- Dile que sus servicios ya no son requeridos - y dije limpiando mi cara después de haber llorado largamente - Rhonda falleció hace ya mucho - suspiré, el dolor en mi espalda a penas me permitía moverme del banquillo donde estaba.
***
Horas antes
***
Había mojado la cabeza de Rhonda con agua, limpie la herida y presione para evitar que salga más sangre.
Horacio entró a la habitación.
- ¿Qué haces? - dijo claramente enojado.
- ¿Qué crees que hago? - respondí sin mirarlo.
- Saca a la esclava de esa cama, que vaya a las barracas.
Me levante y lo mire, era mucho más alto que yo pero no me importo desafiarlo, estaba enojada y sentía que la sangre se me subía a la cabeza.
- Casi muere en mano de tus gladiadores - dije - no te quiero en esta habitación.
Horacio se enojó, un esclavo vino y le entrego un látigo.
- No permitiré que mi mujer desafíe mi autoridad en esta casa - dijo levantando la voz cada vez más a la par que levantaba el brazo - ¡harás lo que te diga aunque no quieras! - dijo bajando el brazo y dejando caer un azote sobre mi.
- ¡Yo te repudio! - grité llorando.
Con su otra mano me sujeto del cuello levantándome hasta que deje de sentir el suelo.
- No oses renegar de mi - dijo mucho más enojado.
- Iré al senado y presentaré mi causal de divorcio, diré que eres un traidor del imperio, que no quiero estar casada con alguien tan corrupto, que tu padre pagó a tu General para que puedas retirarte del ejército y dejes de ser un soldado, y también...
- ¡Callate! - gritó soltando mi cuello y caí. -¿Como sabes estas cosas?
- Mi madre me hablo mucho de ti antes de que nos casemos, yo se que no me amas porque estuve prometida con otro - agitada - Horacio, quieras o no, soy tu mujer y si me matas, mi padre y mis hermanos vendrán a por ti, te dieron el doble de mi dote para que yo sea bien tratada, ¿Que dirá mi padre cuando vea esta marca?
- No te atreverías.
- O claro que si, lo haré si sacas a Rhonda de esta habitación, Horacio se que no me amas he soportado durante las noches tus maltratos y durante los días tus desprecios y no me he quejado de lo infeliz que me siento a tu lado, yo no reniego del marido que me tocó, un hombre intratable que se comporta peor que uno de esos salvaje que conquitamos - dije empezando a llorar - los dioses me castigan por mis crímenes - dije desesperandome cada vez más - acepto esto porque viene de los dioses, pero tu no eres un dios, si te atreves a lastimar a una de mis sirvientas, mataré a todos tus hijos en mi seno y no tendrás descendencia.
- Me divorciare de ti en cuanto pierdas a mi primer hijo y me volveré a casar, con alguien más joven y fértil.
- ¿En serio? - irónicamente - ¿Cuantas mujeres querrán casarse con un hombre que ha sido repudiado tantas veces? ¿Cuántas fueron? Tres, quizá cuatro.
- Tu te casaste conmigo.
- Yo ya estaba vieja para conseguir un marido mejor que tú, fuiste la una decisión tomada por desesperación ya que mis padres creyeron que mi prometido estaba muerto - suspirando - aún lo creen.
Horacio levantó el brazo de nuevo y volvió a azotarme varias veces con furia.
- Le pediré a los dioses que eliminen a esa esclava tuya, seguro que me escuchan como castigo para ti, por desafiar mi autoridad - se fue dejándome tendida en el suelo, adolorida, deseando morir.
Pero no morí, me acomode lentamente al lado de Rhonda que todavía tenía fiebre y trate de controlar aliviar la calentura con agua.
- Mírame - sonriendo débilmente - soy hija de un patricio de la ciudad de Roma, soy hija de un noble, descendiente de una de las familias más nobles del imperio, me marido me trata peor que una esclava - las lágrimas empezaron a derramar de mis ojos mientras acariciaba la cabeza de Rhonda - Tienes mucha más suerte que yo, aquí muriendo, tu sufrimiento acabará en cuando decidas rendirte, pero yo no, yo tendré que soportar al salvaje que tengo por marido, yo seguiré viviendo con el, sometida a sus caprichos, pobre de mi, ¿Crees que soy afortunada de haber nacido en mi posición? No lo soy, soy inmensamente infeliz, no recibo una pizca de amor, una mirada, una caricia, hace mucho que no me siento querida... Por favor, Rhonda, no te mueras - ahogando mi voz con las lágrimas, si te vas, nadie me va a defender, estaré sola, estaré desprotegida - continúe llorando - yo te hice esto, no debí comprarte esa daga, el te hizo pelear porque quiere castigarme, esto es mi culpa... - cubrí mi rostro con mis manos y llorando mucho más.
