Miré a Gilgam desconcertada, no por habérmelo pedido nuevamente, sino porque en las dos ocasiones decidió hacerlo en momentos realmente imprudentes.
- Atrevido - dijo Raven.
- Acepto - respondí.
- No puedes - dijo Raven.
- Claro que puedo, organizaremos la formalización en cuanto lleguen mi prima y su esposo y una semana después nos casaremos.
- Haz perdido la cabeza.
- Soy la condesa de la noche, no se con que intensiones llega mi prima, aunque nos llevamos muy bien no conozco a su esposo y si es un hombre que no tiene buenas intenciones, yo perderé mi título, posición y propiedades... Si permanezco soltera.
Gilgam me puso el anillo y no volvio a mirarme.
- Un matrimonio no es broma - dijo Tcatalunyat.
- Mis padres se casaron sin conocerse - dije - si Gilgam esta enamorado de mí y yo de él, seguro que seremos felices.
- Si desea tanto casarse - interrumpió Nocturnal - Tcatalunyat y yo, somos mejor opción.
- Si uno de ustedes dos quisiera casarse conmigo - respondí - Este anillo - levantando la mano - me lo habria puesto uno de ustedes dos.
- Estas tomando decisiones en momentos de desesperación - dijo Tcatalunyat - mejor piénsalo un poco.
- Lo pensaré - cruce los brazos y miré al techo, puse las manos en mi cintura - ya lo pensé - dije - me casaré con Gilgam y si alguno de ustedes no esta de acuerdo, debe saber que no me interesa, tengo demasiados problemas desde que Beltrán puso los ojos sobre mi tierras, porque sí, mis tierras colindan con las suyas y si se deshace de mi, podría tomar posesión de ellas, debo cuidar de mí misma, y se acabó la discusión.
Me fuí a mi habitación, ya habían instalado las cosas de Gilgam ahi, habian puesto la cama y reubicado las cosas, mi ataúd fue sacado.
- Gaia ven - grité.
Gaia entro a mi habitación.
- Ayudame con el vestido - dije.
Gaia desato mi vestido, quedándome con el camisón y mis calzones, me subí a la cama, me dormí.
Cuando abrí los ojos Gilgam estaba sentado en una silla mirándome dormir.
- No hagas eso - dije sentandome en la cama - no me gusta que me miren dormir.
- No tenías que hacer lo que hiciste en el salón.
- Lo lamento - murmuré.
- Se que estás desesperada.
- Cada vez siento mas miedo de lo que me espera.
- Yo te protegeré - me abrazó.
En mi vida alguien me habia mimado, engreido y cariñado tanto como lo hacia Gilgam, estar con él era un sueño...
Me levanté de la cama, llame a Gaia y me ayudó a vestir.
Le escribí una carta a mi prima diciendole que estaré feliz de recibirla.
Después de enviarla, Raven vino a conversar conmigo.
- Habrán, demasiados humanos en la casa - dijo.
- No veo el problema - respondí.
- Por eso estas a punto de ser expuesta al sol, nunca ves problema a nada, eres irresponsable, imprudente y tomas las cosas muy a la ligera. Ahora mismo te revuelcas con un hombre que no es tu esposo.
- No oses hablar de Gilgam.
- Eres la cotilla en el castillo, y muy pronto el chisme sera comentado en el pueblo, si esto llega a oídos de Beltrán.
- Beltrán es solo un pulgoso con sed de venganza.
- Un pulgoso que recibio la confianza del rey por el periodo que el Duque Trivie este de viaje con su nueva esposa, hasta que vuelvan mi hermana y su esposo, Beltrán puede ejecutarte en su nombre, en nombre del Rey.
- Soy una hidalga, acabar conmigo no será tan fácil.
- Eres acusada de asesinato, te revuelcas con un hombre que no es tu esposo y albergas a una bruja.
- Aceptaré las dos primeras acusaciones, no tienes pruebas de la tercera acusacion.
- Dama Oscura, por favor, pelo rojo, hasta los humanos lo saben.
- Me estas produciendo un terrible dolor de cabeza - murmuré.
- Antes me escuchabas y pedías consejo, reflexionabas sobre tus actos.
- Antes no me ocultabas cosas - grité.
- ¡Yo no te oculto cosas!
- Mago Oscuro, Nocturnal, la tierra de casa, eras esposa de Mago Oscuro.
- No... - tartamudeo - ¿como sabes estas cosas?
- Me subestimaste, Raven, creíste que podrías manipularme a tu antojo.
- Estas malinterpretando las cosas.
- Si crees que dejaré que me ejecuten para que puedas adueñarte de mis bienes, estás muy equivocada.
- Por favor, no necesitamos bienes.
- Tampoco necesitamos hipocresía - respondí.
- No entiendo cual es tu problema, si deseas ser la comidilla de la casa por andar por ahí fornicando con Gilgam, es asunto tuyo, yo no te lo reclamo.
- ¡Estamos muertos! - grité - el corazón - apunté mi pecho - ese golpeteo en mi cuerpo, dejó de escucharse hace muchos meses, mas de un año.
- No querida - dijo - yo estoy muerta, Nocturnal esta muerto, Tcatalunyat esta muerto, hemos pasado por el ritual de entierro y nos levantamos del mundo de los infiernos y todos aquellos que conocíamos estan muertos.
- Ya veo a donde va todo esto.
- No, claro que no lo entiendes, porque si lo entendieras sabrías que los vampiros no nos regimos por las reglas humanas, tenemos nuestras reglas, nuestras jerarquias y nuestra sociedad.
- Deseo estar sola.
- Tienes sentimientos humanos, porque no haz pasado el ritual de entierro.
- ¡Que te vayas! - grité.
- Aquí te dejo con tus pensamientos, Dama Oscura.
Raven salió de la biblioteca, me puse a revisar los libros.
RITUAL DEL ENTIERRO
Todo neófito debe ser enterrado en una tumba tres metros bajo tierra para esperar su despertar, este ritual deben hacerlo los humanos cercanos al nuevo vampiro para que todos sus amigos, conocidos y familiares se enteren que ha fallecido un humano, el despertar debe realizarse en las proximas setenta y dos horas como maximo o el maestro tiene el derecho de abandonar a su crío...
Yo no tuve un ritual de entierro, Gilgam y Gaia tampoco tuvieron un ritual de entierro, seguíamos viviendo en el mundo de los vivos, para nuestros seres queridos, seguimos vivos.
Tenia que darle solución al asunto lo mas pronto posible.
Dama Oscura
lunes, 26 de noviembre de 2018
lunes, 19 de noviembre de 2018
VIAJE AL REINO DE LA NOCHE: CAPITULO XXXIII
No digas todo lo que sabes, porque el que dice todo lo que sabe, muchas veces dice cosas que no convienen.
Tcatalunyat habia vuelto con Nocturnal y me esperaban en la biblioteca.
- Fui a tu habitación y no estabas - dijo Tcatalunyat - ¿Donde te escondes?
- Es un placer volver a verte Lord Nocturnal - dije - me agradaria que ocupe su antigua habitación, ahora debo conversar en privado con Cat.
- Tambien es un placer encontrarla de nuevo, Dama Oscura - me tomó la mano y la besó - el viaje fue agotador para mis humanos, gracias por su hospitalidad.
- Siempre eres bienvenido acá.
Mire a Tcatalunyat con tristeza.
- ¿Sientes, por lo menos, un poco de aprecio por mi?
