mirando la mesa que había preparado para mi esposa, en un arranque de ira tire todo al piso, empecé a llorar, Clotilde vino corriendo asustada a preguntarme si estaba bien, la mire y le di una bofetada tan fuerte que cayó al piso sujetándose la cara llorando.
- Maldita mujerzuela, ¿te gusta que te mire mi marido? Si uno de los gladiadores gana en el coliseo, te entregaré como premio.
Ella me miro asustada, llorando, se levanto y salió corriendo.
Imara se mantuvo lejos de mi pero lo suficientemente cerca para escucharla.
- Señora, la niña no tiene la culpa de los gustos de su esposo.
- Tiene toda la culpa, por andar de ofrecida.
- Debe mantener la compostura.
Respire tratando de tranquilizarme, me levante y me limpie la cara.
- Veremos a Griselda y te dará una solución.
- Si - murmure.
Subí a la habitación y me encontré que Clotilde estaba llorando a los brazos de Horacio, quien al verme la alejo de él y ella se fue.
- ¿Que hacías con esa esclava? - dije queriendo no entender lo que había visto.
- Vino llorando porque le diste un golpe en la cara, la tenía roja por el golpe que le diste y estaba hinchada.
- Es una esclava - respondí - puedo hacer con ella lo que quiera.
- No puedes hacer con ella lo que quieras - respondió - es a penas una niña que no ha sangrado y le dijiste que la entregaras a uno de esos gladiadores.
- Es una mujer que eventualmente abrirá las piernas a un hombre, ¿La guardas para ti acaso?
- Y si así fuera ¿Que pasará?
- Eres mi esposo - renegando - merezco consideración de tu parte.
- Eres mi esposa, me debes obediencia y estas agotando mi paciencia.
Horacio salió de la habitación, me bañe, me puse aceites con olores exóticos, me metí a la cama desnuda.
Horacio no apareció aquella noche, me quedé despierta, lloré...
Cuando amaneció, me vestí rápidamente, Crispina entró en un mi habitación.
- Señora, su esposo Horacio, manda qué usted vaya al ludus.
- Nunca quiere que vaya a ver pelear a sus gladiadores - gruñi mientras me enredaba con mi ropa - ¡Crispina! - grité.
Crispina se acerco a mi y me ayudo con la ropa.
- Debería mantener la calma, domina.
- Tu qué sabes.
- Se como seducir a un hombre, hacer que delire de placer por los flujos que hay entre mis piernas, se como hacer que le tiemblen las piernas y aun así deseen más de mi...
- Eres una esclava, no te dirijas a mi de es forma.
- Aun sigo siendo romana y si un hombre paga por mi y se casa conmigo mis hijos serán romanos.
- ¿Y quien querrá pagar tu deuda?
- Si esposo pago para sacarme de loa baños públicos.
- No se caso contigo.
- Si tengo hijos de su esposo aunque no nos casemos serán romanos y no serán esclavos.
Me di la vuelta y mire a Crispina.
- ¿Puedes tener hijos?
- Cuatro hijos hasta ahora, Domina, todos fueron llevados con sus padres al nacer.
- ¿Cuántos varones?
- Tres varones, una mujer.
- ¿Y sabes que es de sus vidas?
- Se que no son esclavos.
- Lo siento mucho.
- Si usted no es capaz de darle un hijo al señor Horacio, una de nosotras podemos darle un hijo para usted.
- ¿A que viene esto?
- Tres meses de casada, domina, sabemos por sus gritos que su esposo la toma cada noche, Venus no ha permitido que su semilla quede plantada en usted, puede ser por algo.
- Crispina - por un segundo dude de lo que diría - necesito que hagas algo por mi.
Imara ingreso a mi habitación.
- Señora...
- Estoy en una conversación importante.
- Es Rhonda.
- Debemos ir al ludus, domina - dijo Crispina.
Salimos de la habitación, encontré que Clotilde se encontraba en la cocina preparando el almuerzo.
- Ven conmigo niña - dije sin mirarla.
Me senté en el banquillo que estaba y mire al patio de Entrenamiento, Rhonda se encontraba ahí, con una espada en su mano, me miro, un hilo de sangre corría por su rostro.
- Que esta pasando - por dije asustada.
Un gladiador salió con una espada, corriendo, gritando, Rhonda se agacho evitando el ataque alzó la espada y se la clavo en el brazo.
- Crispina - murmure.
- Su escala ya venció a tres gladiadores.
Mire a Horacio y el me sonrió.
Rhonda agitó la espada y le corto el pecho al hombre contra el que peleaba.
Horacio detuvo la pelea, se acercó a Rhonda y le murmuró algo al oído de Rhonda y esta asintió con la cabeza y se fue.
- ¿A donde se fue?
- Acompañeme por favor - dijo un hombre delgaducho y alto que se acerco a nosotras.
Mire a Crispina y ella asintió la cabeza, me levante y lo acompañe, Crispina, Clotilde e Imara me acompañaron, aquel hombre me llevó hasta Rhonda, quien se estaba sacando la ropa.
- Imara - murmure.
Me di la vuelta y mire a aquel tipo desnutrido, con la cara huesuda y pálido.
- ¿Como te llamas?
- Soy Llengardaix, así me dicen, soy ayudante...
- Crispina, ven.
Ella se acerco a mi en silencio.
- Tu llevas chicas a los gladiadores, puedes entrar y salir del ludus.
- Si, señora.
- Haz que ella pase la noche con Beltrán.
- El doctore no recibe mujeres...
- Solucionalo.
Crispina me miro asombrada.
- Vete - dije mirando a Rhonda de nuevo - ¿Te encuentras bien?
- Si, domina, yo mejorare.
- Imara, ve por Griselda.
- No necesito que me curen domina.
- Necesitas una recuperación pronta - dije - tranquila ella me ha curado y te curará.
Rhonda se descubrió el busto y una gran herida se dejó ver en su espalda.
- Eso es muy profundo - dije horrorizada - Clotilde, ayudala.
Clotilde sacó un poco de agua y empezó a limpiar la espalda de Rhonda, ella hizo un sonido de dolor que me erizo la piel.
Crispina se acerco a mi.
- Domina, no entendí lo que dijo hace un momento.
- Necesito un mechón del pelo de Beltrán, quiero que vayas y lo consigas.
- ¿Como sabrás que el pelo es de Beltrán?
- No lo sabré - murmure, la miré y sonreí - pero confío en que me traigas lo que te pido.
- ¿Y que excusa daré para cortar su pelo?
- Ered capaz de llevar a un hombre a la gloria con tus jugos y que le tiemblen las piernas, algo harás.
Rhonda se desmayó.
- No puede ser, Rhonda, Clotilde, Crispina, ayúdenme.
- Yo lo llevaré, domina - dijo aquel delgado hombre.
Me di la vuelta y lo miré.
- ¿Que haces ahí parado? Apresurate.
Llengardaix levantó el cuerpo semi desnudos de Rhonda en sus brazos.
- Hay algunos cuartos desocupados, hay que llevarla ahí.
Llengardaix la cargo hasta una habitación desocupada y la acomodo en la cama, toque la cabeza de Rhonda y estaba caliente, me asusté.
- Clotilde, trae agua y una tela Blanca, Crispina quiero sentarme.
Crispina trajo un banco y lo acomodo cerca de la cama, Clotilde trajo un tazón con agua y la tela, remoje la tela y le puse en la frente.
- Tranquila, ya llega la ayuda, aguanta.

Dama Oscura

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