- Domina - la débil voz de Rhonda sonó vacía...
- ¿Me escuchaste? - dije, mirándola asustada, emocionada y triste a la vez.
- Yo la protejo - dijo Rhonda sonriendo y cerrando los ojos.
Me quedé mirándola por un rato, ella se veía tan tranquila, parecía un sueño normal, el dolor que sentía en mi cuerpo hizo que pierda el conocimiento por un momento, me recosté sobre mis brazos al lado de la cama de Rhonda, cuando desperté la fiebre se detuvo, ella dejó de jadear, dejó de respirar con dificultad y de hablar, se quedó inmóvil, con esa sonrisa que me mostró antes de cerrar los ojos, estaba fria, lloré.
Pero no morí, me acomode lentamente al lado de Rhonda que todavía tenía fiebre y trate de controlar aliviar la calentura con agua.
- Mírame - sonriendo débilmente - soy hija de un patricio de la ciudad de Roma, soy hija de un noble, descendiente de una de las familias más nobles del imperio, me marido me trata peor que una esclava - las lágrimas empezaron a derramar de mis ojos mientras acariciaba la cabeza de Rhonda - Tienes mucha más suerte que yo, aquí muriendo, tu sufrimiento acabará en cuando decidas rendirte, pero yo no, yo tendré que soportar al salvaje que tengo por marido, yo seguiré viviendo con el, sometida a sus caprichos, pobre de mi, ¿Crees que soy afortunada de haber nacido en mi posición? No lo soy, soy inmensamente infeliz, no recibo una pizca de amor, una mirada, una caricia, hace mucho que no me siento querida... Por favor, Rhonda, no te mueras - ahogando mi voz con las lágrimas, si te vas, nadie me va a defender, estaré sola, estaré desprotegida - continúe llorando - yo te hice esto, no debí comprarte esa daga, el te hizo pelear porque quiere castigarme, esto es mi culpa... - cubrí mi rostro con mis manos y llorando mucho más.
- Domina - la débil voz de Rhonda sonó vacía...
- ¿Me escuchaste? - dije, mirándola asustada, emocionada y triste a la vez.
- Yo la protejo - dijo Rhonda sonriendo y cerrando los ojos.
Me quedé mirándola por un rato, ella se veía tan tranquila, parecía un sueño normal, el dolor que sentía en mi cuerpo hizo que pierda el conocimiento por un momento, me recosté sobre mis brazos al lado de la cama de Rhonda, cuando desperté la fiebre se detuvo, ella dejó de jadear, dejó de respirar con dificultad y de hablar, se quedó inmóvil, con esa sonrisa que me mostró antes de cerrar los ojos, estaba fria, lloré.
***
Ahora
***
- Perdió demasiada sangre - le dije a Imara.
- Señora, yo corrí todo lo que pude - dijo empezando a llorar.
- Era una chica muy hábil peleando, habría cumplido con su papel de cuidarme, no merecía esto - continúe llorando.
Alguien me toco del hombro.
Griselda se encontraba a mi lado mirándome fijamente.
- Señora, yo corrí todo lo que pude - dijo empezando a llorar.
- Era una chica muy hábil peleando, habría cumplido con su papel de cuidarme, no merecía esto - continúe llorando.
Alguien me toco del hombro.
Griselda se encontraba a mi lado mirándome fijamente.
- Le daré unas monedas por haber venido lo más rápido que pudo señora - dije - sus servicios ya no son requeridos.
Griselda me apartó de la cama y se paro al lado de Rhonda.
Empezó a cantar en forma gutural y a danzar al lado de Rhonda.
- Señora, esta mujer me da miedo - dijo Imara abrazandome.
- A mi también - sonreí con nervios.
- Hice qué su alma vuelva a su cuerpo - dijo Griselda.
- ¿Vivirá? - preguntó Imara.
- Me gustaría probar algo nuevo - respondió Griselda, se dio la vuelta y me miro fijamente.
- Señora - dijo Imara aferrándose a mi con fuerza.
- Debo pedirle que traigan a Beltrán.
- Usted tiene una fijación por ese esclavo.
- No es un hombre común y corriente - respondió.
- Ve por él, Imara.
Imara salió de la habitación corriendo...