- No entiendo el sentido de tu pregunta, Dama Oscura.
- Bueno - dije - desde que te encontré hace algunos años en aquella cueva, hasta el momento, hasta ahora, ¿Cuales son tus sentimientos por mi?
- Eres la mujer - se detuvo - no, la vampiresa, mas importante que existe para mí, yo por ti haría...
- Tortuga - dije interrumpiendolo.
- ¿Quien Tortuga?
- El conductor del carruaje, ese hombre.
- ¿Vino aquí?
- Solicitó hablar conmigo, ¿Y sabes lo que me dijo?
El rostro de Tcatalunyat se desencajo, puse el seguro a la puerta de la biblioteca para no ser interrumpidos.
- Esto tiene una explicación - dijo viendo que me estaba enojando.
- Me dijo, que tu le pagaste para enterrarme en un mausoleo junto a Gilgam y que no me lleve a mi destino, también me dijo que cuando solicitó hablar conmigo tu lo atacaste porque cuando él te vió encontrarte con una mujer a la que pagaste para que al enjuiciarme me condenen al entierro.
- No puedes creer todo lo que ese viejo ridículo dijo de mí - grito.
- ¿Y que debo creer? - dije alzando la voz - ¿¡Que debo creer Cat!?
- Yo le pague para que te entierre, si, pero era porque si te llevaba a la casa de tu madre, no encontrarias tierra de casa.
- ¿De donde sacas eso?
- Una noche cuando aun estaba encorvado, escuche a Mago Oscuro hablar con sus hombres, y se reían porque después que te sacaron de ahí, sus hombres volvieron, robaron lo que había en la casa, mataron a los sirvientes y esclavos... y quemaron la residencia hasta las cenizas.
- No puedes hablar en serio - dije con un acongojo en el pecho que no me permitía reaccionar.
- Consideré que en vez de llevarte allá sería mas adecuado enterrarte por diez años y que obtengas fuerzas de nuevo.
- Todo esto es un invento tuyo.
- Pero no pudimos salir de la ciudad, porque ese humano me traicionó, avisó a la gente de Beltrán que estabamos huyendo, Fusfus nos interceptó en el camino y yo me encontré con Hanna, para averiguar como se enteraron que huiamos, Hanna me dio su nombre, por eso le pagué y yo lo ví espiandome, pero en ese momento no hice nada porque habria quedado el olor de su muerte, y con Hanna cerca, no podía causarte más problemas, así que fingí irme para poder encargarme de él luego, lejos del castillo, cuando lo encontré en el lago la noche siguiente fuí y lo maté.
- No lo mataste.
- Si lo maté - dijo - yo le corté el cuello.
- Lo encontré moribundo y Gaia lo convirtió.
- Lo convertiste, oh, no puede ser, mujer tonta e imprudente.
- Yo necesitaba saber - dije.
- Habrías sabido, si me esperabas.
- Yo creí... que me habías traicionado.
- Donde está.
- Lo lleve con Ladyblue.
La puerta sonó.
- Ve a buscarlo - dije.
Abri la puerta, era Gaia.
- Señora, recibio una carta.
- Una carta - dije mirando el sello - Es el sello de la realeza de Reino de la Noche - murmure nerviosa.
«Querida prima, acabo de volver a Reino desconocido y encontré tu casa hecha ruinas, averigüé y me informaron que te casaste pero que pronto enviudaste, estoy yendo a visitarte a tu castillo, espero que puedas recibirme a mi y a mi esposo, el principe heredero de Reino de la Noche, con cariño.
Dolores
Princesa de Reino de la Noche»
- No puedo creerlo - dije - la presumida de mi prima viene a visitarme, era lo ultimo que me faltaba.
- ¿Esta todo bien señora?
- Puede que sea un golpe de suerte - murmure - Nada esta bien Gaia, los humanos confabulan en mi contra, aunque, quiza la bruja... quiza sea suerte.
Sali de la biblioteca y empece a caminar a la habitación de Gilgam.
- El señor Gilgam salió, señora.
- Lo esperaré en la habitación - dije - mejor no - volví a la biblioteca - Gaia.
- ¿Si señora?
- Quiero que en cuando Gilgam llegue le digas que lleve sus cosas a mi habitación, y prepara una habitación.
- Una habitación señora.
- Si - dije - La mas grande que encuentres, una de esas que tienen ventanales.
- La habitación mas grande con Ventanal la ocupan la niña celeste y su mucama Ana.
- Hay dos mas.
- En la segunda mas grande la hicieron cocina.
- ¿Y la otra habitación?
- Es la mia, señora.
- Bueno, cambiate a la habitación de Gilgam después que él se cambie a mi habitación.
Me di la vuelta.
- Reune a todos en el salón principal, incluso a Ladyblue.
- Si señora.
- Pero antes de eso - pensaba pedir ayuda a Celeste, pero luego concluí que mejor seria otro momento - ve por Coco.
- Si, señora.
Caminé hasta el salón, Tcatalunyat habia llegado y tenia dominado a Tortuga.
Tcatalunyat habia amarrado a Tortuga, lo tenia dominado, entro Raven y miro desconcertada la escena.
- Sabes, hace algunos años a mi querido Tcatalunyat le dieron algo llamado, Sangre de Nosferatu - dije - pues, yo detesto que intenten engañarme.
- Señora no es lo que usted piensa - Dijo Tortuga.
- Y como es, ¿entonces?
- Yo estaba muy lejos y no escuche lo que dijeron, con mis oidos humanos, me equivoqué.
- Ya veo - dije sonriendo.
Gaia entro acompañada de Coco.
- Demoraron demasiado - dije.
- Señora - dijo Coco sin mirarme a la cara - me sorprende que me necesite.
- Dame una dosis de esa sangre de nosferatu que tienes.
Coco saco una botellita de su bolsa.
- Si desea castigarlo, tengo una idea mejor para usted - dijo Coco antes de entregarme la botella - le cambio la botella por algo que no es oro.
- Te escucho.
- Necesito colmillos de vampiro para una poción que quiero hacer, los vampiros tienen una capacidad curativa increible, le creceran en un mes o menos.
- Esta bien - dije - dame la poción y te daré sus colmillos.
- Siempre es un placer hacer trato con usted - dijo Coco.
- Sujetalo bien, Cat, no vaya a soltarse.
Coco se acerco a Tortuga y le arrancó los colmillos, Gaia grito, Raven la sujetó, un dolor en el pecho hizo que me sienta desfallecer, Coco me entrego la botella y se fué, guardé la botella en mis prendas, Tcatalunyat soltó a Tortuga.
Ladyblue, Nocturnal y Gilgam llegaron después de que Coco salió.
- Por favor - dije.
Todos ocuparon un asiento.
- Mi prima, Dolores, viene de visita, ella se caso con el hijo mayor del Rey de Reino de la Noche, asi que es Princesa por matrimonio, como sabrán, recibir a una persona de la realeza podria ser positivo para el juicio que se avecina, asi que en la brevedad le responderé su carta para decirle que la esperaré y recibiré aquí.
- No todo va mal - dijo Raven.
- No pueden alimentarse en casa - continúe - pondremos seguros a todas las habitaciones por dentro y no dejen que ni mi prima, ni su esposo, los toquen, como es protocolo, nosotros no podemos hablarles si ellos no nos hablan primero, asi que no les dirijan la palabra, saludenlos con una reverencia y esperen a ver si ellos les hablan, nunca les den la espalda, esperen a que ellos se vayan.
