Mi segundo embarazo fue más tranquilo que el primero, Derek y yo pudimos tener noches de pasión juntos, pude terminar el ciclo con la barriga creciendo, y con eso solo me faltaba dos ciclos más, podría lograrlo, tuve a mi segundo hijo, un varón muy parecido a mi al que llamé Jaime.
Entonces decidí que este sería mi último hijo, así que empecé a ponerme ampollas trimestrales. Estuve un año usando las ampollas, cuando empecé a sentir que mi vientre crecía, lógicamente después de dos embarazos ya no era la niña delgada, estaba muy gorda y mi barriga después de inflarse dos veces era una lonja colgando delante de mi, lo único que tenía en mi cabeza era terminar mi carrera.
Empece a sentirme extraña, me ahogaba al respirar y dormir, así que fui al médico.
Creía que pudo haberme dado algo, le expliqué al médico que utilizaba ampollas ya un año, entonces me hizo una ecografía pese a que me resultaba irreal...
Me había embarazado usando ampollas anticonceptivas trimestrales.
Reclame por el fallo del anticonceptivo y me explicaron que todo los anticonceptivos tienen un margen de error y que aún usándolos era posible el embarazo.
Me sumi en depresión.
Cuando le conté a Derek del embarazo se puso completamente feliz, me dijo que era su sueño tener al menos cuatro hijos.
Me dijo que no me preocupe que si teníamos los hijos ahora, cuando estén crecidos yo podría estudiar lo que quisiera.
Yo sabía que era una gran mentira, pero amaba a Derek y yo no tenía quejas de él.
El tercer embarazo fue más normal, podía hacer mis cosas como si nada, me retiré de la universidad ese ciclo, faltándo un año para terminar, a los meses de nacer el tercero, vino el cuarto, sin darme cuenta estaba esperando mi quinto hijo.
Después de que nació mi quinto hijo vivo, solicité una ligadura de trompas, pero me lo negaron por tener 28 años, pero me estaba embarazado muy rápido y teniendo muchos hijos.
Después de mi quinto hijo vivo empecé a negarme a acostarme con Derek por miedo a otro embarazo, intente hablar con el, pero no entendía razones.
El empezó a enojarse, aprendí el método del ritmo, quise ponerlo en práctica pero Derek no quería saber nada de métodos anticonceptivos.
Empezó a culparme de ser infiel, de tener otro, las discusiones empezaron a ser pan de cada día.
Un día trajo a una mujer a la casa, dijo que era una compañera del trabajo, se pasaban muchas horas conversando. La instaló en una habitación en el segundo piso.
Sinceramente, a mi me dejo de importar lo que él hiciera, un día se pusieron a tomar, ella se fue a dormir y Derek subió a la habitación, a forzarme, estuvo así varios días, me puse maquillaje para que mis hijos no noten las marcas, Mercedes trataba de consolarme, se ocupaba de los niños.
Volvió a embarazarme, en contra de mi voluntad.
Me pasé mi embarazo llorando cada dia, no salía de mi habitación, Mercedes subía a dejar mi comida, a hablar conmigo.
- Arruine mi vida - dije un día cuando Mercedes subió.
- Señora - respondió ella tranquilamente - tienes una hermosa casa, tu marido cubre todos tus gastos, yo hago todas las labores aquí y lo hago contenta, tus hijos están creciendo sanos y fuertes ¿qué te hace infeliz?
- ¡Ay! Esta no era la vida que yo soñaba.
- Al menos tu pudiste soñar, ¿sabes cómo conoció al señor Derek?
- Nunca me contaste.
- Mi tío, me tomo por su mujer cuando tenía doce años, después de cinco años, murió, no había terminado el colegio, una amiga me dijo que si nos vamos al puerto Nanay, ahí podemos trabajar y ganarnos la vida atendiendo a los hombres, había un nuevo local que se estaba haciendo famoso, arriba funciona a como bar y abajo estábamos nosotras.
- ¿Atendiendo a los hombres?
- Si, acostandome con ellos.
- ¿Como una prostituta?
- Ya estaba acostumbrada al cuerpo gordo de mi tío, no sería nada nuevo, me escapé de mi casa y me fui allá, el jefe de la casa flotante nos dijo que el dueño casi nunca iba, nos pedían una comisión diaria de cincuenta soles, cincuenta soles era lo que cobrabamos a cada cliente, así que para ganar algo, debía tener al menos dos clientes por día.
- ¿En Nanay?
Mercedes sonrió con tristeza.
- El dueño apareció un día, era un hombre muy joven, como de unos veinticinco años, era extranjero.
- No puede ser - dije asustada.
- Eramos como veinte chicas cuando yo entre y cuando salí cinco años después eramos el doble, es un lugar muy tranquilo, los muchachos nos dan seguridad y nos cuidan.
- El dueño de ese local es...
- Este mundo está plagado de gente mala, mi niña, muy mala, el señor Derek da seguridad a muchas chicas que no tienen a donde ir, que estaríamos perdidas en la calle sin protección.
- No, creo... no puede ser.
- Vaya... vaya mi niña, le daré la dirección.
- Espera, Mercedes - murmuré - ¿por que me dices esto ahora?
- Usted lo tiene todo y es infeliz.
- En esa casa, no tenemos nada, nada más que la ropa que llevamos puesta, la esperanza de ahorrar algo de dinero para poder comprarnos un lugar donde vivir y poner un pequeño negocio y quizá conseguir alguien que nos ame, pero ¿quién amaría a una prostituta? Vaya, vea la realidad y sepa de una vez, de donde sale el dinero que la mantiene.
Dama Oscura