- Te curare las heridas - dijo Griselda, diciendo eso se puso detrás de mi y me puso unas compresas de hierbas que me hacían sentir calor todo el cuerpo, ardía, lo soporte.
- ¿Por qué Beltrán? - dije de pronto tratando de romper el silencio que se había creado.
- En este mundo querida, existen seres que ignoramos, seres que obtienen poder durante la noche, aquellos que gobiernan nuestras más terribles pesadillas.
- No la entiendo señora.
- No solo existen dioses y humanos, ¿sabias?
- Claro, cuando los dioses se enamoran de un humano, pueden procrear héroes con grandes poderes heredados del dios, pero con la capacidad de envejecer y morir como los humanos.
- No sólo los dioses del cielo bajan a la tierra, cariño.
Imara entró a la habitación con Beltrán.
Griselda lo miró y sonrió.
- Cuanto tiempo sin verla, señora - dijo Beltrán, su voz era gruesa y tenía un tono de lamento en cada palabra.
- Mira en que te convertiste - respondió Griselda - ven acá.
Griselda miro a Rhonda, Beltrán se acerco.
- Nunca vi a una mujer cargar con la maldición - dijo mirándola de pies a cabeza, tocando con los dedos la punta de sus pies.
- Solo lame la herida de su espalda, no la muerdas - dijo Griselda.
- Es una niña hermosa - dijo Beltrán rompiendo la ropa de Rhonda, le dio la vuelta y miro la herida - esto no se ve bien - dijo.
Beltrán acerco la boca a la herida de Rhonda, sonriendo.
- Soy tu perro fiel - dijo soltando una sonrisa y empezó a lamer lentamente la herida de Rhonda.
Ante mis ojos, la herida empezó a sanar rápidamente hasta cerrar por completo.
- Por todos los dioses - dije sorprendida.
Griselda sacó una navaja y le corto el pelo a Beltrán.
- Veo que sigues con tus investigaciones. - gruño Beltrán.
- No quiero ser vieja por siempre - dijo sonriendo Griselda me miro y sonrió - tengo algo para ti.
Griselda se acerco a mi y me dio un frasco con un líquido amarillo.
- ¿Horacio me amará?
- No - dijo - pero será más dócil.
- Quiero que me ame.
- El látigo no volverá a tocar tu piel.
- Termine aquí - dijo Beltrán y salió de la habitación.
- Oye - dije tratando de detenerlo.
- No escapará - murmuró Griselda - es un perro fiel, conoce su lugar.
Mire a Rhonda y todas sus heridas estaba curadas, dormía, aún así estaba pálida.
- ¿Por qué no despierta? - dije temerosa.
- Ha perdido demasiada sangre mi niña, deja que se recupere, que tome leche de cabra para recuperarse mejor.
Salimos de la habitación y nos fuimos al patio, me senté con Griselda.
- ¿Como uso esto?
- Debes ponerlo... Ahí - dijo levantando las cejas bajando los ojos.
- ¿Es todo?
- Úsalo todas las noches.
Me quedé mirando el frasco que tenía en las manos.
- Entonces, el no me amara con esto, pero tampoco me tratara mal.
- No puedes doblegar la voluntad de ese hombre - dijo Griselda - su corazón ya pertenece a otra.
- Clotilde - murmure apretando los labios.
- No sientas envidia de una pobre y desdichada esclava, ella no es culpable de la lascivia y lujuria de tu marido.
- Ya lo se, pero, siento mucha rabia de solo pensar...
- Dale de comer esto a Clotilde - dijo dándome un frasco con unos dulces dentro.
- Dulces para una esclava - gruñí - a demás que sedujo a mi marido, debo darle dulces.
- Dale de esos dulces a Crispina también.
- ¿A que viene todo esto?
- Debo retirarme.
- No respondiste mi pregunta - dije.
- Mi niña, hay cosas en este mundo que no puedo decirte por ahora, pero espera un poco y te confiaré todos mis secretos.
Imara trajo tres monedas de oro y se las dio a Griselda, ella me miro y sonrió satisfecha, salió, mire la habitación donde estaba Rhonda y fui a acompañarla.
Dama Oscura
Griselda me apartó de la cama y se paro al lado de Rhonda.
Empezó a cantar en forma gutural y a danzar al lado de Rhonda.
- Señora, esta mujer me da miedo - dijo Imara abrazandome.
- A mi también - sonreí con nervios.
- Hice qué su alma vuelva a su cuerpo - dijo Griselda.
- ¿Vivirá? - preguntó Imara.