- Dama Oscura - interrumpió Tcstalunyat - estas cosas ya la sabemos.
- Gaia, Gilgam y Ladyblue no son hidalgos, estas cosas son nuevas para ellos, en estos dias, me agradaria Raven que les enseñes algo del protocolo.
- Lo haré con gusto.
- Dama Oscura - dijo Gilgam - me gustaría aprovechar esta oportunidad - se paró delante de mi, se arrodilló y saco un anillo, el mismo que me había mostrado antes - Por favor acepte esto como muestra de mi amor por usted, una vez mas ¿Le gustaria casarse conmigo?
Dama Oscura
Tcatalunyat habia vuelto con Nocturnal y me esperaban en la biblioteca.
- Fui a tu habitación y no estabas - dijo Tcatalunyat - ¿Donde te escondes?
- Es un placer volver a verte Lord Nocturnal - dije - me agradaria que ocupe su antigua habitación, ahora debo conversar en privado con Cat.
- Tambien es un placer encontrarla de nuevo, Dama Oscura - me tomó la mano y la besó - el viaje fue agotador para mis humanos, gracias por su hospitalidad.
- Siempre eres bienvenido acá.
Mire a Tcatalunyat con tristeza.
- ¿Sientes, por lo menos, un poco de aprecio por mi?
- No entiendo el sentido de tu pregunta, Dama Oscura.
- Bueno - dije - desde que te encontré hace algunos años en aquella cueva, hasta el momento, hasta ahora, ¿Cuales son tus sentimientos por mi?
- Eres la mujer - se detuvo - no, la vampiresa, mas importante que existe para mí, yo por ti haría...
- Tortuga - dije interrumpiendolo.
- ¿Quien Tortuga?
- El conductor del carruaje, ese hombre.
- ¿Vino aquí?
- Solicitó hablar conmigo, ¿Y sabes lo que me dijo?
El rostro de Tcatalunyat se desencajo, puse el seguro a la puerta de la biblioteca para no ser interrumpidos.
- Esto tiene una explicación - dijo viendo que me estaba enojando.
- Me dijo, que tu le pagaste para enterrarme en un mausoleo junto a Gilgam y que no me lleve a mi destino, también me dijo que cuando solicitó hablar conmigo tu lo atacaste porque cuando él te vió encontrarte con una mujer a la que pagaste para que al enjuiciarme me condenen al entierro.
- No puedes creer todo lo que ese viejo ridículo dijo de mí - grito.
- ¿Y que debo creer? - dije alzando la voz - ¿¡Que debo creer Cat!?
- Yo le pague para que te entierre, si, pero era porque si te llevaba a la casa de tu madre, no encontrarias tierra de casa.
- ¿De donde sacas eso?
- Una noche cuando aun estaba encorvado, escuche a Mago Oscuro hablar con sus hombres, y se reían porque después que te sacaron de ahí, sus hombres volvieron, robaron lo que había en la casa, mataron a los sirvientes y esclavos... y quemaron la residencia hasta las cenizas.
- No puedes hablar en serio - dije con un acongojo en el pecho que no me permitía reaccionar.
- Consideré que en vez de llevarte allá sería mas adecuado enterrarte por diez años y que obtengas fuerzas de nuevo.
- Todo esto es un invento tuyo.
- Pero no pudimos salir de la ciudad, porque ese humano me traicionó, avisó a la gente de Beltrán que estabamos huyendo, Fusfus nos interceptó en el camino y yo me encontré con Hanna, para averiguar como se enteraron que huiamos, Hanna me dio su nombre, por eso le pagué y yo lo ví espiandome, pero en ese momento no hice nada porque habria quedado el olor de su muerte, y con Hanna cerca, no podía causarte más problemas, así que fingí irme para poder encargarme de él luego, lejos del castillo, cuando lo encontré en el lago la noche siguiente fuí y lo maté.
- No lo mataste.
- Si lo maté - dijo - yo le corté el cuello.
- Lo encontré moribundo y Gaia lo convirtió.
- Lo convertiste, oh, no puede ser, mujer tonta e imprudente.
- Yo necesitaba saber - dije.
- Habrías sabido, si me esperabas.
- Yo creí... que me habías traicionado.
- Donde está.
- Lo lleve con Ladyblue.
La puerta sonó.
- Ve a buscarlo - dije.
Abri la puerta, era Gaia.
- Señora, recibio una carta.
- Una carta - dije mirando el sello - Es el sello de la realeza de Reino de la Noche - murmure nerviosa.
«Querida prima, acabo de volver a Reino desconocido y encontré tu casa hecha ruinas, averigüé y me informaron que te casaste pero que pronto enviudaste, estoy yendo a visitarte a tu castillo, espero que puedas recibirme a mi y a mi esposo, el principe heredero de Reino de la Noche, con cariño.
Dolores
Princesa de Reino de la Noche»
- No puedo creerlo - dije - la presumida de mi prima viene a visitarme, era lo ultimo que me faltaba.
- ¿Esta todo bien señora?
- Puede que sea un golpe de suerte - murmure - Nada esta bien Gaia, los humanos confabulan en mi contra, aunque, quiza la bruja... quiza sea suerte.
Sali de la biblioteca y empece a caminar a la habitación de Gilgam.
- El señor Gilgam salió, señora.
- Lo esperaré en la habitación - dije - mejor no - volví a la biblioteca - Gaia.
- ¿Si señora?
- Quiero que en cuando Gilgam llegue le digas que lleve sus cosas a mi habitación, y prepara una habitación.
- Una habitación señora.
- Si - dije - La mas grande que encuentres, una de esas que tienen ventanales.
- La habitación mas grande con Ventanal la ocupan la niña celeste y su mucama Ana.
- Hay dos mas.
- En la segunda mas grande la hicieron cocina.
- ¿Y la otra habitación?
- Es la mia, señora.
- Bueno, cambiate a la habitación de Gilgam después que él se cambie a mi habitación.
Me di la vuelta.
- Reune a todos en el salón principal, incluso a Ladyblue.
- Si señora.
- Pero antes de eso - pensaba pedir ayuda a Celeste, pero luego concluí que mejor seria otro momento - ve por Coco.
- Si, señora.
Caminé hasta el salón, Tcatalunyat habia llegado y tenia dominado a Tortuga.
Tcatalunyat habia amarrado a Tortuga, lo tenia dominado, entro Raven y miro desconcertada la escena.
- Sabes, hace algunos años a mi querido Tcatalunyat le dieron algo llamado, Sangre de Nosferatu - dije - pues, yo detesto que intenten engañarme.
- Señora no es lo que usted piensa - Dijo Tortuga.
- Y como es, ¿entonces?
- Yo estaba muy lejos y no escuche lo que dijeron, con mis oidos humanos, me equivoqué.
- Ya veo - dije sonriendo.
Gaia entro acompañada de Coco.
- Demoraron demasiado - dije.
- Señora - dijo Coco sin mirarme a la cara - me sorprende que me necesite.
- Dame una dosis de esa sangre de nosferatu que tienes.
Coco saco una botellita de su bolsa.
- Si desea castigarlo, tengo una idea mejor para usted - dijo Coco antes de entregarme la botella - le cambio la botella por algo que no es oro.
- Te escucho.
