lunes, 10 de junio de 2019

EL SECRETO ENTRE MIS PIERNAS: CAPÍTULO VII

Cuando entramos a la cabaña, a penas reconocí el lugar, Griselda me esperaba en su salón.
- Otra vez por aquí mi pequeña niña.
- Yo - trague saliva - es que necesito ayuda.
- Puedes decirme Griselda.
- Gri... Griselda - suspirando.
- ¿Cuál es tu problema? Pequeña.
- Mi esposo - me tape la cara con las manos reprimiendo mis ganas de llorar, suspirando nuevamente - él no me quiere, me desprecia, me trata mal, el cada noche me busca para que tengamos un hijo, pero no he recibido un beso, un abrazo, una caricia, una palabra bonita - empecé a llorar - el me odia completamente, es como si yo fuera lo peor que le pasó.
Griselda se acerco a mi lado y me abrazo.
- Shhh - frotando mi cabeza - yo sé como es eso.
- Estoy desesperada, me ha golpeado. He pensado en repudiarlo.
- Ni lo digas mi niña.
- No se que hacer.
- Las mujeres romanas separadas de su marido no tienen ningún valor en este mundo, tranquilizate qué vamos a ver que te tiene el futuro.
Me frote la cara, limpiandome las lágrimas.
- ¿Me puede ayudar?
- Claro que si mi niña, claro que si, estira la mano izquierda.
Estire la mano y ella la miro, puso una cara seria y luego apretó los labios, finalmente esboso una sonrisa.
- Mi niña, tu destino esta solamente en tus manos.
- No la entiendo señora.
- Tu marido compró algunos gladiadores, uno debe ser Beltrán, si deseas que te ayude, debes traerme un mechón del cabello de Beltrán.
- ¿Para que quiere el cabello de ese esclavo?
- Hay cosas en este mundo que desconoces, más allá del mar, los valientes que cruzaron el fin del mundo, existe un reino llamado Reino de la Noche, ahí existen seres que no son humanos con increíbles poderes, algunos escapan y llegan a nuestro mundo, aunque a los ojos de los humanos no sea visible, los que tenemos conexión con lo que no es visible, podemos ver su verdadera identidad, Beltrán se escapó de ese mundo, llegó al nuestro y se escondió entre los esclavos esperando que sus enemigos se olviden de él, pero cuando todos nosotros dejemos este mundo ellos seguirán viviendo.
- Me asustas, señora.
- No tienes nada que temer, un esclavo es un esclavo aunque no pertenezca a nuestro mundo, solo debes traerme un mechón de pelo de Beltrán y podré darte lo que necesitas.
- ¿Y es necesario el pelo de Beltrán para que me des lo que me ofreces?
- No, pero estoy haciendo una investigación y necesito de su pelo.
- ¿De que trata esa investigación?
- De la vida eterna y si me ayudas, te enseñaré.
Me quedé pensando lo que Griselda me dijo por un momento.
- Pero lo que me darás, ¿Hará que mi esposo me ame?
- Lo sabremos cuando lo utilices, ahora ve y consigue lo que te pido y no vuelvas hasta que lo consigas.
Me levanté intrigada por lo que habíamos hablado, salí de la habitación y me encontré con Rhonda e Imara, caminamos de regreso a la casa en silencio.
Me metí a la habitación, Horacio se encontraba ahí, enojado, miro a las sirvientas y movió la cabeza, ellas salieron.
- Te voy a preguntar esto una vez y espero que me digas la verdad.
- Si, esposo, dígame.
Horacio me miro un largo rato que se me hizo tan incomodo que me puse nerviosa y baje la cabeza mirando mis manos inquietas juguetear, pero seguramente ya sabía que fui a ver a Griselda.
- ¿Le compraste una daga a Rhonda?
Levante la cabeza suspirando
- ¿Eso es lo que te preocupaba?
- Mi esposa comprando una daga para su esclava, ¿A quien apuñalara?
- Mi señor suegro me entrego a Rhonda para mi protección personal, le pregunte y me dijo que era muy hábil con las armas.
- Muy hábil con las armas dices.
- Si ella me dijo que era guerrera en su clan...
- Muy bien, mañana lo comprobaremos.
Se levantó y camino hacia la puerta de la habitación.
- ¿A donde vas?
- No es de tu incumbencia.
- Sabes esposo mio, me gustaría ver a tus gladiadores entrenar.
Horacio se dió y me miro enojado.
- Creí que estas cosas no te interesaban.
- Eres mi esposo, tus negocios me interesan, deseo que cuando vayamos a las reuniones y me pregunten algo no quedar como alguien que no sabe nada sobre los negocios de su esposo.
- Cuando vayamos a las fiestas y reuniones lo único que debes hacer es lucir tus mejores vestidos, las joyas más costosas y ser la mujer más hermosa de la reunión, ser la envidia de mis colegas y sonreír.
- Pero si me hablan.
- Solo sonríes, y las mujeres no necesitan hablar en público, nadie desea escucharlas, a nadie le importa, solo sonríes y estas hermosa, que para eso es lo único que te necesito.
- Si... Esposo.
- Pero hay un balcón del cual puedes mirar a mis gladiadores entrenar, Clotilde conoce, hay un estar, ahí para que puedas invitar a tus amigas.
- Yo... Yo no tengo amigas.
- Las tendrás cuando conozcas a las esposas de mis colegas.
Horacio salió Imara entró minutos después.
- Tiene otra - dije pensativa.
- Todos los hombres tienen una querida pero no pasan de eso señora.
- Gracias, por consolarme Imara, pero yo se que el no me ama porque tiene otra, para el solo soy la mujer que le dará un hijo y seguramente después de poner su semilla en mi, no volverá a mirarme.
- La señora Griselda la ayudará, yo también la ayudare.
- Ay, Imara - suspirando - ¿Cómo puedes ayudarme? El no me ama, solo tiene desprecios para mi.
- Dale tiempo al tiempo mi domina.
Mire a Imara entre cerrando los ojos.
- Señora Celeste.
- La bruja me dijo que hay un hombre llamado Beltrán aquí, entre los gladiadores de mi esposo.
- Es el doctore.
- Si, eso mismo dijo.
- Hay un joven, el que les da la comida a los gladiadores, Llengardaix, es un joven medio torpe pero inteligente, el puede conseguir lo que necesitamos.
- Necesito del pelo de Beltrán.
- Solo le hablamos y él lo consigue.
- Los gladiadores no pueden salir.
- Pero nosotras si podemos entrar.
- A quien mandaré.
- Después de las peleas, el amo envía a los ganadores mujeres para que los atiendan.
- ¿Mujeres dijiste?
- Si, mujeres...
- Entonces podemos mandar a Crispina - dije pensativa.
- Puede ser, de todas maneras ese joven es el que escoge a las chicas.
- Imara, eres muy inteligente.
- Solo trato de ayudarla señora.
Abrace a Imara de improviso y ella me abrazó de vuelta.
- Muchas gracias, esto es muy importante para mi - dije.
Imara no respondió y en silencio me abrazó, como dos hermanas se abrazan.

Dama Oscura

No hay comentarios:

Publicar un comentario