- Me gustaría probar algo nuevo - respondió Griselda, se dio la vuelta y me miro fijamente.
- Señora - dijo Imara aferrándose a mi con fuerza.
- Debo pedirle que traigan a Beltrán.
- Usted tiene una fijación por ese esclavo.
- No es un hombre común y corriente - respondió.
- Ve por él, Imara.
Imara salió de la habitación corriendo...
- Te curare las heridas - dijo Griselda, diciendo eso se puso detrás de mi y me puso unas compresas de hierbas que me hacían sentir calor todo el cuerpo, ardía, lo soporte.
- ¿Por qué Beltrán? - dije de pronto tratando de romper el silencio que se había creado.
- En este mundo querida, existen seres que ignoramos, seres que obtienen poder durante la noche, aquellos que gobiernan nuestras más terribles pesadillas.
- No la entiendo señora.
- No solo existen dioses y humanos, ¿sabias?
- Claro, cuando los dioses se enamoran de un humano, pueden procrear héroes con grandes poderes heredados del dios, pero con la capacidad de envejecer y morir como los humanos.
- No sólo los dioses del cielo bajan a la tierra, cariño.
Imara entró a la habitación con Beltrán.
Griselda lo miró y sonrió.
- Cuanto tiempo sin verla, señora - dijo Beltrán, su voz era gruesa y tenía un tono de lamento en cada palabra.
- Mira en que te convertiste - respondió Griselda - ven acá.
Griselda miro a Rhonda, Beltrán se acerco.
- Nunca vi a una mujer cargar con la maldición - dijo mirándola de pies a cabeza, tocando con los dedos la punta de sus pies.
- Solo lame la herida de su espalda, no la muerdas - dijo Griselda.
- Es una niña hermosa - dijo Beltrán rompiendo la ropa de Rhonda, le dio la vuelta y miro la herida - esto no se ve bien - dijo.
Beltrán acerco la boca a la herida de Rhonda, sonriendo.
- Soy tu perro fiel - dijo soltando una sonrisa y empezó a lamer lentamente la herida de Rhonda.
Ante mis ojos, la herida empezó a sanar rápidamente hasta cerrar por completo.
- Por todos los dioses - dije sorprendida.
Griselda sacó una navaja y le corto el pelo a Beltrán.
- Veo que sigues con tus investigaciones. - gruño Beltrán.
- No quiero ser vieja por siempre - dijo sonriendo Griselda me miro y sonrió - tengo algo para ti.
Griselda se acerco a mi y me dio un frasco con un líquido amarillo.
- ¿Horacio me amará?
- No - dijo - pero será más dócil.
- Quiero que me ame.
- El látigo no volverá a tocar tu piel.
- Termine aquí - dijo Beltrán y salió de la habitación.
- Oye - dije tratando de detenerlo.
- No escapará - murmuró Griselda - es un perro fiel, conoce su lugar.
Mire a Rhonda y todas sus heridas estaba curadas, dormía, aún así estaba pálida.
- ¿Por qué no despierta? - dije temerosa.
- Ha perdido demasiada sangre mi niña, deja que se recupere, que tome leche de cabra para recuperarse mejor.
Salimos de la habitación y nos fuimos al patio, me senté con Griselda.
- ¿Como uso esto?
- Debes ponerlo... Ahí - dijo levantando las cejas bajando los ojos.
- ¿Es todo?
- Úsalo todas las noches.
Me quedé mirando el frasco que tenía en las manos.
- Entonces, el no me amara con esto, pero tampoco me tratara mal.
- No puedes doblegar la voluntad de ese hombre - dijo Griselda - su corazón ya pertenece a otra.
- Clotilde - murmure apretando los labios.
- No sientas envidia de una pobre y desdichada esclava, ella no es culpable de la lascivia y lujuria de tu marido.
- Ya lo se, pero, siento mucha rabia de solo pensar...
- Dale de comer esto a Clotilde - dijo dándome un frasco con unos dulces dentro.
- Dulces para una esclava - gruñí - a demás que sedujo a mi marido, debo darle dulces.
- Dale de esos dulces a Crispina también.
- ¿A que viene todo esto?
- Debo retirarme.
- No respondiste mi pregunta - dije.
- Mi niña, hay cosas en este mundo que no puedo decirte por ahora, pero espera un poco y te confiaré todos mis secretos.
Imara trajo tres monedas de oro y se las dio a Griselda, ella me miro y sonrió satisfecha, salió, mire la habitación donde estaba Rhonda y fui a acompañarla.
Dama Oscura