- Necesito colmillos de vampiro para una poción que quiero hacer, los vampiros tienen una capacidad curativa increible, le creceran en un mes o menos.
- Esta bien - dije - dame la poción y te daré sus colmillos.
- Siempre es un placer hacer trato con usted - dijo Coco.
- Sujetalo bien, Cat, no vaya a soltarse.
Coco se acerco a Tortuga y le arrancó los colmillos, Gaia grito, Raven la sujetó, un dolor en el pecho hizo que me sienta desfallecer, Coco me entrego la botella y se fué, guardé la botella en mis prendas, Tcatalunyat soltó a Tortuga.
Ladyblue, Nocturnal y Gilgam llegaron después de que Coco salió.
- Por favor - dije.
Todos ocuparon un asiento.
- Mi prima, Dolores, viene de visita, ella se caso con el hijo mayor del Rey de Reino de la Noche, asi que es Princesa por matrimonio, como sabrán, recibir a una persona de la realeza podria ser positivo para el juicio que se avecina, asi que en la brevedad le responderé su carta para decirle que la esperaré y recibiré aquí.
- No todo va mal - dijo Raven.
- No pueden alimentarse en casa - continúe - pondremos seguros a todas las habitaciones por dentro y no dejen que ni mi prima, ni su esposo, los toquen, como es protocolo, nosotros no podemos hablarles si ellos no nos hablan primero, asi que no les dirijan la palabra, saludenlos con una reverencia y esperen a ver si ellos les hablan, nunca les den la espalda, esperen a que ellos se vayan.
- Dama Oscura - interrumpió Tcstalunyat - estas cosas ya la sabemos.
- Gaia, Gilgam y Ladyblue no son hidalgos, estas cosas son nuevas para ellos, en estos dias, me agradaria Raven que les enseñes algo del protocolo.
- Lo haré con gusto.
- Dama Oscura - dijo Gilgam - me gustaría aprovechar esta oportunidad - se paró delante de mi, se arrodilló y saco un anillo, el mismo que me había mostrado antes - Por favor acepte esto como muestra de mi amor por usted, una vez mas ¿Le gustaria casarse conmigo?
Dama Oscura
lunes, 12 de noviembre de 2018
VIAJE AL REINO DE LA NOCHE: CAPÍTULO XXXII
No todo lo que brilla es oro.
Una garganta aclarandose nos interrumpió, Ladyblue nos observaba.
- Lamento ser inoportuna - dijo sin inmutarse - Los soldados que inicialmente cuidaban la puerta ayer, desaparecieron totalmente, se evaporaron, solo quedó su armamento.
- ¿Como? - dije confundida.
Entonces recordé a la niña que había encontrado y recordé una leyenda que me contaba mi nana cuando niña, sobre las mujeres de pelo rojo.
- No puede ser - me alteré.
Fuí a la habitación de Celeste, Ladyblue me siguió.
- Salgan todos, dejenme con la niña.
Los sastres y Ana salieron de la habitación, no permití que nadie ingrese, cerré la puerta con seguro, miré a Celeste, ella me miró y sonrió.
- Sé que no eres una niña - dije - muestra tu verdadera forma.
Ella se quedo mirándome, sorprendida, la sujete y empezo a llorar.
- Yo se que las brujas tienen el pelo rojo - y le mostré los dientes, cuando iba a morderla se soltó de golpe.
- Esta bien - dijo - creí que duraría mas antes de que me atrapen.
- No ofendas con mi inteligencia - gruñí.
- No pretendo - aclarando su garganta - ofenderte.
La pequeña niña no tenia actitudes de niña, sus expresiones, hablar y movimientos eran de una mujer adulta.
- Soy Celeste, la hechicera inmortal - dijo.
- ¿Que quieres aquí?
- Unos hombres lobo me atacaron - explicó - pelee contra ellos, tus soldados estaban cerca, utilicé un hechizo para atraerlos y peleen por mí, murieron en la pelea, yo aproveche en huir, estaba cansada, agotada, mal herida y entré a tu palacete, intuí que los hombres lobo no entrarían aquí asi que con un hechizo me reduje a esta forma.
- ¿Por que te seguían los licantropos?
- Necesitaba un poco de sangre asi que capture a una joven y cuando extraía su sangre me encontraron, lamentablemente decidi extraer la sangre de la hija del lider.
- ¿¿Hana??
- Asi se llamaba, los poderes curativos de un hombre lobo son muy buenos.
- Esto es una broma, primero Kaneki y ahora Hana, Beltrán tendra muchas razones para exponerme al sol.
- ¿Como estuvo tu dia?
- ¿Que?
- Se me cayó una poción de amor real, cuando ingresé y escondi mis cosas, fue un accidente, pero seguro que haría efecto.
- Una poción, ¿De que?
En la entrada, habia tocado con los dedos un liquido derramado que no me resulto importante... al menos en ese momento.
- De amor real, ayuda a descubrir a la persona que amas.
- ¡Estas loca! - grité.
- Ya veo - dijo pensativa - Ya paso el efecto.
- No puede ser, no puede ser - repetí varias veces - esto tiene que ser una broma.
- Tranquila, si te sientes tan culpable, casate con el.
La mire enojada.
- No quiero que nadie se entere de tu verdadera persona.
- Por mi esta bien - sonriendo.
- ¿Y puedes hacer que cualquier persona haga lo que quieras?
- No puedo hacer que te declaren inocente en el juicio.
- Lo que me faltaba - renegué.
- Pero si dictan que eres culpable puedo evitarte la muerte.
- Ya hablaremos, sigue comportandote como niña.
- Chi.
Salí de la habitación vi a Ladyblue, volví a entrar y a cerrar la puerta.
- Lo que paso con Gilgam.
- Hasta hace un momento eras feliz, la única verdad es que lo amas, pero los perjuicios, tu crianza y la sociedad, no te dejaron verlo.
- ¿Que mas puedes hacer?
- Cualquier tipo de hechizo que usted quiera.
- ¿Que edad tienes?
- Ciento tres años, soy inmortal - dijo sonriendo - mi cuerpo se desarrollará en cronología humana, nuevamente.
- Hay un laboratorio en el sótano, puedes hacer tus cosas ahí.
- Puedo quedarme entonces.
- Pero... no vuelvas a hechizarme.
Salí de la habitación, Ana entro rápidamente y abrazó a Celeste.
- ¿Que pasó? - dijo Ladyblue - te encerraste ahí.
- Los hombres lobos atacaron y fueron perseguidos por tus soldados, los tres murieron.
- Tendré que reforzar la entrada.
Gilgam nos había seguido, me ofreció el brazo, le agarré.
- Lamento esta pérdida Ladyblue - dije mientras caminaba - Mandaré a comprar mas esclavos para tu colección.
- Eso me agradaría - dijo mirandome intrigada por la escena.
Ladyblue nos rebasó y se fué, miré a Gilgam y sentía un calor que nacia de mi vientre y se extendía por todo mi cuerpo.
Me quede en silencio por un rato mirando a Gilgam, si era como la bruja me dijo, entonces yo realmente amaba a este hombre, el sonreía al verme y suspiraba, su presencia en realidad no era muy desagradable como yo pensaba, era alto, a mi me gustan los tipos altos, bastante corpulento, lo que era indicio que en su vida mortal había hecho ejercicios, el pelo ondulado, lo único que en realidad me resultaba molesto de él, era su poca educación y la brusquedad con la que me trataba en ocasiones, pero antes, en su habitación, no habia sido brusco conmigo, había sido muy delicado.
- Señora - dijo Gaia - la habitación del señor Gilgam esta lista.
- Gracias - respondí sin prestarle más atención, estiré la mano y agarré a Gilgam - vamos.
- ¿Otra vez?
- No se que pasará conmigo en un par de dias, asi que haré lo que me de la gana mientras siga viva, si es que aun estpy viva.
Nos levantamos y fuimos a la habitación de Gilgam, me paré frente a la cama, habían puesto un colchón de plumas y sábanas de seda, me desaté el vestido, me quité los zapatos y me subí a la cama, miré a Gilgam y él se había desvestido totalmente y estaba preparado para la acción.
- Ay - dije tapandome la cara avergonzada.
- ¿Qué pasa? - dijo acercándose.
- Es que tú - me besó, me eche en la cama a su lado y terminó rompiendo mi camisón, nuevamente.
- Me dejarás sin vestimenta - reclamé.
- Ayer no te fijaste en eso - respondió.
- Es que - me beso de nuevo, abrazandome.
Sus besos eran cálidos, apasionados, a pesar de que estamos fríos, él me hacía sentir viva, me dejé llevar por él, sus besos, sus caricias, entonces pude confirmar lo que Celeste me habia dicho, yo estaba enamorada de Gilgam, lo amaba con todas mis fuerzas, al punto de romper todas las reglas morales con las que había sido criada, pero no lo habia notado por los mismos perjuicios morales con los que vivía cada día, con el me sentía libre, libre por completo.
Terminamos acostados uno al lado del otro, jugueteaba con mi mano en su cuerpo mientras él me abrazaba, lo miré y el me besó.
- No sabes cuanto tiempo soñé con esto - dijo.
- No lo sé - respondí y seguido me dormí.
Gaia tenia mi baño listo, Gilgam la miró y se tapó, me baje de la cama y me metí a la tina, Gilgam agarró las sabanas y se dio la vuelta.
- Nunca me acostumbrare a que mi vida intima sea tan pública - dijo Gilgam renegando.
Me reí mientras Gaia me bañaba.
- Esta es mi vida, al menos yo tengo solo una mucama, hay quienes tienen hasta diez.
- Eso es demasiado para mi gusto.
- Uno nunca sabe que utilidad le puede dar a una sirvienta, hasta que lo descubre.
Me vestí y salí con Gaia.
Dama Oscura
Una garganta aclarandose nos interrumpió, Ladyblue nos observaba.
- Lamento ser inoportuna - dijo sin inmutarse - Los soldados que inicialmente cuidaban la puerta ayer, desaparecieron totalmente, se evaporaron, solo quedó su armamento.
- ¿Como? - dije confundida.
Entonces recordé a la niña que había encontrado y recordé una leyenda que me contaba mi nana cuando niña, sobre las mujeres de pelo rojo.
- No puede ser - me alteré.
Fuí a la habitación de Celeste, Ladyblue me siguió.
- Salgan todos, dejenme con la niña.
Los sastres y Ana salieron de la habitación, no permití que nadie ingrese, cerré la puerta con seguro, miré a Celeste, ella me miró y sonrió.
- Sé que no eres una niña - dije - muestra tu verdadera forma.
Ella se quedo mirándome, sorprendida, la sujete y empezo a llorar.
- Yo se que las brujas tienen el pelo rojo - y le mostré los dientes, cuando iba a morderla se soltó de golpe.
- Esta bien - dijo - creí que duraría mas antes de que me atrapen.
- No ofendas con mi inteligencia - gruñí.
- No pretendo - aclarando su garganta - ofenderte.
La pequeña niña no tenia actitudes de niña, sus expresiones, hablar y movimientos eran de una mujer adulta.
- Soy Celeste, la hechicera inmortal - dijo.
- ¿Que quieres aquí?
- Unos hombres lobo me atacaron - explicó - pelee contra ellos, tus soldados estaban cerca, utilicé un hechizo para atraerlos y peleen por mí, murieron en la pelea, yo aproveche en huir, estaba cansada, agotada, mal herida y entré a tu palacete, intuí que los hombres lobo no entrarían aquí asi que con un hechizo me reduje a esta forma.
- ¿Por que te seguían los licantropos?
- Necesitaba un poco de sangre asi que capture a una joven y cuando extraía su sangre me encontraron, lamentablemente decidi extraer la sangre de la hija del lider.
- ¿¿Hana??
- Asi se llamaba, los poderes curativos de un hombre lobo son muy buenos.
- Esto es una broma, primero Kaneki y ahora Hana, Beltrán tendra muchas razones para exponerme al sol.
- ¿Como estuvo tu dia?
- ¿Que?
- Se me cayó una poción de amor real, cuando ingresé y escondi mis cosas, fue un accidente, pero seguro que haría efecto.
- Una poción, ¿De que?
En la entrada, habia tocado con los dedos un liquido derramado que no me resulto importante... al menos en ese momento.
- De amor real, ayuda a descubrir a la persona que amas.
- ¡Estas loca! - grité.
- Ya veo - dijo pensativa - Ya paso el efecto.
- No puede ser, no puede ser - repetí varias veces - esto tiene que ser una broma.
- Tranquila, si te sientes tan culpable, casate con el.
La mire enojada.
- No quiero que nadie se entere de tu verdadera persona.
- Por mi esta bien - sonriendo.
- ¿Y puedes hacer que cualquier persona haga lo que quieras?
- No puedo hacer que te declaren inocente en el juicio.
- Lo que me faltaba - renegué.
- Pero si dictan que eres culpable puedo evitarte la muerte.
- Ya hablaremos, sigue comportandote como niña.
- Chi.
Salí de la habitación vi a Ladyblue, volví a entrar y a cerrar la puerta.
- Lo que paso con Gilgam.
- Hasta hace un momento eras feliz, la única verdad es que lo amas, pero los perjuicios, tu crianza y la sociedad, no te dejaron verlo.
- ¿Que mas puedes hacer?
- Cualquier tipo de hechizo que usted quiera.
- ¿Que edad tienes?
- Ciento tres años, soy inmortal - dijo sonriendo - mi cuerpo se desarrollará en cronología humana, nuevamente.
- Hay un laboratorio en el sótano, puedes hacer tus cosas ahí.
- Puedo quedarme entonces.
- Pero... no vuelvas a hechizarme.
Salí de la habitación, Ana entro rápidamente y abrazó a Celeste.
- ¿Que pasó? - dijo Ladyblue - te encerraste ahí.
- Los hombres lobos atacaron y fueron perseguidos por tus soldados, los tres murieron.
- Tendré que reforzar la entrada.
Gilgam nos había seguido, me ofreció el brazo, le agarré.
- Lamento esta pérdida Ladyblue - dije mientras caminaba - Mandaré a comprar mas esclavos para tu colección.
- Eso me agradaría - dijo mirandome intrigada por la escena.
Ladyblue nos rebasó y se fué, miré a Gilgam y sentía un calor que nacia de mi vientre y se extendía por todo mi cuerpo.
Me quede en silencio por un rato mirando a Gilgam, si era como la bruja me dijo, entonces yo realmente amaba a este hombre, el sonreía al verme y suspiraba, su presencia en realidad no era muy desagradable como yo pensaba, era alto, a mi me gustan los tipos altos, bastante corpulento, lo que era indicio que en su vida mortal había hecho ejercicios, el pelo ondulado, lo único que en realidad me resultaba molesto de él, era su poca educación y la brusquedad con la que me trataba en ocasiones, pero antes, en su habitación, no habia sido brusco conmigo, había sido muy delicado.
- Señora - dijo Gaia - la habitación del señor Gilgam esta lista.
- Gracias - respondí sin prestarle más atención, estiré la mano y agarré a Gilgam - vamos.
- ¿Otra vez?
- No se que pasará conmigo en un par de dias, asi que haré lo que me de la gana mientras siga viva, si es que aun estpy viva.
Nos levantamos y fuimos a la habitación de Gilgam, me paré frente a la cama, habían puesto un colchón de plumas y sábanas de seda, me desaté el vestido, me quité los zapatos y me subí a la cama, miré a Gilgam y él se había desvestido totalmente y estaba preparado para la acción.
- Ay - dije tapandome la cara avergonzada.
- ¿Qué pasa? - dijo acercándose.
- Es que tú - me besó, me eche en la cama a su lado y terminó rompiendo mi camisón, nuevamente.
- Me dejarás sin vestimenta - reclamé.
- Ayer no te fijaste en eso - respondió.
- Es que - me beso de nuevo, abrazandome.
Sus besos eran cálidos, apasionados, a pesar de que estamos fríos, él me hacía sentir viva, me dejé llevar por él, sus besos, sus caricias, entonces pude confirmar lo que Celeste me habia dicho, yo estaba enamorada de Gilgam, lo amaba con todas mis fuerzas, al punto de romper todas las reglas morales con las que había sido criada, pero no lo habia notado por los mismos perjuicios morales con los que vivía cada día, con el me sentía libre, libre por completo.
Terminamos acostados uno al lado del otro, jugueteaba con mi mano en su cuerpo mientras él me abrazaba, lo miré y el me besó.
- No sabes cuanto tiempo soñé con esto - dijo.
- No lo sé - respondí y seguido me dormí.
Gaia tenia mi baño listo, Gilgam la miró y se tapó, me baje de la cama y me metí a la tina, Gilgam agarró las sabanas y se dio la vuelta.
- Nunca me acostumbrare a que mi vida intima sea tan pública - dijo Gilgam renegando.
Me reí mientras Gaia me bañaba.
- Esta es mi vida, al menos yo tengo solo una mucama, hay quienes tienen hasta diez.
- Eso es demasiado para mi gusto.
- Uno nunca sabe que utilidad le puede dar a una sirvienta, hasta que lo descubre.
Me vestí y salí con Gaia.
Dama Oscura
lunes, 5 de noviembre de 2018
VIAJE AL REINO DE LA NOCHE: CAPITULO XXXI
Sonríe, nunca sabrás cuando alguien se enamore de tu sonrisa.
Cuando entré a mi habitación, encontré a Gaia y Ana sentadas al lado de Celeste, ella había comido, Ana también comió.
- Es tarde - dije - A partir de ahora te encargarás de cuidar de esta niña, verás que se alimente a sus horas, que vista bien y se eduque, si necesitas algo, se lo pedirás a Gaia, ahora vayan a su habitación, a primer hora pidan al sastre que venga para que les hagan unos vestidos.
Gaia las acompañó. Mire a mi alrededor, la niña habia hecho travesuras en mi ausencia, movió varioa libros, suspiré, me quede sin moverme de donde estaba parada hasta que Gaia volvió, cuando entró, se puso a ordenar todo.
- Necesito darme un baño - dije.
- A esta hora - dijo Gaia - ya no es posible.
- Quiero ver a Gilgam - dije.
- ¿Para que? - dijo, entonces la mire enojada - disculpe, veré si ya llego.
Gaia salió y volvio al instante.
- El señor Gilgam acaba de llegar, entró a su habitación.
- No quiero que nos interrumpan por el resto de la noche - dije saliendo de mi habitación.
Me paré al frente de la puerta de su habitación, las manos me temblaban, suspiré, golpeé la puerta suavemente y empuje para entrar, Gilgam se habia dado la vuelta y me miro asustado, estaba con el pecho descubierto, se quedo en una pieza. Cerre la puerta, le puse en seguro, me apoye en la puerta y mire al piso.
- ¿Le puedo servir en algo? Señora.
- Jade - dije.
- ¿Como dice?
- Mi nombre humano, es Jade.
- Nunca lo supe - dijo.
- Puedes decirme Jade - dije - pero solo cuando estemos solos.
- ¿Por que me dices esto?
- Beltrán, es representante del rey, en su nombre me juzgará por la muerte de Kaneki.
- No lo entiendo, ¿Por que?
- Fue una trampa, Beltrán sabia que el no pasaría aquí mucho tiempo y con su muerte tiene una excusa para acusarme, encerrarme, mutilarme o matarme; utilizando el nombre del rey.
- Tienes que huir.
- Ya pensé en eso.
- ¿Que esperas?
- Beltrán los torturara a Gaia y a ti hasta hacerme volver si huyo.
Empecé a caminar en circulos y me detuve delante de Gilgam dandole la espa.
- No puedo ponerlos peligro.
Gilgam me abrazó por la espalda, respiró a través de mi pelo, me hizo girar suavemente.
- Puedes huir conmigo - dijo Gilgam - en otro país, donde este rey no gobierne, tengo una casita, la casa de mis padres, aunque la abandoné, sigue siendo mi casa.
Mire a Gilgam de cerca, levantando la cabeza, a pesar de los zapatos el me pasaba yo a penas le llegaba al pecho, me refugie en sus brazos y me puse a llorar, lloré como nunca antes lo había hecho y él solo me abrazaba, cuando terminé de llorar levanté la cabeza y lo mire, el me limpió las lagrimas y me miraba en silencio.
- Tengo miedo - dije con la voz quebrada.
- Yo te voy a cuidar siempre - dijo.
Me quedé en silencio, aprete los labios, sentía una opresion en la garganta, en el pecho, en el estómago.
- No puedo creer que estoy pensando en esto - dije.
Gilgam estaba en silencio agachado mirándome, estiré el cuerpo, el cuello y a penas pude rozar sus labios con los míos y él se quedo inmóvil, cerró los ojos, me sujetó con fuerza pero con delicadeza, me levanto de la cintura y me besó.
- Esto no es correcto - dije para seguir luego pensándolo.
- Ya lo sé - respondió entre beso y beso.
Sus manos se movían rápidamente en mi espalda, no podía desatar el vestido, entonces lo agarró desde el cuello y lo desgarro hasta la falda. El vestido cayo al piso, me quite el resto de la prenda.
- ¿Desde cuando dejaste el miriñaque?
- No lo recuerdo - dije.
Rodee su cintura con mis piernas quitándome los zapatos como pude, puse mis brazos encima de sus hombros y después de romper mis calzones, el corsé terminó hecho trizas en el piso, una descompresión se sintió liberadora en mi cuerpo, Gilgam empezó a recorre mi cuerpo con sus labios, lamiendo y mordiendo por donde podía y me gustaba, pronto nos dimos cuenta que estabamos desnudos en la cama, lo besaba suavemente, con fuerza, mis manos no se quedaban quietas en ningún momento.
- Esto es pecado - dije mirándolo fijamente.
El sonrio y me besó.
- Solo los vivos pecan - respondió.
- No sé que me pasa, se que esto esta mal, pero no puedo detenerme.
- No lo hagas - dijo él - los dos lo queremos.
Me eché en su cama y el se puso encima de mi, lo sujete del cuello.
- ¿Que pasa?
- Nada - respondí.
- ¿No quieres hacerlo?
- No lo sé, no sé que me pasa, nunca sentí esto antes.
Gilgam se soltó de mis manos que lo sujetaban, me beso de nuevo, con una mano tocaba mis pechos y con la otra me sujetaba de la espalda.
- ¿Me detengo?
- No - gemí.
Me abalance sobre él, sentándose él se echó en la cama, entonces lo introduje en mí, sujetando mi cintura, nuestros cuerpos se movian al mismo compás, su cuerpo se confundió con el mío, empecé a sentir sed, lo mordí y su sangre hacia que mi cuerpo ardiera de pasión, me dejé dominar y cambiamos de posicion, a pesar de lo enorme de su cuerpo, no posaba su peso sobre mí.
Nos dormimos acurrucados abrazados, sus sábanas eran un bulto a nuestros pies, el colchón se había roto dejando la paja expuesta.
Cuando me desperté, el había desaparecido, Gaia estaba en la habitación, trajo una tina con agua, me bañé, una sonrisa se dibujaba en mi rostro, cada parte de mi cuerpo me recordaba lo que habiamos hecho. Me sentía con una alegria que no podia expresar, sonreía en todo momento.
Gaia me vistió.
Cuando trajo el corsé le dije que no quería usarlo más, así que solo me puse el camisón, los calzones, las medias y el vestido.
Mire a Gaia sonriente, ella me devolvió la sonrisa.
- Que cambien el colchón de la cama - dije.
- Si, señora.
- ¿Donde estan Celeste y Ana?
- En la habitación de la niña, los sastres estan haciendole probar vestidos a la niña.
- Vamos a verlas - dije.
Salimos de la habitación y me encontre con la mirada inquisidora de Raven.
- Eres una desvergonzada - dijo furiosa - no es correcto lo que hiciste.
- ¿Quién dice? - respondí, mientras caminaba, Raven me siguió.
- Él no es tu esposo, ni siquiera es de nuestra clase.
- Tiene dos ojos, una nariz, labios y uf.
- Uf, ¿Que quieres decir con uf, señorita?
- Fue una noche mágica - dije suspirando mientras di una vuelta sobre mí.
- No puedo creerlo.
- Creo que me enamoré - dije sonriendo.
Agarre la mano a Raven, me deslice - Soy muy feliz, deberias intentarlo.
- Yo soy una señorita decente - dijo enojada - no me entregare a cualquier hombre.
- Y que hombre - dije suspirando.
- No puede ser.
- Esta bien equipado.
- No puedes comparar, solo tuviste a Mago Oscuro.
- Y que diferencia, él no me hacía vibrar así.
- Soy una mujer decente, no quiero escuchar esto.
- Estas amargada porque ningún hombre te toca.
Raven se soltó de mi mano y me propinó un golpe en el rostro.
- Me haz decepcionado - dijo - mientras tengas este comportamiento indecente, no hablaré contigo.
- También puedes irte de mi casa - dije - no vayas a ensuciar tu imagen por vivir en casa de una inmoral.
- ¿Qué te hizo ese sujeto?
- Raven, estamos muertos, las reglas de los vivos, se aplican solo a los vivos.
Raven se tapo la boca con la mano y se fue.
- Yo estoy feliz por usted - dijo Gaia.
- Verdad que sí - dije sonriendo.
Entramos a la habitación de Celeste, ella estaba parada sobre un banquito mientras probaban, median y ajustaban los vestidos.
- Ana - dije - que te preparen unos vestidos a ti también no te quiero en mi casa con esos andrajos, Gaia, que te tomen las medidas.
- Si, señora - dijo Ana timidamente.
- Hola hermosa - dije mirando a Celeste - ¿Como pasaste tu dia?
- Sadi con Ana a pasead en da manana, fuimos a caminad, duego vinedon etoj chenores y me tajedon dopa y ejtoy aquí chin movejme.
- No te preocupes - dije - no demoraras mucho - mire a Ana - Gaia - dije - contrata una institutriz para que enseñen a leer y escribir a las tres.
- A las tres - respondió.
- Tu tambien aprenderás - sonreí.
- Muchas gracias, señora.
Salimos de la habitación, Gilgam nos encontró en el pasillo, se acercó a mi y me abrazó.
- Tengo algo para ti - dijo - ven al salón.
Me colgué de su brazo y caminamos juntos hasta el salón, me senté y el a mi lado, saco una bolsita de cuero, me la entregó.
- Cuando humano algunos trabajos los pagaban con piedras preciosas, asi que fui al joyero de la ciudad y pedí que hagan esto para ti, yo dibujé el diseño.
Saqué lo que había dentro, una piedra verde con blanco se dejo ver era el dije de una cadeneta de oro.
- Es un jade - sonreí.
- Nunca olvidaras tu nombre.
Me recogí el pelo y Gilgam me lo puso.
- Es hermoso, gracias.
Se acercó a mi y presionó sus labios con los mios, sonreí
Dama Oscura
Cuando entré a mi habitación, encontré a Gaia y Ana sentadas al lado de Celeste, ella había comido, Ana también comió.
- Es tarde - dije - A partir de ahora te encargarás de cuidar de esta niña, verás que se alimente a sus horas, que vista bien y se eduque, si necesitas algo, se lo pedirás a Gaia, ahora vayan a su habitación, a primer hora pidan al sastre que venga para que les hagan unos vestidos.
Gaia las acompañó. Mire a mi alrededor, la niña habia hecho travesuras en mi ausencia, movió varioa libros, suspiré, me quede sin moverme de donde estaba parada hasta que Gaia volvió, cuando entró, se puso a ordenar todo.
- Necesito darme un baño - dije.
- A esta hora - dijo Gaia - ya no es posible.
- Quiero ver a Gilgam - dije.
- ¿Para que? - dijo, entonces la mire enojada - disculpe, veré si ya llego.
Gaia salió y volvio al instante.
- El señor Gilgam acaba de llegar, entró a su habitación.
- No quiero que nos interrumpan por el resto de la noche - dije saliendo de mi habitación.
Me paré al frente de la puerta de su habitación, las manos me temblaban, suspiré, golpeé la puerta suavemente y empuje para entrar, Gilgam se habia dado la vuelta y me miro asustado, estaba con el pecho descubierto, se quedo en una pieza. Cerre la puerta, le puse en seguro, me apoye en la puerta y mire al piso.
- ¿Le puedo servir en algo? Señora.
- Jade - dije.
- ¿Como dice?
- Mi nombre humano, es Jade.
- Nunca lo supe - dijo.
- Puedes decirme Jade - dije - pero solo cuando estemos solos.
- ¿Por que me dices esto?
- Beltrán, es representante del rey, en su nombre me juzgará por la muerte de Kaneki.
- No lo entiendo, ¿Por que?
- Fue una trampa, Beltrán sabia que el no pasaría aquí mucho tiempo y con su muerte tiene una excusa para acusarme, encerrarme, mutilarme o matarme; utilizando el nombre del rey.
- Tienes que huir.
- Ya pensé en eso.
- ¿Que esperas?
- Beltrán los torturara a Gaia y a ti hasta hacerme volver si huyo.
Empecé a caminar en circulos y me detuve delante de Gilgam dandole la espa.
- No puedo ponerlos peligro.
Gilgam me abrazó por la espalda, respiró a través de mi pelo, me hizo girar suavemente.
- Puedes huir conmigo - dijo Gilgam - en otro país, donde este rey no gobierne, tengo una casita, la casa de mis padres, aunque la abandoné, sigue siendo mi casa.
Mire a Gilgam de cerca, levantando la cabeza, a pesar de los zapatos el me pasaba yo a penas le llegaba al pecho, me refugie en sus brazos y me puse a llorar, lloré como nunca antes lo había hecho y él solo me abrazaba, cuando terminé de llorar levanté la cabeza y lo mire, el me limpió las lagrimas y me miraba en silencio.
- Tengo miedo - dije con la voz quebrada.
- Yo te voy a cuidar siempre - dijo.
Me quedé en silencio, aprete los labios, sentía una opresion en la garganta, en el pecho, en el estómago.
- No puedo creer que estoy pensando en esto - dije.
Gilgam estaba en silencio agachado mirándome, estiré el cuerpo, el cuello y a penas pude rozar sus labios con los míos y él se quedo inmóvil, cerró los ojos, me sujetó con fuerza pero con delicadeza, me levanto de la cintura y me besó.
- Esto no es correcto - dije para seguir luego pensándolo.
- Ya lo sé - respondió entre beso y beso.
Sus manos se movían rápidamente en mi espalda, no podía desatar el vestido, entonces lo agarró desde el cuello y lo desgarro hasta la falda. El vestido cayo al piso, me quite el resto de la prenda.
- ¿Desde cuando dejaste el miriñaque?
- No lo recuerdo - dije.
Rodee su cintura con mis piernas quitándome los zapatos como pude, puse mis brazos encima de sus hombros y después de romper mis calzones, el corsé terminó hecho trizas en el piso, una descompresión se sintió liberadora en mi cuerpo, Gilgam empezó a recorre mi cuerpo con sus labios, lamiendo y mordiendo por donde podía y me gustaba, pronto nos dimos cuenta que estabamos desnudos en la cama, lo besaba suavemente, con fuerza, mis manos no se quedaban quietas en ningún momento.
- Esto es pecado - dije mirándolo fijamente.
El sonrio y me besó.
- Solo los vivos pecan - respondió.
- No sé que me pasa, se que esto esta mal, pero no puedo detenerme.
- No lo hagas - dijo él - los dos lo queremos.
Me eché en su cama y el se puso encima de mi, lo sujete del cuello.
- ¿Que pasa?
- Nada - respondí.
- ¿No quieres hacerlo?
- No lo sé, no sé que me pasa, nunca sentí esto antes.
Gilgam se soltó de mis manos que lo sujetaban, me beso de nuevo, con una mano tocaba mis pechos y con la otra me sujetaba de la espalda.
- ¿Me detengo?
- No - gemí.
Me abalance sobre él, sentándose él se echó en la cama, entonces lo introduje en mí, sujetando mi cintura, nuestros cuerpos se movian al mismo compás, su cuerpo se confundió con el mío, empecé a sentir sed, lo mordí y su sangre hacia que mi cuerpo ardiera de pasión, me dejé dominar y cambiamos de posicion, a pesar de lo enorme de su cuerpo, no posaba su peso sobre mí.
Nos dormimos acurrucados abrazados, sus sábanas eran un bulto a nuestros pies, el colchón se había roto dejando la paja expuesta.
Cuando me desperté, el había desaparecido, Gaia estaba en la habitación, trajo una tina con agua, me bañé, una sonrisa se dibujaba en mi rostro, cada parte de mi cuerpo me recordaba lo que habiamos hecho. Me sentía con una alegria que no podia expresar, sonreía en todo momento.
Gaia me vistió.
Cuando trajo el corsé le dije que no quería usarlo más, así que solo me puse el camisón, los calzones, las medias y el vestido.
Mire a Gaia sonriente, ella me devolvió la sonrisa.
- Que cambien el colchón de la cama - dije.
- Si, señora.
- ¿Donde estan Celeste y Ana?
- En la habitación de la niña, los sastres estan haciendole probar vestidos a la niña.
- Vamos a verlas - dije.
Salimos de la habitación y me encontre con la mirada inquisidora de Raven.
- Eres una desvergonzada - dijo furiosa - no es correcto lo que hiciste.
- ¿Quién dice? - respondí, mientras caminaba, Raven me siguió.
- Él no es tu esposo, ni siquiera es de nuestra clase.
- Tiene dos ojos, una nariz, labios y uf.
- Uf, ¿Que quieres decir con uf, señorita?
- Fue una noche mágica - dije suspirando mientras di una vuelta sobre mí.
- No puedo creerlo.
- Creo que me enamoré - dije sonriendo.
Agarre la mano a Raven, me deslice - Soy muy feliz, deberias intentarlo.
- Yo soy una señorita decente - dijo enojada - no me entregare a cualquier hombre.
- Y que hombre - dije suspirando.
- No puede ser.
- Esta bien equipado.
- No puedes comparar, solo tuviste a Mago Oscuro.
- Y que diferencia, él no me hacía vibrar así.
- Soy una mujer decente, no quiero escuchar esto.
- Estas amargada porque ningún hombre te toca.
Raven se soltó de mi mano y me propinó un golpe en el rostro.
- Me haz decepcionado - dijo - mientras tengas este comportamiento indecente, no hablaré contigo.
- También puedes irte de mi casa - dije - no vayas a ensuciar tu imagen por vivir en casa de una inmoral.
- ¿Qué te hizo ese sujeto?
- Raven, estamos muertos, las reglas de los vivos, se aplican solo a los vivos.
Raven se tapo la boca con la mano y se fue.
- Yo estoy feliz por usted - dijo Gaia.
- Verdad que sí - dije sonriendo.
Entramos a la habitación de Celeste, ella estaba parada sobre un banquito mientras probaban, median y ajustaban los vestidos.
- Ana - dije - que te preparen unos vestidos a ti también no te quiero en mi casa con esos andrajos, Gaia, que te tomen las medidas.
- Si, señora - dijo Ana timidamente.
- Hola hermosa - dije mirando a Celeste - ¿Como pasaste tu dia?
- Sadi con Ana a pasead en da manana, fuimos a caminad, duego vinedon etoj chenores y me tajedon dopa y ejtoy aquí chin movejme.
- No te preocupes - dije - no demoraras mucho - mire a Ana - Gaia - dije - contrata una institutriz para que enseñen a leer y escribir a las tres.
- A las tres - respondió.
- Tu tambien aprenderás - sonreí.
- Muchas gracias, señora.
Salimos de la habitación, Gilgam nos encontró en el pasillo, se acercó a mi y me abrazó.
- Tengo algo para ti - dijo - ven al salón.
Me colgué de su brazo y caminamos juntos hasta el salón, me senté y el a mi lado, saco una bolsita de cuero, me la entregó.
- Cuando humano algunos trabajos los pagaban con piedras preciosas, asi que fui al joyero de la ciudad y pedí que hagan esto para ti, yo dibujé el diseño.
Saqué lo que había dentro, una piedra verde con blanco se dejo ver era el dije de una cadeneta de oro.
- Es un jade - sonreí.
- Nunca olvidaras tu nombre.
Me recogí el pelo y Gilgam me lo puso.
- Es hermoso, gracias.
Se acercó a mi y presionó sus labios con los mios, sonreí
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